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9 min
Por siempre sumisos
Fantasía |
05.12.18
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Sinopsis

Con este relato no busco precisamente arremeter contra religión alguna. No es el objetivo con el que fue escrito. De igual forma, invito al lector a interpretarlo, con toda libertad, como a él le parezca. El arte es expresión, pero la interpretación es completamente subjetiva, por su puesto.

Pleno ritual en el pueblo Maxat. Todos agachan la cabeza en el mas respetuoso silencio. Excepto Nafumet, temido por el pueblo, odiado por lo jefes (quienes llevan tiempo persiguiendolo, intentando averiguar donde duerme, o pasa el día). 

Uno de los jefes presentes del ritual lo fulmina con la mirada. En pleno ritual, todos deben permanecer en silencio, y al final de este, todos deben volver a sus hogares, sin articular palabra en el resto del día (como muestra de respeto al sacrificado, cuya alma se ofrece al dios Alkrat). Razón por la que Nafumet no podía ser capturado, durante el transcurso del ritual.

¿Por que Nafumet prestaba presencia a estos rituales?, era sabida su posición esceptica. La cual aprendió de su padre. 

Nafumet era lo que hoy se conoce como un ''loco'', todo aquel que altere el orden social. Se lo consideraba un delincuente, oscuro, maligno, miserable, entre otros adjetivos. En fin, nadie sabía el porque de su presencia, la cual resultaba ofensiva para los demas habitantes de Maxat. Muchos habían ido hasta las reservas (donde dormían los jefes), con el fin de enterar sobre la aparición de Nafumet, pero Nafumet no era para nada quieto. 

En el pueblo, se tenía la practica de ''salvar'' las almas de los sujetos que cometían blasemia, o mostraban algún tipo de actitud ofensiva/sospechosa. Los acusados debían ascender a pie hacia la cima de la montaña ''Altrok'', la cual se situaba a orillas del mar Caribe. En la cima de la montaña, debían permanecer de pie, con la cabeza gacha, en completo silencia y sin menor movimiento alguno, desde la llegada de la luna hasta la vuelta del sol. Toda la noche. Según las creencias del pueblo, de esta manera Maxat perdonaría las almas de los acusados, sus cuerpos desaparecen, y reencarán como animales.

Nafumet fue testigo de como SALVABAN a su padre. No se permetía la presencia de los demas habitantes en estas practicas, razón por la que, siendo aún niño, siguio con sigilo la marcha de los acusados, trepando por la pendiente del lado opuesto de la montaña, una vez llegado a la cima, observo todo desde el escondite que proporcionaba la abundante vegetación del espacio. 

Era una noche con cielo de un gris oscuro, a causa de las nubes. La luna, espectadora, fulminaba a todo aquel que le devuelva la mirada. 

La marcha había concluído el ascenso antes que Nafumet, cuando este llego, se encontraban los acusados en el medio de una ronda, formada por guerreros armados, los cuales peleaban en las guerras, y también aseguraban el cumplimiento de la justicia dentro del pueblo. Y al costado del circulo, estaban los jefes. 

Paso largo tiempo, hasta que uno de los jefes rompió con la espera, dando una orden en un grito atronador. Los guerreros alzaron sus lanzas y cuchillos, y se abalanzaron contra los indefensos acusados. Nafumet dio la vuelta, y corrió freneticamente pendiente abajo, ambientado por los alaridos de agonía y combate.

Lo proximo que recuerda es haber despertado al pie de montaña. En tan desesperada y ciega huida, debió haber perdido el insostenible ritmo de los pies, y dadose la cabeza con algo. Le dolía todo el cuerpo como si le hubiera pásado una estampida de caballos por encima. Afortunadamente, la consecuencia de la caída no fue mas grave que eso. No presentaba fracturas, pero si presentaba rajaduraspor todas partes. Lo que le daba un aspecto algo cadaverico. Paso así el tiempo, siendo interminable para su mente. Hasta que una mujer de estilo de vida nomade lo vio, y le dio una mano, guiandolo hacia un escondrijo donde ella durmió la ultima noche. La noche de la Salvación de su padre.

El escondrijo se ubicaba a 1200 metros aproximados, de la montaña Altrok, adentrandose en el bosque Alvrud. El escondrijo era un circunferencia de tierra, rodeado por plantas y arboles. Lo ayudo a acostarse en la tierra, y fue en busca de Aloe vera. Volvio a la llegada del atardecer, con unos cuantos pescados y frutos, aparte de hojas de Aloe vera (para frotarlas contra las heridas). Durante los días que estuvo a cuidados de la mujer, aprendió a pescar, cazar sabía gracias a su padre, al igual que el estilo nomade. 

Nafumet era temido. Medía casi dos metros, pelo largo y barba, además de poseér mucha fuerza fisica (esta fue adquirida ante la exigencia que conlleva la supervivencia). 

