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15 min
Parking - II
Terror |
07.08.18
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Sinopsis

Algunas leyendas...

Eran las cinco y cuarto de la mañana y el teléfono del inspector Santos, no dejaba de sonar. La noche había sido larga debido a informes atrasados y algún que otro caso que le quitaba el sueño, pero, por si fuera poco, esa llamada sumaría más trabajo sobre él.

- Dime. – Contestó serio, al ver que se trataba del número interno de la comisaría.
- Jefe, es necesario que salgas echando leches hacia Cambium, el centro comercial que se encuentra a las afueras. Nos informan de un muerto y una persona en estado de shock, se trata de personal de seguridad del centro.

Inmediatamente, no sin antes mal vestirse y coger el primer zumo que encontró en la nevera, el inspector salió en dirección al centro comercial. Se trataba de un centro comercial bastante moderno, ya que hacia menos de un año que se había producido su apertura y aunque a las afueras, atraía a bastante gente por su gran variedad de tiendas.

Al llegar a la zona, se topó con un gran dispositivo de seguridad que sus compañeros habían establecido por las entradas al mismo y cuyo cordón de seguridad, se veía rodeado de algún que otro curioso, que a pesar de la temprana hora, parecía poder más un cotilleo que el sueño.

- Inspector, por aquí. – Decía su compañero al verlo traspasar la línea de seguridad previa identificación.
- Se trata de dos de los tres vigilantes que hacían la noche. Por ahora hemos revisado las cámaras y se ha procedido a la detención de uno de ellos. Ahora mismo está la científica abajo, a la espera de que llegue el forense.
- ¿Dónde ocurrió? – Preguntó Santos, mientras caminaba de forma apresurada junto a su compañero hacia la sala de control.
- En el parking menos dos, lo bueno para nosotros es que todo ha pasado debajo de una de las cámaras y eso como ya sabrás facilita bastantes las cosas.

Al entrar en la sala de control, vio al vigilante detenido sentado al fondo, en un cuarto aislado, sin parar de llorar.

- El no puede estar aquí. Que baje un zeta y lo lleve inmediatamente a la comisaría, coge las grabaciones y cuando el forense llegue y levante acta, nos vemos allí. ¿El otro vigilante vio algo?

- No, se trata del vigilante que se encontraba en las rondas perimetrales con vehículo. Cuando tocó la hora de rotar puestos, le extraño que nadie contestara a la emisora y sobre todo que nadie procediera a abrirle el acceso. Cuando nosotros llegamos tras su llamada, el se encontraba aquí de fuera sin poder entrar aún. Hemos tenido que entrar por la fuerza por unas de las puertas del subterráneo.

- De todas formas, si no lo ha hecho aún, tómele declaración.

Antes de irse, Santos bajó a lo que, por el momento, era la escena principal de lo que parecía ser un asesinato. El cuerpo sin vida del vigilante de seguridad yacía en el suelo frente a la cámara mostrando una imagen dantesca. Con ambos codos fracturados y el cráneo hundido por varias zonas, dejaba entrever restos de masa encefálica por el suelo y mucha sangre que impregnaba una de las paredes cercanas.

A falta de ver las cámaras, estaba claro que había un ensañamiento bastante notable en aquel escenario.

Una vez finalizado su labor en aquel lugar, puso rumbo a comisaría, sabiendo ya de antemano que el día se presentaba tedioso.

- Soy el inspector que va a llevar tú caso. No voy a hacer ni de poli malo, ni de poli bueno. Quiero saber que es lo que ha pasado ahí dentro. No he visto las grabaciones y no las voy a ver, hasta que tú me cuentes que es lo que ha pasado. Pero si te digo la verdad, de esta conversación saldrá gran parte de tú futuro y estando hasta donde estas de mierda, si quieres un consejo, cálmate y habla. – Le explicaba el inspector a Fabian (el vigilante de seguridad detenido) sentado frente a él en aquella sala de comisaría en la que solo se encontraban ambos.

