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5 min
Plática silenciosa con la Muerte (V)
Reflexiones |
03.02.16
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Sinopsis

A la Muerte le toca ir a buscar a uno de los suyos, con pesar va a cumplir su interminable tarea. Su víctima es un hombre terco, tenaz y audaz. (Éste es un relato bastante largo, lo subiré primero por partes y luego completo. Dejaré los links de cada parte)

Parte V – La trascendencia

<<Tac tac>> El repique metálico de la hoz contra el suelo lo sacó de su alegre trance.

-Perdón, es solo buscaba que decir. Con tan poco pergamino debo ser específico.

El viejo filántropo tomó la pluma con delicadeza, y apoyándose en el banco escribió algo corto –para él–, conciso pero trascendental para sus familiares.

-Listo –dijo el anciano con cierta picardía y una sonrisa desdentada en su rostro.

Le tendió la pluma a su intimidante edecán y metió la nota dentro de su chaqueta. La Muerte tomó la pluma y la puso de nuevo entre su bolsillo dentro de sus mangas. Se levanto lentamente del banco, como si no quisiera levantarse. Dio un par de pasos hasta ponerse delante del anciano. En ese momento se veía más sombría, aún más sombría que cuando se le apareció al anciano. Extendió su mano huesuda hacia el anciano, como si quisiera ayudarle a levantarse.

El anciano dudó durante un instante si tomarla o no.

-¿No hay otra manera? –preguntó el anciano con voz despreocupada.

La Muerte negó con la cabeza.

-En ese caso… –la tomó sin vacilación.

Se levantó como si nada. Su cuerpo se sentía ligero. Como si no pesara.

-Con que así se siente estar muerto. Será divertido, ¿verdad? –dijo el anciano optimista frente a su desconocido porvenir.

La Muerte asintió levemente. Su dedo huesudo señaló su cuerpo. El anciano miró, desconcertado e intrigado.

-Vaya, eso lo explica todo.

Su cuerpo aún seguía tendido en el banco, sin moverse, sin el sonido típico de la respiración costosa de un anciano, probablemente sin impulsos eléctricos. Se vio a sí mismo recostado en el banco. Con una simple sonrisa y su preciada pipa en el regazo. Se acercó a su cuerpo y se dio un beso a sí mismo. La Muerte no estaba asombrada, veía cosas así todo el tiempo.

-Entonces, ¿ahora que procede, estimada amiga? –preguntó el anciano.

 La Muerte golpeó dos veces el suelo. Apareció una especie de vórtice. Era como ver por una venta. Y en esa ventana ambos, Muerte y Anciano, divisaron a una muchacha bastante joven en la cima de un rascacielos.

-Ahora le toca a ella, ¿no es así?

La Muerte asintió con desgana y encogiendo los hombres.

-No luché para que pasaran cosas como estas. Que va es su vida, espero que tenga buenos motivos. ¿Vamos o no?

Segador y Abuelo cruzaron el vórtice. El Segador puso una mano en el hombro al anciano, éste lo miró a los ojos bajo aquel manto de oscuridad. La Muerte puso su dedo esquelético sobre lo que sería su boca. Un mensaje simple: quería que no hablara. Era justo, el anciano era un <<poco>> hablador.

-Sí sí, lo que tú digas. ¿Pero podemos asustarla primero? –la Muerte lo fulminó con su mirada inexistente, como alguna vez lo hizo su amada Eve.

Cuando la sociedad en general se enteró de la afable muerte de su benefactor, se declaró un año de luto. Sí, un año. Era demasiado querido. No en vano se ganó sus apodos. En cuanto a la nota dentro de su bolsillo, se enmarcó y colocó en un pedestal en la Cámara del Porvenir, para recordar los ideales del abuelo de todos. La pequeña carta decía lo siguiente.

19 de Agosto de 2601

¡Feliz Día de la Humanidad!

Para todo ser pensante que sea capaz de leer:

Estimados Sapiens Superioris, ha llegado mi hora. Son tantas cosas que quiero decirles, son tantas cosas que quiero relatarles. Pero el tiempo y las palabras no están a mi favor. Mi ingenio aún sigue siendo el de antes, así que trataré de darme a entender lo mejor posible. Por favor, no se maten, no en vano, nuestros antepasados vivieron años de miseria y agonía, de desidia y desesperación. Años de guerra, hambruna y enfermedades. Ellos representan la eterna búsqueda de la paz y la prosperidad, la cual nosotros hemos alcanzado. Así que traten de ser uno con ustedes mismos y quienes los rodean. Si no, estará la Guardia de la Providencia. Ésta, siempre hará lo suyo. No sean erráticos, inconscientes e instintivos. Poseemos razón y sabiduría. Eso nos hace humanos, pero lo que nos diferencia de nuestra antigua progenie es que sabemos utilizarlas para buenas cosas. Que ese detalle no se pierda. Otra cosa, por favor, jamás, jamás descuiden la educación de nuestros niños. De ellos depende la perpetuidad de nuestra raza y nuestra cultura perfectas. Como bien lo dijo Simón Bolívar alguna vez, “Un pueblo ignorante es un instrumentos ciego de su propia destrucción”. Es algo que jamás debe perderse, hijos e hijas de mi corazón y mi entrepierna. Y por último, no olviden jamás de dónde vienen. Tuvimos la desgracia de perder toda nuestra historia en las sucesivas guerras que azotaron a nuestra Gaia. Dejen cuánto registro sea posible. Sólo eso. Jamás olviden. Jamás olviden. Jamás olviden. Los quiero a todos. Bendiciones para todos. Buen porvenir para todos. Adiós.

                                                                                Bill G.S. Waltonman

Fin.

Las otras partes:

Parte I: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte

Parte II: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte-ii

Parte III: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte-iii

Parte IV: http://www.tusrelatos.com/relatos/platica-silenciosa-con-la-muerte-iv

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Los desgraciados se desahogan con plumas entintadas de melancolía, desgracia y soledad. ¿Cuándo ha visto usted que los desgraciados escriben acerca del amor, la belleza de la vida y la alegría de los hombres?

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