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12 min
ORTOGRAFÍA BÁSICA
Varios |
26.09.18
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Sinopsis

Historias de Duque y Martín.

“La misma distorsión focal que, en lenguaje pictórico, desfiguraba la minuciosa hierba de Giotto con las pinceladas gruesas de Matisse.”

 

Arturo Pérez-Reverte.

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Martín transcribe en secreto una serie de notas recién leídas en el diario de Duque: vaya monumento al aquí pongo cualquier cosa y lo que sea y como salga. Va de prisa y sin respiro, no sea que el otro se le zafe a la hembra y lo consiga hurgando sus páginas personales. La hembra es Muñeca, que entretiene a Duque en la salita de estarse juntos y en pleno viene y va de lengua y saliva: la forma usual de entretensión a la que acude una mujer cuando desea

que un hombre no se levante del sofá, no camine, no piense, no nada.  Martín se propone incluir este cúmulo de observaciones sin sentido en un margen lateral de algún relato. Espera que Duque no advierta esta especie de terrorismo literario inocuo y sin consecuencias aparentes para el desarrollo formal de la trama, que, por decir algo, no existe ni a patadas (el desarrollo formal, es obvio, no sea bruto, trama si hay, a pedacitos, allá y aquí, por las esquinas, como el primer beso a la prima rubia o la primera luz que se apaga) Lo bueno es que Duque no se caracteriza por su agudeza en la revisión de capítulos (la redacción es un asco pero le agrada y con eso basta) y además no se fija mucho en casi nada o al menos poco en algunas cosas (Por lo general anda full tragos o con un ratón de te la debo tamaño rata tipo conejo, que es decir tan grande como la madre que lo parió: tequila o brandy. Se le va la vida entre bares y hoteles: maquinitas de póker y caballos, ballenatos, billar y pool, tomadera, tiradera, ambas dos, en fin) Todo lo anterior (es decir lo de arribita: favor remitirse al paréntesis que precede a este y no a este) me permite plantearme una duda interesante, o por lo menos inherente: ¿cuándo coño escribe el muy desgraciado? No se ve agujero temporal alguno por ninguna parte, o bien le paga a otro para que le escriba o escribe atemporalmente. Ni de vaina me inmiscuyo en esto: se me revuelven Kant, Platón, La Blavatski, y dolor de cabeza seguro.  Vuelto a lo que estaba, Martín se asoma para verificar que no lo descubran in acto de copia feroz y flagrante. La cabeza de Muñeca –su baja y sube más bien- le indica que acaba de recurrir a un recurso de hembra brava para mantener a Duque en su sitio. Esta mujer es indispensable para cualquier hombre que quiera aprender a reírse de la relación amor-ética. En cuanto a Duque, se limita a ojos extraviados y su mano perdida entre los cabellos de Muñeca. La muy puta, mírala como cambia de ritmo cada vez que Duque está a punto. Buenas quijadas, sin duda. Martín se regresa al diario. Le hubiera gustado que la vaina fuera al revés. No se molesta porque sabe que Muñeca le guarda su ración para más tarde. Comienza a transcribir y es lo que sigue o tal vez, si acaso no lo borra el otro en uno sus rarísimos destellos de cordura etílica libre de alucinaciones y espejos de piel versátil que nada le devuelven al mirarse.

 

DEL DIARIO DE DUQUE

S/F    

 

Donde Federico Atkins, innegable caballero de fina prosapia, dice con suave y envidiable tacto: “Se tendió en el lecho separando con delicadeza sus piernas, haciéndolas llegar al límite, ofreciéndome su centro con temor y anhelo…”

Yo digo: Se abrió tanto que se le borró la raya del culo. Casi que se parte en dos: adorable gimnasta, flexible felina cóncava de dulces pecas naranja.

 

Otro;

Donde Filippo Arenzo, tan sensual y carismático, escribe con espléndida gracia y soltura: “La amo desde aquel remoto día en que mis manos, sedientas buscadoras de su piel, asieron sus corvas para permitir que su cuerpo y el mío, tensos bajo el sudor del ataque amoroso, uniéranse con el fin de hacerse uno por siempre…”

Yo escribo: La puse en cuatro, me agarré de sus nalgas y se lo empujé hasta el fondo. De vainita le meto las bolas (un dedín en el culo para que sienta el frote)

 

Nota: Coger es jazz,  penetrar es ortodoncia (cuándo podré escribir amén y ya basta)

Nota 2: Estructuralmente hablando (la puta y Freud) dejo de escribir cuanto más escribo.

