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17 min
Nuestra historia, así de casualidad... (Relato erótico)
Varios |
24.02.14
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Sinopsis

Apoyé mi cabeza sobre su pecho, a través del cual aún escuchaba el pálpito de su corazón y así quedamos durante un rato, abrazados y con nuestros pies enredados, ahora volviendo a escuchar la música de fondo y disfrutando del aroma de la habitación, mezcla ahora de vainilla y sexo.

Me desperté con una sonrisa en la boca... Dentro de mí campaban a sus anchas, ansiedad, nervios, emoción... No veía la hora de que él llegara. Hacía meses que esperaba este momento y por fin hoy era el día. 

Me duché tras dejar la habitación preparada a conciencia... Coloqué alguna vela más de las habituales, y puse de esas de vainilla que tanto me gustan, que insinúan el olor pero no empalagan la estancia, saqué la camita de Luna, mi gata, la que en verdad nunca utilizaba porque siempre acababa durmiendo conmigo; era mi bolita peluda, esa que me hacía compañía y me daba todo ese mimo necesario para los solitarios como yo, que tanto disfrutan cuando restriegan su cabecita sobre ti a la vez que emiten ese ronroneo cálido y tranquilo. Pero hoy dormiría fuera de la habitación, sólo había plaza para dos y esta noche mis caricias y arrumacos estaban reservados para mi moreno.

Dudé qué ponerme, no quería ir muy arreglada pero tampoco con nada habitual, de modo que tras un instante mirando el armario, me decidí por esos pantalones/mallas negros de cintura alta y la camisa de gasa blanca. De interior, brasileñas y sujetador negro, básicos pero todo un clásico de los que nunca fallan. Además, la semi transparencia de la gasa dejaba entrever un poquito, dándole a la vez un aspecto entre elegante y sexy. De calzado mis botines de cordones y tacones, con los que me sentía segura y pisaba fuerte. El pelo lo dejé secar al aire y solo apliqué kohl en mis ojos, un poco de rimmel y gloss natural en los labios, mis aros, mi chaqueta de cuero, un poco de mi perfume y a correr.

Estaba tan nerviosa que tardé en decidirme hasta por qué música escuchar durante el trayecto en bus...

Fue diferente, pues mientras mi mente proyectaba cómo sería el reencuentro, me sentía como en la típica peli en la que ves como el personaje principal va visualizando a la gente por la calle, los coches, las montañas... con esa banda sonora tan emotiva de fondo. Esta vez la protagonista era yo e iba en busca de la historia de mi vida, al encuentro de ese hombre que tan loca me tenía.  

Lo conocí de una manera casual, pero es de esos momentos que sabes tienen algo especial, porque de repente entre la multitud, chocas con una mirada que pareciera fuera a atravesar tu alma y que aunque al primer contacto retiras tu vista un poco avergonzada, al instante vuelves a buscar y sigue allí, mirando con curiosidad experimentando un poco lo mismo que tú.

Ese día me costó dormir pensando en esos ojos, en esas facciones y preguntándome si volvería a verlo alguna vez. 

Y sí…, así fue. Quizá fui yo que de tanto pensarle, el universo me lo puso de nuevo ante mi o quizá estaba ya escrito que teníamos que tenernos el uno al otro, no lo sé,  pero así empezó todo. 

Mi vida estaba experimentando cambios, mudanzas, trabajos varios, nuevas amistades, pero todo comenzó a coger color cuando aquella mañana me lo crucé temprano. Me pilló desprevenida, no me lo esperaba y supongo que él tampoco, que se dio media vuelta a mirar, al igual que hice yo. Y comenzó a ser un ritual. Acabé controlando la hora de vernos y solo esos segundos que le veía, me valían para estar en una nube el día entero.

