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17 min
NOVELA COLECTIVA CAP II : El cetro de Esmeraldas , En el bosque de Ormuikhan
Fantasía |
02.03.13
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Sinopsis

Siguiendo la secuela, añado el capítulo II, Ender gracias por crear esos personajes de los que puedes derivar en miles de vertientes, aqui les entrego el sig. capitulo preparado bajo la musica de Audiomachine y two steps from hell para la inspiración, Mayka , tu turno! saludos a todos!

CROWD CREATION CAP. II: EN EL BOSQUE DE ORMUIKHAN

By Angel Nava Prudente

Viene de crowd creation I: El cetro de esmeraldas by Ender.

 

Con el ojo del sol apenas visible entre los grises tumultos nubosos, y los primeros indicios matutinos, divisaron desde el camino de las Montañas Serpenteantes los castillos de Wordiar, la ciudad de los templos celestes, nombrada así por los viajeros y peregrinos que la visitaban. Conforme la distancia se acortaba, el grupo estaba más cerca de saber la razón de ese nombre. A fuerza de reunirse con la princesa, el viaje se hizo de noche bajo la inclemencia de la lluvia.

La voz de un trueno se desprendió anunciando el término del diluvio infernal anterior, y colándose a poco entre la escarcha de nubes, los rayos solares alumbraron el paraíso. Once ojos miraron con asombro las estructuras encadenadas, que parecían hechas de plata y cristales, con torres que alcanzaban el mismo cielo.

 

 - Así que, esto es de lo que hablaban – argumentó el Dios caníbal, asomando un ojo bajo la indumentaria.

- De lo que hablaban ¿Quiénes? – dijo Lucius, su arma fiel meciéndose sobre sus espaldas.

- Oh, no tiene importancia… viajeros que alguna vez visitaron mi país – dijo cubriéndose el rostro con las manos.

- ¿Y se convirtieron en ofrenda hacia ti después de hablar de Wordiar y disfrutar de los banquetes que ofrecían tus súbditos? – Ambar esbozó una leve sonrisa y Wells observó sus ojos, que embrujaban más al amanecer, probablemente aún más que cualquier hechizo de Longoria.

- Eran buenos tiempos… - dijo el Dios.

 

El descenso continuó entre arbustos silvestres y sauces llorones meciéndose ante el viento que alejaba las nubes, aflorando los últimos vestigios del aguacero.  Pronto, los caminos de terracería dieron paso a calles de piedra clara y pulida, donde los cascos hacían eco ante ojos curiosos y murmullos de gente, algunas ventanas se cerraron, los perros ladraban a los jinetes, más en particular al de ojeras pronunciadas que en silencio, mantenía la vista fija hacia el frente, algunos dientes castañetearon en derredor de él.

 

- La recepción es buena – dijo Longoria, con labios coquetos.

- ¿Cómo esperas que reciban a los extraños? – dijo Wells bajo el sombrero.

- Ya no lo somos más, la princesa nos espera – continúo la bruja.

- Bienvenidos – dijo la voz a un costado, atrayendo la atención del contingente.

 

Un hombre de barba reacia y peto plateado, montaba un corcel castaño con vestiduras púrpuras combinadas con amarillo, cuyos cascos resonaron en el empedrado, deteniéndose a pocos metros de Wells que iba al frente. Rodeando a la caravana, los miró de pies a cabeza, sin poder evitar una sonrisa socarrona y moviendo la cabeza negativamente, se tocó los ojos con los dedos y habló nuevamente.

 

- Bienvenidos – repitió mientras Longoria se decía a si misma que el recién llegado no necesitaba de ninguna clase de magia ni hechizo – mi nombre es Razaagan, síganme, los llevaré con la princesa Larnaia, ella… los espera.

 

 A las puertas de palacio, las caballerizas se dejaron ver, dos centinelas con lanza en mano les custodiaban a sus espaldas, descendieron de las monturas a la par de Razaagan, ordenando al viejo Athélinos, cuidador de caballos, se hiciera cargo. El piso era de mármol rosado con vetas blancas, a Lucius le pareció como si pisara algodón en estado más sólido, Wells se despojó del sombrero mientras avanzaban por el largo corredor que llevaba al salón del trono, contemplando las enredaderas que caprichosas, trepaban por las columnas con motivos dorados, adornadas por largas y finas cortinas blancas. Los pajes reales hacían reverencia ante su presencia.

