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3 min
Nuestro barrio
Reflexiones |
13.10.21
  • 4
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Sinopsis

Somos mayoría, pero no decidimos, sus políticas no nos benefician. Vivimos en barrios obreros, abandonados de toda política social, llenos de basura, sin infraestructuras sociales que nos ayuden, ni espacios de ocio que llenen nuestros barrios de vitalidad. Nuestros barrios son grandes ciudades dormitorios, sin cines, parques o estética alguna.

Vivimos en barrios anestesiantes, donde solo es posible dormir y resignarse. No es posible hacer actividades en calles plagadas de coches y basura, donde las pequeñas zonas verdes son ocupadas por la pobreza más marginal que llena el suelo de latas y litronas de las más baratas. No es posible pasear tranquilo por donde la basura se acumula en cada esquina, donde los edificios brillan por una horrible igualdad que nadie pueda ver como atractiva. Los camiones de basura y las empresas de limpieza parecen tener otras prioridades, y a nadie parece importarle.

La cultura de la pobreza nos ha enseñado a ignorar, vivimos para trabajar, y aun trabajando somos miseria. Jornadas completas de 40 horas, más extras nunca pagadas, una vida en el trabajo. Trabajar para otros, anulando nuestras personalidades, olvidando que nosotros tenemos derecho a un ocio que en ocasiones parece exclusivo.

La estructuración de nuestros barrios parece recordárnoslo, este espacio no es para divertiros, está destinado a vuestro descanso. No necesitáis grandes pisos ni espacios agradables, los recursos tienen otros destinos. Y en lugar de reclamar lo nuestro, nos resignamos a pasear entre la basura, en ocasiones colaborando en su acumulación, limitándonos en encontrar un hogar, cerca de una boca de metro o parada de autobús, que nos acerque lo máximo al trabajo y que recorte los paseos por este estercolero al que llamamos barrio. Nos limitamos a conseguir sueldos y un progreso que nos saque de aquí, ignorando lo que nos rodea, pisoteando al de al lado creyéndonos superiores. Olvidando que la miseria se hereda, que no se sale de ella y que se muere a su lado.

Educados para competir con quienes vivimos, postergando nuestro desarrollo a una vida futura, alejada de una pobreza que rara vez abandona a su familia. Comprendemos que es el momento de trabajar y de sufrir, de resistir sin ocio, en ciudades feas y llenas de basura. No somos conscientes de que el barrio es nuestra casa, de que es donde debería desarrollarse nuestro día a día, donde nuestros hijos deben de jugar, donde debemos desarrollar nuestro ocio y donde nuestra personalidad debe de identificarnos. Con la cabeza baja, paseamos entre la publicidad de prostitutas que inundan los parabrisas de nuestros coches, colaboramos tirando los envoltorios de nuestros chicles, deseando llegar a casa lo antes posible. Vemos normal la necesidad de media hora de viaje para ir a un cine, o los cuarenta minutos para ver un teatro.

No reclamamos porque no nos creemos con derecho a esos servicios, porque siempre hemos vivido entre basura y ya nos comentaron que era culpa nuestra, de nuestra mala educación y nuestras feas costumbres de barrio pobre. La sociedad se divide en clases, la separación es palpable en nuestros barrios, y la conciencia de clase existe, pero esa conciencia solo la tienen las clases pudientes. Nos dominan como a perros, y por ahora somos serviciales, nos sentamos cuando nos ordenan y a cambio de galletitas, nos gruñimos entre nosotros, y meneamos la cola cuando nos acarician. Por ahora no somos más que perros, la duda es si algún día dejaremos de serlo.

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  • Y participamos de este circo Francesc, creemos ser quienes elegimos las políticas que nos afectan, cuando lo que realmente somos, es marionetas, sin las cuales no es posible todo esto.
    Es lamentable vivir en un barrio así. Esto es fruto del neoliberalismo, que solo conrtempla muchas delas cuales viven en una urna de cristal y no se fijan en el resto de la población. Hacen falta políticas más sociales para subsanar esta situación de injusticia social. Lo malo es que la política duranrte muchos años ha mimado más al capital que a los ciudadanos de su país. Y no te digo nada si además hay corrupción.
    ¿Comó resolver un problema del que aún no somos consciente? Rara vez en la historia un colectivo rompe la dinámica, actuando de forma colectiva y solidaria. Gracias por tu comentario Chema!
    Te preguntas si algún día dejaremos de serlo, mi opinión es que no, porque nuestros pequeños egoísmos y nuestra inmensa miopía nos mantienen anclados donde estamos
    Muy buena la reflexión y la descripción del relato. Saludos.
  • Olvidamos que el mundo es mediocridad, que la diferencia y excelencia es exclusiva de muy pocos, y la norma marca el destino de la inmensa mayoría. Crecemos olvidando que las masas se guían por estándares donde solo algunas excepciones pueden romper la norma, y nos condenamos a la eterna infelicidad de la búsqueda de la autenticidad.

    Sociedad que olvida su función, que nos aísla y destruye como colectivo, convirtiéndonos en seres que actuamos individualmente y donde la competencia es norma y no excepción.

    Obsesionados con la felicidad, nos olvidamos de aprovechar la felicidad de nuestros instantes

    Somos inconscientes de como nuestra ansiedad y estrés puede influir en nuestro día a día, hasta que comienzas a ver como acciones cotidianas, como cocer garbanzos, influyen sobre tu vida, y te obligan a hacer analogías sobre el sentido de tu vida y de porque debes, o no, continuar.

    Somos mayoría, pero no decidimos, sus políticas no nos benefician. Vivimos en barrios obreros, abandonados de toda política social, llenos de basura, sin infraestructuras sociales que nos ayuden, ni espacios de ocio que llenen nuestros barrios de vitalidad. Nuestros barrios son grandes ciudades dormitorios, sin cines, parques o estética alguna.

    Defendemos nuestra patria, nuestra cultura, nuestra gente, nuestro idioma y nuestra bandera. Pero quizás nunca nos hemos parado a pensar que es eso que llamamos "patria".

    Eliminamos la atractiva improvisación para quemarnos en la rutina, para convertirla en una depresión recurrente, que defina nuestras vidas.

    La idea de olvido machaca a nuestros familiares haciéndolos caer en depresiones cada vez más profundas, que nos obligan a visitar y recordar cada día a nuestras pérdidas, hundiéndonos aún más en el abismo que jamás nos dejará volver a la vida.

    Vivir en una sociedad de infelicidad constante, donde nos obligan a vivir el futuro desde un presente decepcionante. Quizás deberíamos traicionar esta visión, olvidando el futuro para vivir el ahora.

    Aprovechar cada relación, para hacer de nosotros un Frankenstein con todo lo aquello que vieron en nosotros. Evitar olvidar, optimizando lo que algún día puede que alguien llegar a saborear.

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