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2 min
No pudo seguir soñando. Tristán en busca de Isolda
Drama |
12.06.19
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Sinopsis

La confesión de la pasión, el deseo expresivo, la mirada de resurrección, el deseo de amor enlazado a la muerte. «Júntense boca a boca, juntos quieren dar el alma; llora el uno, llora el otro, la tierra toda se baña; allí donde los entierran nace una azucena blanca»

El cortejo fúnebre avanza y se encaminaba lentamente por el medio de la calle. Tras el sarcófago van los dolientes. Los sollozos se confunden con el réquiem de Mozart. El rasguear de las campanas de la iglesia presentes en la despedida, aún expresaban el canto del misterio pascual de Cristo, su pasión, muerte y resurrección.

Alguien recordaba, que la muerte del joven había sido desesperada, angustiada, una muerte lírica, apasionada, que llevaron al suicidio de sus sentimientos y emociones, cuando su sangre enfebrecida y encendida de amor se apiadó de los desvaríos de su señor y rasgó sus vasos comunicantes hacia el corazón enamorado. Una locura exaltada de pasión y un dolor placentero se adornó con lazos de cruel sublimidad. Sus ojos se bañaron en lágrimas, ya no podía retroceder la marcha del tiempo. Su amor de siempre se había ido para nunca más volver. Y él se quedó en las brumas distanciadas de un abismo obscuro y sin salida, con los trazos de un retrato a lápiz sin terminar.

El diagnóstico médico para no agraviar los prejuicios del sacerdocio cristiano: “El joven murió de un dolor amoroso”. Ella después de un tórrido y tormentoso amorío había desaparecido sin un adiós, sin una despedida. Más él, sobre una pincelada de lunas blancas, caminó sin rumbo hacia un velo de silencios imposibles y lleno de muerte.

 

Aquel hombre bajo las escaleras que conducían hacia la calle y se incorporó al séquito que acompañaban al entierro. Saludaba a los conocidos con una reverencia o un toque del sombrero, y llegado el momento del descenso hacia la profundidad de la fosa, aún su mirada agobiada seguía buscando a alguien dentro de la multitud.

La caída de la urna, despertó el alma que se había adormitado al cuerpo y se desprendió levitando hacia el infinito. Y fue cuando él, ya no pudo seguir soñando.

 

Código Safe Creative: #1702172……

 

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    Del bisabuelo Alessio ................................................................................................................................. A la siguiente noche de su estadía como enfermo sin proceso de evolución efectiva y mantenido a base de calmantes, Niki, pasada la media noche y en tanto que los demás dormían, se encerró con Alessio y mientras él agonizaba sin ninguna lucidez, le suministro un brebaje indígena para el vómito y la purificación. A las tres de la mañana y después de un vómito negro y baja de la fiebre, Alessio mostró signos de comunicación cuando ella le lavaba la cara y el resto del cuerpo. Él le tomó los dos brazos atrayéndola para acoplársela encima. Ella entendió el mensaje y sin ningún pudor y con mucha paciencia, ambos colmaron sus deseos de incontinencia. ... Del abuelo Carlo ........................................................................................................................................ La sombra de ella le salió al encuentro y le tomó de la mano y con la otra llevó un dedo a sus labios en señal de hacer silencio. El abuelo Carlo trataba de acallar su respiración y contener los latidos de su corazón, mientras un frío cadavérico le recorría la espalda. Pero ese riesgo de acceder a una joven casi que prohibida, le devolvió el calor al cuerpo y sintió un fuego abrazador de locura, cuando ella le tomó una mano para que le rodeara su cintura y juntaran sus cuerpos. En la oscuridad buscó sus labios y se dejó conducir para volcarse ambos en la cama de un cuarto cercano. Ya encima y en posesión de sus carnes se detuvo sorprendido, cuando una espiga de luna se asomó a la habitación y le vio su cara. —Soy yo, Alexia, no hables y sigue —dijo ella— mientras gemía y lo adhería a su humanidad con una intensidad salvaje. Pero el abuelo por un momento se había quedado congelado y su espíritu decaía —No tengas miedo, eres todo un hombre. Sigue Sus anhelos y deseos solapados por la mujer de su amigo Hanz, se reanimaron y la debilidad cedió. Ella tenía treinta y un años y el abuelo apenas quince. Una hora después de dejar satisfecha y dormida a Alexia en el lecho, al desandar el camino, le pareció oír el llanto contenido de una mujer en la oscuridad de aquel pasillo, que conducía a la habitación de Teresa. ... Del nieto Luigi : ............................................................................................................................................. —Ay niño Luigi, ¿Usted cómo que quiere dejar de ser niñito? Luego siguió acostada sin mirarlo y algo pensativa. Y sucedió que de repente tenían los cuerpos atados con sus brazos. Las manos de Luis se aferraban al fragor de las carnes de Nancy que hervían, en tanto se aceleraba el ritmo de los cuerpos. Dentro de ese paroxismo de querer morir de gusto y placer, al rato, un bramido reptiliano del joven irrumpe en la habitación. Minutos después, al regresar del letargo agónico, Luis notó que Nancy aún gemía con los ojos cerrados. El corazón que Luis le amarraba con la mano apretada sobre su seno izquierdo, latía apresurado y en sus dedos yacía la perdiz asfixiada. Luego, ella abrió sus ojos, lo miró y se sonrió. ...

