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15 min
Planeta Vorgo, el quinto pino planetario.
Ciencia Ficción |
04.01.21
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Sinopsis

Tres primeros capítulos de un borrador del último planeta habitado por humanos gracias a una anomalía y a que deciden borrar el rastro de presencia humana en la superficie del planeta. Lleva unas 13 000 palabras.

Capítulo 1. Vorgo, el planeta con anomalías.

 

El explorador espacial Oscar Garcia estaba haciendo una exploración en varios sentidos mediante el uso de sustancias altamente ilegales, tan metido en ello andaba que ni se dió cuenta que durante horas el sistema de navegación de su nave "Keflas" llevaba funcionando incorrectamente, la pantalla principal se apagaba y se volvía a encender, las lecturas daban datos extraños pero la alarma no sonó durante horas hasta que finalmente lo hizo y una frase sonó en la cabina: "control manual activado, en trayectoria de colisión"

 

Entonces y solo entonces el piloto salió de su viaje mental, reentrando en el espacial, y abrió los ojos repletos de venas y con mala cara y asustado observó un planeta sin atmósfera, rocoso y con una enorme gravedad al que se dirigía a gan velocidad con trayectoria de colisión frontal.

 

Mientras, todo lo audazmente que los efectos de la droga le permitían, viraba la nave Oscar gritaba: "es la última vez que consumo Kras Kalas en el trabajo"

 

Tras calmarse un poco observó la pantalla recriminadoramente para ver por qué motivo el ordenador no le había informado de que la nave se dirigía a un choque con mucho más tiempo y vio como la pantalla se pagabada y encendía cada pocos segundos y daba información claramente errónea como x3a7 km hasta planeta más cercano, 7k4e planetas en el sistema, sol tipo 5z.

 

Siguió calmándose un poco más y empezó a investigar con ojos curiosos el sistema planetario desde el cristal blindado de la cabina y observó tres planetas más, el más alejado del sol con aparente atmosfera, así que se encaminó a dicho planeta y posó el Keflas manualmente.

 

Una vez posado Oscar reinició el ordenador y las lecturas fueron comprensibles y normales, el planeta tenía 0,95 gravedades terrestres, un atmósfera muy parecida a la Tierra que requeriría escasa terraformación y vegetación abundante.

 

Mientras gritaba alegremente que era rico se colocó un traje espacial y salió a dar un paseo con una pistola láser acomodada en la pierna derecha del traje por si había algún problema.

 

Tras una investigación de un par de días grabando con la cámara de su traje todo lo que hacía decidió que ya había material suficiente para la subasta así que se encaminó de vuelta a su nave y despegó de allí rumbo al primer planeta habitado donde pudiese dar parte de su hallazgo y pedir su 20% del precio de venta.

 

La primera subasta fue mal ya que estaba muy alejado de los principales planetas habitados y las anomalías que inutilizaban el piloto automático también hacían imposibles las comunicaciones a larga distancia.

 

Para rebajar todavía más el precio no había relativamente cerca ningún otro sistema solar con planetas habitables.

 

Por todo ello la primera subasta no tuvo ningún pujador y la segunda tampoco, ya apenas tenía esperanzas de hacerse rico cuando llegó la tercera subasta a la que salíán con un precio de salida de menos de la cuarta parte del de la primera, aunque se había asegurado que le permitirían quedarse con un tercio de las tierras del planeta en propiedad.

 

Y esta subasta si salió, cincuenta millones de yuanes galácticos, hubo un pequeño pique entre unos fanáticos religiosos que Oscar confiaba que no ganasen, la Corporación Kanamara y las Industrias Agroalimentarias Ecológicas Ororafes, los dos últimos pujadores decidieron aliarse para pujar conjuntamente para ganar, como si hicieron, para alivio del explorador espacial.

 

Los dueños del planeta se reunieron con Oscar y entre todos decidieron llamarlo Vorgo, tras descartar varios nombres igual de feos o incluso puede que más todavía.