Y las causalidades continuaron pues me le encontré en el parque donde bajaba a hacer algo de deporte, de camino a casa alguna vez, en un partido benéfico, en una concentración de coches antiguos y la mayor de todas, en el cumpleaños de una vieja amiga del colegio, era su hermano... ¿Cómo era posible? Juraría no haberle visto nunca antes. Y sí, estaba en lo cierto, no nos habíamos visto en la vida. Padres separados habían ocasionado la separación de los hermanos, él fue a vivir con su madre a Barcelona y ella se quedó aquí con su padre. Ahora estaba de vuelta, ya independizado, en busca de trabajo y recuperar algo del tiempo perdido con su hermana. 

Ese momento fue mágico. Me habían invitado a una fiesta de cumple en casa de una compañera de la universidad. Esas fiestas van así, no sueles conocer a nadie, casi siempre ni al que celebra la fiesta, pero vas a todas y, la verdad, que suelen ser muy divertidas porque conoces mucha gente nueva y te vas a casa habiendo tenido miles de conversaciones, algunas interesantes claro y otras no tanto. Para mi sorpresa, la del cumple, mi amiga de la infancia, Eli. Tras un rato poniéndonos al corriente de nuestras vidas… "espera te presento a mi hermano"…, se da la vuelta y allí estaba él. Ambos impactados y con una sonrisa nos saludamos, pero esa noche la absorbió completamente mi amiga Eli, pues teníamos mucho de qué hablar. Aunque no sin que ambos nos echáramos miradas de reojo durante toda la fiesta, claro…

A los dos días siguientes yo marchaba de viaje, estudios y trabajo, estaría mínimo seis meses fuera, pero sin nada planeado a priori, había decidido dejarme llevar. Y como prioridad en mi lista, él... Eli me dio el teléfono y comenzamos a hablar. Y así comenzó todo. A diario, durante todo el día, nos llamábamos, nos escribíamos, hablábamos de nuestro pasado, de nuestras familias, de nuestros gustos, de nuestros miedos, de nuestros sueños, de nuestras fantasías... Me encantaba hablar con él. Era mi aliciente diario, todo se había llenado de una ilusión que hacía difícil borrar ese sonrisilla tonta de mi cara… Pero ya no era suficiente, necesitaba verlo y tras un puente y algunos libres por festivo, había conseguido reunir unos días y vendría a verme. ¡¡Vendría a verme!!

Y allí estaba yo, reproduciendo en mi cabeza nuestra historia, mientras el bus rodaba por toda la ciudad camino del aeropuerto.

Pensaba qué pasaría al vernos, cuál sería nuestra reacción. Nos besaríamos, nos abrazaríamos o quizá ambas cosas, pero ¿en qué orden? Qué tontería, pensaba aún nerviosa… Pasará lo que tenga que pasar, tú déjate llevar, me decía a mí misma.

Y por fin, me encontraba frente a la puerta de llegadas, sin quitarla ojo, deseando que se abriera. Fue la media hora más larga de mi vida, pero al fin, tras el aviso por megafonía de la llegada de su vuelo, le vi aparecer entre la gente y noté como mi corazón se paraba durante un segundo, tras el cual comenzó a latir tan rápido que pensé iba a salirse de mi pecho. 

Se quedó parado, me miró y comenzó a andar hacia mí tranquilo, sin desviar nuestras miradas. Estaba guapísimo. Llevaba unos vaqueros, unas playeras DC a juego con una gorra, sudadera de capucha y cascos colgando de su cuello. En su espalda una mochila no muy grande. Estaba tan morenito que su mirada parecía relucir más si cabe.

Se detuvo un momento ante mí y ambos nos miramos durante un instante antes de que agarrara mi cintura y me acercara a él, para seguidamente fundirnos en el beso más rico que jamás me habían dado. Su boca sabía a menta y olía genial, mezcla entre colonia y ropa limpia. Nos abrazamos y nos hablamos al oído. Notar su aliento susurrando tan cerca me hizo estremecer y abrazarme a él más fuerte.

No sé cuánto rato pasamos así la verdad… De vuelta cogimos un taxi, no estaba dispuesta a perder una hora de mi tiempo dando vueltas en bus. Quería tenerlo para mí cuanto antes. Ya habría tiempo de perdernos por la ciudad. De hecho, durante los primeros minutos de trayecto, no sé ni por dónde nos llevó el taxi, podría habernos dado tres vueltas de más y no nos habríamos dado cuenta… Luego sí que iba explicándole algunas cosas de los sitios por los que íbamos pasando y él me preguntaba dudas típicas de cuando alguien vive fuera.

Por fin llegamos a casa y tras soltar la mochila y quitarnos los abrigos, allí en medio del salón, volvimos a besarnos. Me encantaba cómo movía su lengua y la enredaba con la mía. Tenía unos labios carnosos, que daba gusto morder y de los que era difícil separarse. No había nada en el mundo que me apeteciera más que estar ahí con él, me separé un instante para preguntarle si le apetecía beber o comer algo. Fui a la cocina a por un par de cervezas mientras él se descalzaba y se ponía cómodo en el sofá. Yo hice lo mismo tras poner un poco de música y encender mis velas.

Tras coger las dos cervezas, le ofrecí una y me coloqué encima de él. Echamos un trago del botellín tras un brindis por nosotros y me quedé mirando sus facciones. Era tan guapo… tenía la piel morena, con un poquito de barba, los ojos grandes y oscuros, el pelo muy corto por los laterales y algo más largo por arriba, negro azabache. Dibujé con mis dedos la silueta de sus labios y lentamente me acerqué a besarlos. ¡¡Cómo besaba!! Era como comer un postre, que cada vez que te metes una cucharada en la boca, no puedes evitar decir lo rico y dulce que está, mientras saboreas intensamente.

Cogí ambos botellines y los dejé encima de la mesa. Agarré de la parte de abajo de su sudadera y se la quité, haciendo lo mismo con la camiseta. Tenía unos brazos grandes, con los pectorales y los abdominales marcados y unos cuantos tatuajes, que nada más verlos, me puse a recorrer con mi lengua. Él se había recostado un poco en el sofá y colocado los brazos tras su cabeza, entrelazando los dedos de la mano. Desabroché su cinturón y los botones del pantalón, dejando a la vista aquel paquete que iba creciendo lentamente. Pasé mi barbilla por encima mientras acariciaba su pecho con mis manos y nos mirábamos. Y no pude evitar quitarle también los vaqueros… 

Allí empezaba a hacer bastante calor. Me senté de espaldas sobre él un instante mientras alcanzaba las cervezas para dar un trago. Notarle ya sin el vaquero, notar su calor, hizo que apretara mi culo sobre él, mientras sus brazos me arrimaban, agarrándome de la cintura. Puse mis manos sobre sus rodillas y levantándome un poco, moví mi cintura haciendo pequeños círculos que rozaban su pene y noté como se ponía nervioso, o más bien, ansioso, mientras acariciaba mis pechos.

Me levanté y tras colocar un cojín en el suelo para estar más cómoda, retiré los bóxers y me coloqué entre sus piernas. Su miembro ya estaba en pie, esperando para recibirme, pero no se lo iba a poner tan fácil, iba a hacerle sufrir un poquito más. Besé y mordí sus pezones y no me dejé ni un cm de piel por lamer, hasta que llegué a su ingle. Pasé mi cabeza por entre sus piernas y acaricié con mis labios la cara interna de sus muslos. Él suspiraba con los ojos ahora cerrados, disfrutando del momento.

La música sonaba relajadamente y la habitación estaba con un rollo imposible de mejorar, iluminada con la sutilidad de las velas y llena de ese ligero aroma a vainilla. Me fui entonces directa a los testículos, los cuales lamí, me metí en la boca, masajeé con mi mano y continué por la zona del perineo hasta su ano, donde introduje mi lengua mientras no paraba de acariciarle, notando como sus suspiros aumentaban en intensidad. Recorrí con mi lengua todo el contorno de su polla aún sin llegar a tocarla directamente, pero dejaba que mi pelo la rozara levemente o echaba un poco el aliento cuando pasaba de un lado a otro de su ingle. Él levantaba su pelvis cada vez que yo hacía esto… estaba loquito.

