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9 min
POSESIÓN LITERAL 2
Fantasía |
18.03.13
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Sinopsis

Continuación y desenlace de la aventura espiritista de Leonardo López...

 

Leonardo encontró curioso, a la par que deliciosamente halagador, el hecho de que las preferencias de la escritora inglesa en relación a sus novelas coincidieran básicamente con las suyas. Él mismo formuló la pregunta y la respuesta fue la siguiente: " Diez negritos" , "El tren de las 4.50" y " Asesinato en el Orient Expréss". Le chocó, sin embargo, que manifestara sentirse algo harta de su detective Poirot por su nacionalidad belga, sus peculiares características físicas y su, en ocasiones, estrambótico comportamiento. Por todo ello, y a pesar de que lo quería como a un hijo, aquí la voz de Zuleima logró trasmitir una genuina y conmovedora emoción, decidió darle un final cruel y humillante en  "Telón" , la última novela protagonizada por el original detective de las " pequeñas células grises ", cabeza de huevo y enormes mostachos, perennemente engominados. En cambio, a la Srta. Marple había decidido dejarla viva porque, en cierta manera, se trataba de su " alter ego " literario, al igual que la escritora Ariadne Oliver, otro de sus famosos personajes.

A medida que Zuleima iba respondiendo a las preguntas de los miembros del círculo literal, siempre cogidos de la mano para no romper la cadena de energía, Leonardo se sorprendió asintiendo con la cabeza, comprobando como la joven medium no sólamente se había leído con sumo provecho las novelas de la escritora inglesa, sino también su autobiografía y hasta el estudio que se había publicado recientemente sobre sus  "Cuadernos secretos ", libretas escolares donde la novelista más traducida del mundo iba apuntando las ideas que se le ocurrían para sus ingeniosos " crímenes ".

Su admiración por la joven gitana, lejos de decaer, seguía acrecentándose. Descartados, claro está, sus supuestos poderes sobrenaturales, había que rendirse a la evidencia de sus formidables aptitudes escénicas así como su portentosa cultura literaria.

Perdido en sus reflexiones, Leonardo López apenas reparó en que le había llegado el turno de elegir escritor. De momento, ya le habían birlado tres de sus grandes favoritos. Por su mente, en veloz sucesión, desfilaron varios nombres: Enid Blyton, Dickens, Salgari, Verne, García Márquez, Borges, Conan Doyle, Jane Austen, Lovecraft, Mark Twain, Shakespeare, Stevenson...

En ese momento reparó en la nacionalidad  de los escogidos hasta entonces y se acordó del famoso chiste, un clásico entre los clásicos: " Estaban una vez un americano, un francés, un inglés y un español..."; así que, ya no lo dudó: sería imperdonable que no hubiera un representante del solar patrio. Pero ¿ quién ?. El desfile comenzó de nuevo: Espronceda, Bécquer, Machado, Baroja, Azorín, Cela, Clarín, Lope de Vega, Quevedo, Lorca...Después de unos minutos de intensa meditación y entre los murmullos impacientes de Zuleima y sus camaradas, la luz se hizo en el cerebro de Leonardo y con potente y rotunda dicción pronunció el nombre de Miguel de Cervantes.

Cerrando los ojos, gesto que Leonardo lamentó, Zuleima se concentró intensamente. Transcurrieron varios minutos y no ocurrió nada. Acostumbrados a las precedentes manifestaciones relámpago, Leonardo y sus amigos comenzaron a impacientarse y a intercambiar miradas interrogativas. Por lo visto, discurrió Leonardo, el espíritu de nuestro escritor más universal se encontraba en fase de " apagado o fuera de cobertura ".

De repente, Zuleima comenzó a emitir sonidos ininteligibles al tiempo que su escultural cuerpo se estremecía con espasmos intermitentes y su bello rostro permanecía contraído y tenso con profundas arrugas perfilándose en su despejada frente y gruesas gotas de sudor resbalando por sus armoniosas sienes.

