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13 min
Primal (2ª parte de 3)
Ciencia Ficción |
10.07.18
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Sinopsis

Continuacion de la primera parte

Diez años después

El joven caminaba por el pequeño sendero, apenas perceptible a causa de la abundante vegetación que casi lo cubría por completo, pero no necesitaba verlo, llevaba toda su vida recorriendolo y conocía cada giro, cada desnivel e incluso cada piedra; el único problema era que con tanta vegetación resultaba fácil para los depredadores ocultarse, sobre todo para hienas y dientes de sable y, de hecho, uno  de esos animales, un enorme disntes de sable, le seguía desde gace un buen rato.Avanzando con el viento a favor, saboreando  el inminente bocado, el poderoso animal estaba cada vez mas cerca, veinte pasos...diez pasos...el joven aunque iba armado, no iba a tener tiempo de reaccionar si no se giraba rápido...cinco pasos...y entonces la criatura decidio que ya  estaba suficientemmente cerca y comenzó el ataque; en apenas un suspiro Tarak había sido derribado y una enorme lengua con olor a carne de mastodonte lo estaba bañando en saliva de la cabeza a los pies. Como casi siempre, Tzock le había vuelto a coger desprevenido.

- ¡Quieto Tzock, para! Sabes que a madre no le gusta que llegue llenno  de  tus babas - gritó Tarak mientras trataba, inutilmente,de levantar al enorme felino que haciendo caso omiso, seguia relamiendolo - pero eso a ti te da igual ¿verdad?

Consciente de que Tzock no  iba a parar, Tarak finalmente tuvo  que rendirse y devolverle el cariño que  su amigo le mostraba acariciandole el lomo como hizo diez años atras mientras el chaman lo curaba de las heridas sufridas en el enfrentamiento con la hiena, heridas que habían dejado terribles citatrices en ambos, hombre y bestia, uniendolos en una extraña amistad nunca antes conocida, una lealtad que solo la muerte podría romper.

De repente algo hizo levantarse a Tzock y girar su poderosa cabeza en dirección al poblado, a su casa;Tarak hizo lo mismo y en apenas segundos comenzó a correr tan rápido como le permitían sus fuertes piernas, pues lo que había alarmado a Tzock era el olor de la oscura nube de humo que comenzaba a elevarse sobre el pequeño valle donde se situaban el reducido grupo de cabañas que formaban su hogar. Sabía que al cocinar la carne se producía humo pero aun era temprano para enncender el fuego;no, aquel humo era malo, algo pasaba en su poblado y hacia el corrieron.

Cuando finalmente alcanzaron su  destino, la visión del desastre que tenían ante si hizo que Tarak cayera de rodillas mientras Tzock situando su enorme cabeza junto a la de su amigo intentaba, de algún modo, consolarle pues podía sentir la enorme tristeza que le embargaba ante aquella terrible visión.Las cuatro pequeñas cabañas ardían como enormes piras funerarias haciendo impensable la  idea de entrar en ellas en busca de supervivientes; el hueco donde guardaban las pieles para el invierno ya no era mas que un simple agujero en el suelo en el que desembocaba el reguero de sangre que nacía de unno de los diez cadáveres que ahora teñían el  suelo del poblado de rojo. Las lágrimas brotaban de los ojos de Tarak sin nada que pudiera contenerlas, su  familia, su mundo, todo habñia desaoarecido para siempre; sabía que Tzock siempre estaría con él pero ¿a donde irían ellos dos solos?, ¿quienes los acepatarían?, eran dos parias en un mundo enorme y aterrador y entonnces fue consciente de que ahora solo tenían una misión, descubrir quien era el responsable y acabar con el, y sabía como hacerlo.

Vamos Tzock - dijo mientras se levantaba del suelo y enjugaba sus lágrimas - tenemos mucho que hacer.

Lo primero era asegurar que ninguna alimaña tocaba los cuerpos de su familia. Desde que tenía uso de razón, siempre que alguien del poblado pasaba al mundo de los Maktú, su cuerpo era llevado a la _Cueva de las Señales, alli donde el Gran Chaman realizaba sus ceremonias para comunicarse con los que ya se habían ido. En la cueva estaban ya su hermana y sus abuelos y pronto lo estaría el resto de su familia. Uno a uno fue trasladando los cuerpos hasta la cueva; Musak, su padre; Gnor, el gran chaman; Gnaktuc, Molok...hasta que solo quedó Mekala, su madre, el cuerpo menos pesado pero el  que más le costó llevar pues aun siendo  una sociedad patriarcal donde el papel de la mujer era reducido, desde el momento en que ella había pedido que se curara al pequeño "diente afilado", la relación entre madre e hijo se había hecho muy fuerte y ahora tenía que despedirse de ella, al menos, de su forma física.