No había notado hasta el momento el ric rac que se escuchaba a sus espaldas, cuando miró sobre su hombro se dio cuenta que la masa de carne iba dejando un rastro rojo acuoso tras de él.

 

- Lo siento, olvide las botas allá afuera, no estoy acostumbrado del todo –

- No me lo digas a mí, díselo al paje que limpia el piso tras de ti desde que entramos – dijo Wells.

 

El hombrecillo reverenció al Dios cuando volteó a mirarle.

- ¿Cuándo se acabara este pasillo? – pregunto el amorfo.

- Ya quiero ver la cara que pondrá la princesa – dijo Ambar.

Gélido por su parte, era espectador de la escena.

El salón de trono no iba a menos con la decoración exterior, una voz cantante, anunció la presencia.

- Atención, la princesa Larnaia –

La imagen fue celestial, su larga cabellera rubia caía hasta la cintura coronada en la sien por una diadema de plata, brazaletes en espiral subían por sus delicados brazos, cuando Wells le miró no pudo más que sucumbir ante el rostro angelical de ojos azul turquesa puros, dos pajes femeninos le sostenían el velo mientras ocupaba el trono. Deslizando su figura resguardada por un vestido blanco, que no hacía honor a su belleza. Las pupilas celestes recorrieron uno por uno a los recién llegados, un suspiro breve se escapó de su pecho, Wells pudo notar ese dejo de esperaba algo más, alguien más… que se quedó guardado dentro de ella.

- Bienvenidos sean a Wordiar, mi ciudad.

La voz sonó musical y delicada, reverberando entre los pilares y los oídos de los presentes. Wells fue el primero en inclinarse después de reponerse del embeleso.

- Su alteza, hemos llegado – hizo una reverencia con el sombrero- ellos son…

- Se a que han venido Wells– dijo ella extendiendo su blanca mano - y no tenemos mucho tiempo para las presentaciones, a cada palabra que charlamos cientos mueren bajo el asedio de las tropas del Caballero Oscuro, a cada día su dominio se acrecenta más, debemos actuar ya, ustedes… son los elegidos para llevar el cetro donde corresponde.

- Su alteza – dijo Wells bajando la vista, y los demás imitaron el gesto – hemos escuchado que los entes se encuentran más al sur, es allí donde el destino nos llama, y donde el cetro debe llevarse para buscar el enlace entre él y su dueño, frenar la desgracia que presagia el avance de Lord Oscuro y su fiel seguidor nigromante.

- Así debe ser viajero, los reinos del sur me mantienen al tanto, pero cada vez es más difícil la comunicación, no deben confiarse, aunque estos lugares aún están apartados de su avance, se rumora que merodeadores al servicio de la oscuridad rondan los caminos y alrededores, el mal no quiere adentrarse en terrenos desconocidos sin antes echar un vistazo, deberán partir por el bosque de Ormuikhan, es más seguro.

- ¿Ormuikhan? – dijo Wells, los demás levantaron la mirada, los ojos de Gélido superaron a sus ojeras remarcadas – majestad, si usted me concede la palabra, ese bosque está…

- ¿Encantado? Eso dicen las viejas leyendas, pero hay quien ha atravesado el lugar sin siquiera escuchar un susurro al oído. No pueden arriesgarse a ser encontrados por merodeadores y poner el cetro en peligro, deben ir ahora.

- Entendido, majestad – Wells aceptó de no muy buena gana, la fama del bosque de Ormuikhan que escuchara de otras gentes, en las tabernas, no arrojaba resultados favorables.

 - Busquen el apoyo de los reyes del sur, una alianza está en trato, pero aún no se ha podido concretar por sucesos ancestrales, pero si las circunstancias siguen así... Disculparan mi recibimiento tan aprisa, pero deben irse, Geelin les llevará a la salida y les dará agua y víveres para su viaje, Geelin, entrégales el cetro.