Finalmente me acerqué y tras rozarla un poco con mi lengua húmeda, me la metí entera en la boca. Él gimió de placer. Continué durante un rato disfrutando de él, saboreé esa rica y caliente polla de arriba abajo, lamí el capullo, pasé mi lengua alrededor de él y luego ya con ella en la boca succioné mientras mi lengua saboreaba su pequeño orificio ya algo salado… Me movía hacia arriba y abajo acompañando con movimientos de mi mano mientras con la otra acariciaba sus testículos. ¡Dios qué rica estaba! Podría estarme todo el día lamiéndola cual chupa chups.

Y de repente sonó esa canción que tanto me gusta, me incorporé sin dejar de acariciarle y de subir a besarle nuevamente y me puse de pie frente a él, detrás de la mesa.

Cerré mis ojos y me dejé llevar por la música. Movía lentamente todo mi cuerpo mientras me tocaba los pechos, la cintura, mi sexo… y comencé a desnudarme. Primero la camiseta y luego poco a poco los pantalones. Echaba mi cabeza hacia atrás tocándome el pelo mientras no paraba de moverme al sol de la música. Me fui acercando a él caminando sensualmente y casi rozando sus labios con los míos, dejé que mi pelo acariciara todo su cuerpo y le susurré en el oído “Ven a hacerme el amor moreno”.

Me retiré caminando muy sensual y desabrochando a la vez mi sujetador, pero sin dejar que viera aún nada. Me coloqué tras el marco de la puerta de la habitación y sólo con medio cuerpo a la vista de él, le miré muy sexy y le indiqué con mi dedo que viniera hacia la habitación.

Me tumbé en la cama desde donde continué bailando insinuándome con mi cuerpo, hasta que se tumbó sobre mí. ¡¡Qué sensación notar su cuerpo sobre el mío!! Notaba su fuerza, su musculatura sobre mí, me besó apasionadamente mientras restregaba su miembro ya duro y yo le acariciaba con mis manos por toda la espalda.

Cogió mis brazos y los dejó por encima de mi cabeza mientras lamía mi cuello, mis pechos, pasaba su lengua por el piercing de mi ombligo y fue recorriendo toda mi piel hasta llegar a mi pubis. Me llevó hacia él cogiéndome de las caderas y hundió su cabeza en mí. Besó y lamió todo mi ser, hundiendo su lengua y moviéndola con maestría a la vez que utilizaba sus manos para volverme loca. Aquello me encantó… Notar cómo me besaba a la vez que su mano me tocaba, hizo que experimentara sensaciones que no sabía ni de dónde venían, pues notaba escalofríos, a la vez que calor y deseos irrefrenables de notarle ya dentro de mí.

Lo guié hacia mí, empujando su culo con mis pies para que subiera a besarme, que me puso aún más, pues su boca sabía a sexo y su respiración era ya mucho más fuerte. Y así casi sin tener que utilizar las manos y ya sobre mí, me penetró. Dejó caer su cuerpo sobre el mío y acompasados comenzamos a movernos. Notaba como su sexo entraba y salía de mí, primero suavemente como si fuera mantequilla y, una vez dentro, apretaba su culo mientras yo le ayudaba con mis manos, que también apretaba de sus glúteos para él meterse más en mí y yo llenarme más de él, mientras notábamos esa oleada que te recorre todo el cuerpo. Colocó sus codos sobre la cama, a ambos lados de mi cabeza y comenzó a moverse sobre mí, mientras nos mirábamos y yo no podía evitar morder mis labios, levantando mi cabeza un poco para conseguir llegar a él. Quería comérmelo entero.

Rodamos sobre la cama y me coloqué sobre él. Me senté sobre su sexo y mientras me movía lentamente en círculos, me sacié de esos labios y saboreé su lengua una vez más. Acaricié con la comisura de mis labios su frente y su pómulos, besé sus ojos, su nariz, chupé los lóbulos de sus orejas y fui absorbiendo cada rincón de su cuello, mientras respiraba sobre él y no paraba de moverme así, lento… Él levantaba su pelvis con tal fuerza que casi me elevaba de la cama. Me di la vuelta y cabalgué sobre él mientras curvaba mi espalda y él se volvía loco. Se reincorporó y así sentado conmigo encima, acariciaba mis senos con una mano, mientras que con la otra estimulaba mi clítoris y mordía a la vez mi espalda. ¡¡Estaba en el paraíso!! ¡¡Dios, podría estarme así toda la vida!!