- Adios madre, reúnete con tus padres y con tu hija, pronto necesitare vuestro consejo. - No quiso decirmas pues con cada palabra se le hacía mas dificil contener las lágrimas y no  quería llorar en aquel  lugar sagrado. A las palabras de Tarak siguio un enorme rugido de Tzock, era su adios a los fallecidos, un adios que al rebotar contra las paredes de la cueva se hizo tan estruendoso que hasta en el lejano mundo donde habitaban los Maktú pudo oirse su eco.

Los Maktú. Solo ellos podrían decirle que ocurrió en el poblado. Habalr con ellos era cosa de Gnor, el chaman cuyo conocimiento debía haber pasado a su hijo, pero al fallecer este a causa de unas extrañas fiebres,había elegido a Tarak como sucesor, en gran parte por su extraño vínculo con Tzock, pues si era capaz de comunicarse con una criatura como él, los Maktú lo acepatarían.Asi, poco a poc, había ido aprendiendo los secretos del mundo de los Maktu, que hierbas había que consumir en la ceremonia para poder verlos o en que momento del día había que acudir a ellos ya que vivían en un mundo muy lejano y solo en detreminados momentos la distacia entre ambos mundos permitía la comunicación. Había que esperar al ocaso, justo cuando los últimos rayos de sol iluminaban la cueva, ese era el momento de iniciar laceremonia; aun quedaban varias horas asi que fue preparandolo todo, cogio ramas para la hoguera, hojas para el brebaje y logro recueprar algunas lanzas que escaparon al saqueo de los  atacantes.

Justo cuando los últimos rayos del sol iluminaban el interior de la cueva, se tomo el brebaje y comenzó a recitarlas palabras ancestrales mientras arrojaba al fuego semillas y hojas de diversas plantas que facilitarían la comunicación. Conforme las palabras salían de su boca notaba como la bebida empezaba  a  hacer su efecto, las llamas de la hoguera parecían conbrar vida y bailar al rtimo de alghuna exstraña música creando extrañas figuras en la pared, pared que iba cobrando vida junto con el resto de la cueva, como si se estuviera convirtiendo en un ser vivo que giraba alrededor duya cada vez mas rápido hasta que finalmente se detuvo y las sombras de la pared salieron de esta, al menos treinta sombras de distintas alturas que poco a poco iban adquiriendo forma, primero los brazos y piernas,luego la cabeza hasta que finalmente todos tuvieron rostro, el restro de sus familiares y antepasados. Los Maktú habían acudido a la llamada.

- Poderosos Maktú, yo Tarak me presento ante vosotros en busca de vuestra ayuda, en busca de vuestra sabiduría - comenzó tarak tratando de recordar la  forma en la que el gran chamanactuaba con ellos - Necesito saber que ocurrió en el poblado durante mi ausencia.

- Marchate - contestaron al unínoso - nada queda aquí para ti salvo muerte. Marchate.

- ¿Qué os pasó?¿Qué ocurrió durante mi ausencia? - volvió a pregunntar Tarak intetando ocultar su descontento

- Nada importa ya, nada puedes hacer por nosotros - replicaron de nuevo - Ve al norte. Empieza de nuevo.

Algo extraño ocurrió entonces. Uno de los Maktú decicidió adelantarse y tomo la palabra por si solo. Era Mekala.

- Tarak, hijo mío, comprendo tu  dolor pero nada puedes hacer ya por nosotros, no hay nada que te retenga aqui. Marchaos al norte, alli, vuestra capacidad para rastrear a los "colmillo gigante" será muy apreciada por otras tribus. Encontrareis algún grupo donde estareis bien.-

- No quiero una nueva familia, Madre....os quería...os tenía a vosotros, por favor Madre, ¿que ocurrió? ¿ Que os pasó? - Tarak se negaba a aceptar las palabras de su madre, su deseo de venganza era demasiado fuerte.

- Márchate - volvieron a repetir los Maktú.

- ¡Gubash! - sonó desde el fondo de la cueva pero con fuerza suficiente para imponerse al grupo - la tribu de Gubash es la  responsable - . Los Maktú se echaron a un lado y una pequeña figura avanzó entre ellos. Era Nukat, su hermana.

- Gue Gubash, hermano.Su tribu mató a Padre, Madre y a los demás y quemaron nuestro poblado. Madre, Padre, nosotros... queremos que te marches pero yo...yo quiero que hagas lo que creas correcto, lo que sientes que debes de hacer - afirmó mientras lentamente iba retrocediendo y perdiendose dentro del grupo.

- ¡Espera! ¡Nukat espera, hay  más cosas que querria saber-.