Fabian miraba hacia cada lado de aquella habitación con los ojos anormalmente abiertos y rojos por las lágrimas que había derramado desde la noche anterior. Cuando consiguió centrar su mirada perdida en el inspector, se calmó lo suficiente como para comenzar a recordar que es lo que había vivido…

                                                    
                                                                Seis horas antes.

- Otra noche más juntos aquí eh. – Le decía Jorge a su compañero de trabajo Fabian, con un más que notable cansancio.
- Y da gracias – Respondía Fabian sin intención en ese momento, de entablar ningún tipo de conversación.

La noche transcurría con normalidad. La zona aledaña era tranquila y nunca se presentaban problemas nocturnos, por lo que, a pesar del sueño, era un turno bastante llevadero y sencillo. Aunque en ocasiones, la carga de cansancio acumulado al llevar varias noches seguidas podía hacer mella.

- Bueno voy a comenzar la ronda antes de hacer el cambio con Luis.
- Avísame y te enciendo alguna zona.
- No tranquilo, me llevó la linterna, aun así, si hiciera falta te lo digo. – Le comentaba Jorge a su compañero antes de salir del cuarto de seguridad para perderse por aquellas dos plantas y parkings.

Jorge caminaba con tranquilidad y mucha atención a cada palmo de aquel centro comercial. Era muy atento en sus labores y en parte, por ello, era de los trabajadores que más tiempo llevaban en plantilla. Se conocía aquel centro como la palma de su mano. Anteriormente, prestaba servicio en un museo, pero la apertura de este centro comercial prácticamente al lado de su casa, le dio la oportunidad de mejorar de manera notable su calidad de vida y sin dudarlo, lo había aprovechado.

Salió del ascensor en el parking menos dos, con la linterna apuntando al frente y tarareando una canción que había escuchado en la radio durante varios días seguidos. Hasta que el foco proyectado por su linterna se entrecortó, como si alguien lo cruzase. Jorge guardo silencio, y tras avanzar un par de pasos más, se detuvo totalmente.

Le había dado la sensación de que en aquella oscuridad que quedaba fuera del halo de la linterna, algo se había movido, dio una pasada de luz de lado a lado, pero nada de nada. Continúo caminando, esta vez en silencio hasta que un silbido suave, rompió su calma. Rápidamente se giró hacia la zona de la cual creía que procedía, pero seguía sin ver nada que le llamara la atención.

- Fabian, si me copias, enciéndeme el parking menos dos, por favor. – Concluía por la emisora Jorge, en medio de aquel parking oscuro, iluminado únicamente por la linterna y algún cartel de salida de emergencia.
- Fabian, necesito que me enciendas el parking menos dos. – Repetía por segunda vez ante la falta de respuesta de su compañero.

                                                                Sala de control.

Fabian se encontraba mirando las cámaras y tomándose un café que lo mantuviera con energías, pero no escuchaba nada, su emisora no recibida nada.

De repente observó por cámaras, como el parking menos dos se encendía y comprobando las opciones de alumbrado desde su ordenador, confirmó que rezaba como apagado.

- Jorge, ¿tú has encendido el automático? Creo que me esta dando fallos, el alumbrado aquí arriba.
- Jorge, ¿me escuchas?



                                                               Parking menos dos.

Por fin, se decía para sí mismo Jorge al ver que el parking se encendía por completo. Pensando que, aunque había tardado, finalmente Fabian había dado con la tecla. Apagó la linterna y comenzó a mirar prácticamente columna tras columna, convenciéndose cada vez más, de que habría sido un efecto sonoro de las tuberías o algo similar, ya que allí abajo, solo se encontraba el.

Las tuberías mediante el aire podía crear sonidos extraños, él lo sabía. Así que continúo caminando hacia el otro lado del parking. Aquel parking subterráneo, aun encontrándose encendido, desprendía un aura de intranquilidad. Cuando estaba llegando al otro extremo, escuchó lo que, para él, serian unas risas de niños.

- ¿Hay alguien ahí? – Gritaba Jorge, con voz firme y segura.

Y de nuevo el silencio, un silencio que transmitía respeto. No era un hombre temeroso, ni si quiera asustadizo, pero, sin embargo, la situación comenzaba a intranquilizarle.

- ¡Joder! - Exclamó en voz alta, dando un respingo, cuando por su espalda y muy cerca de su oído derecho, escuchó una respiración, llegando a sentir prácticamente el vahó de alguien.


                                                             Sala de control.

- Aquí…. …jo …p    ….algo.
- Lla….

- Jorge no te copio bien, ¿qué pasa? Se escuchan muchas interferencias, no sé que dices, muévete.
- Jorge, ¿me estas copiando? Muévete.

Fabian se intranquilizaba en aquella sala llena de pantallas, sin saber exactamente que hacia su compañero allá abajo.

- El móvil, lo llamo al móvil que seguro se lo llevó. – Pensó Fabian, y cuando fue a sacar su móvil de la mochila, algo tras el cristal tintado, que separaba la sala de control del pasillo exterior le llamó la atención.

Muy despacio, una sombra avanzaba por fuera, cruzando de lado a lado del pasillo. Una sombra alta, a la cual no podía distinguirle rasgo alguno. Una sombra que se perdía por el pasillo que iba en dirección hacia los parkings, que tras el cristal la podía observar, pero que la cámara exterior, no le mostraba.

Fabian sin pensarlo, descolgó el teléfono de la centralita y marcó el número de la policía. Sudando, nervioso por lo que había visto y por lo que no, se desesperaba maldiciendo el porque tardaban tanto en contestar.



                                                              Parking menos dos.

Plof, plof, sonaban los focos desde el final del parking menos dos, que se iban apagando poco a poco en dirección hacia Jorge, que nervioso, comenzó a caminar de espaldas poco a poco, hasta que el sonido de un andar, capto su atención. Sonaba el andar de unas pezuñas, caminando por aquel suelo, que tanto eco producía en aquel silencio. Perplejo, levantando la vista hacia donde se escuchaban los pasos, vio como lo que parecía ser una cabra aparecía de detrás de una columna, más concretamente un chivo de pelaje negro muy oscuro. Ojos inyectados en sangre, y clavando su mirada en él, fue testigo de cómo aquel chivo, sin explicación alguna, comenzó a erguirse sobre sus patas traseras, provocando al mismo tiempo, que los focos comenzaran a apagarse más rápido hacia la dirección del vigilante.

De pronto, aquellos pasos se tornaron en pasos humanos que se aceleraban en dirección a Jorge. Los focos cada vez se apagaban más rápido y con aquella oscuridad unos pasos comenzaban a escucharse cada vez más y más rápido, como si alguien o algo, corriese hacia su dirección.


Jorge no lo dudó y comenzó a correr, sentía tanto temor, que no era una carrera por llegar, era una carrera que bien podía valer su vida. Y la oscuridad lo alcanzó, casi a la misma vez que el parking se quedaba totalmente a oscuras, Jorge se tropezaba y caía de rodillas.

La sorpresa al levantarse fue que todo su alrededor había cambiado. Y ante él, en vez de vislumbrarse aparcamientos vacíos y oscuridad, se levantaba lo que parecía ser un poblado, de casas muy antiguas hechas con maderas y paja. Inmóvil, notaba como desde su espalda, procedía una luz menguante, de tonos rojizos.

Girándose poco a poco mientras se incorporaba, notaba como los temblores de su cuerpo, se adueñaban de él. Nunca había vivido nada similar, bien conocedor era, que, desde la apertura del aquel centro, su parking menos dos, siempre lo habían envuelto en leyendas y alguna que otra vivencia contada por compañeros, que él nunca creyó, hasta hoy.