En ese momento, Leonardo notó en su mano izquierda el fuerte apretón propinado por la chica al tiempo que una especie de descarga eléctrica de muy baja intensidad penetraba a través de sus dedos y recorría su cuerpo, provocándole un estremecimiento tan intenso e inesperado como fugaz y placentero.

Y eso fue todo. Zuleima abrió sus maravillosso ojos y anunció que la sesión había terminado.

La sonrisa socarrona se acentuó en el rostro de Leonardo. Si albergaba alguna duda, el brusco y decepcionante cierre del acto confirmó definitivamente sus sospechas. Ahora lo veía todo claro, aún más, si cabe. Tal como se había temido, desde el principio, había sido objeto de una broma gigantesca. Sus tres colegas, en confabulación con la sorprendente erudita gitana, habían representado toda aquella comedia en su honor. Creyéndolo, sin duda, desesperado por su deplorable sequía creativa, supusieron que, cual perro famélico, se arrojaría sobre el hueso que le lanzaban, ciego y babeante de satrisfacción. A estas alturas de la película, no sabía si debía mostrarse razonablemente indignado o convenientemente halagado.

El plan era tan ingenuo que el engaño resultaría evidente hasta para un niño de tres años. Estaba meridianamente claro que se habían puesto previamente de acuerdo sobre los escritores a invocar, aunque fingieran elegirlos en el momento y sobre la marcha. La prodigiosa memoria de Zuleima, seguramente no exenta de una cierta y muy notable base de conocimientos previos y una inusual pasión por la lectura, unida a su innata facilidad para recrear fielmente las más variopintas personalidades, hizo que el resto de aquella literal mascarada fuera coser y cantar.

Leonardo decidió devolverles la moneda y se dispuso a desarrollar una pequeña comedia, haciéndoles creer que se había tragado todo desde el principio y que únicamente el cervantino fiasco final le había puesto sobre aviso mostrándole la falsedad del complejo ceremonial. Así, hizo públicas sus impresiones, exhibiendo una justa y muy calibrada dosis de desengaño e indignación, de tal forma que ninguno de los cuatro conspiradores sospechara, por lo más remoto, que realmente se lo había pasado de puta madre; al fin y al cabo era un apasionado de la buena Literatura y Zuleima había resultado un fabuloso descubrimiento, pero tampoco quería darles la satisfacción de pensar que se habían salido con la suya y quedar, encima, como un crédulo tonto de remate.

Leonardo pensó que agacharían la cabeza, avergonzados y azorados, y que a renglón seguido confesarían la pantomima. Pero, para sorpresa suya, le contestaron con rotundas negativas, mientras sus rostros mostraban expresiones de genuino desconcierto y sincera indignación. Zuleima, por su parte, se puso hecha una furia y todo su cuerpo felino se tensó, como una pantera, presta a saltar sobre su presa. Con una magnífica y explosiva exhibición del inimitable genio gitano, que elevó hasta límites insospechados el arrebatador hechizo y la poderosa fascinación que emanaban de todo su ser, la presunta medium declaró con solemne gravedad que, en ningún caso, iba a tolerar que nadie dudara de su buena fe y que el espíritu de Don Miguel de Cervantes Saavedra - lo pronunció muy despacio, masticando y escupiendo cada sílaba a la cara de un acongojado y amedrentado Leonardo - había acudido a su llamada pero que, a diferencia de los tres anteriores, había abandonado rápidamente su cuerpo, sin que ella supiera muy bien porqué, y todo esto estaba dispuesta a jurarlo sobre la tumba de sus antepasados. Zuleima se giró bruscamente y se marchó dando un portazo, no sin antes hacer el gesto de llevarse el puño a sus incitantes labios y propinarle un sonoro beso por la parte del índice y el pulgar, en un ademán habitual de la legendaria tribu romaní, impulsiva y celosa de su honor.

De regreso a su casa, a altas horas de la noche, Leonardo conducía silbando alegremente. Aquella había sido la mejor y más inolvidable velada de su vida. Se sentía pletórico y rejuvenecido, la mente extraordinariamente lúcida y el cuerpo rebosante de bienestar y vigor.

