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20 min
[+18] [+18] Una Historia de Terror [+18] [+18]
Varios |
26.04.16
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Sinopsis

Me espera la horca.

En el cuarto, con música reggaetonera, comenzaron a quitarse la ropa. No era la primera vez, al son de un cabeceo inconsciente siguiendo el ritmo, descompasado por momentos. La ropa ya apartada para vestirse con rubor, piel y emoción.

Ella cruzó el brazo para taparse los pechos, la otra mano donde nació Dios.

Él no cubría nada, pero sí miraba más allá de ella, tensando el cuerpo, los brazos con las manos hacia dentro; los pies un poco en punta, alternando con el talón.

Hasta que no terminó la canción no se animaron a acercarse el uno al otro. Se dieron un beso corto.

Las miradas continuaron esquivas, delatoras. Se miraban, sonreían; disimulaban.

El vídeo en la pantalla del ordenador parloteo y eso atrajo la atención. En la pantalla un negro sobredimensionado acariciaba a una mujer rubia a la que no le costaba sacar los pechos por encima del escote. Entre risas dudosas y una apuesta final del momento, habían decidido poner uno de esos vídeos que tanto anuncian los banners o anuncios de Internet. Ese en cuestión se llamaba “Una Historia de Terror”, y decepcionados comprobaron que de terror sólo tenía a la chica vestida de vampira, o ni eso, pues sólo una capa ayudaba a la imaginación.

Miraban el vídeo como si hubieran olvidado que estaban desnudos, con él embobado. El negro trataba de un modo brusco a la chica, aunque a ésta no parecía importarle. Tocaban y frotaban con las manos las esquinas tabú del cuerpo, sobreactuando los gemidos y las muecas de boca, lo que provocó más risa.

Regresaron a mirarse y, con la piel de entorno a los labios a juego, se besaron. Una vez más, un poco más de tiempo. Ella rió sin producir sonido, y regresó a la boca de él a la velocidad del imán.

Como se habían propuesto, imitarían lo que vieran en el vídeo. Él sería el chico negro condensado, y ella una rubia con otro color de pelo. Se esforzarían incluso en exagerar como ellos.

Las manos de él acariciaron la espalda de ella. El dedo medio tanteando el nivel de pulido de la piel, explorando hasta el cóncavo en el final de la espalda, que a su vez era inicio de otra bella anatomía que aún no se animaba a descubrir.

Ella hizo lo propio, más perdida, mirando el vídeo para guiarse. Nerviosa, arañó un poco, y logró que él frunciera el ceño. Lo imitó, y se concentró en trabajar mejor con la mano, agarrando con cierta fuerza la nalga masculina que se ocultaba de la vista como un tesoro.

Sucedió un laberinto de manos entre las de la pantalla y la realidad, más disfrutadas y evocadoras las de fuera del vidrio. Se miraron y besaron sin lengua, al contrario que los actores, predispuestos a intercambiarse toda la saliva del mundo. Sin embargo sus labios sí brillaban, sobre todo los de ella, y eso le gustó a él.

El vídeo dictó que el hombre comenzara a agacharse para buscar por el secreto de las bragas, ya subida la mini-falda sin saberse cómo. El actor se relamió como ante un exquisito plato, y pasó su lengua por la prenda. La pareja espectadora sintió la rugosidad de la prenda, abriendo él la boca para sacar la lengua como desaprobación. Ella se limitó a arrugar la cara.

El actor pareció recordar la lógica y apartó las bragas para descubrir una línea carnosa rodeada e impregnada de pelo frondoso y brillante. La línea cedió a merced de una lengua rojiza enaltecida por la calidad de la grabación. La línea se separó; abierta la carne, también brillante.

Se miraron. Él pareció gesticular con la cabeza a modo de petición o aprobación, pero en verdad seguía sin éxito el ritmo de la canción que sonaba en esos momentos. Ella permaneció expectante, hasta que se percató que tenía que afirmar. Lo hizo y el chico comenzó a agacharse, siguiéndolo con la mirada para verlo situarse sin miedo cara contra su entrepierna. Por instinto la cubrió con las manos, pero eso no impidió que él comenzara a lamer los dedos, paseando una sensación por uno de los dorsos de su mano. Ella gesticuló con el rostro y continuó mirándolo, a lo que él sonrió con los dientes entreabiertos mientras su lengua insistía como recreación improvisada en atravesar la barrera entre dedos. Ella sonrió y levantó una mano para taparse la boca, lo que hizo reaccionar a él para abalanzar la barbilla, logrando que ella diera un pequeño brinco antes de regresar la mano. La lengua insistió con fuerza en atravesar el muro de dedos, empapados y relucientes en las uñas. Siguió insistiendo, hasta que los dedos abrieron rendijas y eso permitió a la lengua adentrarse un poco. La lengua asemejaba en sus movimientos un gusano atrapado, continuando la similitud conforme se adentraba cada vez más.

