cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
⚜️ IV Neófitos
Drama |
22.02.20
  • 4
  • 13
  • 978
Sinopsis

Nina. Capítulo IV

 

Aquellas palabras que no tengo el valor de acallar las dejo fluir en mi, me inundan y me atraviesan igual que yo sigo la vía del tren, andando sobre las traviesas de madera, dejándolas perdidas tras mis pasos.

Por una vez mi espíritu está tranquilo; no es una mala manera de terminar el día. 

En esta noche silenciosa, los suspiros serán mudos en el recuerdo, que miraré pasar y morir; quizá mañana renazca.

El manso mar a mi izquierda, Iluminado por la luna llena, me habla de la próxima tormenta que azotará furiosa la costa impasible, mientras huyo de aquello que no soy.

Maldito el día que conocí la Sociedad de Isis.

La calma al andar hace surgir los pensamientos. Aquel día fatídico acudí como otras veces por la tarde a una conferencia sobre filosofía en la Biblioteca. Al terminar, me dirigía a la salida, cuando escuché mi nombre.

—Nina!

Me giré por inercia y vi a la mujer que solía estar en la puerta de la biblioteca, nunca me pregunté qué hacía ella ahí, di por supuesto que alguna función de control en las entradas al pequeño recinto. Marta era el nombre que figuraba en la tarjeta que llevaba colgada el cuello.

—Hola —saludé sin mucho entusiasmo, contrastando con su familiaridad. Siempre habíamos cruzado el típico saludo, pero poca cosa más.

—Vamos a reunirnos unos amigos en un salón a parte para conversar un poco y tomar una copa. ¿Te apetece unirte?

La verdad, no me apetecía nada, pero menos ganas tenía de regresar a casa. No me esperaba nadie. Lucas estaba de viaje.

—Bueno... un rato solamente.

Un grupo de personas tomó el sentido contrario a la salida.

Quedamos el grupo parados en un lado, a mitad de la sala. Cuando desapareció el último asistente a la conferencia, aquel que ahora conozco como el Maestro activó un resorte oculto y se abrió un panel completo de librería a modo de puerta.

Nos introdujimos por el hueco bajo el dintel, en el cual había una inscripción: "CUI DEBEMUS MEMINISSE". A pesar de no ser mi fuerte el latín, traduje mentalmente : "recordar a quien nos debemos".

Un piano de pared Yamaha negro, sin mácula, con aspecto de muy caro a la derecha, un largo sofá chester de piel marrón enfrente y una sobria mesa de madera, con una butaca también de piel detrás suyo, conformaban el resto del mobiliario. Los ventanales estaban cubiertos con pesadas cortinas verde oliva que arrastraban por el suelo y una mesa portátil sostenía diversas botellas de cervezas y alcohol, refrescos y agua.

Nos servimos bebida mientras conversábamos con la gente, con timidez primero, más distendidos después, hasta que el Mestro, con unas palmadas para llamar la atención, nos señaló con la mirada a otra chica y a mi y a un joven y con una señal de su cabeza nos invitó a acercarnos. 

El pianista tocaba In The Air Tonight mientras nos situábamos al frente del grupo.

Recuerdo la escena entre una nebulosa, las caras de mis compañeros, las de las personas que nos rodeaban, la luz ocre que iluminaba la estancia...

El Maestro nos presentó solo por nuestros nombres. Habló de la sociedad que formaban, la Sociedad de Isis, de los lazos que unían a los miembros, de los privilegios que honraban a los que formaban parte de él y de su invitación hacia nosotros para pasar a formar parte de la misma.

Mis compañeros no vacilaron. Sus rostros demostraban que para ellos era un privilegio. Yo me quedé dudando. Pero, ¿cómo rechazar el ofrecimiento? Sin embargo el ambiente, el alcohol, la música, la luz... me vi a mi misma aceptando el supuesto honor que me acababan de conceder.

Un aluvión de aplausos nos acogió de pleno en su mundo.

Los invitados empezaron a retirarse dejándonos a los neófitos con el miedo en el cuerpo. ¿Qué iba a pasar ahora? 

Evidentemente, teníamos que pasar la prueba.

El Maestro cogió mi mano y me llevó hasta la butaca detrás de la mesa donde me hizo sentar. La giró hasta dejarme de espaldas al resto de la sala. A los otros dos admitidos los acompañaban sendos Compañeros.

—Cierra los ojos —susurró en mi oído. Los cerré.

Me apartó el pelo colocándolo todo en un lado.

Sentí un tenue movimiento del aire en mis hombros.

Unos labios etéreos se posaron sobre mi cuello.

Una placentera caricia en la piel que se convirtió de repente en unas sutiles dagas que me atravesaron no solo la piel, sino el alma. Por todos los demonios, ¿qué me estaba ocurriendo? Me sentí invadida por un éxtasis por el que me hubiera dejado arrastrar al mismísimo infierno...

Y, sin querer, allí acabé, comenzando así mi nueva vida.

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta