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5 min
No toques Don t touch me
Terror |
22.10.08
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Sinopsis

Un experimento de relato.

“Cuenta una historia de la vida. Todo se rige por reglas, quienes las incumplan estarán condenados a sufrir tres veces dependiendo de su falta.”


-¿Podrías parar? Solos tú y yo y me sales con eso. ¿De qué va tu rollo, loca? Si no querías acostarte conmigo me lo habrías dicho y no te habría pagado el motel. ¿Siempre haces lo mismo con todos?-

No le mira a la cara, solo baja su rostro en dirección al piso. No le importa cuanto rato la miren, solo cabizbaja asiente. El solo la observa y se siente un poco acongojado por pasarla a llevar.

-Perdóname niña, es solo que…lo malinterpreté. Creí que eras de esas cuando te topé en la calle y como siempre decías que si… ¡Ya basta! ¿Quieres que te deje en alguna parte?-

Ella no dijo nada. Se subió al coche y le indicó una dirección escrita en un papel. Se juró a si misma jamás volverlo a ver. Ya era peligroso hablarle.

*Una hora antes


En la esquina de la concurrida avenida. Las jóvenes muestran sus atributos intentando conseguir clientela. Bajo vestimentas de danzarina del vientre ella esperaba reunir algo de dinero. Imaginó un instante reunirse con alguien gentil que solo le pidiera un baile y nada más. Así sería mejor para ambos.

El problema reside en que la mayoría de lo que se imagina resulta ser totalmente distinto a la realidad del presente. No había alguien gentil. En su lugar tres hombres altos y fornidos listos para abusar de ella.

Sabía que la violarían. Ellos bajaron de su limusina provistos de cámaras y algunos artículos eróticos listos para su negocio. La difusión.

No reclamó y tranquilamente se aprestó a subir. Con sus expresiones llenas de júbilo la invitaron a “trabajar”. Ella rogó con su mirada. Ellos negaron con carcajadas.

La invitaron a una pequeña habitación sin nada a excepción de una colchoneta en el piso. Encendieron las luces y, utilizando otro idioma, llamaron al “actor”. Un fornido hombre desnudo solo ocultando su rostro con una máscara de cuero con cierre en la boca. Ella con su cabeza en movimiento de lado a lado. No quería hacerlo. No debían tocarla. El monstruo enmascarado no hizo caso y estiró su grasienta mano dispuesto a tocarla. Ya lo había hecho muchas veces. Las personas influyentes así lo requerían. Necesitaban carne fresca. Tanto dinero ganado les había llenado el cerebro de mierda y necesitaban víctimas. Satisfacer esa ansia de poder y dominación que abunda dentro de la facilidad. El estirar un poco más el elástico hasta romperlo. El experimentar el placer de las nuevas sensaciones.

Al “actor” poco le importaba. Nadie sabía quien era y nadie le molestaría. Un acuerdo tácito entre dos partes que no se veían las caras, una pagaba la otra hacía su trabajo y cobraba. Así funcionaba. Yo no te conozco ni tú me conoces.

El se acercó más. Ella se alejó tanto hasta tocar su espalda desnuda contra la pared de la fría habitación. Impactada por el rayo de un flash y el calor de una lámpara de sesiones fotográficas. Nadie le ayudará ni nadie se acordará de ella. Estará en un archivo de computadora de algún aparente normal por fuera y monstruo por dentro.

“Ya es tarde, ya es tarde, ya es tarde” pensó ella. “No puedo evitarlo, perdónenme…”

Finalmente el brazo del “actor” logró tocarle. Nunca volvió a verlo.

*Dos horas después…

Con total tranquilidad llegó a su departamento. Se sacó la máscara de cuero de su bolsillo. Abrió su refrigerador y tomó un poco de leche sin lactosa. Contó una y otra vez los billetes verdes de la paga mientras se encendía su televisión conectándose al canal de dibujos animados. Fue tranquilidad hasta solo diez minutos cuando sintió un ruido en su puerta.

Con curiosidad se acercó sin ver a nadie a través del ojo de buey. Se disponía a volver a instalarse en el sillón cuando otro sonido le interrumpió desde la entrada de la puerta. Ya su curiosidad aumentaba al punto de abrir imprudentemente la puerta para cerciorarse que no había nadie. Nadie.

Cerró furioso y de un golpe la entrada fue destruida. Al instante una turba belicosa de personas entró a su apartamento buscando a alguien. Intentó reaccionar tomando un bat de béisbol cuando fue golpeado fuertemente por una piedra.

Trató de hablar. Pero ya no tenía palabras. Miró hacia el piso y pudo ver varios de sus dientes tirados en una gran mancha de sangre. Ahí se dio cuenta que le faltaba la mandíbula inferior. Otras piedras golpearon su frente y estómago. Una fue tan certera y violenta que quebró su clavícula derecha. La última cosa que pudo escuchar fue su contestadora telefónica en donde la compungida voz del fotógrafo le imploraba por ayuda y hablaba de una extraña regla de tres.


*A la noche siguiente…

En el periódico del día se reportaron tres asesinatos. Una víctima fue apedreada hasta la muerte, otro enterrado todo su cuerpo excepto su cabeza y muerto por un golpe en la misma. Y el último enterrado vivo. Hablaban que las tres tenían algún tipo de relación.

En la esquina una niña.

-Oye ahí estás. Es bueno que estés bien-

Ella no respondió.

-¿Quieres comer?-Siguió en silencio.

-No te preocupes. No te tocaré-Sonriendo le mostró el periódico. Ella calladamente subió al vehículo. Y le indicó otro país que visitar.
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