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2 min
No estoy dormida
Varios |
11.11.06
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Sinopsis

      No estoy dormida. Ni sueño. Lo sé. Me tranquilizaba pensar que existían pistas que conducían a mí, que desvelaban mi laberinto codificado. Y que si alguien las encontraba, y las ensamblaba, en la compleja irrealidad que me sostiene, sería testigo de mi voz, de mi historia de pensamientos en blanco y negro.
      Es por eso que escribía frases en lugares olvidados; gestos inocentes que juegan a traducirse inconscientemente en huellas legibles, que se describen a sí mismas gracias a esa materialidad arañada. Gotas transparentes de pensamientos extraviados, errantes, desamparados frente a la lluvia y el frío.
      Descansé un instante después de transcribir aquella idea frugal e improvisada. Me apoyé en la tranquilidad del aliento transmitido, comunicado al fin. Sed saciada. Imaginé aquel mensaje atravesando veloz las barreras del tiempo, en busca de un lector anónimo recipiente de suspiros ajenos.
      Regresé. Al día siguiente. Sin motivo ni objeto. Turbada quizá en la extraña necesidad de recrecer mi comunicado a la nada. A saber.
      Allí descansaban. Ruidosas palabras que acompañaban expectantes a mis pensamientos desangelados. Caligrafía enredada; como la mía.

      Describe el azul del mar, si quieres...

      Alguien tiraba del cordel, deshacía mi madeja. – No es posible – Pensé. Nuevamente abandoné pensamientos. Sin nombre y sin forma.

      El azul del mar nace en el ahogo de las palabras que mueren al intentar pintar sus pliegues, sus dobleces, su susurro enmarañado. Creo que no existen tales palabras.

      Marché despacio, dibujando mis pasos en la tierra embarrada, acariciando quizá alguna idea vagabunda. Alguna muy sonora, o impar, o duplicada. Qué sé yo.
      Hallé respuesta. Un par de días o de eternidades para silenciar mi murmullo velado.

      Eso pensaba. Tampoco yo las encuentro.

      Sonreí, muda de asombro.
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