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16 min
NO PUEDO PARAR
Varios |
24.03.12
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Sinopsis

PODEROSO CABALLERO...

NO PUEDO PARAR.

 

 

Miguel había conseguido llegar al éxito, ese estado de indescriptible felicidad que proporciona  el lograr lo que se anhela.  Hacía ya diez años que había abierto una pequeña tienda de alimentación, en la que se vendían productos de agricultores y ganaderos locales. Tuvo tanta aceptación que ahora poseía ya una cadena de más de cincuenta tiendas repartidas por las principales ciudades españolas, y el año que viene...¡a por el mundo!  Fundar y poner en valor su empresa le había costado años de trabajo incesante: llevar el móvil como si se tratase de un órgano más, noches sin dormir, años sin vacaciones, reuniones interminables y regateos sin fin. Sólo él, con su trabajo,  preocupándose cada minuto de cada día, y de no pocas noches, lo había logrado. No importaban las horas robadas a la familia, esa familia a la  que apenas veía. Su esposa era un bulto arropado en la cama cada noche cuando llegaba a casa. Y sus hijos, sus hijos...bueno... el pequeño le sacaba la lengua en la mesa, mientras desayunaban, siempre que su madre se despistaba lo más mínimo. Y su hija mayor, una adolescente, ni siquiera le dirigía la palabra. Pero él lo hacía todo por ellos, por nadie más, ni siquiera por él mismo. En cuanto entraba por la puerta de sus oficinas olvidaba todos esos pequeños agravios. Se sumergía en una vorágine de llamadas telefónicas, firmas, reuniones, pedidos y facturas que le hacían sentir en la cima del mundo. Todo iba viento en popa, las ventas subían y los beneficios también.

Después de cinco años de buenos resultados, decidió hacer una pequeña incursión en el sector inmobiliario, promover la construcción de unas cuantas casas de lujo le proporcionó unos buenos réditos; y con tan buenos resultados, como resistirse. Se embarcó en la construcción de una urbanización de lujo. ¿Y por qué no?, todos sus amigos lo hacían y se estaban poniendo las botas. No era el objetivo de su empresa, pero...¿qué caray?, si podía sacar algo, pues adelante.  Le fue tan bien, tan bien, que todo lo obtenido lo invirtió de nuevo, esta vez en una urbanización turística en la costa, después de "untar" convenientemente al alcalde de turno, para que recalificara los terrenos adquiridos el año anterior por la mitad de lo que valían . Y después otra, y otra más. Así hasta que sus negocios inmobiliarios representaban más valor que toda la cadena de tiendas. El dinero entraba a espuertas y se reinvertía para obtener más,  y más. Los bancos, antes esquivos, ahora le perseguían para financiar cualquier proyecto que se le pasase por las mientes.

Y de pronto, sin que  le diese tiempo a reaccionar, la crisis, la maldita crisis. En unos meses sus urbanizaciones quedaron paralizadas y la inversión perdida. La cadena de tiendas seguía ahí, funcionando, aunque apenas proporcionaban liquidez suficiente para atender los créditos de los otros negocios. Pero se mantuvo en pie, contra viento y marea consiguió sobrevivir. Seguía teniendo un nombre en el mundo de los negocios. Redobló  esfuerzos. Tenía que mantenerse a flote, por su familia, lo hacía por ellos, porque él, en realidad, no necesitaba nada. Su vida, ahora, era una interminable negociación de aplazamientos, una peregrinación infinita por las catedrales del dinero; los bancos de nuevo se comportaban con él como amantes indecisas. Pero su empresa, sus tiendas, seguían teniendo un gran valor. Eso les mantenía atentos como fieras prestas a saltar sobre su presa. Así iba capeando el temporal, en el filo de la navaja. Algunos días el estrés resultaba insoportable, el móvil estaba a punto de fusionarse con su mano y el portátil era ya una extensión de su cuerpo. Pero no se rendiría, podía resistir, ese estado de continua tensión había arraigado en su cerebro y le resultaba natural, y hasta placentero. Todo lo hacía por su familia, para darles lo mejor, por él no, él no necesitaba nada.

Recibió la llamada de su mujer cuando estaba reunido con un proveedor, contestó con voz de fastidio:

-Dime, cariño.

-Tienes que venir a casa. Es urgente-la mujer sollozaba-. El niño no está bien.

-¿Qué quieres decir con que no está bien?-suspiró con desgano.

-Pues... que hoy hemos vuelto al médico. Y ha apuntado la posibilidad...Lo que tiene el niño puede ser muy grave. Hay que hacerle unas pruebas.

-¿Pruebas?, ¿qué pruebas?

-Ven a casa, por favor. Estoy muy mal.

-En cuanto termine aquí voy para allá, no te preocupes. Ahora cuelgo que estoy en una reunión.

 

Después del proveedor,  fue un cliente, después una llamada del banco. Más tarde le llamaron de una de las tiendas con otro problema, no importaba cual, había que resolverlo. Cuando ya se iba para casa le avisaron de que  el agente de la aseguradora insistió en hablar personalmente con él. Y así un problemas tras otro. Para cuando llegó a su casa eran más de las once. Los niños estaban ya en la cama. Su mujer estaba despierta, esperando.

-Hola cariño-la besó en la mejilla.

-Llevo horas esperando. Miguel esto es grave, muy grave.

-A ver, no será tanto.

-El médico me ha apuntado la posibilidad de que se trate de leucemia.

-¿Leucemia?...¡Qué va! No puede ser. ¿Por qué iba a tener leucemia?

-Hay que hacerle unas pruebas-se levantó del sillón.

La miró bien, su mujer parecía hundida, destrozada. Sus ojos enmarcados por unas oscuras ojeras, tenían aspecto de haber llorado, y mucho. Ella se acercó a él y le abrazó. El la estrechó entre sus brazos.

-Venga, venga. Verás como al final no es nada.

-Ha tenido fiebres muy altas y no deja de dolerle la garganta, siempre está cansado. Lleva ya días así y no se le pasa con nada. El médico, en vista de que no mejora, se ha decidido a hacerle estas pruebas.

-¡Mujer!, verás cómo se trata de algo sin importancia. Ahora vámonos a la cama. Mañana veremos todo de otra manera.

Se fueron a la cama. Al día siguiente salió muy temprano para la oficina, tenía una reunión en el banco a primera hora. Era fundamental que no le cancelasen el crédito. Otro día más trabajando hasta las once. Cuando llegó esa noche a casa todos estaban ya en la cama. Su mujer estaba despierta.

-Hoy le han hecho varias pruebas, en unos días sabremos lo que pasa.

-Verás cómo no es nada.

En los días siguientes ni siquiera volvió a pensar en ello, tenía mucho que hacer. El banco se estaba poniendo duro y exigía nuevas garantías para mantener la línea de crédito. ¡Esos cabrones! Pero no cedería, aún podía negociar, las tiendas iban bien y representaban un valor seguro. Quería dar el salto al extranjero y para eso necesitaba financiación adicional. El problema eran sus fallidos negocios inmobiliarios. Esos préstamos no se iban a poder cancelar nunca, ni vendiendo los inmuebles a precio de coste. Recibió la llamada fatídica:

-Ven a casa.

Se excusó con sus interlocutores como pudo:

-Señores, lo siento, espero que nos podamos reunir de nuevo lo antes posible. Tengo un problema familiar serio, parece que mi hijo está enfermo.

Ellos, por supuesto, se deshicieron en deseos de que no se tratase de nada grave. Él recalcó, que sí, que podía serlo. Tenían que saber que se iba por un asunto grave, ineludible. Dejó caer la palabra "leucemia". La reacción fue inmediata: palmadas en la espalda, palabras de ánimo  y la insistencia en que nada podía ser más importante; "esto sólo es dinero". La reunión se posponía, y quedaba en el aire la velada promesa de resultados favorables en los próximos encuentros.

Nada más entrar por la puerta de su casa, su mujer se echó en sus brazos, llorando. Se quedó helado,  se confirmaba lo peor.

-Miguel, es lo que nos temíamos-la miró y le pareció una mujer distinta, más vieja, unas profundas arrugas, de las que hasta ahora no se había percatado, surcaban su rostro.

-Cariño, ten calma, sosiégate. Algo se podrá hacer, esta enfermedad tiene cura. Nuestro hijo puede recuperarse.

-Sí, en el hospital me han dado mucho ánimo, pero no puedo dejar de pensar en todo por lo que va a tener que pasar; ¡aún es tan pequeño!

-No es tan pequeño, muchos niños se han recuperado de este mal. No desesperemos .¿Qué  tal se encuentra él? Supongo que no es consciente de su enfermedad.

-No, no, está tranquilo. Se siente un poco mal. Su hermana le está ayudando mucho. Nuestra hija se ha hecho mayor, lo demuestra con su hermano en toda esta situación; me está siendo de  gran ayuda.

-Cariño, sé que no estoy lo bastante pendiente de vosotros. Sé que no te estoy ayudando como debiera; pero la empresa atraviesa momentos muy difíciles, y tengo que negociar esos créditos, es indispensable.