Llego el sol, era el día proximo al ritual, y llevaba largo tiempo, siendo buscado exaustivamente. Aun así, tenía pensado entrar en Maxat, e intentar convencer al pueblo para una revuelta, exponiendo sus ideas y visiones. Dentro del robusto hombre que era, permanecía un corazon bueno, y miraba con pena a su gente, siendo asesinada en rituales.

A los ojos de Nafumet, solo eran victimas de creencias ciegas, cuyas vidas eran desperdiciadas para alimentar la cruel religión con la que los jefes restringían sus mentes.

Llego al pueblo, todos huían de su paso. Lo evitaban como si fuera la peste mas costangiosa de todas. Una vez en el centro del pueblo, y comenzo a hablar con voz potente y firme, a fin de atraer la mayor cantidad de gente posible (para su suerte, el pueblo no era muy grande). Expreso todo su descontento con la situación que se vivía en el pueblo.  Recapitulando sobre la muerte de su padre, con el fin de lograr el efecto de desengaño en las mentes de los que lo escuchaban. Describio a los sacrificios como sadicos juegos de los jefes, para alimentar de creedibilidad a la religión que imperaba en el pueblo. con la que mantenía sumisas a las mentes. 

-Estan gastando energía y materia en buscar comida y oro para unos pocos, a los que ustedes ceden el poder a través de sus creencias...

-¡Estas loco! -Grito uno que se situaba en las filas mas cercanas a Nafumet, de la creciente multitud. -Esta ofendiendo a Alkrat, nos falta el respeto a nosotros y nuestros sabios jefes.¡Vas a morir en la pudrición¡. ¡Que lo sepas!.

No hay vuelta atras- penso nafumet -les metieron toda esa basura descabellada en la cabeza a sus antepasados. Ninguno de ellos va a mirar mas alla de las ''leyes naturales'' con las que creecieron y aprendieron. Se sienten protegidos dentro de ellas. Las rejas son mas seguras que el abrumador desconocido del exterior. 

Dando por fracasado su intento de de revuelta. Cuando estaba por emprender su camino de regreso, tres enfurecidos hombres avanzaron hacia su persona, portando cuchillos. En respuesta a la situación, Nafumet saco su cuchillo improvisado (piedra afilada, firmemente atada a un mango también de piedra), sostenido dentro de una especie de cinto hecha con cuero de vaca. Nunca retrocedía ante una pelea (quiza, su orgullo fue también su maldición)

El combate ya era evidente, el primero se acerco, atacandole el abdomen. Nafumet desvio el ataque, golpeandole la mano con el revez de su brazo opuesto al de su atacante, y con la otra mano, con la que empuñaba el cuchillo, le dió un fuerte puntazo a la sien. la punta afilada de la piedra penetro. Cayendo su cuerpo rendido al suelo, con la mirada perdida y desangrandose por la herida. 

Los dos restantes se acercaron al mismo tiempo, algo inseguros al haber presenciado en primera fila la suerte del anterior hombre. Uno recibio una puñalada en los riñones, quedando fuera de combate. Al ultimo le undio un dedo en la cuenca ocular derecha, reventandole el ojo, y ante su ultimo grito de agonía incontrolable, le undio la piedra en el abdomen. La piedra se partio.

Al fondo de la multitud, logro divisar la aproximación de un grupo de guerreros, con el deber de preservar el orden. Si lo atrapaban, lo iban a llevar a su Salvación.  

Se dió la vuelta y comenzo a correr, pero una boleadora alcanzo sus tobillos, tropezo, cayo y giro violentamente sobre su espalda. Los guerreros ganaban terreno a gran paso. De su abdomen corría sangre caliente, haciendose un charco en el suelo, llevandose sus fuerzas y energía con él. Lo habían apuñalado durante el combate, la adrenalina bloqueo anulo el dolor, de modo que no se dio cuenta hasta llegado aquel momento.

Los guerreros lo estaban por alcanzar, su vista comenzo a perder nitidez, comenzaba a respirar cada vez con mas dificultad, con las pocas fuerzas que le quedaban, agarro su cuchillo, y con el borde afilado, se rasgo la yugular.

Su cuerpo fue quemado en un ritual religioso. El fuego consumio su mal. Sus cenizas fueron arrojadas al mar del Caribe, conocido en la cultura como ''Alvidl''. 

Las generaciones que vinieron despues, no se enteraron de la existencia de Nafumet. Sus antepasados ocultaron el recuerdo, que cada tanto volvía a sus mentes, produciendoles malestar y asco. Solo fue un loco, un errado, un desequilibrado.

El pueblo Maxat siguió hasta el fin de sus tiempos con sus costumbres y jefes. El pueblo por siempre sumiso.

 

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  • La luz del camino alumbrado, resulta mas abrigador que la oscuridad abrumadora de lo desconocido.

    Con este relato no busco precisamente arremeter contra religión alguna. No es el objetivo con el que fue escrito. De igual forma, invito al lector a interpretarlo, con toda libertad, como a él le parezca. El arte es expresión, pero la interpretación es completamente subjetiva, por su puesto.

    El pacto con tu propia vida...

    Solo un viaje.

    La libertad va mucho mas allá del alcance de un libro de leyes...

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