 

Los dueños de Kanamara fundaron en su territorio denominado Nueva Kanagawa la ciudad de Nakakounan en el tercio de terreno que le correspondía y allí se construyó el único espaciopuerto del planeta en el continente más grande de sus dominios, una prisión y varias fábricas, que empleaban mano de obra de la prisión, algunas para construir robots agrícolas y de combate, pero en estas últimas no empleaban prisioneros por razones bastante obvias.

 

Tenían otro continente más pequeño en el que construyeron una fábrica para aerodeslizadores y varios puertos de pesca y una isla de mediano tamaño en el que situaron un complejo hotelero.

 

En el acuerdo rápido de la puja se comprometieron a que las fábricas fuesen muy poco contaminantes, y cumplieron los japoneses totalmente.

 

En cuanto a Ororafes llamó a su región Nuevo Cañón y en el continente que les tocó fundaron la ciudad de Ororafes y crearon granjas y bosques gestionados sin contaminantes por todas partes y varias fábricas de procesamiento de los alimentos para exportar a otros planetas.

 

También construyeron en su territorio y en los otros plantas de energías renovables, solares, eólicas, de aprovechamiento de olas en el mar pero a precios reducidos para sus socios ya que aunque apenas ganasen dinero no querían que el planeta se llenase de contaminantes.

 

Ororafes poseia cuatro islas más donde crearon complejos de turismo ecológico y pesca artesanal con caña.

 

En cuanto a Oscar denominó a su región Verdores y fundó un pueblo llamado Keflas, en honor a su nave, y viendo como sus nuevos socios habían planteado el asunto se dijo a si mismo que donde fueres, haz lo que vieres, así que dado que no tenía demasiado dinero, después de la compra de un carguro mediano, decidió apostar por granjas ecológicas en el continente que le tocó y las cinco pequeñas islas las usó como zonas turísticas respetando la naturaleza salvaje en lo posible.

 

Los negocios turísticos eran más para el mercado interno que para posibles turistas extraplanetarios, así que eran relativamente poco ambicioso y sin elevadas espectativas, pero a todos les pareció bien desarollar una pequeña industria de este tipo.

 

A Nueva Kanagawa llegaron algo más de 35 000 trabajadores, a Nuevo Cañón 22 000 empleados y a Verdores 600 personas atraidas por los bajos impuestos y precios reducidos de los terrenos.

 

La corporaciónn Kanamara se comprometió a garantizar la seguridad militar exterior del planeta pero comprometiéndose a respetar los otros dos gobiernos sin usar los robots más allá de Nueva Kanagawa.

 

Para ello trajo dos corbetas de 2000 toneladas que orbitaban con control manual el planeta, hubo que adaptar los sistemas de armamento para volverles manuales, la eficacia se reduciría notablemente, pero sería todavía peor para un posible enemigo que llegase hasta allí ignorante del hecho de que sus sistemas fallarían y tras tener que sobreponerse a la sorpresa inicial no tuviese su tripulación la destreza necesaria para un combate a la vieja usanza.

 

Los familia Jávea que controlaba Ororafes y Oscar no tuvieron más remedio que confiar en la familia Kanamara.

 

Capítulo 2. Federico va a Vorgo a trabajar.

 

El padre de Federico fue un capitán de crucero estelar y quería que sus hijos siguiesen la carrera de su padre, su abuelo y así varias generaciones más de militares.

 

Carlos, el mayor, había ido a la academia y había sacado unas notas tan buenas que iba a ser ayudante de capitán en un acorazado.

 

Clara, la hermana menor, estaba en su segundo año de academia y no iba mal encaminada.

 

Pero Federico no había pasado del primer año, se aburría enormente, apenas había aprobado un par de asignaturas, navegación y mecánica militar elemental, y vió que aquello no era lo suyo.

 

A pesar de las protestas de su padre y con ayuda de su madre se fue a casa de una tía materna que estaba en el pueblo donde se ubicaba el Instituto de Agricultura Ecológica del planeta Nuevo Burgo, donde con una nota mediocre, pero superior a cinco, pudo finalmente obtener un título.

 

El padre decepcionado con Federico estaba deseando que se largara, ya solo quedaba el, pues Clara había partido como ayudante de capitán de una fragata, todos fueron a despedirse de ella al espaciopuerto.