 

SIGUE

S/F

 

Tengo un gato amarillo de nombre Amarillo. Un insólito flash de uñas y dientes que suele dispararse en precisas cacerías de moscas o ratones. Trepa por las cortinas, voltea libros, ceniceros, vasos, botellas, salta, gira, bufa, se deja caer, atrapa al bicho de turno y se lo traga. Después se queda quieto y viéndome fijo, esperando algún tipo de palmadita en el lomo: este gato es del carajo, que bien caza o algo así. Termina por subirse a mi hombro y pienso que piensa que le gusto, que soy un bípedo más o menos querible a falta de otro, que lo único malo de Duque es  su  tristeza  opaca  y  esa  manera  de 

colgar el cigarrillo en los labios, sostenido al final de los dos dedos usuales, y el resto de la mano cubriéndole la boca, dejándole con solo medio rostro lejano entre la lumbre, perdido en el humo el cabello revuelto.

Al margen: Martín sostiene que el párrafo es llevado a tercera persona con la intención de impresionar a un posible lector, lo que de suyo invalida el diario como tal. A Muñeca le importan un carajo los tiempos verbales: con tanto brandy en el cuerpo es posible que a Duque se le escapen las personas, que se le vayan a pasear por ahí, tan lindas y tiernas y jodedoras y sin nada que hacer sino dar vueltitas o pararse en las esquinas o sentarse en un taburete y sírvame el que viene.

 

SIGUE

S/F

 

De codos sobre la barra no puedo evitar que me invada una sensación de repetida inutilidad. Lo que más me jode es que no me jode para nada. Me sabe a mierda ser un inútil redomado de larga experiencia y ejercicio en estos menesteres del no sirves ni para la más mínima vaina etc. Y apoya la cara sobre los brazos y nuevamente es Duque triste, cejas tristes, nariz triste, falo triste, manos y gestos como pájaros que yacen. De pronto (Wagner mediante y música de címbalos) se le aparece una hembra de esas que te atoran el trago y gracias a Dios que no llevas corbata porque te ahorcas, un latigazo de pestañas en plena espina dorsal, una voz que te hincha la bragueta: regálame un ron papito, que estos tacones son un martirio, y tengo sed de caña caliente, y la falda me viene estrecha, y ando sudadita y sola y triste como tú catire bello ojos de noche. Y qué le queda al macho in situ: cómo no señorita, uno, dos, tres, y los que guste y aguante (con cara de idiota y la baba en puerta) no faltaba más, siéntese aquí cerquita, rodilla con rodilla (convencional, ridículo, primera parte del primer manual. ¿No puedes decir algo más ingenioso?) sus nalgas son hermosas: con el gesto asustado del que dice lo que  piensa  sin pensarlo, esperando que la mano le cruce la cara y en su lugar un vente a mi casa animalito loco.

Al margen: Los “de pronto” siempre han molestado a Martín  (escribe Duque) porque le dejan en la boca un sabor a fractura, a intromisión    de   salidas  imaginativas   desesperadas,   a   mentira  barata y camuflaje. Nadie que tenga un ápice de inteligencia puede creer en lo que sigue a un “de pronto” (de pronto siente que tal vez se equivoque. Pero equivocarse es tan fácil como caminar o hacerse una paja)

 

SIGUE

S/F

 

Muñeca encendió un cigarrillo con lentitud (a qué viene lentitud, a qué calificar todos los actos); Muñeca encendió un cigarrillo y me miró con ganas (con ganas de qué: de vestirse, de levantarse, de tomar café, de coger y ser cogida); Muñeca encendió un cigarrillo y me miró (pero ya sabemos que Muñeca está fumando): encendió un cigarrillo y me miró.

Al margen: Es fácil argumentar que la escritura no es su fuerte. Mejor le va parafraseando o paradojando. Pero por lo menos lo intenta, persigue la risa.

