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3 min
Padre Pedro
Humor |
03.09.20
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Sinopsis

Personajes de un pueblo chico. Anécdotas simples sin ahondar en ninguna particularidad.

 

El padre Pedro era un sesentón serio.

De palabras justas y necesarias. A la vez, simpático.

Sabía sonreír en los momentos oportunos y hacerle buena cara al mal tiempo.

Por ello, la gente lo seguía. Daba misas eran multitudinarias. Homilías atinadas.

El diezmo era generoso. La iglesia lucía resplandeciente en todo sentido.                    

Los sábados en el patio de la parroquia se jugaba fútbol. Los niños de acción católica versus los monaguillos. A veces se entreveraban los Boy Scouts.

Era una comunidad religiosa activa. Permitía a los niños descubrir nuevas amistades. Formarse en la educación eclesiástica. Alejarlos de la calle y establecer una primera escala de valores.

La mano del padre Pedro se veía en todos los detalles. Madres y padres se acercaban a ayudar entusiasmados por los pequeños logros que sus hijos iban conquistando.

Era normal encontrar al Padre Pedro caminando por el pueblo y que se acerque a conversar. Dueño de una memoria prodigiosa conocía los miembros de cada familia y muchos “pormenores” puertas adentro. Eran épocas donde el confesionario hacía las veces de terapeuta. Las culpas y embrollos tenían destino de padrenuestros avemarías y alguna limosna generosa que los mitigara.

Sus paseos vespertinos servían a la vez, como patrullaje y cuidado de sus fieles.

Si veía a alguna niña en cercanía de algún jovencito mayor enseguida la despachaba para su casa. Si los niños jugaban brusco los dispersaba. Oficiaba de madre, padre y tutor. Eso, en una comunidad pequeña, era tener un aliado de hierro. Él sabía cómo cuidar el rebaño.

Una siesta de enero. Las chicharras anunciaban calor sofocante ululando como alarmas descompuestas. El cura volvía a la parroquia a paso redoblado. Un niñito parado en puntas de pie, con su brazo y dedo estirados, intentaba tocar el timbre en una casa.

Cruzó presuroso la vereda y amorosamente alzó al nene que pulsó el botón en forma insistente. Al dejarlo en el suelo. Satisfecho con la buena acción efectuada. El mocoso con su mejor cara de diablillo gritó:

― ¡Corra Padre Pedro, corra que nos pillan!

Doña Hortensia acostumbrada al ring raje en esas horas de la siesta, salía escoba en mano a cazar a los malhechores.

Desconcertada. Juraba a sus amigas de canasta. Haber visto esa siesta, una sotana negra al viento, doblar la esquina como rayo.

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  • Muy bien veo tienes tu club muy lindo de lectorez espero un día tener almenos un seguidor fiel Saludos me gustó tu historia (;
    Tiene mucho calor humano, Abrazos!
    Encantador relato, con toque de humor incluido. Un abrazo, Roluma.
    Roluma, saludos afectuosos...En el Padre Pedro, tú creación intelectual, es una fotografía descriptiva en torno al personaje: El cura del pueblo. Es el realismo literario, considerado también como "costumbrismo" y le colocas tú sello personal y la conclusión de lo que nunca debe faltar en este tipo de recurso literario: el hecho anecdótico entre el cura y el niño. Sinceras felicitaciones!!
    en mi pueblo el cura es el mejor 9 de la zona... una máquina de hacer goles....
  • “La idea es introducir un elemento nuevo a los cuentos tradicionales para que se modifique la historia y surja otra, tal vez con un giro totalmente diferente. Es una propuesta del maestro italiano Gianni Rodari. Si el elemento que se introduce es un elemento de la modernidad, más impacto tendrá en el cambio de la historia” Los invito a esta experiencia lúdica y divertida. A crear ilimitadas nuevas historias. Abrazos, amigos.

    Personajes de un pueblo chico. Anécdotas simples sin ahondar en ninguna particularidad.

    Los prejuicios en todas sus variantes hacen tanto daño como las tiranías, dijo alguna vez el cuentista Martín Gil.

    Las señales siempre están. A veces no tenemos la capacidad de verlas. Otras, las desoímos por conveniencia.

    Desde las tripas. Con el dolor y la impotencia a flor de piel. https://www.pagina12.com.ar/286692-solange-musse-murio-sin-que-su-padre-pudiera-despedirla

    Basado en un hecho real, escribo mi primer fábula como homenaje a los autores de esa gesta. En el centésimo aniversario de la muerte de Don Alois, quien al prohibirle casarse en 1867 con Magdalena sin que alguno de los dos renunciase a su religión, desarrolló la historia aquí contada. Los sucesos fueron el puntapié inicial del Registro Civil y el casamiento Civil en la Argentina y posteriormente del divorcio. Pido Disculpas a Gustavo l. Ruiz ( el mejor).

    ¡Donde está el Dr. Somner?

    El final estaba claro. A veces alguien mete la cola.

    Muchos la describen como único capital. Otros prefieren enfocarse en lo que sucede "en el mientras tanto". Ella sabe esperar. Soledad. Es su juego.

    Este escrito cobró vida como por arte de magia. Apareció de repente en el papel. Como vertiente que brota de la piedra. Luego de una investigación sobre los inmigrantes en la argentina de final del siglo XIX y principios del siglo XX, para la búsqueda de los personajes de la obra "Stefano" de Armando Discépolo. Padre del Grotesco Criollo. Una porción de la historia argentina y mundial, apasionante.

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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