    En La Montaña Mágica de Thomas Mann, Hans Castorp dice a Madame Chauchat “Para vivir hay dos formas, dos caminos: uno es el común, el directo y correcto. El otro es tremendo, conduce a través de la muerte y es el camino genial”. Fue una forma para Luis de curar su sarampión marxista, actuando como guerrillero alzado contra el gobierno, en las montañas del cerro El Bachiller… La misma montaña que ahora gime, la montaña que ruge y grita su ausencia… … La marcha se reanuda y siente su cuerpo invadido por una abismada ineptitud, que se sufre cuando a cada paso se hace duro el andar porque las piernas tienen una tirantez leñosa, los hombros y la espalda se entumecen, se encorvan con el peso. El cuerpo tiende a rendirse ante un agotamiento transido y progresivo. El viento espeso que acompaña la pertinaz lluvia dispersa cualquier signo de palabra alentadora. El comandante se coloca delante de la cuadrilla junto con el guía, seguidos de los nuevos que van a incorporarse al Frente guerrillero y los tres sub-comandantes, que se colocan a la retaguardia de la columna guerrillera. Cobijados por una pertinaz llovizna, la columna emprende la travesía hacia arriba, hacia la montaña, hacia la Fila de Chaguaramal. En la medida que avanzan, la arboleda acalla la lluvia, pero ahora una fría neblina acompaña la entrada nocturnal. El jadeo de la brisa mueve las ramas de árboles, arbustos y cortinas de matorrales que llenan las vacías tinieblas, rasgando con crueldad los cuerpos. El aire húmedo, espeso y frío obstruye la respiración de Luis que le ronronea como un silbido asmático. La silente peregrinación se acompaña con el crujir de las botas sobre el fango y el ruido impreciso de las aves y otros animales que buscan cama. Para no dejar rastros, ascienden en fila por el borde de una quebrada de río, guardando corta distancia unos de otros y tratando de ajustarnos a la luz de la linterna del guía. A la distancia y en soledad, por el color blanco se distinguían figuras de algunas aisladas casas, mientras se oye el ladrido de perros. Código Safe Creative: #1702172……

    Al norte del Mar de Galilea, cerca de Cafarnaúm, María Magdalena camina en cumplimiento de sus apostolados. La acompaña su esposo Jesús embarazado, que ha consumado su pasión y con siete meses de gestación, hace esfuerzo para lidiar con el peso del vientre y los dolores en los pectorales, donde empieza a acentuarse el desarrollo de las glándulas mamarias. A lo lejos los mira Judas, quien aún en esta otra vida, esta celoso de María Magdalena por el amor que le profesa Jesús y por el hijo que tendrán. Los santos apóstoles han sido sustituidos. La predicación en púlpitos la ejercen las mujeres. ¡Bienaventuradas las hijas de la Señora, reina de todos los cielos! María Magdalena y Jesús ya se acercan a la ladera de la montaña donde ella hará una alocución. A la espera del sermón de la montaña, se oyen los cantares de feligreses: «…Madre nuestra que estás en los cielos, santificado sea tu nombre de Diosa y Virgen, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo…»

    El comentario lejos de provocar otra reacción, lo asimiló con la mejor intención y le sirvió de inspiración para crear porque sabía apreciar solidaridades.

    —Otra vez con tus sueños orínicos. —Orinicos no mujer, oníricos

El seudónimo es por un anuncio en internet de Viillanueva del Segura en Murcia. Nací en Caracas-Venezuela de profesión ingeniero proyectista y mi nombre es Gilbert Bounichelli. Lector compulsivo de novelas porque desde niño el abuelo y mi madre fueron mentores de las primeras lecturas. Con apenas 9 años el abuelo me impuso el castigo de leer La Montaña Mágica y casi que no podía con el peso del libro. Sólo utilizo la palabra escrita para comunicar realidades e imaginarios que deambulan por mi mente, sin pretender algo más. El intento de escribir es reciente desde abril del 2.015 que entré en Tusrelatos.com. Espero la colaboración de todos para no quedar en el intento

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