-Indispensable es que estés a nuestro lado en estos momentos tan duros. Que apoyes a tu hijo en todo lo que le queda por pasar. La empresa no me importa, véndelo todo, o abandónalo a su suerte, me da igual. Cuando todo esto pase, ya veremos. Podemos comenzar de cero, con una pequeña tienda, como empezamos, tendremos para vivir. Necesito que el niño se ponga bien y nada más. No necesito esta casa, ni la de la playa, ni joyas, ni una gran cuenta en el banco. ¡Sólo quiero que nuestro hijo se ponga bien!, y que tu estés con nosotros, ahora te necesitamos, ¡yo te necesito!, ¡no  puedo con esto sola!

-¿Pero qué dices?, ¿estás loca?, ¿en qué le beneficiaría al niño el empobrecernos? Con dinero podemos darle un mejor tratamiento, llevarle al extranjero, buscar un equipo médico más competente.

-No te enteras de nada. Esto no es uno de tus negocios, ni  uno de tus planes de expansión. El niño no necesita nada de eso. El tratamiento es simple y terrible: quimioterapia. Ya sabes lo que eso supone,  el niño va a sufrir mucho-se le llenaron los ojos de lágrimas-. Más adelante se planteará la posibilidad de un trasplante de médula ósea. Se lo pueden realizar en cualquier hospital. Lo que no sabemos es si el tratamiento será efectivo. No necesitamos dinero, necesitamos estar juntos para apoyarle. ¿Cómo tengo que explicártelo?

-Y todo eso ¿no será mejor hacérsela en un buen hospital privado?, ¿en Estados Unidos, por ejemplo?

-¿Para qué vamos a hacerle pasar por una estancia en el extranjero? Se puede hacer aquí. Necesitamos hacernos todos las pruebas para ver quién podría ser el mejor donante de médula.

-Por supuesto, por supuesto. Cariño, perdóname. Por supuesto que todos nos haremos las pruebas que hagan falta, yo también, ¡claro que sí! No te dejaré sola.

En los días siguientes se ocupó de hacer saber a todo su personal, clientes, proveedores y, por supuesto, al banco, la triste noticia de la enfermedad de su hijo. Consiguió renovar el crédito con el banco e importantes aplazamientos de su proveedores, también logró que algún que otro cliente reticente a pagar cancelase su deuda. Todos se percataron del innegable sacrificio que suponía el tener que estar solucionando estas cuestiones en su situación. Su expresión de congoja no dejaba lugar a dudas. Se le anegaban los ojos de lágrimas en cuanto alguien le preguntaba por el estado del niño, su situación  era penosa.

El día que se inició el tratamiento, llegó en el último momento, azarado por no haber podido llegar antes. También fue el último en hacerse las pruebas de compatibilidad para un posible trasplante de médula ósea. ¡Señor!, tenía tanto que hacer. Sobre sus espaldas descansaba ahora el bienestar de toda la familia. Él y sólo él podía ocuparse de todo. Su mujer tenía que estar a la cabecera del  niño en todo momento. ¿Y él?, él tenía que preservar la empresa, el patrimonio; o se quedarían en la ruina. Nadie más que él podía comprender el sacrificio que estaba haciendo.

La quimioterapia resultó efectiva. Después de varios meses de tratamiento, el deterioro del niño se hizo ostensible. Había perdido el pelo y se quedó delgado y frágil como una ramita a punto de partirse. Verlo le producía un gran dolor. Le miraba con aquellos ojos tristes, en los que se reflejaban largos días de un tratamiento devastador. Pero había dado resultado, los recuentos sanguíneos así lo atestiguaban. El equipo médico planteó entonces la posibilidad del trasplante de médula como solución definitiva.

Su hija resultó ser la más idónea como donante. El día de la operación coincidió con la firma de la nueva línea de crédito con el banco, así que no pudo llegar hasta el último minuto, ya había salido del quirófano. Estaba aún bajo los efectos de la anestesia, pero estaba bien; la operación había sido un éxito. Naturalmente, tenía que marcharse enseguida, le quedaba mucho por hacer. Se lo comentó a su mujer, ella le miró desde las dos profundas cavernas en que se habían convertido sus ojos, se fijó en su extrema delgadez. ¡En fin! todo pasaría, todo se arreglaría, por fin. En cuanto todo hubiese terminado se la llevaría a la casa de la playa y allí se recuperarían todos. Unos días junto al mar les repondría de todo el horror que habían pasado.

Durante las semanas siguientes el niño empezó a recuperarse, finalmente el médico les indicó que la remisión de la enfermedad parecía definitiva. Sintió una inmensa alegría. Fue inmediatamente al hospital y se encontró al niño tendido en la cama. Su cara reflejaba todo el sufrimiento y la debilidad propias de la enfermedad. Le pareció ojeroso y muy delgado. Su aspecto le conmovió, permaneció con él un rato y salió de la habitación con los ojos arrasados en lágrimas. Su mujer salió con él. El la miró y su cara le pareció luminosa de nuevo, la abrazó y la besó en la mejilla. Ellas se desasió del abrazo.

