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3 min
Poemas XXIV
Poesía |
18.12.16
  • 4
  • 4
  • 1907
Sinopsis

Nuevos poemas, espero que les gusten

 

 

Poemas XXIV

 

Respeto...

 

Respeto el futuro incierto,
los rayos y los truenos,
respeto todas las falacias
que a mi lado encuentro.

Respeto las gotas de lluvia
y el camino de barro espeso,
respeto las nubes en el cielo
y los atardeceres de febrero.

Respeto los días largo y los cortos,
también el día y la noche,
aunque en las mañanas
no haya algún lugar oculto.

Respeto al mar, y al río
las canciones de tres minutos,
los libros de doscientas cincuenta páginas,
y las películas de una hora y media.

Respeto el paso del tiempo
y las coordenadas del destino
que juega con nuestra suerte,
nuestra mente, y todo su dominio.

Respeto esto, y muchas otras cosas,
que no nombraré por varias razones,
sobre todo porque tengo poco papel.

Respeto, pero no temo
Porque al sentir miedo, ahí sí,
que uno se falta el respeto.

 

¿Sueño o realidad?

 

Hay un sueño eterno y perpetuo
que paraliza en un instante desconocido,
que oscila entre el pasado y el futuro,
pero que se escapa al presente.

Hay pueblos mudos y deshabitados,
donde el viento susurra tranquilo
y se mece en la profunda arquitectura
que forma complejos laberintos.

Hay conjunciones de rostros y de ideas
que funden en un simbolismo inentendible,
formando una obra surrealista
y perdiéndose en el olvido de la memoria.

Todos estos son sueños, que existen,
pero que no son reales,
porque se hallan en una nebulosa de neuronas
escondidos en el recóndito infinito.

No somos más que sueños,
que repiten de forma aleatoria,
somos un espectro de realidad,
gobernados por leyes irrisorias.

Solo queda esperar, a que aquel día llegue.
Esperar a que el mago desvele
las funcionalidades del truco.
O, esperar, simplemente,
a que el soñador despierte.

 

Las calles de la infancia

 

Recorriendo las calles de mi infancia
descubro que el tiempo surte efecto,
a pesar que soy relativamente joven
los cambios se muestran lapidarios.
Un nuevo edificio que se alza imponente,
donde antes se hallaba una eterna construcción.
Nuevos negocios que se renuevan,
y la triste sensación
de olvidar lo que antes llenaba ese espacio.

Las calles de mi infancia
que siguen cambiando paulatinamente.
Recordando cuando los cambios eran tan sutiles
que no se notaba su transformación.

Viendo grafitis nuevos en las paredes,
que muestran mensajes ambiguos,
y me doy cuenta,
que ya no soy el destinatario,
o que en realidad ahora,
me fijo en el mensaje,
y escucho a las paredes hablar.

Recorriendo estas calles
bajo la eterna luz naranja,
caminando despacio,
recordando con nostalgia el pasado.

Y mirando las estructuras que siguen inmutables,
sin el más mínimo cambio,
que funcionan como anclas,
para poder pensar,
que hay cosas que nunca cambian.

Lentamente el final del recorrido se alcanza,
y el laberinto arquitectónico finaliza,
para agregar un fotograma más
a la película del recuerdo.

 

Cuando los extremos se tocan

 

A lo largo de la historia
mirando hacia el firmamento
mientras las ideas se formaban
el universo se mantenía inerte.

Expandiéndose a una velocidad,
que es rápida, que es lenta
las estrellas brillaban en lo alto
como focos distantes y lejanos.

Mientras el suelo y las rocas
adquieren una pereza abismal,
la vida se desarrolla lentamente,
mutando como el cosmos.

A pasos agigantados,
el viento erosiona los sedimentos
y la oscilación del tiempo
nos remarca tanto el orden,
como el caos.

Y según los conocimientos y las ideas
toman vuelo, y se alzan tan altos como las aves,
comprendemos, que hay un límite
en que los extremos se tocan,
y el infinito universo,
se asemeja a la más pequeña finitud.
 

 

 

 

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