Dos tactos opuestos se encontraron, capaces de ser húmedos por igual.

Tocaba con la punta de la lengua el exterior de la cavidad. Se esforzó pero ella no parecía dispuesta. Como activado de inspiración repentina, movió las manos para situarlas por detrás de las piernas de ella, a la altura de las rodillas. Comenzó a acariciar, y eso pareció ponerla nerviosa. Con calma, él insistía en averiguar con la punta de la lengua la anatomía de esa carne que cedía y se separaba, usando otro cerebro para acariciar las piernas de ella de un modo ascendente.

Con calma y paciencia las nalgas. Apretadas; adoradas.

Los dedos-barrera cedieron y pudo descubrir un poco mejor de qué estaba hecho aquello. Una carne tímida que se encerraba como un capullo, al parecer igual de delicado. La lengua se adentró y eso la hizo reaccionar apartando el cuerpo. La miró con curiosidad, apreciando el tono rojo en que se había convertido toda su piel. Miró hacia las manos cubriendo de nuevo el secreto, y se animó en acercarse y centrarse en las caricias del trasero. Con delicadeza y cariño, siempre. Pareció gustar a la flor, pues los dedos comenzaron a separarse y abrirse en símil.

La lengua fue valiente y se posó sobre la línea cuando ya no tenía protección alguna. Moldeó la arcilla de la vida, donde cada definición de tacto y mente la hicieron reaccionar. Temblaba, y de nuevo inspirado él aparto una de sus manos para agarrar la de ella. Apretaba a doler, parecía tener miedo, pero con aguante él insistió en acariciarla de aquella forma tan rara, lo que la terminó relajando.

En un par de ocasiones miró hacia el vídeo, cayendo en la cuenta para acercar su mano libre y abrir el secreto con el pulgar. La lengua se introdujo lo que pudo en busca del país de las maravillas, comenzado a tener en su boca un regusto salado que no disgustaba. Debía estar allí, en ese mundo al revés, pues aun su lengua siendo más pequeña que el conejo pudo entrar del todo por la madriguera. ¿Qué hizo Alicia? Empequeñecer, así que dobló hacia dentro la lengua como talento especial y la logró cónica, logrando de paso introducir un poco más. Ella disimuló una reacción, y él continuó moviendo hasta que la escuchó gemir en imitación a la del vídeo.

Aquello no debía de estar mal.

Se detuvo cuando notó que le tocaban la cabeza. Miró y vio que ella señalaba al vídeo. Se incorporó y observaron cómo sucedía una inversa que consistía en la actriz acuclillada frente a la entrepierna del hombre. Con una delicadeza exagerada, bajaba la cremallera para acto seguido meter los dedos y escarbar. Sustraía lo esperado, pero más grande de lo que cualquier mente era capaz de aceptar en un primer momento.

Les entró la risa nerviosa, y se miraron divertidos. Sus muecas cambiaron cuando observaron la rápida habilidad con la que la actriz se introdujo en la boca tal impertinencia liberada.

Se miraron. Él permaneció inmóvil, un poco preocupado. La respiración de ella se había acelerado. No era la primera vez que hacían eso, aunque fue otra clase de circunstancia. Ella hizo un amago de intentar agacharse, pero permaneció. Cuando él se disponía a hablar, ella logró agacharse con presteza, un poco brusca y casi desequilibrada. Acuclillada, había cerrado los ojos por instinto, y ya que se había lanzado a la piscina sacó la lengua para buscar y burlarse a oscuras por ese demonio que la hacía temblar. Llegó a la entrepierna y su lengua identificó la parte de abajo, donde el saco. Frunció el ceño al recordar que eso se eleva y mantiene arriba, y sintiéndose estúpida (así lo delató un rojo todavía más intenso en su cara) se incorporó un poco hasta que su mejilla chocó contra aquello, que por un momento se balanceó. Divertida probó de nuevo hasta que lo escuchó reírse. Insistió hasta que se canso y entonces terminó de elevarse para, sin abrir aún los ojos, dejar deformarse la lengua por la punta de aquel instrumento natural.

Resultaba divertido, y no sabía mal. La otra vez tuvo una impresión de asqueroso, pero el haberse bañado juntos ese día parecía haber ayudado. Con sonrisa de boca abierta, continuó practicado con la lengua.

Cuando abrió los ojos, se sorprendió de ver la forma del glande. Recordó que se ocultaba en una capucha, y miró hacia el vídeo para preguntarse si aquello de verdad permanecía en una similar… se le borró el pensamiento al percatarse de cómo la actriz absorbía con la boca el miembro de su compañero. Adelantaba y retrocedía la cabeza con velocidad, sin atragantarse.

Regresó la vista y comenzó a concienciarse. Cerró los ojos y se introdujo en la boca el falo. Se mantuvo ahí, provocando sonido con la respiración. Retrocedió un poco la cabeza y enseguida la adelantó, lo que le provocó abrir y apartarse para toser un momento. Lo miró con ojos llorosos y se percató que él alternaba la vista del vídeo hacia su cara, embobado y expectante. Animada, miró al frente y regresó a cerrar los ojos. Adelantó la cara y no acertó a metérselo en la boca. Tanteó con los dedos y se lo introdujo. Se mantuvo y con delicadeza inició el proceso. Le cogió el ritmo y no le disgustó.

Él había dejado la vista hacia abajo, hipnotizado por lo que allí sucedía. El movimiento lo relajaba, le gustaba mucho, y le dijo que probara a succionar. Fue buena idea, a pesar del sonido que se produjo. Cerró los ojos y disfrutó, imaginando que así se había sentido antes ella. Tragó saliva e intentó gemir, pero produjo un sonido tan extraño que eso provocó que ella tosiera y se apartara para comenzar a reír. Le pidió que continuara mientras reía forzado. Ella regresó sonriendo y se preocupó en variar, esta vez con la lengua mientras alternaba unas succiones.

Él regresó a mirar el vídeo y analizó que el actor apretaba con su mano en la nuca de la mujer. Parecía presionar, a forzar sin importar, llegando incluso a oprimir la cabeza contra su entrepierna a pesar de la agitación por agobio que estaba provocando. La actriz se mantenía allí con los ojos muy abiertos hasta que le cayeron lágrimas, produciendo una tos ronca oculta e inquietante que sacudía el cuerpo entero, sin llegar a saberse si estaba actuando o no.

Apartó la vista y se centró abajo, donde el trabajo de ella continuaba. Aprovechó el momento en que ella tenía dentro el órgano y posó sus manos donde la nuca de ella. Apretó y eso la hizo reaccionar, apartándose con fuerza para sacárselo. Elevó la vista y lo miró rabiada, torciendo la boca. Él pidió perdón culpando al vídeo, pero eso no impidió que ella se incorporara para mirarlo cara a cara sin cambiar la expresión. Se dio la vuelta.

A un metro de distancia, ella de espaldas, permanecieron callados. Los rodeaba la música mezclada con unos gemidos repentinos provenientes de la pantalla. Él analizaba aquella espalda tan bonita, bloqueado por el orgullo, que tan poco sabe de encontrar y pedir perdón.

Ella estaba analizando la pared, forzándose a darse la vuelta sin saber cómo. Resopló y entonces imitó con la boca el ritmo que escuchaba. Miró hacia atrás un momento y cuando le correspondió la mirada, regresó la vista a la pared. Repitió el proceso y se mantuvo mirándolo a los ojos un poco más. Tras un rato, suspiró y se dio la vuelta para acercarse.

Cara a cara se sintieron avergonzados, de un rojo impensable. Él entonces actúo y la agarró de los hombros para obligarla a darse la vuelta. Ella se sorprendió y sin fuerzas cedió. Quedó de nuevo de espaldas, sintiendo el aliento en la nuca. Una extraña emoción comenzaba a nacer en el pecho hasta que fue interrumpida por las manos de él acariciando su espalda. La emoción se transformó, definida conforme los dedos de su compañero se adelantaron para buscar por sus pechos. Fue un inmenso hallazgo para ambos cuando entraron en contacto con los pezones, de textura a goma endurecida, recubierta.