Al girarse por completo, pudo ver lo que parecía ser una hoguera, con unas quince o veinte personas alrededor de ella, todas en absoluto silencio y vestidas totalmente de negro. Pero aquel silencio, lo rompió un grito desgarrador, un grito de dolor que provenía de aquella hoguera. Hoguera sobre la que se alzaba una cruz de grandes dimensiones, en la que crucificada, una joven gritaba mientras las llamas comenzaban a crecer y apoderarse de su cuerpo, siendo visibles, como en sus piernas se comenzaban a crear ampollas que las altas temperaturas creadas por el fuego, hacían inflarse en la piel.

Petrificado y totalmente inmóvil, vio como desde detrás de la cruz, aparecía aquel chivo, de pelaje totalmente negro y al cual parte de la luz proveniente de las llamaradas, alumbraban mitad de la cabeza, mostrando el ojo derecho, aún rojo, como el acero, mirándolo fijamente.

Despacio e intentando mantener la poca calma que le quedaba en sus adentros, comenzó a dar unos pequeños pasos nuevamente hacia atrás.

- ¡TÚ! – Gritó la joven que ardía en la hoguera, pero no con voz de mujer, si no con una voz sobre humana, una voz ronca y lejana, dura y desgarradora. Jorge, impactado miró a la joven, que lo miraba fijamente, mientras le brotaban borbotones de sangre por la boca y dibujaba en su rostro lo que parecía ser una sonrisa.

Las personas que se encontraban a su alrededor, miraron todas hacia Jorge y comenzaron a caminar hacia él, sin parar de repetir todas lo mismo, todas a la misma vez.

- Pater Noster, qui es in caelis, 
sanctificétur nomen Tuum, 
adveniat Regnum Tuum, 
fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra….




                                                         Sala de control


Fabian había colgado rápidamente el teléfono después de que la llamada no diera resultado.
 
Nervioso, llamaba por la emisora a su compañero, en el momento en que por un de las cámaras del menos dos, pudo observar como aquella sombra, que esta vez si se reflejaba, ya había llegado al parking. Impotente por no poder comunicarse ni con Jorge ni con Luis, (que era el compañero que se encontraba en las rondas perimetrales) decidió que algo tendría que hacer. Rápidamente cogió su defensa y fue el momento en el cual, la cristalera que separaba la sala del pasillo exterior reventó en pedazos que salieron dispersados por toda la sala.

A pesar de la cantidad de pequeños cristales que habían salido literalmente disparados, Fabian solo sufrió unos cortes en las manos, al cubrirse la cara. Cogió su defensa y salió corriendo de la sala de control, como si fuera lo último que haría. No sabía lo que se encontraría, pero sabía que su compañero lo necesitaba.

A pocos metros del acceso al parking menos dos, se escuchó como algo metálico caía al suelo, revotando en el varias veces, antes de detenerse. Fabian se dio la vuelta y al mirar, comprobó que se le había caído el pequeño crucifijo que siempre llevaba colgando en su cuello. Sin volver atrás prosiguió su camino y cruzó las puertas que lo separaban de su compañero. Tras cruzarlas, vio como ante él, aquella silueta oscura se encontraba de espaldas ante el…

                                                          - Horas más tarde…

El inspector Santos, salió de la sala de interrogatorios sin conseguir que Fabian apenas articulara palabra. Cada vez que intentaba hablar, se inundaba nuevamente en lágrimas. Santos, se dirigió hacia la sala de grabaciones y solicitó a uno de sus compañeros la visualización que había captado la cámara del parking horas antes, en aquella extraña noche.

Se podía ver como Jorge, caía al suelo y al reincorporarse comenzaba a mirar a su alrededor como si alguien más estuviese allí con él. Seguidamente por las puertas que se encuentran tras él, se ve aparecer a Fabian que defensa en mano, se acerca por su espalda y propina un duro golpe a Jorge en la cabeza, provocando que caiga desplomado, mientras Fabian se ensaña nuevamente a golpes con él.



                                      Algunas leyendas, cuentan historias que nacen de los propios miedos. En otras ocasiones advierten de verdades, que aunque inertes, prosiguen vivas en el tiempo.

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