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4 min
noches de agobio en mi cuarto
Reflexiones |
14.07.09
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Sinopsis

Yo antes no era así. Antes tenía una cierta inclinación por lo espiritual, que no pocas veces se truncaba en el deseo y el estudio de aquello que llaman ciencias ocultas. Antes, la religión conseguía impresionarme. Nunca tuve muy claro si creía o no, supongo que sí que lo hacía, pero no es eso lo importante; lo importante es que la religión, ver el fervor en la gente durante las profesiones, admirar lo misterioso de los cristos tallados en madera y los santos pintados en la bóvedas, sentir la banalidad de la materia, me producía no pocas excitaciones en el corazón y en la mente. La moral cristiana, aquella tan arraigada en el mundo occidental y con más fuerza en personas que, como yo, se educaron en ambientes católicos, me producía la impresión de ser la única válida en el mundo, y mi mente juvenil no lograba entender el porqué de la maldad de la gente. Maldad que uno se da cuenta tiempo después que en su mayoría no es tal cosa, sino una forma diferente de moralidad, o incluso a veces la ausencia de ella por completo, si tal cosa es posible en la naturaleza de las acciones humanas.
      Yo antes era un chico mejor, no sólo por sentirme más religioso, que en sí no implica nada, sino porque al menos me sentía explicado; mi existencia, si alguna vez me pregunté por ella a aquellas edades, era única, inimitable, y formaba parte en un sentido místico de un todo, pero del que esencialmente yo era distinto, tan sólo me unían las acciones. Destructivas, tanto para mí como para “el mundo” (la realidad externa a mí), si contradecían la fuerte y única moral que yo conocía; y provechosas, si bien para ello bastaba con que no fueran destructivas, sin necesidad de comportar ningún beneficio. Con lo cual, vivir era sencillo, al ser sencillo vivía bien, y por lo tanto era una persona mejor.
      El problema es que ahora no sé cómo actuar, ni porqué, ni para qué. No hay nada que me llame la atención, ni que despierte a mi mente. Menos todavía en estos días de julio, que siento como si en la cabeza tuviese un zumbido que me incapacitara para cualquier reflexión o contemplación de algo. Veo estúpidas las relaciones sociales, el tener que devolver comentarios por Tuenti a un montón de personas que no me importan. Pero si no hago caso de ello, si no me meto en ese frenético baile que todos bailan, entonces ¿qué me queda? Ese es el problema de mi yo actual, que ya no siento que mi existencia tiene una importancia intrínseca, ya no me siento un ser indisoluble que habita en el mundo, me siento un ser formado por el mundo, un ser que ayuda a conformar el mundo. Un yo íntimo, al que todo le aburre, y un yo social, formado por las proyecciones del resto de seres sobre lo que de mi observan, saben, y crean. Porque realmente gran parte de nuestra vida es obra que pintan otros, y que nosotros simplemente observamos. En ese aspecto, siento un gran vacío cuando pienso en mi yo social, que tiene hambre, pero que nunca deleita los placeres de esta sociedad materialista y hedonista, porque mi yo íntimo, el resquicio de ese yo íntegro de la infancia, aborrece todo aquello. Y me veo viviendo entre dos visiones del mundo, sin aprovechar ninguna de ambas, y consumiendo mis días en una inacción que es causa, y a la vez efecto, del más mortal enemigo de la mente humana, el Tedio, que como dantesca entidad nubla los sentidos y ahoga al corazón en la ceniza de los recuerdos, en el lodo del presente, y en lo más profundo de la gran mole de tiempo desperdiciado. En resumen, que estoy harto de ser como soy, y escribo esto por sentirme un poco más cercano a alguna impresión como la de formar parte de algo, la impresión de que al menos el minuto que dediquéis en leerme habrá sido un minuto en el que habré intervenido en vuestras mentes.       
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  • Tu apatía, creo, no es sino lucha apasionada por pensar... ¿por creer? Tu reflexión me parece muy unamuniana. Te animo a rezonar, pensar y poner a prueba si lo que creías era algo más que una seguridad, un colchón: ¿era lógica, una esperanza lógica? A veces el camino hacia Dios puede llevar una vida entera. Por mi experiencia, que espero madure a lo largo de mi ciclo vital, es así.
    ahogado el corazon en la ceniza de los recuerdos.... asi estamos mas de uno, te entiendo!! un saludo! t seguire leyendo
    Quizás lo que necesites es enamorarte. Es algo que suele dar sentido a la existencia y sacarnos del letargo en el que alguna vez todos caemos. Y por supuesto mirar las cosas con cierta distancia y sin dramatizar ayuda. Tampoco hay que dar un dimensión exagerada a nuestra vida, simplemente vivirla y saborearla. Busca lo que te haga feliz.Un saludo.
    Profunda refexión que engloba quizás algunos puntos negativos del ser humano y por lo tanto sentirse atado a una sociedad de alguna forma destructiva en esos aspectos que expones, pero compañero ahi que aferrarse a lo positivo que también lo hay. Un saludo
  • Las horas que se van y... no vuelven.

    Sobre la entrega en la escritura, o puede que cualquier otra cosa.

    Vivo en un medio acuoso.

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