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5 min
Pañuelo y lágrimas
Amor |
26.03.17
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Sinopsis

Por primera vez en su vida, lloró de felicidad por ella. Miles de lágrimas de sufrimiento después, Álex llenó su pañuelo de alegría. A pesar de todo, la seguía queriendo. No pensaba dejarla sola en esos momentos tan duros.

 

Helena se había quedado sola en el peor instante de su vida. Su novio desde hacía muchos años, le había dejado en cuanto se enteró de la enfermedad que la atenazaba. No quería tener que aguantar todas las consecuencias que eso acarrearía para su día a día. Por ese entonces, Álex, su antiguo compañero de clase, le habló por un chat para saber cómo estaba. Nada sabía ella del tiempo que llevaba él reuniendo valor para hacer aquello. De alguna manera, Helena se abrió con él y le confesó su dolencia y su soledad debido a la espantada de su novio. Álex llevaba años esperando que Helena se quedara soltera, noches y noches soñando con el reencuentro de los dos, estando solteros. Pero no había deseado jamás que así ocurriera. Él se ofreció para cuidarla pero ella se negó en redondo. No quería ser una carga para nadie. No importó lo que Álex insistió. Por supuesto no se dio por vencido y apareció en su casa sin avisar de su llegada, buscando por Internet su lugar de residencia. Tenía miedo de sobrar, de que no hiciera falta en su vida, de que ella le dijera que para que estaba allí si tenía a miles de personas que ya se ocupaban de ella. Pero no fue así. Helena estaba sola  en casa cuando Álex llamó al timbre. Había estado llorando y aun le quedaban surcos de esa lluvia humana en sus ojeras grises. En cuanto abrió la puerta y observó a Álex, lo abrazó atónita y encantada.

-¿Qué haces aquí? Llevaba años sin verte.

-No te vas a quedar sola, me da igual lo que me digas.

Helena no dijo nada más, pero sobraban las palabras. Lo besó en la mejilla reiteradas veces y lo hizo pasar a su casa.

Faltaba comida y la casa necesitaba una limpieza a fondo. Tan deprimida y sola se había quedado, que le daba igual todo: no comer, vivir entre polvo… Álex cogió la escoba y la fregona y dejó todo como los chorros del oro. Después bajó a la tienda más cercana, y con su dinero compró comida suficiente para un mes. Le preparó la comida y Helena tragó con un hambre voraz. Demasiado tiempo llevaba sin comer bien.

Así estuvo un mes Álex, yendo a su casa por las tardes para ayudarla con todo lo que estuviera en su mano. Pero un día, cuando hacía las nueve Álex se disponía a irse a su casa, Helena estalló en lágrimas.

-¡Helena! ¿Qué te pasa?

-No quiero quedarme otra noche sola. Tengo miedo. No me dejes.

-No me voy, tranquila.

Álex fue hasta ella, cogió su pañuelo, el que tenía desde que se lo regaló su abuelo cuando era niño, y le secó suavemente las lágrimas. Le acarició el rostro y le susurró:

-Nunca te dejaré sola, jamás.

Esa noche, ambos durmieron en la misma cama, abrazados y evitando que los malos sueños, las pesadillas, el miedo a la muerte que parecía tan cercana, se apoderaran de la mente de Helena. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, durmió ocho horas seguidas, sin despertarse sudando miedo y soledad.

Así que, Álex llevó sus pertenencias a su casa. No pensaba volver a irse. La única manera de que dejara a Helena es que ella le pidiera por favor que se fuera, que no le quería ver más, por alguna razón. Pero no parecía que eso fuera a ocurrir.

De esta manera, Helena y Álex empezaron a vivir juntos. Pero él estaba deseando confesarle su amor de toda la vida, pero tenía miedo que ella no quisiera que le cuidara alguien que tenía esos sentimientos.

Se pasaban el día jugando a juegos de mesa, hablando de muchas cosas, viendo la televisión. Siempre juntos, abrazados. El contacto físico, el cariño demostrado por Álex la ayudaba mucho. Necesitaba sentir en sus carnes que alguien la quería, que a alguien le importaba que siguiera con vida. Le daba ánimos para luchar por superar la enfermedad.

Un día, Álex decidió soltarle todo el caudal de sentimientos que cada día más, amenazaba con desbordarse. Así que, le cogió de las manos, arropados como estaban bajo las mantas y se lo soltó todo. Como la había amado en secreto desde hacía tantos años, que todavía estaba enamorado de ella. Helena se quedó en silencio un tiempo. No sabía que decir. Álex salió rápidamente al paso y le dijo que no pasaba nada, que le iba a cuidar igual. Helena siguió sin decir nada y poco a poco fueron volviendo a la normalidad. Pero algo no volvió a ser lo mismo.

Un mes más tarde, Helena se acercó hasta él, lo cogió del pelo y se hundió en su hombro. Le dijo que también lo quería, que todo lo que había hecho por ella la había enamorado. Tras eso, le dio un largo beso en la boca. Álex se excusó un momento y fue al baño.

 

Álex sacó su pañuelo, el de su abuelo. Por primera vez en su vida, lloró de felicidad por ella. Miles de lágrimas de sufrimiento después, Álex llenó su pañuelo de alegría. A pesar de todo, la seguía queriendo. No pensaba dejarla sola en esos momentos tan duros.

 

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Estudiante de Periodismo. Intento de escritor. Intento de periodista.

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