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8 min
Primera Cita
Fantasía |
22.04.14
  • 3
  • 1
  • 678
Sinopsis

     Luke se encontraba su tienda de música favorita, específicamente en la sección de Jazz y Música Clásica, deleitándose con la obra magna de Carl Orff como el buen aficionado que era, cuando volvió la vista hacia la puerta principal y la vio.

     Erika entró un poco renuente al establecimiento, lo más probable era que ahí no encontraría aquello que tanto estaba buscando; pero no perdía nada con hacer el intento. Avanzó hacia la sección de Metal y comenzó a hurgar entre los cientos de títulos que se extendían delante de ella.

     No obtuvo un resultado satisfactorio con esta clasificación pero aquello era de esperarse, sin embargo buscó en la sección de Música Alternativa, e incluso en la de Electrónica, sin éxito alguno. Al quedarse sin idea de bajo cuál de tantas categorías pudiera encontrase el tipo de música que deseaba, se dirigió a un empleado del local.

     El muchacho que la atendió la miró de arriba abajo como si Erika fuese, literalmente, un bicho raro. Había personas con cierto tipo de sensibilidad, las cuales percibían algo extraño en ella desde el momento en que la veían; por otro lado, también existían imbéciles que la juzgaban por su forma de vestir.

     El empleado de la tienda formaba parte del segundo grupo de gente, no había duda de ello; sin embargo ella ignoró sus miradas y el chico no tuvo otra opción más que atenderla con una sonrisa acartonada en el rostro; dirigirse hacia una de las computadoras en donde se almacenaba el catálogo electrónico manejado por la cadena de tiendas e ingresar el nombre del artista que la joven le dictaba.

     Después de varios intentos de búsqueda introduciendo el nombre del álbum, grupo, año de lanzamiento y distintos géneros musicales, se llegó a la conclusión de que lo que ella buscaba sólo podía conseguirse bajo pedido.   

     El empleado, harto de buscar rarezas musicales en una computadora, invitó a la muchacha a continuar su búsqueda en alguna otra tienda que manejara más música de su estilo. Básicamente, le pidió que se marchara y dejara de molestarlo.

     Erika, también cansada del trato recibido, únicamente cerró los ojos, respiró profundamente y al abrirlos de nuevo le lanzó al empleado una mirada cargada de ira. El muchacho se congeló de inmediato ante tal gesto; algo en la mirada de la muchacha lo redujo a un manojo de nervios. El terror se apoderó por completo de él y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no echarse a llorar u orinarse en los pantalones.

     El empleado se dirigió  tembloroso a un rincón solitario de la tienda y comenzó a juguetear nerviosamente con los negros cabellos de su fleco, mientras se preguntaba qué rayos le había hecho aquella muchacha para provocarle tal pánico. 

     Desde hacía unos minutos, Luke había dejado a un lado los audífonos por los que sonaba su ópera favorita para prestar total atención a la escena que se desarrollaba a unos cuantos metros de distancia, al otro lado de las puertas de cristal y ventanales que dividían la sección de Música Clásica del resto de la tienda.

     Ahora Erika se dirigía hacia donde él se encontraba; sin embargo seguía tan irritada por aquel episodio con el empleado, que no notó su presencia hasta que casi estuvieron frente a frente.

     Durante ese breve lapso de tiempo, él pudo verla con mayor detenimiento: Aparentaba una total inocencia, aunque Luke sabía que esta podía transformarse en una ferocidad brutal en un abrir y cerrar de ojos en caso de ser necesario; sin embargo era pequeña, tanto en tamaño como en edad. Era una niña, más bien una bebé en comparación con él; tan vulnerable ante él como el resto del mundo. Y aun así generaba curiosidad y atracción hacia cualquiera que se tomara el tiempo de mirarla detenidamente.

     Él conocía ese tipo de carisma a la perfección; a fin de cuentas, era lo que le permitía obtener comida todos los días, compañía agradable y cualquier otra cosa que deseara. También sabía, tal vez mejor que nadie, que ese carisma era muy poco común, incluso entre los suyos.

     Cuando Erika se percató de que alguien la estaba observando, volteó en dirección a Luke, completamente lista para espetar algo que lo disuadiera de seguir mirándola; sin embargo, en cuanto lo vio, quedó paralizada.

     Erika reconoció a Luke de inmediato; si bien no sabía quién era, sí estaba consciente de cuán terrible podía resultar el molestar a alguien como él. Lo mejor era evitar a los de su tipo a toda costa y, en caso de que esa no fuera una opción, lo segundo mejor era correr lo más rápido y lejos posible. Luke simplemente le dirigió una sonrisa cálida, provocando que el miedo dentro de ella se mitigara.

     Fue entonces que pudieron acercarse poco a poco el uno al otro y escuchar alternadamente las creaciones de los maestros de la música clásica y la ópera; no conversaron mucho durante este tiempo, sólo se dirigieron unas cuantas palabras entre pieza y pieza pero eso fue más que suficiente.

     Así continuaron, perdiendo toda noción del tiempo hasta que los empleados del local les comunicaron que ya estaban por cerrar la tienda y tenían que irse. Al volver a la realidad, cayeron en la cuenta de que eran los únicos clientes que quedaban en el local y salieron silenciosamente de aquel lugar como si aún estuvieran en trance.

     Los rayos del sol habían dejado de tocar esa parte del mundo desde hacía ya varias horas; y debido a que tenían planes diferentes para la noche, se despidieron frente a la entrada de la tienda, ahora cerrada, con la promesa de volver a verse y cada quién regresó a su rutina.

     Ella tomó un atajo hacia su destino a través de un callejón solitario y mal iluminado como solía hacer con frecuencia. Lo más terrorífico que podía encontrar en ese sitio eran ratas o cucarachas voladoras, si bien no era una escena agradable, tampoco era mortal. Sin embargo a medio camino apareció un hombre frente a ella. Erika permaneció tranquila mientras aquel sujeto se acercaba cada vez más.

     La joven retrocedió para poner tanto espacio entre ella y el desconocido como le fuera posible; pero entonces se topó con un segundo hombre a sus espaldas. De pronto el tipo detrás de ella estiró los brazos y la atrapó. Erika forcejeó pero sus intentos por liberarse sólo hicieron reír a sus atacantes.

     Mientras el hombre frente a ella se le acercaba con todas sus intenciones plasmadas en el rostro, el pánico la invadió por completo y entonces el instinto, aquel que apenas estaba aprendiendo a controlar, despertó.

     Luke paseaba por una calle poco concurrida del centro de la ciudad; podía escuchar el característico sonido de los bares cercanos que seguían abiertos a aquellas horas de la madrugada; él solía frecuentar este tipo de lugares cuando deseaba obtener una buena comida fácilmente sin demasiado esfuerzo de su parte.

     De pronto escuchó sonidos de forcejeo y lucha a pocos metros de distancia, mezclados con gruñidos que le eran demasiado familiares. Se dirigió corriendo, inusualmente alarmado, hacia una callejuela desolada y al entrar en la penumbra, los ruidos cesaron y el silencio lo invadió todo.

     Cuando llegó al punto en donde se había librado la pelea, o mejor dicho, la masacre, encontró a un par de hombres en el piso, terriblemente heridos pero aún con vida y a aquella muchacha que había conocido en la tienda de música, totalmente ilesa y aterrada. Se le fue acercando con cautela y ella, todavía asustada, lo reconoció y se lanzó a sus brazos entre sollozos.

     Él la recibió tiernamente; protegiéndola con su abrazo; consolándola; susurrándole palabras tranquilizadoras al oído con su voz de barítono. Permanecieron de esta manera durante varios minutos hasta que ella se hubo calmado por completo. Los gemidos agonizantes de los hombres llamaron su atención y los regresaron a la realidad; fue entonces que tomaron la única decisión posible con respecto a aquellos sujetos.     

     Así fue como su primera cita se llevó a cabo en un miserable callejón y la primera de muchas cenas que tuvieron juntos fue la sangre que manaba de los lánguidos cuerpos de los hombres que habían intentado violarla.

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