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6 min
NHC. EL PROGRAMA
Humor |
11.07.18
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Sinopsis

 

Por avatares del destino esos pingüinos habían escogido mi patio como lugar de cría. Entonces no sabía que estos animalitos pudieran ser tan cansinos. Cuatro agotadores años padeciendo su trompeteo   nupcial. ¿Cómo podían aguantar día y noche con el pecho inflado y aleteando de continuo tras las hembras? Qué tenían en la cabeza salvo sexo, sexo y más sexo, ¿no podían pensar en otra cosa?...

 Aunque parezca extraño no vivo en la Patagonia sino en plena costa Andaluza, en Zahara de los Atunes, provincia de Cádiz, entre chiringuitos playeros, espetos de sardinas y sonrosados turistas ávidos de sol y cerveza fresquita. Lo de los pingüinos es un hecho singular que cambió mi  vida cuando una colonia de éstos decidió establecerse en el porche de mi casa,  en pleno paseo marítimo, y todo por causa de un reality show popularmente conocido como “NHC”.

 NHC, sigla de “No Hay Cojones”, era un programa televisivo de alta audiencia a nivel mundial que reunía cada semana a los gobernantes más poderosos de la tierra y los sentaba en una mesa redonda. Se pretendía limar asperezas y tomar soluciones conjuntas  para los grandes problemas que acuciaban  a nuestro planeta. Y así, entre copitas de orujo o pacharan, y bajo el lema "No Hay Cojones" dirigían la política internacional con alegría y de forma totalmente distendida. En   un principio la idea fue buena y permitió grandes avances sociales que la humanidad agradeció. En otros casos las decisiones tomadas tuvieron efectos colaterales que sufrí, como veremos, en primera persona.

 Todo empezó años atrás, cuando en uno de estos programas se debatía sobre el cambio climático  y  las medidas a adoptar para reducir el aumento de las temperaturas. Aunque  el debate se inició escaso de ideas y de brío, pronto se animó. Bastaron unas cuantas botellas de ésto y unas cuantas botellas de lo otro para que numerosas propuestas vieran la luz. Si bien las  hubo de todo tipo, la guinda la puso el gran jeque “Abdullah Ben Saif Al Maunsor”, que tras una estructurada  exposición en la que apeló  a la responsabilidad común,  consiguió arrancar  los aplausos y alguna lágrima de los presentes. El discurso, en un perfecto árabe yemení, estuvo cargado de vehemencia y gestualidad, y concluyó con “un no hay cojones”  consistente en trasladar un iceberg del tamaño de la isla de Sicilia al mar de Libia.

 El primer ministro ruso “Vladímiro Mordashov”, minutos antes de caer redondo entre balbuceos y con la mirada perdida, recogió el guante con entusiasmo. Cuando despertó y sus traductores  le pusieron al corriente  del compromiso contraído,  el bueno de Vladimiro lejos de arredrarse, e irguiéndose todo lo que pudo, espetó que la madre Rusia trasladaría el iceberg, pero uno más gordo  para que el fresquito aguantara más tiempo.

 La idea fue muy bien acogida por los países mediterráneos cuyos ciudadanos salieron con regocijo   a la calle, arremolinándose en sus costas con banderitas de colores para ver pasar semejante cubitera. Tras una semana  de espera el entusiasmo  se enfrió al conocerse la noticia de que el iceberg nunca llegaría a su destino. Por lo visto se había quedado encallado a la altura del  “Estrecho de Gibraltar”, y por mucho que tiraban de él doscientos  remolcadores, con el sonrosado Vladimiro a la cabeza, la cosa dejó de avanzar, por lo que se decidió dejarlo ahí, uniendo para asombro de la humanidad la costa  Española y Marroquí. “La nueva Pangea”, tituló la prensa internacional.

LLegó a resultar ciertamente cansino el tema, con declaraciones continuas de Vladimiro quejándose y culpando a terceros la falta de éxito de su misión.

Si el peñón de Gibraltar no hubiera estado en esas coordenadas  y si en otras más propias de tierras inglesas,  como  los condados de  Kent o Sussex que estan donde deben estar -manifestó  Vladimiro con vehemencia- el icebergs hubiera llegado a su destino sin mayor problema".  Y siguiendo este hilo argumental propuso volar la Roca para desencallar el problema. Pero la falta de compromiso de los ingleses, según informó, lo impidió. Incomprensiblemente  no aceptaron la propuesta a pesar de que los misiles corrían por cuenta del bueno de Vladimiro. Quizá dudaban de su punteria

 Y mientras  se producía este ir y venir de acusaciones mutuas, la vida se adaptaba a los cambios con sorprendente celeridad, acomodándose a las nuevas circunstancias.

Así, los inmigrantes dejaron de entrar en patera al viejo continente,  ahora lo hacían en esquíes y a gran velocidad. Esto último  debido   a la elevada pendiente del iceberg  en su punto de inserción con la costa gaditana, y a la falta de pericia de los sin papeles sobre los esquíes,  que según cogían velocidad se preguntaban unos a otros donde cojones estaban los frenos. Por lo que generalmente paraban al choque, estampándose contra el primer cartel, muro o elemento vertical  que se interponía en su camino.

