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3 min
Paseando a solas tras el ocaso...
Terror |
05.09.06
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Sinopsis

Pasear a solas tras el ocaso siempre fue mi pasatiempo preferido. Era una cálida noche de agosto, como de costumbre y no sin antes haber abastecido mi mochila de tabaco suficiente como para que el primer rayo de sol no me sorprendiese sin un cigarro en la boca, salí de casa para, como a mi me gustaba decir, contar estrellas, aunque la verdad es que nunca conté más de media docena.
El reloj de la casa consistorial anuncio las once
de la noche, once y diez pasadas en realidad; no recuerdo un solo día en que la campana de aquel trasto coincidiese con las manecillas de mi reloj.
Caminaba deprisa, quería dejar atrás las espectrales calles de la villa, llenas de susurros, sombras, lamentos, llenas de odio, de sangre muda y eterna. Mi destino como cada noche era la angustiosa paz del cementerio; únicamente cuando mis costillas reposaban sobre las frías y duras tejas de la capilla del camposanto me sentía un poco menos infeliz.
No sabría decir por qué me apasionaban aquellas visitas nocturnas a la casa de los difuntos. Tal vez por el mero hecho de asomarme a la verja y observar, agarrar con mis manos los oxidados barrotes y bajar la guardia. Sentir el palpitar de mi corazón en cada milímetro de mi anatomía, no tener que demostrar a nadie que no tenia miedo, temblar, disfrutar de aquella maravillosa ráfaga de sentimientos.
¿Era feliz porque cada noche podía comprobar que era capaz de emocionarme? Ahora se que no. Lo que me hacia sentir así era saber que tarde o temprano pasaría a formar parte de aquel sepulcral paraíso de mis sueños, lo sabia pero nunca me quise dar cuenta de ello. Lo que ignoraba es que iba a ocurrir mucho antes de lo que esperaba. Aquella fue mi ultima noche terrena.
No existe el cielo así como tampoco hay infierno, no obstante, si que hay una eternidad, una existencia perpetua entre los muros de un cementerio, una perpetuidad incorpórea mientras lloras sobre mi tumba, noche tras noche.
-Yo también te quiero vida mía, no llores mas o vas a conseguir que me arrepienta de todo. No me hagas esto, solo tengo veinticuatro años y toda una vida por delante. No llores mas, yo también te quiero.
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