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4 min
PAJAS MENTALES DE UN PUTO CÍNICO:EL GIMNASIO
Humor |
22.09.17
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Sinopsis

La sinopsis está en tu corazón

¿Te ha dejado tu primera novia? ¿No te hace caso esa chica que tanto te gusta? No te preocupes. Ir al gym es tu solución.
Mata complejos y construye sueños; define bíceps y personalidad; hincha tus músculos e infla tu ego. Toma la mano del gimnasio, compañero inseparable del acomplejado hombre contemporáneo. Si eres nuevo en esto, deberás hacer frente a los primeros días y sus necesarios problemas.

RIDÍCULO: ESE ETERNO COMPAÑERO

Primer día. Te paseas por el gimnasio con cara de quererlo todo, creyendo así disimular tu transparente inseguridad. Luces en tu rostro una expresión de comerte el mundo, aunque a ojos ajenos, más que el mundo aparentas comer Doritos. Eres optimista, pues estás convencido de que tras unos meses entrenando, saldrás de allí hecho un culturista. Miras a la gente. Luego a las máquinas. Piensas:

-No tengo ni puta idea de cómo se usa esto-.

La vergüenza es ahora tu amante. El ridículo, un susurro omnipresente en tus oídos. Puede que te hayas apuntado al gimnasio solo; puede también que vayas en compañía de algún amigo-si tienes-.En función de ello, diferentes situaciones se te presentarán como posibles:

De ir con alguien, tu compañía será consciente de la situación en que te encuentras. Observará la forma en que te manejas: mejor dicho, la manera como haces el ridículo. Tras cachondearse de ti lo necesario y un poco más, acudirá en tu ayuda y rescate.

-¡Qué! ¿Ni puta idea de cómo va no?

-Pues no.

-Espera, que voy allí a echarte un cable-dice mientras continúa riéndose de ti-.Pese a su irrefrenable risa, muestras profundo agradecimiento, pues temías que la alianza entre tu ineptitud y las máquinas del gimnasio terminará con tu cuerpo en la sepultura.

Esta situación de vergüenza es la mejor de las posibles, pues al menos te ayudarán en tu agonía. Ojalá hubieses contado con ese servicio el día que perdiste la virginidad.

Ya hemos visto lo que pasa si vas acompañado de un amigo. Ahora, se mostrará cómo te apañarás en caso de ir solo.
Esta es la situación: paseas por el gimnasio con cara de idiota estándar-tu cara normal-.No sabes relacionarte con la gente, y dejas en evidencia ese dato mientras saludas a todos los presentes; ante este comportamiento tuyo, los saludados sospechan que padeces algún tipo de trastorno psíquico ¿Y en cuanto al entrenamiento? Bien: empiezas por sentarte en una de las máquinas y procedes a usarla. Puntualizo: a usarla mal. El mundo te dedica abundantes miradas de horror y risa, mientras tú buscas la manera de justificarte. De tu sucia boca, salen las siguientes necias palabras:

-Es que es mi primer día-.

Al resto de los sujetos allí reunidos, no les conmueve una mierda tu drama, y se limitan desganados a enseñarte cómo funcionan los aparatos. No por caridad ni compasión, sino porque un cadáver en el gimnasio les obligaría a cancelar su entrenamiento.

Has salvado el pellejo por hoy: pero a un muy alto precio. La fragilidad de la memoria hará que te olvides del ridículo pasado; solo esperas que los otros tampoco lo recuerden. Pero eso sí: un consejo en nombre del realismo: olvídate durante una temporadita de ligar en el gimnasio.

-Y estos son mis textos acerca de cómo ponerse en forma maestro: un virus del que también he sido contagiado.

-Interesante, interesante-suspira el maestro-¿Y… cuánto dices que cuesta apuntarse a un gimnasio de esos? Quizá incluso consiga pillar cacho si no la pifio a tu manera. Después de todo, me siento muy solo en mis alturas de marfil.

-Bueno maestro: yo si quiere le doy el dato. Aunque no creo que sea una actividad muy propia de alguien de su sabiduría.

-Lo que quieras. Tráeme un folleto con las tarifas. Hmmm…19,95 euros + IVA. Parece interesante
.
-Pero tiene que pagar el año entero por anticipado, sin posibilidad de baja salvo circunstancia excepcional.

-¿Por anticipado? ¿El año entero? ¡Es un abuso flagrante! Ahora justifico mi desprecio a la sociedad.-

-Pero bueno maestro…tampoco es todo tan negro como lo pinto: por lesión o mudanza, si podrá darse de baja.

-¿Solo bajo esas causas? ¿Y por qué no en caso de depresión, desamor, o problemas académicos? ¿Cuál es la razón de tanta arbitrariedad?

-A mí no me pregunte gran sabio. Yo sólo le contesto.

-Tendré que apañármelas solo. Una vez más. De nuevo saco la lección de no poder confiar en nadie, principio que ha regido mi vida.

-Y que yo espero también rija la mía.

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