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4 min
Plática silenciosa con la Muerte (III)
Reflexiones |
01.02.16
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Sinopsis

A la Muerte le toca ir a buscar a uno de los suyos, con pesar va a cumplir su interminable tarea. Su víctima es un hombre terco, tenaz y audaz. (Éste es un relato bastante largo, lo subiré primero por partes y luego completo. Dejaré los links de cada parte)

Parte III – El mensaje

Le mintió a la Muerte, si tenía como dejarles un último mensaje, cargaba siempre consigo un MultiTasker, un dispositivo indispensable que cumplía cualquier tarea como llamar, escribir, recordar, investigar, informar, en fin, lo hacía al instante –éste dispositivo también fue inventado por uno de los suyos, de hecho, por sus bisnietas gemelas–. Pero el abuelo centenario prefería dejarles un recuerdo. Un arcaico, austero y fantástico escrito de la vieja escuela, la antigua vieja escuela. Su vieja escuela.

La Muerte se encogió de hombros. Colocó delicadamente su sombría hoz de segador en el banco, y le hizo señas a su acompañante para que no osara tocarla. El anciano se alejó modestamente de la tenebrosa herramienta de la Muerte. El segador sacó un viejo trozo de pergamino y una pluma –bastante devastada por el uso– de uno de los bolsillos ocultos en sus largas mangas y se los entregó serena.

-Gracias, es justo lo que necesitaba, amiga mía –dijo agradecido el centenario.

La Muerte asintió satisfecha. Tomó su hoz del banco y volvió a sentarse. Mientras esperaba a que el abuelo de todos terminara su última carta, la Muerte acariciaba con sus dedos esqueléticos el filo intimidante de su hoz de segador. La hoz estaba decorada con grabados extraños. Garabatos de tinta negra sobre metal oxidado. Parecía que habían sido hechos por un niño de 4 años.

El  anciano quería decirles un millón de cosas a todos sus descendientes. Quería correr y zafarse de esta como en tiempos de antaño. Quería darles por última vez la bendición a todos, como lo hizo alguna vez Isaac con Jacob, sólo que esta vez este Isaac post moderno del siglo XXVI no sería mezquino y se la daría todos los suyos. Pero no podía. La Muerte estaba ahí, silenciosa, tácita y un poco ausente, dispuesta a hacer cumplir su única tarea. La inminente muerte no le dejaba aclarar sus sentimientos. En su mente, había un tornado de sugerencias, últimas voluntades y teorías suyas  que quería que fueran leyes. Junto al tornado, un mar de dudas y recuerdos difusos azotaban su cabeza, sin faltar los vientos de preocupación que avanzan con una gran tormenta tropical.

El tabaco ayudaba a calmar el pensamiento de una muerte inminente. Cerró los ojos y comenzó a buscar inspiración en su corazón, pero no la encontró, así que decidió buscarla en su entorno, en su sociedad. Miró al cielo, a su robusto roble y su invaluable sombra, al pasto y a las flores genéticamente modificadas que adornaban. Oyó el cantar de los pájaros, el tímido y desolador silbido del viento y el lejano susurro del ambiente citadino. En su mente empezó a sonar el inexistente bullicio del Parlamento Global, que repicaba incesantemente en sus ya envejecidos tímpanos. <<Libertad>>. <<Responsabilidades>>. <<Derechos>>. Vocablos de humanista tatuados en su lengua que lo acompañarían hasta su muerte.

Tampoco encontró inspiración en su sociedad. Pero repentinamente sintió una sensación excelsa y extraña. En sus labios resecos y aromatizados a tabaco, sintió un beso de una hermosa musa de otrora tiempos, su amada Eve. No la había olvidado, después de tantos años juntos, era imposible olvidarla. Recordó de golpe y con enorme precisión la primera vez que se conocieron. Él era un joven parlamentario que llegaba tarde a su primer debate en la Cámara del Porvenir, el lugar dónde se decidía el futuro de un débil gobierno trastocado por individuos con intereses conflictivos.

Continuará en la parte IV (4)...

Parte I: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte

Parte II: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte-ii

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    A la Muerte le toca ir a buscar a uno de los suyos, con pesar va a cumplir su interminable tarea. Su víctima es un hombre terco, tenaz y audaz. (Éste es el relato completo, con las 5 partes juntas)

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