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6 min
PLENILUNIO
Drama |
08.03.13
  • 4
  • 16
  • 5288
Sinopsis

Ya desde tiempos remotos existe la creencia de que la Luna llena influye en el comportamiento de los seres humanos...

 

Bajo la Luna llena de Agosto y armado con un enorme pico, el hombre arremetía con saña contra el recién estrenado pavimento que recubría la plaza del Ayuntamiento. Sus denodados esfuerzos resultaban baldíos y el hombre aullaba de rabia a medida que su ira y frustración crecían y se desbordaban.

Nuestro improvisado minero de medianoche había nacido con un defecto en las vértebras cervicales que le impedía enderezar el cuello y lo obligaba a caminar con la cabeza gacha mirando al suelo, eternamente pensativo y cabizbajo, humilde y sumiso a su pesar, o como un toro de lidia preparándose para embestir.

Ambrosio Carbajales, tal era su nombre, conocía la piel de las calles de su pueblo mejor que la palma de su propia mano. Cada milímetro cuadrado del firme, deteriorado y plagado de baches, le era más familiar que las yemas de sus pulgares.

Una vez al mes, justo cuando la Luna se hallaba en la fase de rotunda plenitud, nuestro hombre salía a caminar a partir de la medianoche y recorría las calles de su pueblo buscando tesoros en el suelo. Armado con un completo equipo de buscador de tesoros escondidos, localizaba fácilmente el codiciado botín, casi con los ojos cerrados, y una vez delante de la hermosa y reluciente fortuna, desplegaba sus estimados utensilios y muy lentamente, con la suprema delicadeza y ternura de un amante devoto y la fantástica destreza y precisión de un experto neurocirujano, recogía el preciado bien y lo introducía en el recipiente, habilitado a tal efecto, para transportarlo y conservarlo en las más óptimas condiciones.

Y así durante años, todos los meses, cada 28 días, fiel al Ciclo Lunar, Ambrosio Carbajales rastreaba palmo a palmo las desiertas callejuelas recolectando, con indescriptible deleite y temblando de emoción, los más brillantes y majestuosos diamantes de la noche.

Tras varias incursiones fallidas a la busca del más luminoso néctar celestial, la experiencia le había enseñado que en las noches de Luna llena y habiendo llovido previamente se daban las mejores condiciones para la obtención de la más nítida, deslumbrante y sustanciosa recompensa.

Un infausto día, el Sr. Alcalde, en época de elecciones, tuvo a bien hacer caso del unánime clamor de conductores y peatones y decidió que ya iba siendo hora de renovar el firme de las calles y tapar todos los baches.

Como tenía por costumbre,  en el Plenilunio de Agosto, Ambrosio Carbajales recorrió todas las calles arriba y abajo y contempló, horrorizado, como todos sus tesoros habían desaparecido, sepultados bajo una capa de cemento  de unos 10 centímetros de espesor, homogénea, uniforme y obscenamente nivelada.

Ciego de dolor y pena, permaneció largo tiempo con la cabeza gacha mirando al suelo, rumiando su desgracia; desesperado y desamparado, lloró como el niño que, impotente y espantado, observa como su madre es tragada por la tierra, mientras él permanece inmóvil al borde del insondable precipicio. Luego se dejó  caer de rodillas y golpeó y arañó el suelo con la furia de una bestia salvaje tratando de arrancar a zarpazos la negra y gélida mortaja de asfalto.

Finalmente, fue a buscar el pico, regresó a la plaza y comenzó a cavar. En los edificios de alrededor comenzaron a encenderse las luces y la gente salió a los balcones. Ambrosio, física y mentalmente agotado, asumió la inutilidad de sus titánicos esfuerzos y se dejó caer de espaldas.

Atónitos y silenciosos, los vecinos del lunático Indiana Jones asistieron a la insólita y espeluznante escena: un hombre tirado de espaldas, cuan largo era, aferrando aún el pico de minero, que señalaba la Luna llena, rebosante en el cénit sobre su cabeza, henchida de orgullo y soberbia ante  su idólatra siervo; y hablaba con ella y se reía con una risa horrible y malsana, un aullido demente sin el menor rastro de humanidad.

En el desván de su casa, la Guardia Civil descubrió varios bidones de vidrio, herméticamente sellados, conteniendo cantidades variables de agua con distintos grados de pureza. Los recipientes se encontraban alineados pulcramente en estanterías de metal que llegaban hasta el techo, y ordenados cronológicamente según la fecha que cada uno lucía, bien visible, escrita con rotulador rojo sobre cartulina blanca.

Investigaciones posteriores permitieron comprobar que cada una de las reseñas numéricas se correspondía con un día de Luna llena distanciándose, pues, 28 días entre sí.  En el centro de la espaciosa estancia y sobre una mesa de respetables dimensiones labrada en recio roble gallego, se disponían varias decenas de de frascos aún sin etiquetar, así como un amplio surtido de enormes jeringas y un enjambre de esponjas de baño de las más diversas formas y tamaños.

