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3 min
No es país para aptos
Reales |
06.07.14
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Sinopsis

"[...] Fomentar un país de mediocres y no de capaces lo empobrece, y hace de sus ciudadanos seres dependientes de los únicos capacitados para decidir por ellos, para vivir la vida que les deciden deben llevar. Para no provocar la envidia de unos políticos que se saben mediocres para gobernar bien y, lo que es peor, incapaces de poder hacerlo. Una filosofía destructiva en vez de constructiva [...]".

Me pone escribir desde la entraña. Desde la más ponzoñosa y bacteriana, desde el intestino grueso que conduce desechos. Conlleva pura energía, puro cabreo y desde ahí uno puede vomitar todo aquello que calla, sin filtros, miedos o idioteces.

La llama ha acabado de encendérseme al recordar una de las benditas medidas que el gobierno ha anunciado esta semana: la de proporcionar un empleo a los “Nini”, un término que siempre he odiado dicho sea de paso. Es decir, a jóvenes que ni estudian ni trabajan y que, en muchos casos (generalizar es otra mierda), no hacen nada por remediarlo.

El Gobierno dotará de 300 euros mensuales a las empresas que los contraten de manera indefinida. Por su parte, los “Nini” de hasta 25 años que quieran optar a estos empleos deberán estar inscritos, previamente, en un registro telemático único para toda España. Se calcula que los jóvenes en esta situación superan los 800.000, una preocupante cifra en un país devastado por el desempleo juvenil.

La medida para fomentar la contratación no sería perniciosa de no ser por dos sencillitas razones: porque se hace un distingo entre los que son “Nini” y los que no, y porque se fomenta un modelo social aberrante en el que no priman NI el esfuerzo NI el mérito para conseguir objetivos. Las administraciones comprobarán que estos jóvenes de entre 16 y 25 años no hayan trabajado en los últimos 30 días, ni hayan cursado formación alguna en 90 para optar a un empleo. ¡El mundo al revés!

Ay, qué tiempos aquellos en los el discurso era: “para conseguir cosas tienes que esforzarte, estar bien preparado, saber”. “Bah, mierdas varias” debe de pensar toda la excelsa clase despolítica que nos rodea, ya que con esta medida se olvidan del trabajo, el esfuerzo y los méritos para ascender socialmente y conseguir un empleo. “¡Niños, cuanto más vagos seáis, mejor! Comprad boletos para optar a uno de los trabajos de mierda que rifamos. ¡Venga, un perrito piloto!”

Cuando un Estado fomenta la desigualdad como uno de sus principios básicos está llevando a su país a una deriva peligrosa. La desigualdad solo conlleva envidias y odios lacerantes entre sus ciudadanos fomentados por una clase política a la que solo le mueve la codicia, en ningún caso el bien común. De ese enfrentamiento del “mi vecino tiene una subvención que yo no” solo ganan dirigentes que quieren perpetuarse en un poder indigno de ellos, el de la representación ciudadana, para su propio beneficio.

Fomentar un país de mediocres y no de capaces lo empobrece, y hace de sus ciudadanos seres dependientes de los únicos capacitados para decidir por ellos, para vivir la vida que les deciden deben llevar. Para no provocar la envidia de unos políticos que se saben mediocres para gobernar bien y, lo que es peor, incapaces de poder hacerlo. Una filosofía destructiva en vez de constructiva.

“Como tu camión es más bonito que el mío, lo destruyo”. Una mentalidad muy madura. Si ya lo decía Ghandi: “No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra”. Y luego el hombre acabó como acabó…

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