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4 min
Post mortem
Ciencia Ficción |
21.11.20
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Sinopsis

Fabrizio piensa tanto en su muerte, que casi se olvida de vivir.

Post mortem

 

Tus piernas saltan del gran sillón cama casi sin que lo percibas. Cuando abres los ojos descubres que tu torso también se incorporó, e inmediatamente te deparas con el frío de tu mano traspirada, la ropa un tanto enredada y el tirón de dolor que te endereza la espalda. Y entonces lo escuchas. Ese mosquito maldito que se empeña en extraer lo poco que te queda de sangre y probablemente sea el primo, o el nieto, del otro mosquito insoportable que te ha torturado en las últimas noches.  Finalmente entiendes tu desasosiego: ha sido otro sueño de esos… te dices. Tu mente parece volar al encuentro de aquella imagen muchas veces repetida en tu inconsciente: tú, Fabrizio, estás parado ante la cápsula del tiempo. La inscripción es clara y los años son precisos: Fabrizio Dominico, 1990-2000. Como ocurre con todos los seres habitantes de tu mundo, el ritual siempre es igual. A la hora de tu muerte, todos los objetos relevantes de tu vida se requisan, se empaquetan, y se disponen de forma ordenada en lo que será tu caja de vida, o, como se ha dado en llamarla, tu cápsula del tiempo. Todo allí, distribuido sin piedad, para que algún funcionario estatal, o familiar distante, o curioso con autorizaciones, meta la mano en tus cosas, en tus recuerdos, en tus papeles, en tus fotos…en todo lo que sobre ti tú nunca quisieras que se sepa. Dicha verguenza post mortem está disponible los diez años siguientes a tu deceso, lo cual explica, en el caso de tu sueño, la inscripción de 1990-2000. El fin de año se acerca, y tu desasosiego crece. Te reconfortas pensando que nada tan vergonzoso dejas; algunas malas notas en la escuela, un par de facturas sin pagar, aquellas fotos desnudo que no tienes la más mínima idea donde escondiste. Pero también está lo otro… te recuerdas. La única vergüenza de tu vida. Sabes que ellos, los Investigatoren, todo lo encuentran y todo lo exhiben. Gran parte de tu vida más privada, desnuda como tú en aquellas fotos. La injusticia de ese hecho te enfurece. Y te obsesiona, y no te deja dormir. A pesar de tu corta edad tu hecatombe ya parece tener fecha, por lo menos el sueño así lo dice; 1990. Así es como el sistema funciona y sabes que no serás la excepción. La obsesión por la posibilidad de esta muerte te inmoviliza, y pareciera que nada de lo que hagas puede evitar el lamentable estado en que se encuentra tu mente y tus emociones. Tu cuerpo también ha pagado el alto precio de tus desvelos, la mala alimentación y el tabaco compulsivo. Sabes que en tu mundo casi todos los actos de la vida son registrados, y controlados. Por un segundo te preguntas si el suicidio no será la solución. ¿Pero por qué preocuparse por una vergüenza que saldrá a la luz cuando tú hayas desaparecido? Tu respiración agitada se calma, el vaso de cerveza te llama y refrescas tu garganta intentando ponerte a tono con el ambiente de fiesta de esa ocasión. Sin embargo, el recuerdo del sueño te golpea nuevamente y te ves allí, otra vez. En las imágenes nocturnas, tú, Fabrizio, estás parado ante tu cápsula del tiempo. La inscripción es clara y los años son precisos: 1990-2000. No quieres creerlo, pero la realidad es que la obsesión aumenta y tu sueño es cada día más escaso. Pasados unos segundos escuchas a tu madre llamándote del living, para unirte como siempre en los festejos. Fabrizio, te dice, ¿te quedaste dormido? Vamos, ya falta poco para la medianoche y están casi todos brindando en la terraza; además compré unos fuegos artificiales hermosos. La consternación te ataca. Te levantas, celebras, conversar sin pensar con algún familiar sin saber de qué estás hablando. Tu madre te mira extrañada. En ese momento, la puntada que te aqueja en el pecho es aguda. Tu camisa fina es humedecida nuevamente por el sudor de tu mano derecha. Entre fuegos artificiales y el champagne que te salpica, tu cuerpo colapsa, infartado, y tu autoprofecía se cumple.  

 

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Soy Virginia. Me encanta escribir. Un gusto compartir por aquí.

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