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6 min
Pánico
Drama |
15.04.18
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Sinopsis

Con mucho gusto de haber compartido la cancha con PACO CASTELAO.

Pánico

En Abril volviste a la casa de tu padre con una carta en la mano. Resultaba que después de tanto tiempo decidiste que regresar a ver el brillo de su diente de oro no era tan mala idea. Claro que no fue así siempre. Sólo unos días antes te despertaste con las ganas de tomar asiento en la terraza y ver cómo fumaba su puro del noventa y siete, así como lo hacía en los viejos tiempos.

Llegaste a las siete de la noche. El domingo y la costa te recibió bien a pesar de que ya te habías acostumbrado al clima del norte. Pagaste con un billete de cien pesos y esperaste a que el taxista te viera directo a los ojos, descifrando el lagrimeo que surgía detrás de tus gafas con cristales sucios.

El viento soplaba fuerte y las olas rompían sobre las rocas. Creíste que por alguna razón llegaste hasta ahí por la inercia que siempre te había faltado. Sin embargo ya no te podías arrepentir y lo único que podías hacer para tranquilizarte, era llenarte los pulmones con aire salado. Diste el portazo y te acomodaste la mochila en el hombro.

El lugar seguía siendo como siempre. Los columpios oxidados por el tiempo, los escalones de madera y las palmeras con cocos. Todos te saludaron como si nunca te hubieses ido. Fuiste a las rocas que estaban en el borde del acantilado. Ahí te echaste para sacarte las botas.

Después de tanto tiempo te diste cuenta de que nada había cambiado. Eras tú. Ahí estabas después de haber contado los días como un loco hasta el punto de hacerte las marcas en tus brazos cuando se terminó la pared. Creíste que lo único que te detenía para vaciar tus pulmones en un grito era el susurro que ahí existía. En el mar, en las olas.

Te levantaste. El pasto se metió entre tus dedos. Metiste las manos en tus bolsillos, en donde siempre guardabas las envolturas de tus dulces cuando eras niño. El aire caliente aun hacía de las suyas para golpearte la nuca, como si te estuviera diciendo un secreto muy de cerca. Volviste a mirar hacia arriba, lleno de pájaros debajo de un cielo tostado.

Cuando por fin te acostumbraste a tu pasado decidiste que ya era tiempo de no ser un cobarde. Esa palabra que siempre te carcomía los huesos y los dejaba llenos de hoyos. Cobarde. Lo que siempre escuchabas cuando caían gotas de un monzón y veías el agua hecha culebras bajando por las tejas de granito rojo.

Recordaste el sol encima de la costa, la hierba llena de brillo, la tierra oscura por tanto beber. Los días en los que te levantabas de la tierra suelta para chutar la pelota se rendían a la noche. El tiempo en el que las gotas de sudor caían por entre las líneas de tu frente, esos segundos envueltos en ramales de hojas de trueno, emanaban dentro de un remolino de fuego para dejar un rastro lleno de ceniza de pies descalzos.

Te levantaste del suelo. Viste tus manos sudadas y la carta que iba en una de ellas. Dijiste que jamás la olvidarías en alguna parte aunque quisieras, que sería absorbida por los labios de tu padre cuando la leyera. Tuviste que ser valiente. Más que eso. Ser una bestia bufando sobre el vapor de la sangre de su presa. Caminaste hasta la puerta.

Soplaste y creíste que las nubes en el cielo se movieron.

“toc toc toc”

La espera te dejó exhausto. Cuando la puerta chilló también lo hicieron las voces dentro de tu cabeza.

“Corre. Camina veloz por las piedras con puntas del acantilado. Corre mientras llevas en las manos tus zapatos”

La puerta se abrió.

El viejo se develó. Sus ojos hundidos, su cara surcada por el flujo del tiempo, su voz rancia y casi podrida te intentó decir «hola». El hombre estaba delante de ti, acortando la distancia que tenía con la tumba al escuchar su corazón con pulsos de gigantes.

Tú, por otra parte, bajaste la mirada a tus pies como cuando tenías quince. Te protegiste un brazo con una mano extendida a la vez que escuchabas el susurro de la luna a tus espaldas.

“Sólo hazlo. Tus brazos han perdido territorio desde siempre. Se caen en el pasto y los chicos de la bahía vienen a levantarlos para usarlos como bates. Miran la pelota en cielo, escondiéndose en las bocanadas de bruma. Sólo hazlo.”

Lo abrazaste tan fuerte que pudiste jurar que los huesos le tronaron. Conque querías que ese momento durara, pero gran parte de ti, te ordenaba que escaparas para no ser víctima una vez más de la correa de cuero.

Te despegaste de él. Aun recuerdas su cara hecha una O inmensa. Asombro, euforia, miedo. Aquellas emociones se habían hecho una.

Lejos, te fuiste lejos. Su cara se quedó enmarcada con la moldura de la puerta. Tu padre miraba cómo te ibas de nuevo y pensó que jamás te volvería a ver. El muchacho de ojos negros y el cabello hecho huracanes se marchaba sin voltear atrás. Caminaste sobre el sendero al muelle. Sin mirar otra vez la cara del viejo que ahora estaría desdoblando la hoja de papel.

El muelle, desde siempre, fue el lugar de tus derrotas. Colgaste tus piernas mientras observabas el horizonte del Pacífico. Las olas se deslizaban en la arena, borboteaban entre los palos de madera, regresaban al mar enjuagando las penas a su paso. La noche te abrigó el cuerpo entero.

A medida de que la calma se reconciliaba contigo, sentiste la necesidad de saltar al mar porque creíste que algunas bestias sólo llevan el nombre. Bestias. Y que jamás podrías saber cuánto significaba temer a otra de diferente manera.

Una aleta se acercó a ti; del animal que emergía desde las profundidades para ser correspondido con una caricia. Del escualo acompañado por la eternidad de su soledad.

La bestia abrió sus fauces.

Abandonaste tus recuerdos bajo la sombra de la envergadura de una gaviota dispuesta a volar.

 

 

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Comentarios
Valoraciones
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  • A medida que la calma se reconciliaba contigo, sentiste....... que leerte es un placer, que las palabras son tus herramientas para hacernos sentir. Gracias Bella por tus relatos.
    Muy bueno
    Entré tanto en el personaje que me perdi. Ya no sé si salté o no. Muy bueno.
    Tan bello como tu nick. Felicitaciones.
    Me gusta cómo escribes Bella..., el texto está muy bien estructurado y cada párrafo rebosa emotividad...Un abrazo desde Madrid... :)
    Bella querida, que bien escribes!!!!
    Te gusta desmenuzar los sucesos en tus relatos, en éste, esa mezcla de tiempo pasado y presente es impresionante acompañado de esos fragmentos, te quedo por encima de bien, es decir, muy bien. Un fuerte abrazo Bella. Aquí reportándose: "Bala en el aire" :)
    Como siempre, un estupendo relato el que salió de tu pluma, Bella. Siempre es un placer leerte
  • Con mucho gusto de haber compartido la cancha con PACO CASTELAO.

    Ejercicio que consiste en hacer un texto en poco más de una hora, a la vez que pruebo otro estilo de lápiz.

    Este es un relato en colaboración. Annie tiene tanto corazón como imaginación, y aparte, corta el aire con su espada mientras se acomoda la capita. Nos complementamos para escribir esta historia para fundir nuestros estilos de escritura, y aunque no estamos en el mismo lado de la Tierra, las palabras han hecho lo suyo para salir de las sombras besándose los músculos. Espero que lo disfruten.

    Primera colaboración

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