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13 min
Primer libro de la magia: Escritura
Fantasía |
04.06.17
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Sinopsis

El rumor de las olas envuelve todo el puerto, junto el olor a pescado. El pueblo de Marbrava es, sobre todo en la zona de desembarque, sobretodo para el olfato, como una pescaderia gigante. A pesar de todo, es un sitio muy concurrido debido a sus bares. En un lugar llamado Marbrava los hombres y mujeres que trabajan alli deben ser mas fuertes que el mismo oceano, que no es poco. De modo que si un local al que van rudos marineros tras dias en alta mar pretende sobrevivir, este tiene que ser mas que bueno. A Wanda en especial le gustaba un bar llamado La Cola de la Pescadilla, donde la cerveza que sirven no es ni la mas fuerte ni la mas buena, pero si la mas barata, lo cual es el segundo requisito para que triunfe un bar en Marbrava.
Su proximo destino estaba a dos dias de distancia, asi que Wanda se dirigio hacia Marbrava para tardar tres dias, pero llegar satisfecha. Dejo a Lala en el apedadero y se dirigio al Pescadilla. Normalmente siempre hay alguna que otra bronca o pelea. Cuando un marinero bebe lo hace por todos los dias que ha estado en altamar y por todos los que estara en el futuro. Por esas calles podias ver a hombres compitiendo por su hombria, hombres pegandose por mujeres, mujeres pegandose por hombres, taberneros pegandose porque su vecino ha vuelto a rebajar la cerveza, y, lo que mas le gustaba a Wanda, gente realizando apuestas sobre el ganador de las trifulcas. A ella se le daba bien calar cuando una batalla estaba perdida, por lo que a menudo salia del bar con mas dinero que con el que habia entrado.
El Pescadilla estaba entre el barrio de las cortesanas y el barrio de las tejedoras. Unas creaban las porvisiones para los pescadores, las otras aliviaban sus penas. Era el punto perfecto para no estar tranquilo. Pero esa mañana que era tan gris como todas en Marbrava, Wanda vio algo de lo mas inusual. Dos licanos grandes, de pelaje rizado, uno negro y otro marron, estaban hablando con una chica. Esto no fue lo que le llamo la atencion, despues de todo ella sabia en que barrio estaba. Lo que le llamo la atencion fue que la chica iba completamente cubierta. Una tunica con capucha marron raida, que evidentemente le estaba grande, cubria toda su piel. Todo excepto las manos, en las que sujetaba con fuerza un papel. Algo bastante extraño para alguien que tiene que usar su cuerpo como reclamo.
-...tu no eres de por aqui, ¿verdad?
Wanda reconocio esa gutural voz. Era Luke, un viejo conocido de apuestas, y su compañero Leon. La chica solo balbuceaba y temblaba como una cria de licano. Ella no iba a intervenir. Las cortesanas tenian un fuerte sentido de la hermandad, ya sea para pelear contra las tejedoras o para defenderse de cualquier hombre. Pero al mirar detenidamente aquellas manos a Wanda le recorrio un escalofrio por la espalda. "¿Son quemaduras?". Ya habia visto a alguna cortesana con el ojo morado o algun moraton, y ella sabia que quien quiera que se lo hubiera hecho estaria peor. Pero esas marcas jamas las habia visto antes alli. Corriendo, haciendo sus pisadas tan sonoras como su paso se lo permitia se puso en medio de los licanos y la chica.
-¿Va todo bien?
-Ah, hola, Wanda. Esta chica nos ha parado. Nos querra preguntar algo, pero creo que no entiende nuestro idioma.
La chica se oculto tras Wanda, quien la cogio por la muñeca y tiro de ella hacia el frente.
-¿Y estas quemaduras? ¿Se las habeis hecho vosotros?
Wanda puso delante de los hocicos de los licanos una mano con tonos blancos y morenos irregulares. El licano marrron mostro sus dientes.
-¡Oye, ya te hemos dicho que no la conocemos! 
-No son quemaduras... -dijo la chica bajo su capucha, en un susurro casi inaudible.
Los tres miraron bajo la capucha: un muchacho de tez morena miraba fijamente el suelo. Wanda solto su muñeca y este se froto la muñeca con la mano que sujetaba el papel.
-¡Hablas! -exclamaron los licanos.
-¡Eres un tio! - exclamo Wanda.
El muchacho levanto el papel y lo puso delante de las tres caras perplejas.
-¿Sabeis como puedo llegar aqui?
Era un mapa del hemisferio norte en el que habia dos islas rodeadas de rojo, una de ellas señalada con flechas. Los tres miraron detenidamente el mapa que temblaba en esas curiosas manos.
-Creo que es la isla de las misioneras, ¿no? -dijo Leon
-Si, creo que si. Esta bastante lejos. Aqui no hay ningun barco que se dirija hasta alli.Tendrias que ir al norte. ¿Y esta otra isla? -contesto Luke.
