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5 min
A medias
Reflexiones |
15.02.22
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Sinopsis

Me fui sin avisar, en silencio como es el mandato del héroe. Porque si avisaba iba a tener la sensación de querer que me detengan, que digan “espera un momento y hablemos”. Pero entiendo que la única partida posible son sin pláticas, sin saludos de por medio y sin resentimiento alguno.
Entonces comencé a caminar por la calle con un pesar sobre los hombros mientras conservaba  la respiración a un ritmo cansino y pertinaz. Me dirigí sin dirección, a esa hora la ciudad no estaba tan concurrida y el eco de las suelas de mis mocasines chocando contra las baldosas de la vereda, retumbaban enérgicamente. Me había hecho la idea que a veces las cosas no salen como queremos y que poner la otra mejilla cuando alguien te golpea con verdades tan fuertes, no es fácil.
Pienso que aún hay personas dispuestas a darlo todo a cambio de nada. Como era el caso de Marcia. Sin embargo, no soy el mismo de hace algunos años y no quiero descargar mis frustraciones en otros, gritándoles y maltratándolos sin un -¿por qué?- ya que no es ni siquiera una cuestión personal lo que me ocurre. Lo cierto, es que no maduré. Y en eso mismo insistía Marcia diciéndome –en una relación no puede ser siempre cincuenta y cincuenta, hay veces que son ochenta y veinte, tocándote dar un poco más o viceversa -  tal vez debí comunicarme más y ser comprensivo. No era tan transparente como ella. La duda falsa que rondaba en mi cabeza de que no estaba preparado porque perdería la libertad, no me dejaba actuar claramente.
Ya en aquel momento, cuando nos conocimos con Marcia no me gustaba abrirme a mis emociones y mucho menos hablar sobre mis problemas, pues creía que todas las personas tenían demasiados en su día a día para tener que exponer los propios. Además, tenía la creencia de que -¿A quién le interesarían los problemas de otros? si al final de cuenta te responderían que todo se solucionaría y mejoraría con el tiempo, solo tendrías que tener paciencia -Qué equivocado que estaba - en cambio, si conversábamos del futuro idílico que tendríamos juntos si nos casábamos. 
Ella era una mujer que siempre brillaba por mérito propio. Se crió en un hogar limitado, donde su padre faenaba carne. Comercializar reses descuartizadas era algo que le molestaba y por tal motivo comenzó a comer vegetales y granos. Siempre sintió que pertenecía a una familia de parias.
Por mi parte, crecí viendo a mis padres superando cada obstáculo que se les presentaba en la vida. Claro que sí, aunque todos creían que vivía en otra galaxia por mis caprichos a los sables láseres y a las historias relacionadas con Star Wars. Pero cada mañana me daba cuenta que ellos se levantaban con energía y ánimo para darme lo mejor.
Sin embargo el matrimonio con Marcia fue difícil y el divorcio también. Durante la convivencia muchas cosas dejaron de importarme, hasta las actividades que hacía o dejaba de hacer ella, dejé de preguntarle por su día y ella paulatinamente también renunciaba a contarme. Aunque sí me importaba que se preocupara por mí, tenía esa necesidad de no sentirme igual a otros, de que sí era prescindible en su vida a pesar de que a ella no le hiciese falta mi presencia. Porque así era. 
La vida no es sencilla y siempre hay aspectos difíciles que enfrentar. Debería haber un momento en la vida cuando no te gusta tu forma de ser para poder cambiarlo; como cambiarías cualquier producto por un tiempo limitado y con un ticket. Así, al devolverlo e intercambiarlo por otra actitud podrías continuar alegremente.  Pero la realidad no funciona de esta forma, sino que tienes que apretar los dientes, tranquilizarte, estar receptivo al otro y responsabilizarte por tus acciones.
Siempre tuve miedo de estar a su altura, me estresaba demasiado por algo antes de que ocurriera. Un día estaba feliz y al otro día tenía la sensación de que me apuntaban con un revolver en la cabeza, pero era mentira, eso era parte de mi inseguridad. 
Ha pasado un año y medio que nos divorciamos y desde entonces no hemos hablado. Ahora camino por Rondeau y me detengo en la esquina con Independencia porque mi panza relincha. No relincha de dolor sino de hambre. Observo que en la vereda opuesta, cruzando la calle se ubica una pizzería que aún está abierta. La mezcla de aromas a harina, tomate, jamón, queso y aceituna tranquiliza mi agitación estomacal. De pie pido una porción con un porrón y siento que el celular vibra. Atendí y cuando terminó la llamada se me explotó el corazón y rompí en llanto sin consuelo.
Marisa, la madre de Marcia, me avisaba que ella había fallecido, le habían diagnosticado lupus hacía más de dos años y no me había contado. Fue allí cuando me di cuenta que mi actitud generó un desconocimiento entre nosotros y por tal motivo ella decidiera no contármelo. Soy tan ignorante de mis acciones que no me percaté que cuando las dificultades e inseguridades aparecen hay que elígelas sabiamente para no arrepentirse. Porque la quería aún con toda su carga, pero cumplí mi rol con un esfuerzo a media.

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Actualmente un dandy sin vermú, que en el despertar de su adolescencia y luego de oír las incisivas opiniones de George C...! mientras se ojeaba la 13/20, nippur, el eternauta, el diario o madhouse lo tentó el 4 poder. En la juventud luego de hacer mucho head bange! la melena se fue, la panza apareció y la militancia llegó, militar por el asado, la cerveza, la lectura e Internet. El viejo se harto y lo mando a laburar! y aunque los años pasan nunca perdió el espirito púber punkero.

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