cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Nunca olvido unos ojos
Terror |
24.11.11
  • 4
  • 14
  • 5590
Sinopsis

Historias de Psicópatas: Donde estén unos ojos...

 

Se oía la música desde el callejón, mezclándose con los diferentes estilos de ritmo del resto de locales que allí había ubicados. En la puerta, un coche con un joven al volante esperaba a que su compañera cumpliera con las respectivas despedidas.

-Te llamo mañana,-le gritó a su amiga mientras se acomodaba en el asiento del acompañante.

-Seguro que no quieres que te llevemos…

-Pero si estoy a dos calles.

-Por eso mismo, es un momento.

-No, de verdad, quiero dar un paseo.

-Huyyy… que has quedado con el moreno de la coleta.

-Si mira, ¡Que tonta eres!, tienes unos ojos preciosos, tienes unos ojos preciosos, que pesado era el tío, no sabía decir otra cosa.

-A mi me ha dicho lo mismo, yo creo que estaba pirado. Bueno tía, nos vamos, y ándate con cuidado no te encuentres al de los ojitos por el camino y te pida en matrimonio… Ja ja

La primera a la derecha saliendo del callejón, a dos calles de nuevo a la derecha y luego, en tres travesías ya estaba en su casa.

Solo sonaban sus pasos mientras caminaba, los golpes de sus tacones, el resto de la calle era silencio absoluto. Se cerró un poco la chaqueta para distanciarse del frio y encogió los hombros, pensó en lo tarde que era y en que tenía que madrugar, maldijo el momento en que ayer quedó con Laura para salir por la mañana, ahora mismo no le apetecía nada. Dobló la esquina y tropezó con un tipo que le puso una mano en la cara y la otra en la nuca, vio su rostro entre sus dedos, luego, oyó un chasquido mientras su cabeza giraba ochenta grados.

El tipo trasladó el cuerpo sobre su hombro hasta un recoveco con cubos de basura y cajas de refrescos vacías y apiladas, lo dejó en el suelo. Se abrió la chaqueta y sacó un pequeño estuche de piel negra, deslizó la cremallera y dejó a la vista seis estiletes quirúrgicos. Saco el más fino, se acercó a la cara de la chica y apoyando dos dedos entre la frente y el pómulo los abrió para estirar la piel, luego, seccionó el parpado de extremo a extremo respetando los ángulos de sus terminaciones y lo separó del ojo, repitió la misma operación con el otro y guardó las pieles en una cajita con las pestañas hacia arriba, seguidamente, con los dos ojos ya libres volvió al estuche, guardó el estilete en su sitio y cogió otro un poco más ancho y mas curvo, lo introdujo en un lateral de la cuenca y empujó el glóbulo hacia afuera, lo dejó colgando y cortó el nervio con el mismo cuidado que el que corta un cordón umbilical, hizo lo propio con el otro y los envolvió en un pañuelo.

Abrió la vitrina del mueble bar y cogió un vaso, lo llenó de ron negro y lo puso en la mesa baja del salón, arregló los cojines del sofá, puso un disco de Sinatra y echó ambientador. Se dirigió a la habitación del fondo de la casa, abrió la puerta y encendió la luz. Los botes de cristal de las estanterías brillaban como si fueran nuevos, en el más cercano a la puerta estaba su último trofeo, cada uno de ellos llevaba su etiqueta correspondiente.

“Morena-Ojos grises-Pechos grandes.”

“Morena-ojos negros-Pelo corto”

“Rubia-ojos azules-Rellenita”.

Así hasta unos cuarenta. En la pared del fondo, tres muñecas de silicona con diferente color de cabello descansaban sobre un sofá.

Vistió a la rubia con ropa interior negra y un vestido de gasa, la perfumó con Ángel y le pintó los labios. Una vez acicalada cogió el pote y sacó los nuevos ojos, los colocó en unos pequeños envases con grasa en el fondo donde quedaban encajados a media esfera, colocó los parpados con las pestañas en la parte superior e introdujo los envases en los huecos del rostro de la muñeca y la sentó en el sofá del salón.

Se dirigió a la puerta y apoyo el hombro en el marco con los brazos cruzados. Sinatra estaba en su momento cumbre con "I´ve got you under my skin".