-De ahi vengo -tartamudeo el chico.
-Esta bastante lejos de aqui tambien.
Wanda no dijo nada. Ni siquiera se fijo en el mapa. No podia apartar la vista de esas extrañas manchas. El muchacho lo noto.
-No son quemaduras. Naci asi -se descubrio la cabeza y mostro como en el cuello tenia machas similares. - ¿Ves?
Su piel mostraba dos tonalidades. Su cara era morena pero a partir del cuello era como si su color se cayera en pequeños pedazos mostrando una piel blanca. Wanda pidio disculpas e intento marcharse viendo que no habia problemas en la situacion.
-Espera, ¿tu te diriges al norte por un encargo, no, Wanda?
Wanda se paro en seco. A pesar de que siempre mantenia en secreto a donde se dirigia y porque, los demas siempre se acaban enterando. Era una de las cosas que mas odiaba, ya que algunas veces se ofrecian a ayudarla para compartir los meritos o le encargaban mas trabajos de lo normal. Se giro y dirigio una mirada de odio hacia los dos licanos. Asintio con la cabeza.
-Pues podrias acercarle.
-¿En serio? Te pagaria por el viaje.
Ahi estaba la tercera razon por la que no le contaba a nadie sus encargos.
-Lo siento, pero no me dedico al transporte.
Se dio media vuelta y con paso decidido se marcho hacia el Pescadilla. El muchacho la siguio, insistiendole.
-De verdad, que te pagaria por las molestias. Incluso te pagaria las provisiones.
-Que el pagues a otro, chaval.
Abrio la puerta del bar, inundado por las conversaciones a voces de los parroquianos.
-Wanda, bienvenida. ¿Que tal? ¿Algun trabajillo?
El camarero era un hombre bajito, sin un solo pelo en la cara, que mientras hablaba con Wanda, escuchaba la historia de un anciano sobre el pasado, limpiaba el mostrador con su fiel bayeta y llenaba jarras de cerveza.
-Lo de siempre, Quino. Ponme una jarra.
-Que sean dos -dijo el muchacho antes de que Wanda acabase la frase. -Yo invito
-Marchando. ¿Es amigo tuyo? Que si, hombre, que te estoy escuchando. Ibas por cuando te robaron en tu granja.
-Un pesado, mas bien.
Sirvio las dos jarras y volvio con el anciano que estaba describiendo todos y cada uno de los animales que le robaron. Wanda dio un trago que valio por dos. El muchacho observo al resto de clientes.
-¿Que son?
-¿Que son el que?
-Esos -dudo sobre que palabra decir -animales.
Wanda miro hacia atras.
-¿Los licanos?
-Supongo.
-No les llames animales. Como uno se entere te dara una paliza.
Wanda se rio por lo bajo pensando que quizas deberia hacerlo para empezar una pelea.
-¿Pero que son?
-¿Nunca habias visto a uno antes?
-Pues no. A mi isla nunca ha llegado ninguno.
-Normal. En barco se marean y no pueden comer pescado. Los que hay aqui solo hacen trabajos pesados.
-Aun no me has dicho lo que son.
-Pues son lo que ves -Wanda empezaba a perder la paciencia. -Personas cubiertas de pelo, con cola, garras y dientes capaces de romper huesos.
El muchacho se ahorro el preguntar si eso era verdad o si intentaba asustarle.
-Ese es muy distinto a los dos de antes. Su pelaje es corto y liso. Y de color blanco.
-Esa es la gracia de los licanos -solto agotada-. Los hay enanos y gigantes, blancos, negros y marrones, con pelo corto y largo, rizado y liso.
El muchacho sonrio, pensando en la posibilidad de tantas criaturas distintas. Volvio a su bebida cuyo olor le hizo arrugar la cara.
-Esto huele a limpiador y a orina.
-Con el tiempo te acostumbras
El muchacho le lanzo una mirada de incredulidad.
-Es barata y es cerveza. No pidas mas. Si no la quieres, ya me la bebo yo.
Queriendo demostrar su valia, dio un trago y se aguanto un eructo.
-¿Cuantas hay que beber hasta que te acostumbres?
-Quieres irte ya. No pienso llevarte a ningun...
El bar se quedo en completo silencio. Se oian gritos procedentes de la calle.
-¿Que esta pasando?
Wanda y algunos mas del bar le chistaron. El camarero se retiro al almacen. Todos salieron estreptitosamente a la calle, excepto el muchacho que se quedo perpejlo. El camarero salio del almacen con una pizarra bajo el brazo, una caja de madera bajo el otro y una bolsa de tiza.
-¿Que ocurre?
-Eres nuevo aqui, ¿verdad? Sal a la calle. Lo entenderas enseguida.
Al salir, vio como todos los del bar y los de otros bares formaban un circulo. Se oian las voces de dos mujeres discutiendo.