- Despierta - sonaron los Maktú - debes despertar-. Al tiempo que el eco de sus voces se iba apagando, los Maktú se iban desplazando hacia el fonde de la cueva, perdiendo su forma humana y fundiendose de nuevo con la roca, como simples sombras de las llamas de una hoguera a punto de extinguirse.

Cuando Tarak despertó, el sol ya despuntaba en el alba, la hoguera ya hacía tiempo que se había apagado y en la pared del fondo, solo roca. Tzock le esperaba en la entrada de la cueva, de donde no se había movido, actuando como centinela durante el viaje onirico de Tarak.

Gubash - pensaba para sí mientras salia de la cueva - pero, ¿por qué? y ¿como han podido si son.... - y entonces lo vio claro - son menos, por eso lo hicieron, si se nos hubieran unido, Gubash habria perdido su liderazgo, era mejor para el matarnos, asi solo tendrían que competir por la caza con los "dientes afilados". Los ha matado por la carne.

Muy a su pesar, sabía que la decisión de Gubash no era muy diferente de la que habría tomado su padre en la misma situación pero, al menos, su padre, lo habría hecho bien, no habria dejado supervivientes. Gubash había cometido un error y lo iba a pagar  con su vida. Cogió todas las lanzas que encontro, su  arco, y junto a Tzock, tomo el camino que conducía al poblado de Gubash.

Varias horas después

TZock, herido aunque todavía con fuerzas, hundió sus enormes colmillos en el cuello de su última víctima, una chica de apenas quince años que se había ocultado bajo un montón de pieles cuando comenzó el ataque; había logrado escapar a los ojos de Tarak pero no al infalible olfato de Tzock. La zarandeo varias veces hasta que dejo de moverse y solo enonces comenzó a buscar un nuevo objetico pero todos parecían estar muertos ya. Tarak, sangrando por su costado, el viejo mosrdisco de la hiena se había abierto de nuevo, y por su brazo derecho, avanzaba hacia Tzock al tiempo que escudriñaba el poblado en busca de algun posible superviviente. Fue entonces cuando le vio. Gubash, con sus últimas fuerzas, imbuido ppor el mismo deseo de venganza que habia guiado a Tarak, se levantó, cogio una lanza y la arrojo contra Tzock, al  que vio junto al cadaver de su hija. Tarak también lanzó la suya al tiempo que se propulsaba hacia Tzock buscando un milagro.

La lanza de Tarak dio en el blanco. Lo último que el cerebro de Gubash hizo en este mudno fue preguntarse que era aquel objeto marrón que ahora le salía por ambos lados del cuello. No hubo respuesta y su cuerpo cayo pesadamente sobre el suelo.

La de Gubash también.

- Ahhhhhgg - profirio Tarak mientras su boca era invadida por el metalico sabor de la sangre - eras un hombre fuerte Gubash, lo reconozco -. La lanza le había alcanzado atravesándole el estomago y, si bien nolo había matado,sabía que no tardaría mucho en hacrelo.

- Te he....vuelto a salvar ami.....amigo - dijo mientras acariciaba la cabeza de Tzockque no sabia como actuar. Diez años atras supo que tenía que atacar a la hiena y hace solo unos instantes, sabia que tenía que matar, pero ahora su amigo se moría y no sabía que hacer.

- No te preocu....pes Tzock, estoy bien...bien, solo tengo....- cada palabral e resultaba casi un imposible por el dolor y por la sangre que se le acumulaba en la garganta - que llegar hasta....esa cueva de ahí y descansar...descansar.-

Haciendo un titánico esfuerzo, con la lanza todavía atravesada y apoyandose en Tzock, consiguió entrar en la cueva cercana al poblado de Gubash. Hubiera preferido morir en la suya, con sus antepasados, pero ya le era imposible llegar. Tendría que ser allí. Tzock se tumbó junto a él y apoyo su pesaba cabeza sobre las piernas de Tarak. Sus heridas no eran demasido graves y tal vez, con algo de descanso y comida habria podido recuperarse pero si Tarak había deicidido morir allí, el no iba a ir a ningún sitio, moriría con su amigo, aquel que en dos ocasiones le había salvado, aquel con el que había compartido toda su vida.

- No tienes...por...porque quedarte...amigo - susurróal tiempo que acariciaba el lomo como hiciera en aquellos dias en que ambos se recuperaban de los hechos ocurridos en el lecho del rio - pero supon...go que no...no te marcharas ¿verdad?

Ambos se quedaron allí, sangrando hasta que finalmente se quedaron dormidos. Y soñaron, Soñaron que los dos, juntos como siempre, recorrían de nuevo ese camino que también conocían, el camino al poblado, el camino a casa, donde su familia ya los esperaba bajo los rayos de un fugaz atardecer que teñía el cielo de amarillos, naranjas y rojos como nunca jamás habían visto. 

 

  

 

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