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4 min
Pájaros que no aterrizan
Reales |
09.07.11
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Sinopsis

Fascinante animal el vencejo... invito a todos a que lean la naturaleza de estos animales que si bien parecen personajes de cuento por su naturaleza extraordinaria... son totalmente ciertos... y no difieren, al fin y al cabo, de algunas personas.

 

Su nombre en griego significa sin pies. Y los ingleses los llaman swifts.   Son netamente aéreos, y cuando aterrizan sólo puede ser por dos motivos: por accidente o porque llueve. Apenas saben caminar. Se sienten extraños en tierra firme, son torpes y se vuelven pájaros tristes y quietos. No se sabe muy bien si se ponen tristes porque llueve o llueve porque están tristes.   Para que puedan remontar el vuelo tienen que tirarse al vacío desde un sitio alto. Durante años creyeron que eran pájaros kamikazes con tendencias suicidas,  pero al contrario, sólo así pueden volar otra vez.   Durante años, los expertos de la pajarología internacional  intentaron observarlos pero no eran capaces de averiguar dónde pasaban las noches, qué comían o dónde vivian. Contrariados, optaron por ignorarlos y cuando veían alguno declaraban impertérritos que eran golondrinas. Quién querría dedicarle tiempo a un pájaro que no se deja entender?    Pero hubo un pajarólogo que siempre prefirió ciento volando antes que pájaro en mano, y se propuso seguirlos. No era mundialemnte conocido, de hecho él mismo apenas sabía quién era.    Estaba en Salamanca la mañana del 2 de julio deambulando sin rumbo dándole vueltas a cómo convertirse en la sombra de un vencejo, cuando de pronto vio a un kioskero que incansable gastaba todas sus reservas de pompas de jabón intentando desatascar de una calle estrecha a un sombrero gigantesco con una señora debajo. Le compró todos sus globos a cambio de un bote de lavavajillas para que pudiese seguir haciendo pompas y pompas. Los dos quedaron conformes con el pacto y se dijeron hasta la próxima.    Al atardecer el pajarólogo vio, como cada tarde, que una bandada desordenada levantaba el vuelo. Así que se agarró fuerte a sus globos y los siguió. Como era julio y hacía calor, el aire caliente elevó los globos con una velocidad suficiente para no perder de vista a los pájaros, y les siguió ansioso por descubrir dónde estaban los nidos. Cuando las cigüeñas tan maternales y sus nidos despampanantes se hicieron muy pequeños. El pajarólogo miró a su alrededor y comprendió.    A 2000 metros del suelo, los vencejos, cada tarde, eran expectadores de front raw de las puestas de sol, porque los vencejos saben que si un día se pierden una puesta de sol, se la habrán perdido para siempre porque nunca dos puestas de sol fueron iguales, y las que no se ven ya no pueden verse nunca más. A pesar de parecer perdularios y desarraigados allí estaban los vencejos, monógamos ortodoxos con la pájara de la que se enamoraron perdidamente sin tenerlo previsto. Porque nadie podrá nunca amaestrar ni tener a un vencejo. Salvo otro vencejo, claro.     El pajarólogo, fascinado de pronto comprendió todo. les escuchó piar sus planes de invierno en África, en Tanzania, Kenya, Zaire. Supo entonces que los vencejos, tan felices en pleno vuelo, se llevaban consigo el buen tiempo. Y así no tuvo ninguna duda de que en Europa llueve, nieva y truena en invierno porque los pajaritos no están, y llueve a ratos en Abril porque la primavera les pone melancólicos y al estar tristes obligan al Mundo a llover. Sonrió y lo anotó todo en su libreta mental sin estar seguro de si el Mundo estaba preparado para conocer su descubrimiento. Pero con la altura y el fin del día, el aire se enfrió, y los globos empezaron a descencer.  Cuando llegó al suelo se encendió un pitillo y echó a andar junto al eslabón perdido de la civilización hippie. La señora, anacrónica, le pidió un cigarrillo:   -Por favor. Es que soy caminante - aludió como justificación incuestionable de que merecía un pitillo.   -Todos caminamos -contestó cínico el pajarólogo.   -No. Hay gente que aún vuela. Son los que ven más alto y más lejos.   El pajarólogo le dio un cigarrillo y su racimo de globos y volvió a casa tarareando una canción de los años 50 sobre las respuestas que vuelan en el viento y  nananana porque no se acordaba bien.  
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