La mujer dejó de sostener un momento el vestido para entregarles el cilindro de cuero con interior de terciopelo que protegía al cetro, signos tatuados a fuego rodeaban el empaque y ojos ansiosos luchaban por resistirse a la sensación de contemplar, aún fuera por un momento, el artefacto. A un costado de la princesa Razaagan observaba con mirada escrutadora. Wells sostuvo el cetro y cruzó la correa por su pecho, dejándole a su espalda.

- Majestad, nuestra vida antes de perderlo –

 - Confío en ustedes. Por cierto, la mascota debió quedarse junto a los caballos –

Nadie había notado, hasta el momento, el goteo de boca del Dios Amorfo, formando un charco sobre el suelo.

- Lo siento… - balbuceó entre los colmillos.

 - Geelin los conducirá a la salida.

El contingente se alejó con una reverencia, la princesa hizo una seña a Razaagan para que se acercara.

- ¿Avisaste a Seleis, como te lo pedí?

 - Ella espera, en el bosque, su alteza.

 - Bien… ¿Qué te parecen?

 - Esperaba… algo más alteza, usted sabe, quise decir guerreros.

 - ¿No lo parecen, no es así? Tú ¿pensarías que ellos transportan el cetro?

 - No alteza, realmente no.

- Entonces tenemos un punto a favor…

 

Los árboles se erguían majestuosos, el paisaje otrora de ramas torcidas y troncos caprichosos era opacado por un verde abundante y aves de plumaje colorido en las copas, la brisa mecía rítmicamente las hojas, formando un coro que deleitaba el oído.

 - Este bosque, hay algo en él, que no me gusta – decía Longoria,  Ambar hurgaba con la mirada los alrededores-

 - Mientras sea seguro y nos aleje de los merodeadores – continuó Lucius – además la princesa dijo que era seguro, si ella lo dijo…

 - ¡Despierta grandulón! – el codo de Ambar se incrustó brevemente en el costado de Lucius – y deja de pensar en la princesa, concéntrate en custodiar el cetro.

 - Escuchen – Wells levantó la mano y los demás guardaron silencio, por breves instantes, sólo el canto de las aves y el roce de las hojas les rodeó.

 - No escucho nada – expresó Lucius, sobando el costado golpeado.

 - A eso me refiero, afina el oído amigo -

Wells escrutaba en silencio en derredor, un sonido muy tenue se dibujaba conjugado con el mecer de los árboles. De pronto, su caballo bufó inquieto. Los ojos de Ambar se clavaron en los suyos.

 - Debemos darnos prisa – dijo – algo está asustando a los animales.

Los pájaros emprendieron el vuelo, el canto del viento ya no pudo opacar más el sonido inconfundible de los pasos que se acercaban.

 - Ese ruido – dijo Longoria.

 - Nos están siguiendo, sin duda – habló el hombre amorfo.

La calma dio paso al sobresalto, de entre la espesura, las pisadas se hicieron más fuertes y pronunciadas, mezcladas con sonidos metálicos, acercándose

 - Dime que no son quienes estoy pensando – dijo Lucius, desenfundando la sota.

Entre dientes, Wells refunfuñó extrayendo el filo de acero de entre sus ropas. Ambar lo imitó con movimientos deslizantes y ágiles.

 - Lamento tener que decírtelo amigo, pero si… son ellos… los merodeadores.

Frente al grupo, ocho siluetas larguiruchas custodiando una caja de madera de considerable tamaño, se dibujaron, los pies cubiertos con escamas de metal puntiagudas, oculto el cuerpo con una especie de sotana, a primera vista semejando terciopelo escarlata tupido, desde su cabeza dos ojos coronando un par de pistilos les miraron, A Lucius le recordaron los caracoles gigantes del valle de Brauworn, sólo que en color rojo. Uno de ellos se adelantó.

 - Estén atentos – murmuró Wells – esto no me gusta nada – su mano libre apretó el cetro enfundado.

En breve, la respiración de un merodeador se escuchó, un chillido aflorando de su nariz. Sin aviso y en un santiamén, la sotana se abrió convirtiéndose en dos alas afiladas y puntiagudas, dos brazos largos con manos coronadas de extendidas garras se dejaron ver, en el pecho de los merodeadores, símbolos oscuros asomaron al exterior, y los ojos antes de caracol, se extendieron hacia el frente volviéndose retorcidos cuernos, bajo los cuales, los verdaderos ojos, perlas oscuras gigantes, surgieron mirando con rencor, la boca oculta y transversal a la cara gruñó, y los demás se lanzaron al ataque.