 

Tras tres años buscando empleo de cualquier tipo con nulo resultado finalmente encontró a sus veintiséis años algo que tenía que ver con sus estudios, una oferta en el planeta Vorgo para silvicultura, con árboles frutales terráqueos y algunos autóctonos del planeta.

 

Solo su madre y su tía fueron a acompañarle al espaciopuerto, ambas apenadas por la partida pero contentas de que hubiese encontrado trabajo.

 

Federico se subió a un viejo carguero donde casi no se podía leer el nombre, Keflas II, era eminentemente para comercio interplanetario pero también tenía cuatro habitaciones con baño propio y una grande para cien personas con baños, cocina y sala de ocio compartidas.

 

El pobre hombre no tenía dinero para las habitaciones privadas así que le tocó ir a la habitación grande, por fortunada apenas viajaban veinte personas al planeta y cinco de ellas en las habitaciones privadas, por lo que no tuvo a nadie cerca del nicho donde dormía.

 

Durante el viaje que duró algo menos de un año conoció a las catorce personas con las que compartía habitación y al capitán Raimon con el que charló en más de una ocasión.

 

Con los que compartía habitación solo entabló amistad con dos personas, Momoko, una joven de veinticinco años que se había criado en la región de Nueva Kanagawa pero que había ido al planeta Japón a cursar sus estudios de empresariales y Pierre, un cuarentón de su planeta, Nuevo Burgo, que tras años trabajando de agricultor su mujer le había cogido todo el dinero y había huído con su amante dejándole varios impagos en el banco que terminó quedándose con sus tierras.

 

Pierre habia decidido hacer borrón y cuenta nueva y aceptado una oferta de trabajo en la misma región a la que el iba Federico, Verdores, aunque a una empresa diferente.

 

El viaje no estuvo mal, pudieron ver en la gran pantalla todas las películas sacadas hasta entonces de piratas espaciales, guerras estelares, documentales de planetas exóticos con extrañas formas de vida y jugaron a varios juegos en la única computadora de ocio que había en la habitación.

 

También había dos pantallas pequeñas en las que podían acceder a descargar películas, libros, videojuegos... a los computadores personales el que los tuviese.

 

Federico tenía uno, el más barato que había en el mercado, regalo de su madre y su tía, con el que ampliaba conocimientos del planeta al que se dirigían, también leía algunos libros de ciencia ficción o veía películas para pasar el rato cuando no le gustaba lo que daban en la pantalla grande para todos.

 

Por fortunada para todos al haber poca gente les tocaba más tiempo en las máquinas de hacer ejercicio que había en la sala de ocio, la escasa gravedad que generaba la nave era devastadora para los músculos de los viajeros y tenían que usar los aparatos disponibles para mantenerse en forma.

 

Al menos la comida, que provenía del planeta Vorgo, era buena de verdad y sabía rica a pesar de estar ultracongelada hasta que la preparaban.

 

El pescado, sin metales pesados, y acompañado de unas deliciosas patatatas asadas entraba con facilidad. Las mandarinas, plátanos, melocotones, manzanas, fresas, frambuesas, arándanos, moras... sabían exquisitas y los primeros platos de alubias, garbanzos, arroz... eran auténticos manjares bien condimentandos con especias. Incluso los desayunos de leche ecológica con cereales integrales y cacao puro estaban muy bien.

 

Pierre comentaba que si siempre se comía así merecía la pena irse hasta el quinto pino planetario para tal asunto.

 

Momoko sonrió al escucharlo y Federico que nunca la había visto sonreir se quedó mirándola hasta que esta se dió cuenta y entonces Federico volvió a centrarse en su plato de comida.

 

El tiempo fue pasando y Raimon anunció que apenas faltaban dos días para llegar, que apagasen sus computadoras personales al día siguiente para que no hubiese el menor riesgo de que se dañasen.

 

Luego el capitán fue despidiéndose de los viajeros uno a uno deseándoles una feliz estancia en Vorgo.

 

Capítulo 3. Trabajo y vacaciones.

 

El contrato firmado era por diez años con una clausula un poco abusiva si quería rescindirlo el trabajador de cinco sueldos anuales, pero permitida en los planetas periféricos para que los empresarios puediesen planificar el negocio sin sobresaltos.