Interrogado al respecto, Ambrosio Carbajales respondió con absoluta naturalidad, muy extrañado por las muecas de asombro y los comentarios de incredulidad que intercambiaron los agentes del orden ante el sorprendente hallazgo. Muy tranquilo y relajado, explicó que usaba las jeringuillas para extraer el tesoro sin quebrarlo ni deformarlo y las esponjas de baño para absorber hasta la última gota de las fabulosas y colosales monedas de Luna llena.

- Su valor es incalculable, Sr. Comisario - apostilló Ambrosio haciendo grandes aspavientos- no querrá usted que las deje tiradas por ahí.

Esa misma noche, tumbado boca arriba en la plaza, Ambrosio miraba la Luna con ojos hambrientos y codiciosos. Al fin, tras varios minutos de profunda reflexión, vio claro lo que tenía que hacer, supo con total y absoluta certeza que estrategia debía ejecutar en vista de las nuevas y peculiares circunstancias. Se levantó con un portentoso brinco y corrió hacia su casa bramando berridos de júbilo.

Al día siguiente, comenzó a construir la escalera.

 

                                                       FIN

 

 

 

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  • Me ha encantado. Muy original y entretenido. Un saludo!
    Extraordinaria trama! El personaje, con sus peculiaridades, está bien contruido. Es muy original la historia, y deja entrever una moraleja de inconformismo y determinación por conseguir lo ansiado. Me alegro mucho de haber seguido tu recomendación de lectura de este "Plenilunio", que cambia el comportamiento de alguna personas, como Ambrosio Carbajales. Viene bastante a cuento con lo que quería expresar en mi poesía "Canción de cuna". Ya de paso te agradezco que te pasaras a comentarlo =). Un saludo!
    Maravilloso relato, Paco, felicitaciones. He empatizado muchísimo con Ambrosio, y así confirmo que algunos tenemos una veta "lunática" irremediable... Un abrazo.
    Un relato muy bien construido y una historia con un personaje muy particular, conforman este relato verdaderamente atrapante. Imaginación, buena prosa y sencillez en las ideas, fórmula mágica para escribir, tu la tienes. Saludos!
    Un relato muy lírico, que recoge la magia de la luna y la mezcla con esas ficciones que a veces todos creamos para ocultar la realidad. Por no hablar de lo bien escrito. Me gusta mucho como haces vivir las historias. Gracias de nuevo por compartirlas con los demás. Saludos.
    He leído tu estupenda metáfora. Hay que atesorar sombras o ir a por lo auténtico. Efectivamente la escalera es uno de los símbolos masónicos. Pobre hombre se pasó la vida cavando zanjas, con esponjas, frascos y coleccionando falsedad pero al final encontró la verdad. Lástima que lo tuviera que hacer por culpa de los vecinos, el alcalde y las fuerzas del orden pero claro en pueblos de ese tipo no hay mucha más gente. Muy buen relato.
    He leído tu estupenda metáfora. Hay que atesorar sombras o ir a por lo auténtico. Efectivamente la escalera es uno de los símbolos masónicos. Pobre hombre se pasó la vida cavando zanjas, con esponjas, frascos y coleccionando falsedad pero al final encontró la verdad. Lástima que lo tuviera que hacer por culpa de los vecinos, el alcalde y las fuerzas del orden pero claro en pueblos de ese tipo no hay mucha más gente. Muy buen relato.
    Compañero Castelao, primero quiero darte las gracias por tu amable valoración. Lamento andar escaso de tiempo para poder leer más en la web. He elegido este relato (de los muchos y a no dudarlo buenos que tienes) porque, como la luna llena ejerce tanta influencia en mí (soy del signo cáncer), sabía que este estupendo relato de "Plenilunio" me estaba casi esperando. La narración posee un ingrediente mágico-surrealista, y hasta diría yo que de cierta profundidad metafísica al que habría que añadirle también un atractivo poético por su impecable y bello desarrollo. El final es estupendo. Un gran relato. Enhorabuena, amigo, porque no dudo de que toda producción goza de la misma calidad. He de seguir leyéndote en cuanto pueda robar unos minutos a mi tiempo, en especial a la noche. Un saludo cordial-stavros
    Un relato exquisito en prosa, descripciones, misterio y ganas de leer sin parar para descubrir el asombroso final. Muchas felicidades porque es tan luminoso este escrito como la propia luna llena.
    ¡Qué prosa más acabada ysugerente! Y qué bien traba el personaje con el misterio que lentamente desvela. Un bellísimo relato, sí señor. Un saludo, josep (zenon)
  • Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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