Con reflejos veloces, la sota de Lucius dio cuenta del primero, bateándole hacia los arbustos.

 -¡Yeouh! ¡ Fuera de mi vista maldito animal!

Las espadas se mezclaron en pelea frenética, rechazando los embates de las garras, espalda con espalda, Ambar y Wells esquivaban los ataques desbocados del enemigo. Ambar, era delicada destreza en el manejo de la daga, con movimientos elegidos y certeros, apuñaló en repetidas ocasiones a uno de los recién llegados, en los brazos y piernas hasta hacerle perder equilibrio, cayendo de rodillas para que la espada de Wells finalizara, dejándole acéfalo. En el zafarrancho, su capucha había sido rasgada. Echándola hacia atrás, se preparó para un nuevo embate.

 - Me gustara saludar a tus amigos – su estilete se clavó en la garganta de un merodeador.

Tras de ellos, Longoria se concentró recitando palabras extrañas, sus manos formando un triángulo. Un merodeador fijo sus ojos en ella, y se abalanzó sin pensárselo dos veces, antes de llegar a su objetivo el puño de Lucius le volteó la cara con fuerza, aturdiéndole, antes de sobreponerse, otro merodeador le atacaba ya defendiendo a su consanguíneo.

 - Si vas a hacerlo, date prisa.

Una explosión de pétalos de flores rosáceos y blancos inundó el ambiente.

 - ¡Longoria! – dijo Lucius tratando de apartarse la alimaña que amenazaba con propinarle un mordisco severo.

 - ¡Te dije que a veces me equivocaba! ¡No me presiones!

El Dios caníbal se libraba con esfuerzo de los mordiscos del demonio de alas largas, moviéndose de aquí para allá, salvando las filosas garras.

 - Maldito animal – cansado de evadirle, de su amorfo cuerpo surgieron dos extremidades a manera de tentáculos, sujetándole de los brazos, dejándole inmóvil. – Ahora conocerás la furia de un Dios – los dientes relucieron en una mueca peculiar y poco agradable, sus fauces se abrieron para luego cerrarse con fuerza sobre el costado del merodeador, una y otra vez, hasta dejarle sin vida.

Lucius luchaba por contener al último atacante, girándose hacia el escuálido acompañante, apresó al merodeador entre los dos troncos que tenía por brazos.

 - Anda hielito, dame una mano –

Con movimientos temblorosos y lentos, el flacuncho acompañante levantó pesadamente una mano, posándola por un instante en el demonio, quien se retorció por unos minutos más, antes de caer al suelo en cuadros partidos de carne congelada. La vista del grupo se dirigió al único en pie del grupo de ocho, el díos caníbal se limpió la boca del hilillo de sangre que le corría. El merodeador tomó el artefacto atado a su cuello y sopló, la pequeña flautilla emitió un sonido particular y casi mágico, antes de que la onda invisible le golpeara el cuerpo, y este se contorsionara quebrándose, dejándole hecho un nudo de huesos rotos y descompuestos, sin vida, Wells y los otros dirigieron su mirada hacia atrás, donde Longoria sonreía.

 - Cortesía de Rala – dijo.

La caja de madera que llevaban los extintos enemigos crujió, bamboleándose con fuerza. Desde dentro, algo se desperezó, previo a liberarse.

 - ¿Ahora qué? – murmuró Ambar.

Las maderas se resquebrajaron al tiempo que el gigante se liberaba, espinas tapizando la espalda asomaron, brazos que parecían de roca y una boca grotesca con dos hileras de dientes se dejó ver…

 - Tal parece que traían a la mascota – dijo el bulto de carne.

El monstruo rugió dispuesto a lograr lo que sus predecesores no lograran, sus pies hicieron vibrar el suelo al contacto. Lucius se lanzó sin pensarlo.

 - Estaré contento de que mi arma te… Unnnh! – un manotazo de la bestia le dejo mirando estrellas a metros del lugar.

  - Esto es demasiado – dijo Wells, me temo que no podremos contra él, debemos huir.

