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4 min
Nunca más podré volar
Drama |
08.01.17
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Sinopsis

¿Y si nunca más volvieras a soñar?

- Entonces me di cuenta de que estaba desnuda. Estaba delante de toda esa gente, de todos mis familiares y mis amigos, los amigos de mis padres y los vecinos. Y solo llevaba puestos los zapatos de tacón. ¿Te imaginas qué vergüenza? 

Asentí sin mirarla. 

- Menudo alivio ha sido despertarme. Y también estaban tus padres ahí plantados sin decir nada, ¡no te creas!… y tu madre como siempre poniendo esa cara… 

En todas las conversaciones con Elena siempre hubo un momento de obligada desconexión, casi involuntaria, como mecanismo de defensa automático. Pero esta vez había un motivo. Mientras me contaba su estúpido sueño me puse a intentar recordar mi último sueño, pero no lo logré.

- …y tú tampoco te creas que hacías nada, ¿eh?… te quedabas ahí con la boca abierta mientras yo intentaba esconderme detrás de una silla, y uno de los tacones se me había roto...  

No volví a pensar en ello hasta dos días después. La duda se había quedado enquistada en mi cabeza y cuaquier pequeño momentos de abstracción intentaba recordar. No había nada. No recordaba ningún sueño desde hacía mucho tiempo. Empecé a preocuparme en serio el fin de semana, cuando por fin solo me concentré tranquilo dispuesto a solucionar el asunto. Tengo buena memoria, recordaba sueños de cuando era un niño, así que era imposible que no ubicara mi último sueño. Pero fueron pasando las horas y yo seguía ahí, removiendo, inmóvil, intentando encontrar algo. Pero no. Daba la sensación que no soñaba desde hacía mucho tiempo. La duda empezaba a convertirse en una obsesión. Cuando Elena llegó de casa de sus padres intenté actuar con normalidad a pesar de que sentía un gran pesar y preocupación que había llegado para instalarse.  

No fue hasta una mañana de la semana siguiente que caí en la cuenta. En realidad todo cayó como una losa. El director no había ido a trabajar ese día por el fallecimiento de un familiar. Cuando nos lo estaban comunicando, me vino la imagen como una flecha a la cabeza. Me quedé totalmente aislado, reviviendo el sueño. Fue el año anterior, el día uno de noviembre exactamente. Lo recordaba bien porque fue el famoso sueño que tuve la misma noche que nos mudamos el nuevo piso. Se lo conté a Elena porque me dejó tocado varios días. Más que un sueño, fue una pesadilla terrible. En ella me veía a mi mismo en la calle solo, y al instante, cayendo al suelo. Me vi caer, me vi agonizar tirado sobre la acera y me vi morir. Alrededor la gente pasaba, algunos se paraban, pero nadie me tocaba. Como yo, sólo se quedaban mirando. Sentí una profunda tristeza muy adentro. Ese era el maldito sueño que no recordaba, y al recordarlo no encontré el alivio que esperaba.

Desde ese descubrimiento he estado atento a otros sueños, pero nunca llegan. De vez en cuando le pregunto a gente de mi alrededor si han soñado cosas similares. Muchos me cuentan sueños con capítulos próximos a la muerte, como cayendo al vacío o ahogándose, pero que nunca llegan a morir porque se despiertan antes. Nadie me ha contado algo similar a lo mío. Todo el mundo sigue soñando. Poco a poco me fui dando cuenta de que era el hombre con la peor suerte del mundo.

Hoy es uno de noviembre, otra vez. Han pasado dos años y he llegado a la conclusión de que ya no existo de ese otro lado. Estoy atrapado en esta vigilia. Tuve la desgracia de morir en el mundo de los sueños y ya no puedo estar allí. Estoy condenado a vivir tan solo en esta realidad de mierda, en este día sin noche literal y mediocre. No me molesta haber perdido a Elena, o el puñetero trabajo. No me molesta que todo el mundo siga alejándose de mí. Me hunde saber que ya nunca más podré volar. Nunca más podré obligar a tener sexo a quien yo quiera; ni podré vivir mis propias fantasías. Nunca más volveré al patio de mis abuelos, ni volveré a ver a mis compañeros del colegio. Y nunca más volveré a estar con mi padre, esta vez definitivamente. 

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