-El médico ha dicho que le darán el alta en unos días. Tendrá que seguir viniendo al hospital a menudo, pero ya puede ir a casa.

-Eso está bien, muy bien. En cuanto todo termine nos iremos a la casa de la playa...

-Miguel...

-En la playa se recuperará mejor, ya verás.

-Miguel, escúchame, por favor.

-Tú también te repondrás allí...

-Miguel, para cuando le den el alta, quiero que hayas recogido tus cosas de casa, quiero que te marches. De momento los niños y yo nos quedaremos allí. Luego ya veremos. Voy a pedir el divorcio.

-¿Pero...qué dices? ¿Por qué?

­-Ni siquiera confío en que algún día llegues a entenderlo, yo no quiero tener nada que ver contigo nunca más. Y preferiría que los niños tampoco. Naturalmente no puedo negarte el contacto con ellos, eres su padre; pero prefiero que te vean lo menos posible. Tal vez si cambias y llegas a comprender...tal vez puedas recuperarles. A mí no, a mí nunca.

-Estás mal, lo sé. Has sufrido mucho. Te ruego que...

-No Miguel, no me volveré atrás. Mi decisión es firme. No puedo, ni quiero, perdonarte.

-Pero...perdonarme, ¿el qué?

-Sé que esto no cabe en tu cabeza, que es demasiado para ti. Quizá algún día llegues a entender. Quizá entonces tus hijos estén junto a ti,  yo no, para mi es tarde.

-Pero...si yo lo he dado todo por vosotros.

-¡No vuelvas a decir eso! y ahora vete, por favor.

-Escucha...

-¡Vete ya! ¡Por favor!-Se tapó la cara con las manos y comenzó a llorar, el intentó acercarse, pero ella extendió el brazo y se lo impidió.

El se dio la vuelta y se alejó por el pasillo con los hombros hundidos y la cabeza gacha. ¿Qué había pasado? No entendía nada. Su mujer se había vuelto loca, ¡eso tenía que ser! Todo esto la tenía desquiciada, ¡eso era! Poco a poco fue avivando el paso, cuando salió por la puerta del hospital sus pensamientos había dado un giro de ciento ochenta grados: "Mañana lo verá todo diferente, se sentirá mejor, y si no mañana, dentro de unos días todo habrá pasado y hablaremos. Nos iremos a la casa de la playa y allí lo entenderá todo".

Alentado por este pensamiento, cruzó la calle y se dirigió  al trabajo, a su oficina, tenía mucho que hacer.

 

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  • Magnífico relato, real como la vida misma. Escribes de cine, seguire paseando por tus letras. Gracias y un abrazo.
    Qué gran realidad muestras en tu relato, me ha emocionado mucho la historia en su parte emocional y cabreado la historia en su parte irracionalmente egoísta, no sé por qué no te había leído antes. Eres una profesional de la escritura, me encantas en todos tus relatos (me queda alguno por leer) pero no tardaré mucho. Un abrazo.
    "Una vez nacidos, quieren los hombres buscar el oro, y en su búsqueda, estando despiertos, viven dormidos, y dejan hijos que mueren tras su pragmatismo, mientras ellos se deleitan con su fango más que con el agua limpia" Quizás venga a cuenta este "texto presocrático" a tu magnífico y realista relato, amiga Cimbellina. Un relato, pues, muy actual en este mundillo crematístico donde el dinero siempre parece hallar un campo abierto en el interior de las conciencias, destrozando la talla moral y sensible de muchos seres humanos. Te leí complacido en la tranquilidad de la noche (no comprendo como, después de 62 o 63 entradas en tu texto, nadie se haya dignado valorártelo) Los compañeros de TR a veces dejan a esta web a la altura del betún. No importa, compañera, tu relato es muy bueno, así que no dejes de escribir. Un abrazo -stavros
  • La presión de la imagen y la necesidad de estar delgada en el mundo que vivimos.

    Más que reflexión, me salió una proclama, pero ahí va.

    Hoy Viernes Santo, 6 de abril de 2012, se cumplen 20 años de la muerte de Isaac Asimov. He escrito este relato a modo de pequeño homenaje. Está basado en uno de sus relatos cortos: "La Última Pregunta". Espero que su espíritu no venga a pedirmen cuentas, perturbando mis sueños.

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    El pasado siempre nos alcanza.

    Una reflexión sobre la crisis actual

    Una cena..."romántica".

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