 

Sus contratantes, una familia de terratenientes llamados Úrsula y Jaime Kelman, tenían más de quinientas hectáreas en las que trabajaban ellos, su hijo, su hija, dos mecánicos para los cinco tractores recolectores y los más de cincuenta robots agrícolas, y dos trabajadores más.

 

Federico iba a ser el encargado de incrementar la producción y del estudio de ciertas especies autóctonas que parecían prometedoras y todavía no se habían explotado comercialmente.

 

Le habían asignado una modesta casa nueva de madera con un pequeño laboratorio, veinte hectáreas para hacer los experimentos y un par de robots para que le ayudasen.

 

El tiempo pasaba volando absorto en sus quehaceres cuando apreció Anselma, la hija de sus jefes y también su jefa. La mujer además de desagradable era fea, venía semanalmente a pedir informes de los progresos y nunca parecía estar conenta, todo lo simpático que era su hermano, todo lo contrario era su hermana que había salido a sus padres.

 

La mujer le informó que había cumplido el año terrestre necesario para tener sus primeras vacaciones y que su hermano Germán le llevaría a Keflas si le avisaba el día anterior.

 

Muchas gracias por decírmelo comentó Federico, pues dentro de tres días quizá me las tome, quiero acabar una cosa que estoy haciendo y pasaré esta noche a hablar con el y con tus padres, tengo buenas noticas con el árbol G2-PY, creo que su madera puede alcanzar un buen precio y sus frutos son comestibles y de agradable sabor.

 

Es bueno saberlo respondió cortante Anselma, me voy ya.

 

Finalmente cuatro días más tarde acabó lo que estaba haciendo, llevó el informe a sus jefes y Germán le llevó hasta Keflas.

 

En los doscientos años desde su colonización Keflas habia crecido hasta los cinco mil habitantes y en la región de Verdores había quince mil personas en total, lo que no parecía estar mal, pero seguía estando muy lejos de las otras dos regiones, Nuevo Kanagawa ya contaba con novecientas mil personas, medio millón en la capital Nakakounan y Nuevo Cañón con casi quinientas mil personas, doscientas mil en su capital, Ororafes.

 

Federico pasó el fin de semana visitando Keflas, allí alquiló un aerodeslizador y fue a visitar Nakakunan, que era sin duda lo más exótico del planeta, con los letreros en japonés, los edificios de arquitectura diferente, tiendas que no había en la zona en la que estaba y que suponía que tampoco habría en Ororafes.

 

No tenía ni idea de japonés, pero su computadora personal, el regalo que tanto le estaba sirviendo en estos dos años, le traducía maravillosamente bien y pudo comprarse algunos juegos nuevos, un ordenador de sobremesa con pantalla grande y encargar para Germán una decena de nuevos robots agrícolas que le había pedido.

 

Tras pasar cuatro días en el hotel más barato que encontró y visitar la ciudad todo lo que pudo tuvo que abandonar la ciudad con pesar ya que el presupuesto no le llegaba para pasar más días.

Trató de ver a Momoko pero esta le respondió que estaba muy ocupada en el negocio familiar y que le venía muy mal en esos momentos.

 

Así que ese medio día salió del hotel, se montó en el aerodeslizador y volvió a Verdores, donde si pudo ver a Pierre para que se contasen como les iba.

 

Pierre estaba contento, no ganaba mucho pero le habían instalado en una casita muy bonita y cómoda y no le hacían trabajar demasiado.

 

Tras despedirse fue a una de las islas de Verdores a pasar los cuatro días que le quedaban en el hotel más barato del su región, realmente daba igual lo malo que fuese, las playas, el pequeño bosque de árboles dentro de la isla, las extrañas tortugas autóctonas no comestibles, todo era agradable de observar.

 

El dueño del pequeño hotel atendía personalmente a los clientes, aunque tenía un robot cocinero y otro que se encargaba de la limpieza.

 

En definitiva estaban siendo unas buenas vacaciones, pero todo lo bueno suele acabarse y así fue le tocó volver al trabajo.

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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