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4 min
Nuestras naciones hispánicas
Reflexiones |
25.02.10
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Sinopsis

Se trata de un ensayo relacionado con la formación de nuestras naciones hispánicas.

Nuestras naciones latinoamericanas.


A pesar de que somos hijos de una sola patria: España; cada nación de Latinoamérica tiene su propia forma de ser y su autonomía cultural. Sin profundizar tanto, recordemos que Bolivia, Chile, Argentina, México, Guatemala, Venezuela, Colombia… durante un proceso de colonización ya haya sido violento y pacífico, somos hijos de España, en gran parte por su lengua. También somos hijos de todas esas naciones prehispánicas que Aquí hubo. Aunque en un menor grado, también somos hijos de África, por eso de la esclavitud negra. Ahora bien, África sigue siendo África y cada nación suya tiene su propia cultura y su lengua. Aquí en las naciones hispánicas, ninguna lengua africana existe aunque sea en un pequeño grupo civilizado. Salvo tres o cuatro palabritas muy arraigadas en nuestra cotidianidad lingüística, como mondongo. De las naciones prehispánicas de Aquí, aun quedan muchas comunidades lingüísticas indígenas pero en reducidos números de habitantes. Un indio civilizado, o actual, aunque provenga de una comunidad indígena, se somete a nuestra lengua, la habla, pues ¿cómo creen que saben usar un celular? Se tiene que someter socialmente hablando al castellano, y de ese modo su lengua materna, irá desapareciendo. Entonces podemos ver, que a partir de la lengua, somos hijo de España, como ella es hija de Italia por provenir del tronco latino, y prima de los países que hablan lenguas germanas. Sin ir más allá, tanto el latín como el anglosajón, provienen del griego y este de la lengua hipotéticamente que es la indoeuropea. Ahora bien, curiosamente, y ha sido así, toda la humanidad, proviene del continente Africano porque hasta el momento, el hallazgo antropológico más antiguo proviene de allá.

Pues bien, tenemos un Andrés Bello que parece más chileno que venezolano. A partir de él, si revisamos la literatura, podemos encontrar en ella no solo un goce estético, sino también una interpretación acerca de la formación y construcción de las naciones hispanoamericanas. Así vemos, que todo lo que tenemos, lengua religión, arte, sistemas políticos y filosofías, provienen de Europa. Nada es chino ni asiático.

Después de la independencia de nuestras naciones, cada una fue formándose a su vez, y adquiriendo su propia música, literatura, pintura, comida, y modo de hablar. Es en la música y la comida donde se nota la mayor diferencia que en la literatura y la pintura. Sin embargo, en el caso de la literatura, esta obedece a un sistema interno, que la hace universal. Así tenemos novelas como Cien años de soledad, La casa verde, Sobre héroes y tumbas, La vida breve y muchas más. En el caso de las novelas históricas de cada nación, allí sí podemos ver una diferencia, y esa ha sido el modo como se fueron formando las naciones de dicha novela, y los temas por lo general han sido de caudillos, guerras intestinas, dictadores y dictaduras. En cuanto a la tradición literaria, (los textos literarios de cada nación), también vemos esas diferencias pero en un sentido diacrónico, como El matadero y Martín Fierro en Argentina; y Ave sin nidos en Perú.

¿Por qué digo que en la comida y en la música se encuentra la mayor diferencia? En la música folklórica y los platos típicos. Así cuando hablamos de rancheras, se nos viene a la mente México, cuando nos hablan de vallenatos, pensamos en Colombia, y música llanera, en México. En los platos típicos, cuyos nombres en su mayoría provienen de las lenguas indígenas de su lugar de origen. Sobre esto, de los nombres indígenas lo encontramos en los nombres de ríos, pueblos, algunas ciudades y pueblos. Y volviendo al carácter lingüístico, cada nación hispanoamericana, pese a tener la misma lengua, su modo de hablar es diferente. Así existen las variantes fonéticas y fonológicas, la prosodia o melodía de cada habla. Esto obedece a factores geográficos, culturales, económicos y sociales. Dentro de este gran sistema lingüístico cultural, somos una gran familia. Y la paz debe reinar para siempre en ella, pues si tenemos la facultad de interpretar nuestro pasado y la tradición histórica, nuestro deber como naciones es seguir sembrando la moral de las religiones, la civilización y la cultura, el trabajo y todo ese proyecto positivo que hay en el proyecto de la construcción de las naciones.

Tovar; 17 de febrero de 2010.
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