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6 min
Por eso yo ahora escribo
Reflexiones |
01.02.12
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Sinopsis

Por eso yo ahora, escribo.

Bueno, hay que escribir todo el tiempo, supongo. ¿Eso dicen, no? Y cuando no escribes, leer como un poseso. De todo, ansiosamente. No parar. Y más o menos así, si hay algo de talento en tu interior, acabas consiguiendo algo. Necesitas escribir mil páginas para sacar una primera página buena, algo así decía Balzac, creo. Me da pereza buscar la cita concreta. Y después de todo ese esfuerzo te das cuenta de que hay tíos con un talento que deja tus relatitos y escritos a la altura del betún. Escritores que describen cómo se mesan el ojete una desabrida mañana de enero y consiguen que llore un diputado o que una novicia deje los hábitos para hacerse felatriz de cine (X). Luego te dices a ti mismo “voy a apuntar más abajo. Vamos a tratar de emular a alguien con un estilo más accesible: pongamos Bukowski, Carver”. Y luego resulta que no es tan fácil y a ese escrito autocopiativístico le falta el alma que ponían esos otros escritores con su estilo eficazmente minimalista y directo. O su sentido del humor. O su singular y soterrada pulsión poética. Qué sé yo. Te falta que no eres él sino tú. Al final, terminas por comprender que tienes que buscar tu propio camino, tomar de aquí y allá lo que te gusta de unos y otros y finalmente tratar de encontrar una manera de contar las cosas que porte el germen de algo tuyo. Luego, si eres perseverante y evolucionas correctamente, si no te estancas en el proceso, si no desistes, tal vez acabes siendo un escritor con voz propia. Incluso, uno bueno.

Supongo que por eso estoy escribiendo, ahora mismo, este post que tres o cuatro personas leerán esperando encontrar alguna historia entretenida. Estos pocos lectores se mirarán en este punto exacto de mi escrito y dirán, “¿Por qué coño está Poyatos pensando en voz alta? ¿Es que no se le ocurre nada mejor?”. Y yo les repondería “pues sí, acertasteis. A veces se me ocurren cosas, pero tienen que tomar forma, hacerse grandes en el cajón del pensamiento hasta que puedan salir a ese muestrario depurado que es lo que se publica”. No se puede empezar a escribir una historia chapuceramente. Bueno, se puede, pero no se debe. Y hasta que tenga una historia decente, debo obligarme a escribir. Lo que sea. El ensayo está muy bien por eso. Para reflexionar no hace falta tener una historia. Hace falta tener ojos y oídos y auscultar con tu personal estetoscopio el imperfecto mundo. El intelectual piensa y le pagan por pasar por escrito lo que piensa. Evidentemente, al ensayista se le presupone un pensador original, acerado, constructivo y genial divulgador de su pensamiento. Yo carezco de estas cualidades (o no las he desarrollado lo suficiente, lo que viene a resultar en la misma incapacidad presente), por eso escojo escribir cuentitos cortos. No comprometen a nada y tampoco exigen un especial compromiso. Para más adelante quiero dar el salto a una novela, aunque haga una porquería, pero lo primero es crear el hábito. Leer a muchos otros y tratar aprender cómo se hace por mis propios medios rudimentarios.

Precisamente estos días atrás, he leído con mucho gusto el capítulo 22 de la novela “El Rey Pálido”, de Foster Wallace. Era un tipo al que seguía la pista y quería leer desde hace tiempo, pero ya se sabe, en esta vida hay tiempo para todo y nunca hacemos nada. Es curioso cómo a veces me sorprendo en el sofá, con los ojos entornados plácidamente, la espalda encorvada, la mente totalmente vacía de pensamiento, la expresión de un simio mirando a una hembra y con la única meta vital inmediata de ensartarla donde sea para expulsar el moco primitivo que alojamos en nuestras gónadas repletas. Y luego voy dándomelas de amante de la cultura, de diletante prohombre tardorenacentista en constante aprendizaje de todas las artes y saberes que merecen la pena en el mundo. Somos primitivos y sofisticados a un tiempo. Nuestra endocultura no debe hacernos olvidar el mono pajillero del que venimos.

El caso es que en este libro, hay un momento en que el personaje se cansa de tocarse el ukelele todo el santo día tras su pose guay y enrollada de pasota y nihilista y decide que eso ya no mola. Voy a introducir un pequeño extracto del libro, para no explicar eso mismo yo con mi torpeza narrativa que no viene al caso:

“Sentado allí, me di cuenta de que tal vez yo fuera un verdadero nihilista, de que mi nihilismo no era siempre una simple pose enrollada. Que yo carecía de rumbo y dejaba los estudios porque nada tenía significado, no había ninguna opción que fuera mejor que las demás; yo era libre de elegir lo que fuera porque nada importaba. Pero también esto obedecía a una elección propia: de alguna manera yo había elegido que nada importara. Lo que quiero decir es que, en virtud de aquella decisión, yo tampoco importaba. Yo no significaba nada. Si yo quería importar –aunque fuera importarme a mí mismo– iba a tener que ser menos libre y atreverme a tomar una serie de decisiones concretas. Aunque no fuera más que un simple acto de voluntad.
Lo que quiero decir es que me di cuenta, a cierto nivel, de que fuera lo que fuera un «alma perdida», yo era una, y que eso ni molaba ni era gracioso.”