Miró a la dama desde la puerta y comenzó a caminar hacia el fondo del salón. Ponía un pie delante del otro con lentitud en los pasos a ritmo de la música y de vez en cuando hacía un movimiento lateral con el pie y el hombro volviendo luego a su posición. Introdujo las manos en los bolsillos del pantalón y siguiendo el mismo movimiento de pies pasó por delante de ella, llegó a su altura y la miro de reojo, dio dos pasos más parándose y esta vez fue más descarado brindándole una sonrisa.

Se acercó a la cómoda que había a un metro y medio de ella y dando una vuelta a lo Fred Astairese se apoyó de espaldas con los codos, dejando caer las manos, comenzó a hacer movimientos suaves de izquierda a derecha con la cabeza y los hombros y sonrió con un gesto de personaje interesante, levantó la mano y la señaló con el dedo índice moviéndolo un par de veces, luego, se dirigió al mueble bar del fondo haciendo ciertos pasos de baile y sonriendo con la cabeza levantada y la mirada hacia techo.

Pidió  un whisky con hielo y se situó detrás de la barra haciendo de camarero, le echó el hielo al vaso y unos tres dedos de liquido desde cierta altura, luego, saliendo de detrás de la barra se apoyó en la ella moviendo el vaso en círculos con la mano derecha, conversó con el camarero durante cierto tiempo sobre la dama. Se acercó el vaso a la boca y le dio un trago, le hizo un guiño al camarero y volvió a caminar con movimiento rítmico acercándose al sofá. Inclinó el torso y la miró a los ojos.

-¿Nos conocemos?

----------------------------

-¿Estás segura?

----------------------------

-Nunca olvido unos ojos…

 

 

 

Mario Taché Copyright © 10-Noviembre-2011 Derechos Reservados®.

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy interesante !! Las mentes de los psicópatas siempre despiertan mi interés por lo raro e inexplicable. Felicidades, me ha gustado el ritmo.
    Limpio, preciso y deliciosamente brutal como el tajo de un bisturí.
    es un relato genial, juega mucho con la habilidad del lector de sufrir las sensaciones que le pasan al protagonista. La obsesiòn con los ojos esta genialmente lograda. te sugiero que pasese por mis cuentos ^los testigos mudos ^ y si te gusta el suspenso, ^asesinato en la hacienda lisperguer^ , me gustaria escuchar tu opinion, te sigo leyendo , saludos
    Ufff, es un poco fuerte pero me ha tenido enganchado todo el rato.
    no me gusta mucho leer este tipo de literatura pero debo admitir que esta muy bien logrado
    Me gustó!
    Espectacular. Escalofriante e impactante. Sin palabras... Solo espero no encontrarmelo en la calle.
    Me dio la sensación...Que el personaje, en su realidad, le és más cómodo arrebatar unos ojos, que seducirlos. Y luego los seduce, no deja de ser humano. Y nuestras vueltas rebuscadas en las cosas mas sencillas.
    Escalofriante...te daría 5 estrellas si no hubieras sido tan descriptivo a la hora de mostrar como saca los ojos a sus victimas. ¡Que coño! te doy las 5 estrellas que sin esa descripción no habría apartado la vista del texto. Fenomenal
    Muy inquietante. Necesita un pequeño repaso de ortografía. Me gustó
  • La historia de Evaristo, que por cuidar otros valores descuido los de su frente. Como decía mi abuela... No se puede estar en misa y repicando.

    Una cita que tarde o tenprano llegaría...

    Cuando se quiere olvidar y no se puede.

    Por fin y a tu pesar, he conseguido romper tus cadenas, quizá no te haya olvidado... pero ya no te necesito.

    deseos de niñez

    Monólogo sobre mi prima Benita...

    El sueño conseguido de un loco por querer ser Torrente. (Tonterías mías)

    Cuando llega el momento siempre te coge a contrapié

    Historias de Psicópatas: Donde estén unos ojos...

    A mis cuarenta y algo, aun puedo romper barreras, menos la tuya.

  • 34
  • 4.54
  • 195

Suelo mirar al cielo por las noches y a veces cuento estrellas, otras veces al suelo en el que piso, mirándome los zapatos, vivo deprisa y pongo el freno en algún sueño, donde perderme un rato.

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta