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4 min
Perderte.
Amor |
18.12.13
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  • 802
Sinopsis

Un relato que por desgraci puede llegar a ser verdad.

Aquella chica se merecía que no simplemente la desvistiera con la mirada. Nunca había visto unos ojos tan brillantes una mirada que te conquistaba con sus largas pestañas. Era el primer día que la veía, se sentaba en la mesa de al lado de mi amiga, la cual nunca me había hablado de esa maravilla. Cuando sonó el timbre me acerqué a saludar a mi amiga para así tener una excusa y verla. Cuando sonó el timbre me acerqué a saludar a mi amiga para así tener una excusa y verla. Así todo empezó de vez en cuando nos veíamos por los pasillos y cambios de clase, ella incluso a veces cuando la guiñaba el ojo se ruborizaba resaltando así más sus pómulos.En la cafetería tuve el valor de sentarme con ella. La empecé a hablar de las clases y así entablamos una coneversación que nunca olvidaré. ¿ Cómo unas palabras tan duras podían salir de unos labios tan dulces? ¿Cómo con una   sonrisa me hacía sentir de aquel modo? No lo entendia sabía que algo que nunca había sentido recorría todo mi cuerpo, hacía que me pusiera nervioso, que me quedará sin palabras, que riese sin motivo... Nos fuimos conociendo poco a poco, no tenía prisa, no como con otras, no me cansaba de escucharla, de entenderla, no me enfadaba con ella por tener otras ideas, no criticaba sus pequeños defectos... solamente tenía ganas de volver a verla.Un día tuve el valor de quedar con ella fuera de la facultad y así conocerla en otro ambiente. Esa tarde fue tal y como la imaginé: paseamos, reimos, tomamos un par de cervezas, hablamos de todo... Ya teníamos la suficiente confianza para contarnos nuestros secretos más profundos .La acompañé a casa y allí sin saber como tuve el valor de decirla que me besara. Ella acepto. Nunca había besado así a nadie, era un sentimiento tan humano que sentí como mi corazón se aceleraba ante aquella sensación de miedo.Fueron pasando los días, semanas y meses y cuando nos dimos cuenta ya había pasado casi un año de aquel afortunado día en que no solo pensé en desvestirla. Conocí a su familia gente realmente agradable, buena que no se merecía ningún desprecio. Pero aún así eso no evitó nada de lo que pasaría. Siguió pasando tiempo, los días más felices junto a ella.Esa mañana me desperté con verdaderas ganas de verla, esa semana no nos habíamos visto, apenas hablado. Lo malo de aquel día es que había nubes y tenía toda la pinta de llover. Típico día de invierno.Ella se retrasaba ya media hora y entre sus pequeños defectos no se encontraba la impuntualidad. Extraño. El móvil apagado. Pasaba ya una hora, decidí ir a su casa. Cogí mi coche y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Llegando a su casa la sensación empeoraba, no sabía que pasaba. Me abrió su hermano pequeño, el cual con lágrimas en los ojos nobtuvo que decirme nada para darme cuenta. Mi cabeza relacionó todo. Aquel accidente que vi cuamdo venía a su casa tenía más importamcia de la que le había dado. No me lo creía. Miles de sensaciones recorrieron mi cuerpo. Maldecí todo lo que conocía. Mis pensamientos eran confusos. Me culpé, la culpé, culpé a tantas personas. Me sentí destrozado en tan solo unas milésimas, sentí que nunca volvería a ser feliz. Lo peor fue el sentimiento de no volver a verla, no volver a abrazarla ni besarla, no oir su voz, no ver su sonrisa , no perderme más en su anatomía. Ya no habría unos ojos que iluminasen mi vida. La vida va pasando y tu no estás, los días van pasando y tu no estás, los años van pasando y aún me cuesta recordarlo. He dicho tantas veces que ojalá nunca hubiese conocido tu nombre, pero me arrepiento de pensarlo. Nunca más he vuelto a tener aquella sensación de humanidad. Nunca he mirado a nadie de aquella manera. Cambió mi vida... te la llevaste tú. Te quiero como el primer día que llegaste a mi vida.
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