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4 min
Poemas de medianoche
Poesía |
08.12.16
  • 4
  • 3
  • 2031
Sinopsis

Nuevos poemas, espero que les guste

 

Poemas de mediacoche

 

 

 

Cementerio olvidado

 

Dentro de la espada de la inmortalidad
los vestigios del pasado se pierden en los suelos
se pierden en la tierra, y excavan los suburbios.
Los lamentos y los suspiros de los muertos
dentro de cajas y ataúdes de hierro
que se marchitan con el paso del tiempo,
y se oxidan como cadenas antiguas.
El mañana no llega, y el silencio reprime,
gritos sordos y voces mudas cantan al aire,
cantan versos escritos en la carne y en la sangre
metáforas simbólicas dentro de un mundo que se desintegra;
que se zambulle por los universos circundantes,
que se resigna a existir dentro de la memoria de los vivos.
Y llega un momento en que los recuerdos se olvidan,
y la tinta se borra, es ahí cuando el muerto subyace en la nada;
cuando cae en el olvido, y deja de existir.

Su próximo destino es el cementerio olvidado,
que queda en los bosques de una tierra aniquilada.
Nadie recuerda cuando se creó, ni las almas que lo ocupan.
Se dice que los hombres anónimos se esconden en sus tumbas,
y se pierden en el laberinto de la soledad.
Bajo miles de lápidas.
Que se encuentran allí, como el lindo recuerdo simbólico
de que alguna vez existieron.

 

Entre las ruinas

 

Sintiéndome en el espectro de la dimensión desconocida,
me dispongo a hablarles de mis días.
Entonces descubro, con tristeza y agonía,
que no tengo nada que contar, nada que escupir,
nada que comunicar.
Mis entrañas cerebrales fueron atacadas
por el virus de la rutina.
No tengo nada que vomitar, salvo mi bilis literaria,
que consiste en verbos mal conjugados,
y en sustantivos que no conozco.

De este lado del mundo,
las cosas son diferentes.
Al otro lado del espejo se encuentra la realidad
y los cuentos no son más que los hechos.
Los escombros se caen, y dejan un cataclismo,
que se contempla en un silencio existencial,
que funciona como una melodía inversa,
que se retuerce sobre el tiempo.

Y entre las ruinas de ideas se subyacen los silencios
y los suspiros de otros tiempos.
Que ya nada significan, y que solo componen,
los restos del pasado.

Aquí me encuentro, sin nada que decir,
sin nada que expresar,
salvo los desechos de mis interpretaciones,
superfluas e ingratas, que carcomen mis venas,
mi carne y mis arterias.
Les podría hablar del alma, pero no existe.
Les podría hablar de la inmortalidad, pero no me atrevo.
Y en vez de eso les vomito en la cara.
Mientras destrozo con cinceles oxidados,
el arquetipo de los sueños,
que se desmoronan como el Coloso de Rodas,
y me deja en un mundo ajeno,
y mudo, sin nada que decir.

 

El gran truco

 

Me siento preso en la libertad del leguaje. Quiero expresar algo más caótico que la palabra caos o hecatombe. Deseo escribir una palabra más libre que “libertad”.
Porque el lenguaje es una trampa que nos hicimos a nosotros mismos.
Porque no se puede expresar “todo” y “nada” en una misma frase.
Porque estas redes inconexas de simbolismos aleatorios se contradicen a sí mismas, se expresan callando ideas y pensamientos.
No se puede representar al cosmos en unos simples trazos de grafito
sobre un papel amarillento.
Es truco mágico, este invento, este eterno hechizo
es el mejor truco que inventamos como magos
Pero temo, que nos ahogamos con nuestra propia invención. 

 

Aquella radio lejana

 

Una radio perdida en el océano nocturno
que llega a mis oídos en suaves ondas acústicas.
A veces se pierde, y luego retoma, como si jamás
se hubiese ido. Es un faro auditorio en medio de la
silenciosa noche. Es una luz verde al otro lado del río.
Es mi razón de escribir, es mi razón de vivir.

El saxofón interactúa con mi carne y arterias,
tocando un sutil jazz, la música de la noche,
Me salva del hoyo del silencio, de caer en el hoyo eterno.
Porque cuando ya no oímos esa radio de frecuencia perdida
cuando se apaga esa señal, ya no oímos nada.
Y ya nada se oye, salvo el latir lapidario de nuestros corazones,
que es un recordatorio, del concepto de finitud.

Ojalá estas escalas pentatónicos no cesen, y pueda,
terminar de escribir estas palabras en paz.
 

 

 

 

 

 

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