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5 min
Panic attache
Varios |
06.12.12
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Sinopsis

No es nada para alarmarse. Ayer dejé terapia o la terapeuta me dejó a mi

 

Panic  Attache

 

                Personas con problemas psicológicos; tratando a personas con problemas psicológicos. La cuestión se define en el caracol de un espiral, infinitamente infinito desde nuestros sentires  hasta nuestros razonamientos. Tan poco séptico; tan contaminado.

                 ¡Qué ironía! Pues más que la verdad preferimos  una mentira que pueda comprobarse. Entonces es no hacerse cargo; tan solo porque la verdad nos concierne. Una sustracción basada en creencias sociales transmitidas en el decir de generación en generación.

                El inconsciente trabaja con la sonoridad de los significantes. No con su significado; es por eso que las palabras son polisémicas; abriendo el juego a variados significados. “Yo te Banco” “Me senté en el banco” “Robaron un banco”.

                Los significados son singulares de cada sujeto; porque el significado tiene que ver con el sentido que se va descifrando en la concatenación de los significantes según el peso que tenga en cada uno. Entonces el significado pasa por la connotación de cada ser; dejando así, a la materialidad de la palabra como significante.

                Entre el decir  y la interpretación existe una hiancia que deja un agujero. Lo real nunca puede ser apresado del todo por lo simbólico. Algo queda por fuera de las palabras; nunca se transmite todo.

                Pues no hay chicha sin limoná.

 

***

 

                               Marita entró al consultorio; llevaba faldas cortas y las piernas suavemente depiladas. Lo primero que pensó, mientras giraba para sentarse en el sillón, fue como taparse; si cruzar o no las piernas, si cerrarlas o mejor ponerlas de costado, ambas paralelas. El Licenciado Alfredo mientras cerraba la puerta y de espaldas intentó olfatear el aroma del lugar; pues minutos antes le pareció sentir un extraño vaho.

 --¿Cómo estás Marita; qué tal tu semana?—Antes de contestar y, casi frenéticamente, intentó cubrir sus piernas tironeando de su falda. Alfredo sintió que mirarla la incomodaría pero no pudo contener el breve deslizar de sus ojos. Se extravió un silencio en la escueta, pero luminosa habitación—Bien Alfredo; pude hablar con mi madre—¡Qué Bien! Y; ¿Cómo estuvo la charla?—Marita siempre sospecho que le gustaba a Alfredo; aunque nunca se animó a decírselo algunas de sus actitudes la incomodaban y en su interior pensaba que debía acotar información para que Alfredo no tuviera el control sobre ciertas debilidades de ella –Bien; pero no quiero entrar en detalles—Alfredo creyó que en verdad su mirada la había intimidado y se culpó por ello.

                Consideraba a Marita como una paciente inestable y reprimida – Bueno; pero sabés que si no tocás ciertos temas en este espacio se nos va a hacer difícil avanzar— Irremediablemente Marita unió esas palabras en el encadenamiento de su ilimitada sospecha hacia Alfredo, esta vez más como hombre que como profesional. Alfredo intuyó que la estaba presionando demasiado y que eso podía tornarse contraproducente en la cura—Quería decirte algo Alfredo; no sé si voy a seguir viniendo—Las sospechas de Alfredo se confirmaban; Marita estaba presionada. Un crudo frio se le introdujo por dentro de su profesionalismo derrotado. Volvió a mirar sus piernas—Deberías considerarlo; avanzamos mucho en este tiempo, sería una lástima dejarlo ahora— Marita sentía cada mirada de Alfredo como una violación.

                 Lentamente los espacios del consultorio se le iban achicando y comenzaba a sofocarse. Alfredo esperaba que sus palabras surtan efecto en la decisión de Marita y, atento, esperaba una reacción positiva.

                 Marita sintió, claramente, una penetración sexual con la mirada fija e inmóvil del licenciado hacia sus ojos—Ya lo tengo decidido—Dijo corriendo la mirada hacia la ventana en un acto como indignado. Alfredo estaba por decir algo cuando Marita se paró violentamente. La exhalación en, casi, un quejido de Alfredo se escuchó a la par del sonido de la puerta que Marita abría estirando su mano derecha— ¡Esperá; no te podés ir así!—Ella cerró y salió raudamente pensando que Alfredo no quería más que su sexo.

                Alfredo se reclinó en su asiento y estirando las piernas, mientras llevaba sus dos palmas a la nuca; pensó que no era un buen profesional de la psicología y que Marita; caprichosa niñita, aún no estaba preparada para la terapia.  

***

Se estableció el concepto de hiancia como la no-relación entre causa y efecto, gracias a lo cual es posible definir al inconsciente desde un lugar ético y óntico.

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  • Yo desconfiaría de un psicólogo que me dijera que nunca tuvo problemas psicológicos, y no creo que Alfredo fuera peor profesional que Marita "paciente". Desconocía el concepto de hilancia, gracias por compartir conocimientos. Es un texto bien interesante, aunque has descuidado un poco el repaso a los despistes gramáticales. Lo siento, pero ya sabes que yo doy importancia a esas cosas.
    Escribe tus comentarios...Por aquellos lares tirais mucho de terapia, yo te recomedaría mejor a la terapeuta, que he tenido que tirar de geogle para entender algunas palabras. Ganas me dieron de decirle a la Marita que si no quiere que la miren que se tape, pero poco entiendo de terapias. Acá se llevan más los psiquiatras y ellos tiran de pastillas.
    Juampy, gracias por tu comentario a mi relato. Respecto al tuyo, te recomiendo la Terapia cognitivo-conductual...
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