-Cortesana contra tejedora -dijo uno de los espectadores
-Al parecer se ha acostado con su marido.
-¿Y el donde esta?
-Zarpo no hara mas de diez minutos
-Que lastima, se lo va a perder
Los camareros se subieron a sus cajas y escribieron en sus respectivas pizarras dos tablas encabezadas por una C y una T.
-¡Hagan sus apuestas, señoras y señores!
-¡5 a que la tejedora le clava una aguja!
-¡10 a que la cortesana gana y acaba pateandola en el suelo!
-¡7, la cortesana gana porque esta embarazada!
El muchacho se colo entre el bullicio buscando a Wanda. Estaba en primera fila, pinta en mano.
-Por fin te encuentro.
-Tu otra vez.
-¿No apuestas?
-Ya lo he hecho -sonrio de forma maliciosa. -15 a que la tejedora le da un sopapo que la tira al suelo y no se atreve a levantarse otra vez. Las tejedoras tienen las manos fuertes y callosas.
El muchacho observo la situacion. Una mujer entrada en años, con vestido hasta los tobillos y un pañuelo en la cabeza discutia con una joven maquillada, de melena rizada y con ropa que no dejaba trabajar mucho a la imaginacion.
-No te hagas la loca. Todos han visto como entrabas y salias del hostal con mi marido. 
-Cariño, vas a tener que recordarme quien es tu marido. Como comprenderas conozco a muchos hombres a lo largo del dia.
-Encima te burlas de mi.
Las apuestas continuaban.
-¡8 a que la tejedora le tira de los pelos y se los arranca! 
-¡4 a que la deja en cueros!
Los camareros no daban a basto escribiendo. Normalmente las apuestas se cerraban cuando la pizzara estaba llena o, si el camarero tenia la letra pequeña, cuando se le acababan las tizas.
-No lo entiendo -dijo el muchacho. -¿Por que discuten?
-Al parecer el marido de la del pañuelo se ha gastado su sueldo en acostarse con esa.
-¿Y por que nadie las detiene?
-Esto es el pan de cada dia, chaval. Es mas facil dejarlas que se desahoguen que tener que para cada pelea.
Las dos mujeres habian llegado a las manos. La tejedora le tiraba del pelo, mientras que la cortesana le arañaba la cara.
-Yo tambien voy a apostar.
-Corre. Estas a tiempo -dijo Wanda con desinteres, antes de dar un trago a su bebida.
-Te apuesto a que las dos dejan de pelear.
Wanda miro con escepticismo al chico. Miro la pelea y dijo:
-Si, hombre, ¿y que mas? ¿Se volveran amigas?
-Puede. Si yo gano me llevaras contigo al norte. Si pierdo -saco una bolsa de debajo de su tunica-, te llevas todo mi dinero.
La bolsa era abundate y pesada. Con un leve movimiento las monedas hacian tanto ruido que los de alrededor se callaban para observarla. Era imposible negarse a eso.
-Que demonios, acepto el trato.
Estrecharon las manos confirmando el acuerdo. Las dos mujeres seguian enganchadas. El publico las animaba para que hicieran lo que habian apostado. La cortesana le dio un bofeton que dejo la cara de la tejedora marcada. Se separaron y, antes de que pudiera recuperar la posicion, la tejedora ya tenia la mano en alto.
-¡Ahi esta!
Wanda casi podia sentir el peso de esa bolsa. De repente, los camareros dejaron de escribir apuestas en su pizarra, el publico dejo de animar, las mujeres dejaron de pelear. Todos dejaron de hacer lo que hacian para escuchar al muchacho cantar. Nadie entendia la letra, cantaba en un idioma desconocido, pero aun asi alcanzo los corazones de todos. El circulo que rodeaba a las mujeres se agrando para que entrase el joven cantante, y Wanda, que fue incapaz de moverse.
-Lo siento -dijo la cortesana entre sollozos .- Vi que estaba borracho y pense que era facil engatusarle. Ni siquiera sabia que estaba casado. Nunca me acuesto con hombres casados.
La tejedora la abrazo con fuerza. La cortesana se derrumbo. Lloraba como un niño pidiendo perdon a su madre. Entre balbuceos, conto su historia: traicionada por un hombre no tuvo mas remedio que trabajar en la calle.
-Esa... esa es la historia de... de casi todas... -cogia aire para poder hablar y llorar al mismo tiempo.
-Tranquila -le decia la tejedora mientras le acariciaba la cabeza -, todo saldra bien.
Los camareros borraron todas las apuestas en sus pizarras. Algunos abrazaban a sus compañeros, otros lloraban extrañando su hogar, otros, con el orgullo mas fuerte, se retiraron para estar a solas. A todos les afecto la cancion, excepto a Wanda, quien mantenia una expresion neutral mientras miraba fijamente al muchacho. La cancion termino.
-Parece que he ganado -tenia una sonrisa de oreja a oreja -. Me llamo Heo, por cierto.

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