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4 min
Nos vemos en el siguiente capítulo
Fantasía |
04.02.16
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Sinopsis

Espartaco, un gladiador caído, hostiga a un joven belicoso que se leyó su vida para que le dé un poco de reconocimiento digno de una leyenda como él. ¿Qué logrará este antiguo campeón que lideró una rebelión?

Nos vemos en el siguiente capítulo

Cerré la tapa del libro al son de la melodía Never Too Late de Three Days Grace. Y puse el libro en mi estante de libros. Mis ojos estaban satisfechos y mis oídos gozosos frente a los acordes de guitarra de la canción. El libro que acababa de leer fue mucho más sublime de lo que esperaba. Un final justo y perfecto –como desearía que todos los libros fueran así–. Una batalla colosal entre ejércitos imponentes. Mi imaginación volaba con los diferentes <<que pasaría sí>> del típico amante de los libros.

Tarareaba en mi propio dialecto indescifrable la letra de la canción, cuando de pronto oí un grito en lo más profundo de cabeza –y eso que tenía los audífonos en su máximo volumen–.

-¡Hey! –un rugido de gladiador retumbó en mi cerebro.

De golpe, y con los ojos como platos, me quité los audífonos, estupefacto.

-Pero que mier… -dije asombrado.

-Eh. Cuida tu lenguaje, muchacho –replicó de nuevo la voz desconocida.

-¿Qué? ¿Quién anda allí? –revisaba mi habitación, la cual estaba un poco desordenada por cierto, en búsqueda del locutor misterioso.

-Soy yo, Espartaco –se presentó la voz–. ¿No te acuerdas de mí? Acabo de morir frente a mil legiones romanas, un final épico cantado por musas, poetizado por bardos y registrado por trovadores. Sin embargo, ¿tú vienes y me dejas sin más?

-Espera, ¿qué? ¿Espartaco? ¿Por qué estás en mi cabeza?

-Aún libro no se le despide sin más, muchacho. ¡Debes tener un poco de respeto y reflexionar un poco más!

-Eh, que tú historia no fue corta. ¡Cansa leer más de 500 páginas de un tirón!

-No me vengas con excusas –dijo el gladiador espartano que estuvo envuelto hasta el final en una de las más grandes rebeliones que sufrió roma.

-¡Oye! ¡Quiero que te vayas! –dije molesto mientras movía mi cabeza de un lado a otro–.

-¡Ja! El muchaho cree que se deshará tan fácilmente de mí – el campeón de la arena reventó en un ataque risa fastidiosa y prepotente.

-¿No me dejarás en paz? –le pregunté, harto.

-No. Por no leerme bien. ¡Soy Espartaco! ¡El gladiador que puso en jaque a toda Roma! ¡Merezco algo de respeto y reconocimiento de tu parte!

-¡Pero si estás muerto! –me lancé de golpe a la cama, y comencé a gritarle a la inocente almohada.

-Eso no tiene nada que ver. Me volverás a leer, con dicha y sin nada de ese montón de gritos, tambores y laúdes desafinados.

El Campeón Tracio no parecía querer ceder, así que cambié de táctica. Espartaco persistió en su noble misión hasta su muerte, no cedería porque un muchacho belicoso se lo pidiera.

-Está bien. Volveré a leerte. Pero tendrás que dejarme en paz.

-¿Sin gritos bizarros e instrumentos desafinados?

-Sí, sin gritos bizarros e instrumentos desafinados. ¿Trato hecho?

-Un nombre de verdad respeta sus tratos. Espero que tú cumplas.

-Bien, adiós –dije yo arrepentido por la idea de volver a leer aquella biblia.

Se calló por un momento, para luego volver a intervenir en mi cerebro.

-Oye, una última cosa.

-¿Qué quieres, gladiador chillón?

-Dile a esa joven doncella que le gustas, ¿Naomi, no? En serio, se ve que le atraes y que te tiene ganas. Ahómbrate y pídele su mano a su padre. Te lo aseguro. Te irá más que bien.

-Espartaco, este es el siglo XXI. Las cosas no funcionan así. ¿Te vas a ir o no?

-Sí, sí, sí. La prisa te está matando muchacho, empieza a leer. Que los diosas te protejan, joven conquistador. ¿Nos vemos en el siguiente capítulo?

-Sí Espartaco, en el siguiente capítulo –dije campante frente a mi triunfo.

Me levanté de la cama, hacia el librero. Cogí el libro con una mi torpeza de joven sobresaltado. Miré la desgastada tapa de cuero del libro de mi bisabuelo, un famoso historiador, que hizo su propia versión bastante exacta de la vida de Espartaco, hasta su muerte.

-Nos vemos en el siguiente capítulo, compañero.

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