 Y entre esquiadores , turistas  y sevillanas con bufanda, aparecieron los pinguinos. En los días sucesivos  al  impacto desembarcaron miles de ellos con sus graciosos andares y aleteos nupciales. No tardaron en esparcirse por las playas  al olor del espeto de sardinas. Primero ocuparon los chiringuitos y pescaderías, y seguidamente las casas circundantes, entre las que estaba  la mía. Y he de decir que después de todo tuve suerte. Dos calles más abajo,  criaba una familia de osos polares con muy mala leche que hacían la vida imposible  a los propietarios del inmueble,  a los que atormentaban  continuamente con sus sonoras ventosidades y mostrándoles sus enormes y babeantes colmillos cada vez que se cruzaban con ellos…

 Tras mis reiteras quejas al consistorio sobre los problemas padecidos, al fin obtuve respuesta. En la misiva el Ayuntamiento se hacía cargo de  mi situación y mostraba toda su comprensión al respecto,  pero me recordaba que de acuerdo con el convenio CITES, firmado en Washington el 3 de marzo de 1973, y al que el Reino de España se  adhirió el 16 de mayo de 1986, todas las especies de pingüinos, osos polares y bichos árticos en general, estaban incluidos  en su “Apéndice I de alta protección”, por lo que me recordaban que no solo estaba prohibido perturbar sus lugares de cría, sino que también era motivo de  sanción grave molestarlos e incluso inquietarlos.

 Así que cuatro años después ahí estaba yo, pendiente de que aquellos pequeños cabrones estuvieran a gusto en mi porche. Cosa de la que no me cabía duda viendo que todo el día se empleaban a fondo en lo mismo: “sexo, sexo y más sexo”… :)

 

 

 

 

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  • Hola Omar, disfruto tanto de tus relatos como de tus críticas. Es de agradecer el tiempo que inviertes y tu interés por ayudar. Ciertamente un acrónimo es una palabra formada por partes de varias palabras y que, por tanto, se puede leer como otra palabra. En este caso ciertamente no constituye una palabra leíble, NHC sería una "sigla" . Agradezco tu corrección y tomo nota....Prometo sacar en breve tiempo para leer tu último relato, … un abrazo
    Gracias Roluma, Francesc por vuestras lecturas y comentarios. Es un placer teneros al otro lado de la pantalla. Respecto a tu relato Francesc lo disfruté y me gustó, también recuerdo haberte comentado como crítica siempre constructiva que la estructura por momentos se me hacía un poco confusa, lo cual no resta valor al relato... Un abrazo a ambos, nos leemos... :)
    Me gustó. No me partí de risa, pero me tuvo sonriendo todo el rato ante la rareza de los proyectos y sus consecuencias. Se nota una audacia en la concepción de la idea y un estilo más intelectual y culto para llevarlo a cabo. Bien por eso. Solo una cosa: ¿Estas seguro que NHC es un acrónimo? A ver, revísalo. Saludos y abrazo.
    Jajajaa me he divertido con tus ocurrencias. Muy imaginativo. Más allá de quienes quieren que escribamos a su gusto y placer, un soplo de originalidad y buena pluma. Un abrazo.
    Por si no lo has visto en la anterior página, Este relato es de lo más original que has escrito, ya que debido a los drásticos cambios que se producen en la Naturaleza, exige que pongamos a prueba nuestra capacidad de adaptación al medio. Por lo que respecta a mi anterior escrito sobre los nazis, su final no es tan complicado como decís. Sencillamente el hombre-borrero, o masa, es siempre terreno abonado para que surja cualquier psicópata que se instale en el poder, que acarrea funestas consecuencias. Por eso hay que cultivar a la personalidad de cada cual, para que esto no sea posible.
    Jovato, Mrs Hide, Leomaria,. Carlos, gracias por vuestras lecturas y comentarios...un abrazo, nos vemos en nuestras siguientes publicaciones...:)
    el problema con los pinguinos es el mismo que el de algunas humanas...... son fieles de por vida.....
    Che, Chus! A los pinguinos los tengo relativamente cerca y no sabía de sus cualidades amatorias. Tendré que dedicarle más tiempo al "avistamiento de aves" a ver si aprendo algo... En cuanto al texto: me pareció ingenioso, divertido y creativo. NHc--- jeje, bien ahí. Saludos
    Me gusto, tiene este toque tuyo especial, saludos!!!!
    Texto muy imaginativo y divertido. Estupendo.
  • Superé las 10.000 primeras lecturas..., dedicado a todos aquellos que me han ayudado a conseguirlo y en especial a los que con sus comentarios y valoraciones me han animado a seguir publicando: gracias Sr Castelao, Omar , Gustavo,Bella, Martín, Carlos, Carmen Jazmín, Mrs Hide, Manro, Cometa, Blues, Luis, Pedro, Roluma, Mario, Marcial..., Gracias de nuevo, y a seguir publicando

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No hay mejor historia que la que está bien contada...

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