Y de aquí, volvemos al principio. No basta con tener ciertas aptitudes para escribir. No basta con tener talento, porque el talento no transmuta en genialidad por sí mismo. Hay que trabajar, hay que estar todo el día inmerso en aquello que nos define, que nos realiza como creadores únicos. Hay que ahondar en la pasión que nos redime de nuestra mediocridad, que nos identifica de puertas al mundo, debemos rondarle incansablemente a las musas para que se dignen a echarnos un palete genial de cuando en cuando. Hay que hacer que sea posible. Exprimirse para sacar lo mejor de uno mismo (en sentido metafórico, guarros). En esta vida toda la gente que consigue algo no lo hace por casualidad. Lo hace con tesón y esmero. Si no tienes tenacidad y horas de trabajo interminables, no conseguirás nada. Si trabajas y careces de talento, es probable que tampoco. Pero mientras descubres si tienes talento o no, no dejes de intentarlo.

Por eso yo ahora, escribo.

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  • Escribe tus comentarios..."la expresión de un simio mirando a una hembra". Así es mi cara cuando leo. Gracias Poyatos, ya sabes que va de verdad.
    ¿Y por qué Adriana Vilar está pensando a su vez en voz alta? ¿Es que no se le ocurre nada mejor? ¿Es que no sabe que la categoría "Pensamientos" de tusrelatos.com sirve para eso, para expresar pensamientos por escrito? Adriana, no trollees, haz el favor.
    Escribe tus comentarios...
    No sé si es lo que pretendías, pero lo que has conseguido escribir es una verdadera lección magistral sobre el aprendizaje y el oficio de escribir. Es alentador, de vez en cuando, ver que alguien se toma en serio el asunto este de juntar palabras -bien sea para contar historias, bien para expresar sentimientos o reflexiones de cualquier índole-. Consigues que uno se sienta el vago mayor del reino ¡leches, pero si no le dedico al escribir más que un par de horitas al día! ¡Vaya vago! y pretender, así, huir de la mediocridad esa que nombras... ¡vaya iluso! ¡Oop!, ¿qué he dicho? ¡La he nombrado! ¿Sí? La ilusión, eso, la ilusión. Como la varita mágica del hada del cuento, la ilusión nos roza levemente y ¡toma ya! nos imaginamos que somos Flaubert o Bukowski. Y somos tan raros que nos da una alegría eso de ser como el bukowski ese, no por lo guarro, sino por la fama. Seamos serios: eso es lo que, con buena prosa, nos dices. Excelente: conseguirás que le dedique esta semana algo más de tiempo al teclado del ordenador, y al de la cabeza. Te felicito. Un abrazo, amigo escritor. Josep
    Me parece muy acertado.
    El caso es que más que el oficio de escritor, la mayoría de las aspiraciones en este terreno tienen como objeto no el oficio, sino la figura del escritor, encumbrada por la sociedad actual, sobredimensionada como la figura del intelectual excelso, al pie de cuyo pedestal se lanzan políticos, medios y la burguesía con su pose pseudocultural. El oficio de escritor viene después de la obra, lógicamente, y de todo el desbarajuste existencial que tan acertadamente comentas. Un saludo.
    Totalmente de acuerdo con los conmentarios al relato. Saludos
    Una estupenda reflexión. Como dijeron abajo, el talento no cabe duda que lo tienes. Y pues si, hay que escribir, escribir y escribir para poder lograr algo decente. Y leer mucho también. Gracias por colgar este escrito y pensar en voz alta. Un abrazo
    Buena reflexión,eso me repito yo cada día aunque en mi caso me va a costar mucho tiempo y esfuerzo,¿quién sabe?,habrá que currarselo.Un abrazo
    Brillante reflexión y estupendo consejo. Desde mi punto de vista no cabe duda de tu talento. Respecto a practicar las últimas teorías dicen que toda maestría requiere al menos diez mil horas de práctica.
  • He vuelto para marcharme. Y os odio a todos.

    Tu, tu, tu, tu, tuuuu...

    Por qué no escribes nada últimamente. ¿Y quién cojones lo va a leer, a quién le interesa lo que tenga que decir?

    Ilia y Stasia follando como animales de bellota. Como si no hubiera un mañana. Y yo al lado, enterándome de todo. Nunca me lo he montado demasiado bien, pero creo que ahora he terminado de cagarla. Si alargara un poco el brazo y me lo propusiera, podría agarrarle el nabo a ese sinvergüenza.

    Chupo de un coco. El coco tiene la parte superior abierta y dentro le echan un mejunje rollo hawaiano. El líquido es azul y parece como una pequeña piscinita. Qué gracia, una piscinita. Un pelo del exterior del coco se sale y cae en la piscinita. Ahí va un pelo de coño tropical a joder la depuradora de mi mierda de cóctel.

    This is the new shit: http://bufondevoz.blogspot.com.es/

    Es a veces la existencia un exabrupto tan obsceno.

    –¡No dispares a Little Bill, no lo hagas! –grita una lavandera. –¡Está en el suelo, no puede defenderse! ¡Disparar a un hombre así es de cobardes! –dice un cuatrero. Y yo disparo. Un poco por ver qué pasa. Otro poco por aburrimiento. Algo tendré que hacer.

    Broum, broum! Un rugido que parece un eructo aguardentoso, y luego se cala. Bufidos. El contacto sonando como una carraca masajeando carne picada.

    Soñé que era una martucha y recurría a la espeleología de mis propios genitales cuando me venía en gana.

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