 

SIGUE

S/F

 

Dice mi madre que Amarillo se inquieta in extremis cuando tardo mucho en volver a casa. Se baja del sofá maullando como lo hago yo cuando juego a ser él (a veces lo miro y siento que la vaina es al revés) A Muñeca le hubiera gustado Amarillo: Amarillo tan gato, tan orejas de gato, tan garras de gato.  Amarillo paseándose de un lado a otro como esperando la llave en la puerta, la puerta que se abre, los ojos de Duque mirando fijo su trago, pensando en irse porque de seguro Amarillo estará sintiendo que me quedé, que ya no voy a llegar, que es otra noche fuera. Y tropezando con la fachada del mismo bar al salir de aquel: género desnudistas en acción, donde la Beba ofrece (dice un cartel explicativo y portero entre señor que va a gozar una bola) incurrir en autosodomía insólita, usando con inmenso descaro (se lo juro señor) un miembro masculino plástico de no menos (créame, yo lo he visto) treinta centímetros de largo y (no se ría  señor,  se  le  pone  así  de  grande)

cinco centímetros de diámetro. Por supuesto que la Beba nunca  llegó  a  introducir tal monstruo en el lugar conflictivo (eso no sucede en bares de cuarta), limitándose a un leve rozar la puerta y gritos histéricos de origen improbable (dada su más que dudosa virginidad anal) que solo estremecieron a Duque por su relación inmediata con lo imaginario: la literatura vista como una consecuencia de innumerables orgasmos ficticios.

Al margen: Este hombre permanece triste aún viendo a una mujer meterse una vaina en el culo. Una tristeza extraña la suya: tristeza que se ríe, tristeza lúcida.

 

SIGUE

S/F

 

Volver a la noche sabiendo que siempre se puede (aunque trabaje ocho horas en una oficina puedo volver a la noche) volver a la noche (repitiendo por el puro gusto de repetir) repitiendo los pasos (como lanzar de nuevo un par de dados) dados en pro de la consecución de féminas culigordas y copas de brandy. Sabiendo que esto va bien para el que aúlla solo y se rasca con las patas, y que no es bueno si amas como carajito en ciernes o idiota de pueblo: monógamo y trastornado única y exclusivamente por una Ella y ninguna otra (sin olvidar que un amor tal requiere más bien un psiquiatra que un barman conversador y una yegua casual)

Al margen: Como miente el caradura. Ahora quiere hacernos creer que nunca se ha enamorado. La verdad es que siempre se enamora, y de las cosas más disímiles y radicales: el lóbulo de una oreja, un diente torcido y simpático, una forma de mover las manos, un tono de voz, una mirada de pérdida y anhelo, un par de pezones que levantan la blusa. Si una mujer le dura treinta segundos él la ama treinta segundos, si una semana una semana, si un mes un mes, y así subjetiva, sustantiva, y sucesivamente. Y cuando digo que la ama digo dispuesto a la vida o al suicidio, irredento, absoluto, de cabeza, out, off,  fuera de combate, sin otra opción que dejarse caer en ella con los ojos cerrados y la confianza a mil (a veces la receptora, claro, abre los brazos, y no veas tú la dimensión del cabezazo contra el piso) Hasta aquí te acepto que lo anterior es llamativo, pero lo interesante en realidad no es esto sino aquella: su recién adquirida capacidad de olvido. Es tan pleno al amar como al olvidar, lo que hace de él un  amador  sin  memoria  y un cínico artista del  no  te  conozco  pasemos a  otra  cosa  que  la  vida  sigue.

Cuando todo termina levanta la cabeza y escupe a la izquierda (se lo copió a Bogart), enciende un cigarrillo y dice: Bueno, esta vaina se acabó. Ni siquiera el nombre de esas mujeres he vuelto a escucharle.

Nota: Esta envidiable facilidad para el borrón y cuenta nueva no impide que Duque suela pensar –bajo los efectos del alcohol, debo decirlo-  que hembra y macho aún pueden coincidir en una flor o en un abrazo.

 

SIGUE

S/F

 

Posible capítulo corto para una novela: boceto a trabajar. Fallas de conceptualización y diversas brusquedades idiomáticas. Corregir si me atrapa la sobriedad.

 

 

 

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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