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3 min
Pederasta y Asesino
Drama |
09.02.20
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Sinopsis

Un caso más sobre abusos deshonestos cometidos contra niños, por personas consideradas por éstos como referentes.

-¡No, no, no...! --gritaba Nico huyendo por la solitaria galería del piso superior del internado. Le perseguía don Pedro, el cura. El niño de nueve años, gordito, se encaramó al gran ventanal y puso los pies en el pretil. El estómago se le subió cuando vio a sus pies el patio a más de veinte metros. Sintió mareos por la altura. Se agarró con fuerza a la cruz de hierro que estaba a su lado. Y lloró de miedo y confusión.

Después de la misa, don Pedro le había dicho que lo esperara en su despacho, mientras él despedía a un grupo de mujeres. Y el niño aprovechó para curiosear en el ordenador del cura. Insertó un pendrive rojo que había en la mesa, pensando que era un juego, y lo que descubrió lo dejó paralizado. Cientos de fotos y vídeos de niños y niñas desnudos en poses obscenas, entre los que reconoció a algunos de sus compañeros. No se lo podía creer. Imaginó las oscuras intenciones del cura. Extrajo el pendrive del ordenador y al darse la vuelta se encontró con don Pedro que venía hacia él. Nico salió corriendo del despecho. El cura lo persiguió, maldiciéndolo.

Don Pedro asomó la despeinada cabeza por el ventanal. Parecía un loco. Escupía entre dientes palabrotas llenas de amenazas. Estiró el brazo para darle alcance. Nico huyó unos pasitos más por el pretil, a punto de caerse. Las gentes que estaban en el patio gritaron histéricas.

-Tranquilo, Nico. Dame el pendrive y suelta la otra mano. Yo te sujetaré. No te pasará nada...

Nico lloraba, mareado. Las piernas flojas. No quería morir. Indeciso, le alargó el dispositivo y se soltó de la cruz de hierro. Quedó colgado de sus brazos. Pataleó en el aire, gritando de terror con los ojos desorbitados. El cura esbozó una mueca satánica. Luego desprendió uno a uno los pequeños deditos que se agarraban a sus manos con una fuerza increíble, y lo soltó al vacío. Nico murió al instante.

--La madre era una prostituta que murió de sobredosis. A  Nico lo trajeron al centro con cinco años. Muchas veces comentó que tenía ganas de suicidarse para estar con ella en el Cielo. Era un buen chico. Que Dios lo tenga en la gloria --comentaba don Pedro, con cara de santo, en la tertulia de la tele.

 

 

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