El gigante les miró dispuesto a abalanzarse sobre ellos, avanzó un paso, pero antes de que pudiera dar un segundo, un tentáculo de madera surgió del suelo, reteniendo sus movimientos, el monstruo miró e hizo esfuerzo por zafarse, pero otra enredadera se enroscó en su antebrazo, una más rodeó su cuello ante la mirada estupefacta de los demás, antes de que pudiera pensar en atacar, las raíces le dejaron inmóvil y la presión ejercida crecía, amoratándole el rostro, sus ojos saltaron y su boca arrojó saliva, tosiendo. Estiró la mano en busca de ayuda, la antes amenazante criatura ahora pedía ayuda, gritó con sus últimas fuerzas antes que su vida se partiera como su columna, el crujir de huesos de piernas y brazos se sumergió con los tentáculos bajo tierra, ahogando todo rastro. El bosque quedó en silencio nuevamente, las miradas se dirigieron a Longoria.

 - Eso fue realmente cruel y majestuoso – argumentó el amorfo, aun con sangre en sus dientes.

 - Lo sé – dijo la bruja – sólo que… yo no lo hice.

 - ¿Qué dices? – replicó Wells.

 - Lo hizo ella – su dedo índice se levantó para señalar el peñasco en la cercanía.

Desde ahí, una mujer de aspecto maduro les sonrío, su cabello en parte blanco, ondeaba al viento.

 - Tal parece que aquí las sorpresas no acaban ¿Quién eres? – gritó Wells con el arma al acecho.

 - Baja tu espada Wells, no soy su enemiga.

 - ¿Cómo es que sabes mi nombre?

 - La princesa Larnaia me dijo que tomarían este sendero, así que decidí venir a ayudarles, esos merodeadores, hace días que rondan por aquí…

 - ¿Quién eres mujer?

 - Mi nombre es Seleis.

 - Seleis – dijo Ambar – si tu hiciste eso con el monstruo ¿Por qué no vienes con nosotros?

Seleis bajó la mirada y luego sonrió, antes de empezar a hablar de nuevo.

 - Pertenezco a este bosque, soy la guardiana y mi vida está atada a los árboles, si me alejo ellos se marchitan y yo muero, además, cuando las huestes del Caballero Oscuro  lleguen, será mi turno de hacerles la vida difícil por estos lugares. Pero ustedes deben darse prisa.

 - Si de hecho, es la segunda vez que lo dicen en este día.

 - Escuchen, la ciudad de Moum Phaaras ha sido saqueada e incendiada, la columna de humo podía verse a kilómetros de distancia, eso quiere decir que tarde o temprano vendrán aquí buscando el cetro. El rey Yankoda, cuyo ejército era de los más numerosos y fuertes, ha caído. El sur llora su pena.

Wells se caló el sombrero y miró por última vez el lugar que ahora servía de tumba al gigante, Lucius regresaba sobándose la cabeza.

 - Sus caballos están por allá, deben irse… ahora.

 

Sin más Wells se acomodó el cetro y se encaminó con el grupo hacia el lugar donde se encontraban los caballos, dando las gracias a la mujer de nombre Seleis, quien les despedía con las manos juntas, mientras las raíces se llevaban bajo tierra los restos de la batalla y de los demonios.

  - Esta ha sido su prueba – se decía Seleis – el camino se tornará más difícil, suerte viajeros.

El contingente montó los caballos nuevamente, enfilando el camino hacia el sur.

 

Sigue Crowd Creation III by Mayka Perez Ponce.