Ella se dejó obrar como una estatua naciendo junto a su escultor. Él improvisaba, arrimándose más, y de repente resultó sublime conforme su pene atravesaba entre las nalgas de ella, surgiendo por la parte superior con una sacudida. Se estremecieron y ella miró hacia atrás para corresponder la sorpresa. Sin decirlo y a ojos de ella, repitió el proceso, agarrando su miembro para meterlo en la parte inferior del terso monumento doble. Esta vez el proceso fue más lento, animando al levantar los talones con cuidado. El órgano viajo a través y eso la estremeció, le gustó tanto que se arrimó todo lo que pudo. Cuerpo con cuerpo, sintiendo el calor, el falo resurgió al exterior emocionado, besando entre las nalgas con la misma intensidad en que hicieron ellos cuando ella dio la vuelta a la cara y se encontraron, provocándose sonrisas. Ella permaneció allí, con la cabeza girada, y cuando se disponía a darse la vuelta para encaramarlo, les llamó la atención unos gemidos más pronunciados.

Los actores lo estaban haciendo, y parecía ser que desde hacía rato. Ella encima de él, pero antes de que pudieran asimilarlo e imitarlo, los personajes del cristal se separaron, dándose la vuelta la mujer mientras se quitaba la capa. Entonces el enorme negro apretujaba su entrepierna contra el culo de la actriz, no tardando en descubrirse, mientras ella agachaba el cuerpo manteniendo las piernas rectas, que la estaba penetrando desde esa posición, agarrando su cintura para apretar e impulsar una y otra vez.

Una y otra vez.

Analizaron la escena sin reaccionar, embobados como sin cerebro. La iniciativa la tomó ella y se alejó, lo que lo hizo reaccionar. La observó coger por la manta que había en la cama, para comprobar cómo con maña se la colocaba en la espalda para agarrársela con las manos bajo la barbilla. Dio una vuelta sobre sí misma, haciendo volar la fina manta como capa. Resultaba hermoso al estar desnuda. Regresó y se dio la vuelta, apreciándose sólo la cabeza y la manta cayendo como una cascada. Fue que sin previo aviso la manta se sacudió hacia el aire. Cuando cayó del todo, a ojos del inmóvil, se mostró la imagen que de ella agachada, posicionada como la actriz del vídeo con las manos en las rodillas estirando las caderas hacia atrás. Lo miraba con una sonrisa de boca abierta, temblando la mandíbula.

Él miró abajo y se percató de lo cerca que estaba de nuevo su miembro de ella. Tembló un poco y, recordando el reciente juego con las nalgas, repitió la acción, paseando su carne con esmero. A pesar de gustar, ella negó con la cabeza. Se miraron un rato y entonces comprendió cuando miró el vídeo.

Estaba dispuesta.

Notando el cuerpo involuntario y tembloroso, agarró su pene y empezó a pinchar con la punta en busca de la entrada. Debía de estar más abajo, pero le era imposible acertar. Ella ya no miraba, parecía analizar la pared sin mirarla. No podía defraudarla, así que se esforzó hasta que reconoció la carne que se abre, empujando sin lograr nada. No comprendió e insistió, pero sólo conseguía algo similar que con las nalgas pero a una escala menor. Se propuso no desistir hasta que en una de esas logró introducir la punta, lo que la hizo reaccionar, provocando que el miembro se saliese. Comprendió y agarró con una mano la cintura de ella, dirigiendo con la otra a su amigo hacia el destino deseado del mapa. Lleno de deseo nervioso, logró en menos intentos introducir la punta. Fue cuestión de arrimarse, empujar.

Los dos reaccionaron con una sacudida. Permanecieron quietos, como si los hubiesen descubierto. La música ya había terminado, al contrario de los gritos cada vez más exagerados de la película. Sabían cómo había que actuar, pero resultaba difícil, toda una proeza. Fue que él tragó saliva y comenzó a moverse.

La penetración resultó más costosa de lo esperado. Al cabo de insistir comenzó a ser fluida, al ritmo que ella relajaba el cuerpo.