Cuando todo comenzó a coger más fuerza, me coloqué de nuevo frente a él y moviéndome rítmicamente, dejé caer mi cuerpo sobre el suyo mientras sus brazos me rodeaban todo el cuerpo y así siendo uno, nos movimos acompañados de nuestros alientos y nuestros gemidos, hasta que aquél latigazo de electricidad recorrió nuestros cuerpos de arriba a abajo, y noté como me llenaba de él, noté aquel líquido caliente, a la vez que nuestros cuerpos se tensaban y nos abrazábamos con más fuerza, hasta que poco a poco todo se fue calmando y quedamos rendidos el uno sobre el otro. Cogió mi cara con sus manos y me besó de nuevo diciendo “Me encantas”. Le correspondí con otro beso, y mientras absorbía la parte inferior de su labio, le dije susurrando “Tú sí que me encantas”.

Apoyé mi cabeza sobre su pecho, a través del cual aún escuchaba el pálpito de su corazón y así quedamos durante un rato, abrazados y con nuestros pies enredados, ahora volviendo a escuchar la música de fondo y disfrutando del aroma de la habitación, mezcla ahora de vainilla y sexo. Sueño hecho realidad… y, lo mejor de todo, aún quedaban días por delante, de lo que sería “Nuestra historia, así de casualidad”.

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  • Me gusta. Sencillo, sensual y entretenido. Simplemente, es bueno. Creo que te gustará el relato erótico que acabo de escribir, un saludo.
    guau sobran las palabras
    Es un relato que siendo muy explícito no cae en la vulgaridad, de mucha sensualidad e inspirador, nos muestra como la realidad muchas veces puede superar a la ficción.
    Es un relato que siendo muy explícito no cae en la vulgaridad, de mucha sensualidad e inspirador, nos muestra como la realidad muchas veces puede superar a la ficción.
    Fascinante... Felicidades por estar en los relatos del mes
    FELICIDADES ME GUSTO SIGA ADELANTE ME AGRADO MUCHO: "Cogió mi cara con sus manos y me besó de nuevo diciendo “Me encantas”. Le correspondí con otro beso, y mientras absorbía la parte inferior de su labio, le dije susurrando “Tú sí que me encantas”.
    Cuando un relato consigue el enganche y que el lector se ponga en el lugar del protagonista (en este caso más que placentero), misión cumplida.- Pocas objecciones, si acaso prescindir del aviso, dejar que el lector se vaya metiendo en el texto sin preparación previa.- Felicitacones y saludos.
    Aquí material para novela
    Has hecho bien en avisar del tono de tu relato, no sea que alguien se sienta sorprendido por la carga de erotismo enorme que lleva. No he visto muchos relatos eróticos por aquí y ni de lejos tan bien escritos, felicidades y un saludo.
    Ya sé Selene que no era para pillar lectores, después de leerlo me di cuenta. Un abrazo
  • Y fue besarte dulce y lento, beber e impregnarme de ti hasta allí adentro, lo que me llevó a esta locura, para la cual por más que intento no encuentro cura.

    Apoyé mi cabeza sobre su pecho, a través del cual aún escuchaba el pálpito de su corazón y así quedamos durante un rato, abrazados y con nuestros pies enredados, ahora volviendo a escuchar la música de fondo y disfrutando del aroma de la habitación, mezcla ahora de vainilla y sexo.

    Nunca tuvo sentido mendigar un beso, reclamar cariño o suplicar atención...

    Uno no se da cuenta de lo solo que está hasta que se ve paseando solo entre la multitud...

    No haremos el amor, él nos hará...

    Si eres para mi, tarde o temprano te tendré entre mis brazos.

    Escribir nos salva... Nos salva de la amargura, de la monotonía, de la depresión, de la opresión...

Busco palabras que no tengan miedo de mi...ॐ

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