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7 min
Pastorcillos zombies 07
Humor |
03.11.12
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Sinopsis

Vuelco al corazón número... no sé, ya he perdido la cuenta.

 

No tengo a dónde ir, camino despacio pensando, cuando oh sorpresa y divina providencia, me encuentro de bruces con un coche abierto de par en par con las llaves puestas. Está un poco empotrado contra otro, pero espero que arranque. El volante tiene algo de sangre aunque a estas alturas no me voy a poner exquisito. Pero lo primero es lo primero y hemos dicho que no hay que cometer errores, así que miro bien que no haya nadie escondido en el asiento de atrás. Despejado. Me monto, Katy detrás, me pongo el cinturón recordando una de las normas de Zombieland y arranco. Es un Audi A1, como el de mi tío pero en blanco. Siempre he pensado que los coches blancos solo los compran los que son del Madrid, y los de otros colores los que son del Barça. Puede parecer una idea absurda pero igual no ando desencaminado eh, habría que hacer un estudio. Suena perfectamente. Me gustan los coches, y conducirlos. Pero no tengo a donde dirigirme, solo se me ocurre ir a buscar a mi hermano, su facultad no está muy lejos.

 

Conduzco por las calles de mi barrio desiertas de personas normales. Solo me cruzo con caminantes salpicados por las aceras y la calzada, a los que esquivo con cuidado y sin problemas. No tienen nada que ver con los infectados de las pelis de Danny Boyle, son mucho más lentos, apijotados, más tipo Shaun of the Dead, una de las más divertidas que he visto, que aquí llamaron Zombies Party, dime tu a mi el sentido que tiene traducir un título por otro en inglés que no tiene nada que ver. En serio, algún día me gustaría conocer al que se encarga de estas cosas.

 

Al pasar por delante de la iglesia de Santa Clara me encuentro una imagen que hace que se me escape una sonrisa. Todos los años, por Nochebuena, la parroquia monta un Belén viviente con gran aceptación de crítica y público, yo una vez hice de soldado romano. Bueno, pues ahora mismo podríamos llamarlo mejor Belén muriente jejeje, ¡menuda tontería!, pero ¡qué siniestros los pastorcillos zombies!.

 

San José está plantado en medio de la carretera. Le conozco, es el del kiosko, un tipo muy asqueroso, que parece que no le gusta que le compren. Le pito como a las vacas en el pueblo, como si se fueran a apartar, a ver son zombies, y lo que hacen es venirse con cara de indignación hacia mi coche. Echo un poco marcha atrás, paro y digo en voz alta, como para mi público, "no queda otra", piso a fondo y a tomar por culo San José y la Virgen, que estaba detrás.

 

Ya estoy llegando a la zona de las universidades. No sé por qué me paro en los semáforos si no he visto todavía ni un coche en circulación. Y yo tan tranquilo esperando a que se ponga en verde cuando ¡PAM! un joven surge de la nada lanzado contra el capó de mi Audi. Vuelco al corazón número... no sé, ya he perdido la cuenta. Y encima por un milisegundo siento como si lo hubiera pagado yo y estoy a punto de gritar "¡Qué me lo abollas hijo de...!" y salir del coche y soltarle dos guantazos.

 

Y en eso estoy cuando me doy cuenta de que el colega... ¿es mi hermano?, ¡qué casualidad oye!. Viene con una chica rubia, bastante guapa, la típica universitaria de gafitas de pasta negras, así como hipster. Se montan creo que sin darse cuenta de que quién soy.

 

- ¡Joder, qué haces tu aquí! - Dice mi hermano ya sentado.

- Pues ya ves.

- ¿Pero qué ha pasado? ¿qué es toda esta mierda? ¡que la universidad parece el puto Resident Evil! ¡hemos escapado de milagro! ¿han dicho algo en la tele?

- Pues prácticamente nada. Anoche cortaron la programación a las ocho o así para decir que estaba teniendo lugar una catástrofe sin precedentes y no sé que mierdas más, sacaron una imagen de un caminante atacando a un cámara de televisión y tal y cual y entonces se cortó la emisión, se puso la pantalla en azul y creo que no ha vuelto a salir nada.

- ¿Y la radio? - me pregunta mientras enciende la del coche.

- No sé, no he probado, pero no creo que...

 

Nada, solo ruido.

 

- ¡Joder!, ¿y qué hacemos?, ¿a dónde vamos? He llamado a papá y a mamá y no me lo coge ninguno de los dos. Y llevamos sin comer nada desde ayer.

- ¿Pero los móviles funcionan?

- Pues sí, a ver, ¿por qué no iban a funcionar? no creo que a estos hijosdeputa les de por morder cables o derribar torres.

 

Mi hermano tiene razón, es uno de los sinsentidos de las pelis del género, lo de que no se llamen entre ellos, ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?

 

- Tío, en serio, me muero de hambre, ¿no tienes algo por ahí?

- Qué va macho, he perdido la mochila donde había metido un montón de latas y de historias. Pero vamos a parar en esa gasolinera que parece tranquila, que este coche está sequito.

 

Entro despacio y paro junto al primer surtidor. Y sin bajarme ni tan siquiera quitarme el cinto saco mi móvil del bolsillo del pantalón y leo entre dientes:

 

- 14 llamadas perdidas

- A ver, ¡no sé por qué lo llevas siempre en silencio!

- ¡Julia!

- Eh ¿Quién es Julia? - pregunta mi hermano con los ojos como platos y media sonrisa en la boca.

- Una amiga - respondo superseco.

- ¿Y qué haces que no me la presentas?.

- Tú tampoco me has presentado a la tuya.

- Joder, es verdad, Miriam Alfonso, Alfonso Miriam.

- Encantado - La digo girándome solo un poco hacia el asiento trasero dónde está la chica rubia con Katy en su regazo, extendiendo una mano sin soltar el móvil con la otra ni despegar de él la mirada solo un segundo. - Entrad y coged todo lo que podáis, sobretodo latas y bebida, y mucho cuidado, llevate ese barrote que tengo ahí detrás.

 

Continuará...

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