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4 min
Piezas de Octubre.
Poesía |
06.02.13
  • 4
  • 2
  • 2897
Sinopsis

Una serie de pequeños poemas de diferentes temáticas. Ya lo publiqué hace tiempo pero con el cambio de web parece haber desaparecido. Espero que os gusten.

I

Encierra la palabra y hazla presa

…que libre en su cárcel juzgue

la honestidad del hombre

que la expresa.

 

 

 

II

Palabras que en frase son río,

acumulan errores de tino,

palabras llueven en blanco y amarillo,

todo sagrado y sinsentido.

 

 

 

III

Noche que me habita y cerca,

qué terca es la Tierra,

tan oscura a veces,

que solo mi palabra llena.

 

 

 

 

IV

Silencio que de tan poco cantado

inundas el escrito de chispas transparentes.

Silencio que de veras obliga la página

en blanco de un poeta en ciernes.

 

 

 

 

V

¡Ah! Rencor puto y perspicaz,

buscas sagaz mi punto egoísta

con la pena como arma frontal:

el foso no es hondo y mis puertas no resistirán.

 

 

 

VI

Esa imagen que un bulldog devora

y los amigos compran,

ese vendedor de fraudes

de sonrisa diamantina…

 

 

 

 

VII

Una cana desde un peine dentado que nada

en las tuberías hacia el río posada en la crin

de una mosca y aterriza en una sábana

de lodo: esa es mi herencia al mundo.

 

 

 

VIII

El espejo prolonga el himno

que un día mi padre y madre cantaron,

yerro consensuado entre mi padre,

mi madre, yo, y el espejo susodicho.

 

 

 

IX

¿Qué tiene en pie a este muñeco?

Hilos de paja y limo,

sueños que envejecen lento

en la cabeza juguetona de aquel niño.

 

 

 

 

X

Penoso el anacoreta quebrado

de mente en el monte cerrado,

que piensa que nada le concierne

y alrededor todo es pasado.

 

 

 

 

XI

Vendedores de sombras áulicas

bufonean en mesas con tapete

y sillones pesados. En la calle

todos callan y miran por el cristal.

 

 

 

XII

Soledad: árido es mi respeto,

quemas las naves en el mar,

bates titanes en la campiña

y matas ruiseñores en el burdel.

 

 

 

 

XIII

Confabulo en tus tercas galerías,

soledad mezquina,

inspiradora de poesía y guerras,

ganas siempre la partida.

 

 

 

 

XIV

Mi rostro es una cicatriz eterna:

Debe ser el óxido de la tristeza de llagas salobres…

¿Dulce? ¿Salado? Solo dolor sin sabor de mujeres

innecesariamente ingratas pero tan puras, tan guapas.

 

 

 

 

XV

Octubre llorón de niños encapuchados,

lárgate de espaldas avergonzado

y filtra la savia nueva de árboles talados,

es tu trabajo y ya es demasiado.

 

 

 

XVI

Tocarte el pecho es mi fundamento,

placer sonoro firme y lento…

 

 

 

 

 

XVII

Serás como fuiste y no hay más,

acomoda tus espinas en el sillón y márchate

como llegaste: ladina gota de vapor, márchate

y déjame volar.

 

 

 

 

XVIII

No insistas que no te quiero,

o si te quiero es como el martillo al mango,

como el óxido al hierro

o las piernas de mujer al tango.

 

 

 

 

XIX

Vuelve al ritornelo de tus manías transitorias,

compra un boleto de la suerte con factura

y si toca coge un barco o una lechuza

y exalta tus virtudes allá en la luna.

 

 

 

XX

Todo (todo) es cuestión de tragaderas,

el inmenso mar que nos separa no es

bastante en mis entendederas

para rezar a los dioses por tu vuelta.

 

 

 

 

XXI

                                                                                               Sabéis enamorarnos,

Fragantes violetas.

Jorge Guillén

 

Saben enamorarme las violetas,

moradas pieles y cueros gasos.

Saben enamorarme las violetas,

ostras húmedas de amor escaso.

 

XXII

Ese amor de otoño que a la niebla conviene,

la grandeza de su nombre acaricia

las cosquillas del más débil y tumba

la libertad de los héroes.

 

 

 

 

XXIII

Las horas aburridas a tu lado

nimban recuerdos de un pasado

no sé si peor o mejor, pero

solo mío…sólo mío.

 

 

 

 

XXIV

Cuelga de la pretina tus amores

de barra, Clodia cantarina,

cuelga de tu bolso este hombre

y en un pasmo bébelo, Clodia mía.

 

 

 

XXV

Si siguiera el inmiscible sabor de tu perfume

por la precaria soledad del momento

acaso me encontrara ante una verdad sencilla y clara:

tú eres mi casa, mi collar, mi tiempo.

 

 

 

 

XXVI

Impaciente sentido ese que arroja

luz en la cueva sin sol del antiguo:

Esa cosa que la mocedad mata

y el vigor no reconoce.

 

 

 

 

XXVII

Indiita: duerme el espejo de obsidiana

y vuela acá tu pelo de dril y rojo:

Venus que bebe en mi horóscopo

el líquido de mi purgado foso.

 

 

 

XXVIII

¡Cuánto labio de púrpura teatrales

exageradamente pecadores!

Miguel Hernández

Ay, libidinosos labios,                                    

extremadamente besadores,                      

artificialmente decorados,

exageradamente pecadores.

 

 

XXIX

Hoy llueve leche en la acera,

no veo los árboles tras las gotas.

Creo que me llamas al otro lado…

no veo los árboles tras las gotas.

 

 

 

XXX

Socavaré esa mina de carbón, perro taimado:

Conquistaré las luces y el sol, lubricaré el camino

de zarzas impúdicas y poros arbitrarios

y entrare al trote sobre mi caballo victorioso.

 

 

 

 

XXXI

Riega mis secos afluentes

de frívola pausa o frívolo silencio,

riégalos con las curvas imposibles

de tu inasible cuerpo.

 

 

 

 

XXXII

Violar tu blanco limbo sanguinariamente,

cantar la victoria de un boxeador

con el puño al cielo y abandonarte

como los amantes de los boleros.

 

 

 

 

XXXIII

Carne encendida en la pompa

de duermevela nocturno.

Eres cordillera de muros sin orar,

rosicler en la noche contaminada.

 

 

 

XXXIV

Tu piel enfadada de noche

chupa lo que se la ofrece.

Mis manos soplan el

laberinto de tu pelo.

 

 

 

 

XXXV

Bébete las perlas del mar

y come el coral gelatinoso. Ven

sirena, amarra al muelle tu cola

y deja acariciar tus escamas.

 

 

 

 

XXXVI

Mi niña borracha de rosas,

come este melocotón hasta el hueso

y guárdalo en un arcón…

Junto con los otros huesos.

 

 

 

XXXVII

¡Ah, el barro de la vida¡

Esa cosa que a muchos toca

y a pocos unge.

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