Notar su pene escondido era una sensación en un principio poco agradable. Le dolía la punta, y ella no parecía estar disfrutando. Sin embargo ninguno de los dos desistía, y la repetición es lo único que cabía en sus mentes. Aquello comenzó a arder, y a pesar de la molestia quiso mantenerlo, dejarse arder por el interior de ella.

Notar aquello dentro resultó molesto, cada vez más. No quería, pero tampoco hacía nada por impedirlo. Notaba que le dolía cuando el falo entraba del todo, y le asustaba escuchar la entrepierna chocando, variando el sonido. Llegó un punto de irritación, pero no le importaba, al contrario. Percibió que ya se había amoldado y que comenzaba a quemar. Quemaba por dentro y fuera, y hasta creyó haberse meado. Pero no, resultaba una sensación similar, aunque más constante. Sería cuestión de apagar aquel fuego.

Pero por el momento habría que dejarse llevar por la contradicción. Sin importar.

Él miró el vídeo y se percató que el actor estiraba el brazo para agarrar el cuello de la actriz y apretárselo. La estaba ahogando, iba en serio, y ella sacaba la lengua sin impedirlo, se dejaba matar.

No comprendió, así que supuso que formaba parte del juego. Miró hacia la cabeza de ella que se mantenía inmóvil a pesar de las sacudidas. Ella tenía los hombros tensos, se notaba, y analizando esa impresión acercó la mano hacia el cuello de ella. Comenzó a acariciárselo y eso pareció gustarle. Posicionó y lo agarró sin apretar. Se mantuvo ahí sin saber qué hacer, sin ánimos de ejercer fuerza. Desistió sin intentarlo y comenzó a pasear la punta de los dedos por el hombro de ella. Lo agarró y comenzó a masajear, lo que ayudó a destensar. Continuó el trayecto por la espalda, apreciando el paisaje con el tacto. Le encantaba la cavidad, la forma, esa otra clase de curvas. Miró hacia las nalgas y se percató que él ya no estaba realizando la acción: era ella quien se agitaba y lo buscaba, golpeando y provocando sonido al chocar sus nalgas con la entrepierna; dejando que el pene llegara al límite del viaje en cada vez.

Eso le gustó de una manera que no identificaba, y se dejó hacer mientras regresaba a mirar la película.

Se le cortó la respiración.

En la cinta la chica gritaba desesperada. El actor había sacado de ninguna parte un enorme cuchillo de cocina que se disponía a usar.

Él quedó tan inmóvil que ella enseguida giró para mirarlo. Lo apreció atónito hacia la pantalla e incorporó la cintura, cuidadosa de no dejar escapar el tesoro cárnico que por esos momentos le pertenecía. Sin embargo el falo salió de allí por su cuenta, flácido como al principio. Ella comprendió cuando observó la película, reaccionando para detenerla. Se quedó todo en negro.

El silencio fue abrumador, igual de negro, realzándose sus respiraciones aceleradas, acompasadas entre ellas.

Ella se dio la vuelta y lo miró. No supieron qué decirse, más avergonzados que al principio. Él la ignoró y se centró en mirar su entrepierna. Ella hizo lo propio. Sin decirse nada se movieron en busca de la ropa. Se vistieron sin palabras, hasta que ella terminó primero y puso de nuevo la música.

Quedaron en la cama sentados, separados, sin hablarse debido a que cada uno estaba en sus propios pensamientos. Al final él habló y dijo que iba a poner la tele. A ella le dio igual a juzgar de su mudez. Quitó la música y tras unos canales salteados, estaban poniendo la serie de Los Vengadores de la Marvel. Eso lo animó y regresó a sentarse con rapidez. Quedaron mirando aquellas aventuras, embobados al igual que con el vídeo de terror.

 

Llegó la noche y se pusieron el pijama. Ella parecía animada porque se quedaba a dormir. Cenaron y rieron, sobre todo lo último. Una vez en la cama, con todo el universo a oscuras, se confesaron secretos del futuro, ese lugar donde todo era posible. Rieron en silencio.

─En dos días tu cumpleaños ─dijo ella.

─Sí. Diez años.

─Como yo.

Dijeron unas pocas tonterías más y rieron una última vez por ese día. Se dieron un pequeño beso digno de los mejores tímidos y, tras quedar espalda el uno del otro, cerraron los ojos para comenzar a dormir.

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