Y entonces ocurrió. Su cerebro estableció una poderosa conexión con una de las ondas de frecuencia que pululaban por el éter y una hermosa melodía literaria comenzó a sonar dentro de su cabeza. Se inició con un suavísimo, casi inaudible murmullo, y fue creciendo y creciendo hasta convertirse en una grandiosa sinfonía de violines y campanas que ejecutada con inigualable virtuosismo se oía alta y clara, purísima y diáfana.

Leonardo fue consciente de que esta vez no era un simple relato lo que había conseguido atrapar y " descargar ". Se trataba de algo mucho más grande, infinitamente mejor que cualquier cosa que hubiera escrito hasta entonces. Un ente cósmico de dimensiones tan prodigiosas que sus neuronas quedaron saturadas, literalmente colapsadas por el extrordinario volumen de tráfico generado por aquella obra excepcional.

Temblando de emoción e impaciencia, Leonardo aparcó sobre la acera, descendió de un salto y penetró como una exhalación en el portal. Desdeñando el ascensor, ascendió la escalera en cuatro zancadas y, una vez en su apartamento, se abalanzó sobre su portátil, barrió de un manotazo lo que había sobre la mesa, lo conectó, pulsó el icono de Word y comenzó a escribir.

Volando, literalmente, sobre el teclado, sus dedos fueron diminutas compuertas a través de las cuales comenzó a fluir imparable el fantástico caudal de palabras, aliviando la tremenda presión interna de las arterias y el cerebro.

El extenso relato avanzaba, materializándose a una velocidad vertiginosa en la pantalla del portátil Sony de última generación. Leonardo lo veía completo, abarcándolo en su totalidad; el armazón, primorosamente estructurado; los escenarios, absolutamente definidos; los personajes, nítidamente perfilados; los diálogos, ingeniosamente resueltos. El extraordinario argumento y la colosal trama surgían con asombrosa y sobrecogedora naturalidad. Leonardo, literalmente fuera de si, se sentía exultante, ausente y extraño, casi lejano, observando desde la distancia como una auténtica legión de inspiradas musas iban construyendo la historia, al fin una auténtica novela, una historia soberbia y sublime, única y formidable, una de las mejores historias que jamás se hayan escrito y que, quizás, nunca se escribirán; una historia que lo haría célebre e inmortal...Una historia que comenzaba  así...

    

" En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme..."

 

                                                             FIN

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  • Buen final, una especie de reencarnación de Pierre Menard
    ya me lo acabé. me han llamado la atención las descripciones de Zuleima. Creo que no sólo te gusta la literatura, sino también las chicas guapas. un saludo, y cuidado con las musas.
    Me gusto mucho.
    Bien narrado, buena historia y muy original. Me ha encantado. Hoy tengo uno de esos días en los que no estaría nada mal acudir a una posesión literal! Enhorabuena, el final es buenísimo. Me he reído.
    No quería repetir la palabra ameno pero es que le calsa justo, tanto a la historia como a la escritura.
    Amigo Paco, Felicitaciones. El estilo narrativo de este relato es ameno y tiene unos toques de buen humor que son de agradecer entre tanto drama real y literario que nos rodea
    Muy bueno el final. Me ha arrancado unas risas.
    Desde que Cervantes se negó a entrar en el asunto me imaginé que se había asentado con suma comodidad dentro de la mente de Leonardo. Genial historia, escribes muy bien, te seguiré. Un saludo
    Pues nada, que al final tuve que reir. El caso es que quizás le hubiera valido hacer mejores migas con Zuleima, acaso la recompensa hubiera sido doble :)). Muy ameno el relato, muy simpático también. El fallo es el libro que se puso a escribir, demasiado conocido.
    Esto va muy rápido... anoche tuve la oportunidad de leer tu relato (1 parte) por el móvil, pero no puedo valorar con él... me dejaste con la intriga por poco tiempo, pues acabo de leer el segundo capítulo y tengo que decirte que me ha encantado esta historia. Muy original tanto en el continente como en el contenido. Amena a la hora de contarlo. Felicidades compañero.
  • Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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