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Comentarios
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  • Estupenda continuación de la historia.Con puntos hilarantes como la lluvia de pétalos o las babas de Amorfo ante la princesa. Me he divertido mucho leyéndote. Saludos.
    La apasionante aventura prosigue a buen ritmo, engancha y entretiene, consiguiendo que poco a poco vayamos identificándonos con los personajes y disfrutando con sus originales peripecias.
    Que interesante se pone esto, no puedo evitar el parentesco con el señor de los anillos, con toques de humor, personajes propios y muchos menos efectos artificiales, aquí queda una nueva gran historia de grandes héroes inesperados en una gran aventura por salvar a muchos. Gran historia, esperando a Miranda y después me toca!! Nervios. Un saludo.
    Buenísima continuación. Tengo que decir que adoro al dios amorfo, me encanta, su comentario "Eso fue realmente cruel y majestuoso" es sublime. Has seguido desarrollando los personajes y la historia, con la dificultad añadida de que son bastantes, pero has incidido en sus características para que después puedan ir realizando cada uno el papel por el que están en la historia. Magnífica explosión de pétalos. Muy buen relato, con mucha acción y muy bien escrito. Ahora me toca ir a por el de Mayka.
    que nivel le han dado a este proyecto!!! a la altura de lo narrado por Ender, siguiendo además con los toques de humor... muy bueno
    Ay, ay que se me va la mano antes de tiempo y sale el comentario en blanco. ¡Perdón! Bueno, ya tenemos el segundo capítulo de esta interesante aventura... el cetro sigue su curso, bien portado por unos guerreros que no lo parecen... son unos personajes de "cuento" que es lo que Ender nos ofreció en su primer trabajo. Y tu magistralmente has ido encadenando hacia ese bosque animado con Seleis como protagonista. El toque de humor como no podía ser de otra manera vemos que viene de la mano de Longoria, jajaaj, me ha gustado. Tu esfuerzo ha dado sus frutos. ¡Enhorabuena!
    ¿Qué he hecho? Me he leído este y no caí en la cuenta de que es la continuación de un relato de Ender. Voy para allá
    ¡¡¡Aquí hay mucho nivel para una novata!!! enhorabuena, este proyecto va sobre ruedas
    Rayos, qué buen relato! Un segundo capítulo digno de reconocimiento y que pone el listón de calidad de esta obra muy en alto. Una narración fluida, unas descripciones excelentes y los toques de humor no salen de tono. La cosa se pone buena. Esperamos con ansias el tercero de Mayka
  • "Nuestro pensamiento será uno, cuerpo, alma y mente unidos, siempre..."

    Un saludo a todos los lectores y escritores de esta página, en especial a aquellos con quienes compartimos la crowd creation de El cetro de Esmeraldas, espero les guste este pequeño poema... Buenas noches.

    ¿Qué podía imaginar yo señor, que detrás del telón siempre estaban ellos, husmeando y vigilando, arrancando cada vestigio y cada rastro de humanidad que estaba en mí? ¿Qué podía imaginar que mi hogar era un apocalipsis?

    "Es ella quien mira al lago cercano donde crecen los juncos y las raíces, igual que piernas de madera, a la sombra de los alcornoques, troncos que esconden nombres en silencio..."

    Un vagabundo sueña con una vida fácil, hasta que encontró la casa ideal para llevar a cabo su plan maestro, aquella de la sonrisa beige...

    Después de perderme unos meses, les saludo de vuelta con un pequeño poema, si no mal recuerdo no escribía desde marzo, desde el capítulo XII de la crowd creation, en fin, espero les guste, saludos!

    Como mencioné en el foro, no deseo introducir secuencias ni personajes que no encaucen con la historia, pero si deseo acentuar la maldad de las fuerzas del caballero Oscuro, los que aqui se nombran bien pueden pelear contra Ireler y Magnus, además de que el profeta se vea en peligro o sea eliminado por su ambición de tambien conseguir el cetro, espero sus opiniones y a Maikita por supuesto con el XII. Un saludo a todos! P.D. Sugiero una vuelta por el foro para concretar opiniones...

    "Su voz era realmente siniestra, escalofriante ¿no era esto lo que buscabas? Me dijo una vez ¿no buscabas la tendencia a no dormir? ¿no querías el miedo? La mayor parte del tiempo la consumía en cortar espejos de tamaño mediano que conseguía probablemente mientras mi cabeza dormía..."

    "La luz del ordenador, única, mínima, alumbrando mis falanges que escribían a mil, las lenguas de la oscuridad susurrando en mis oídos y el abrazo de la noche hicieron que surgieran las historias, historias de verdad."

    Siguiendo la secuela, añado el capítulo II, Ender gracias por crear esos personajes de los que puedes derivar en miles de vertientes, aqui les entrego el sig. capitulo preparado bajo la musica de Audiomachine y two steps from hell para la inspiración, Mayka , tu turno! saludos a todos!

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