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14 min
PRINCIPIO ANTRÓPICO CAPÍTULO I
Ciencia Ficción |
08.07.17
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Sinopsis

En un experimiento de alto nivel algo parece haber salido mal..

                                                  PRINCIPIO ANTRÓPICO

 

 

 

 

            ¡Todo esto no es más que una maldita  locura! –el profesor Marcus Gilmore se dirigió al grupo de colegas que comandaba en un tono furioso. Se sentó ocultando la cara entre sus manos y la cólera fue dejando paso al abatimiento.  Sus ataques de malhumor eran míticos entre quienes le conocían, por eso tenía bien ganada fama de histrión. Sin importarle los lamentables espectáculos que acostumbraba a ofrecer cuando las cosas no rodaban según su gusto, gritaba, lanzaba por el aire todo lo encontraba a mano,  insultaba a cuántos le acompañaban sin atender a su rango, y algún allegado contó en “petit comité” que le había visto arrojarse al suelo llorando y tirándose de los escasos pelos que le quedaban, jurando y maldiciendo por su mala estrella, cuando un ingeniero cometió un error de cálculo que retrasó un proyecto dos horas. Y los arrebatos verbales no iban a la zaga. Utilizaba calificativos hasta extenuar a quienes lo escuchaban,  empleando sinónimos sin orden ni concierto para reiterar sus ideas. Esta vez, más pacífico,  siguió hablando deprimido, desconsolado, si bien a ninguno de los presentes les inspiró la menor lástima.

            -Lo único seguro que hemos conseguido  ha sido enloquecer al mundo entero. Nos encargan el proyecto más formidable y hermoso que pueda existir, que digo existir, imaginar siquiera y estamos donde estamos. Ahí fuera, detrás de esa puerta, tenemos a las más altas instancias del país esperando una explicación que no tenemos. Políticos, militares, que dicho sea de paso, nos tienen ganas, funcionarios y banqueros. Además, ellos están, a su forma, en una situación similar a la nuestra. Deben convencer a los representantes de las naciones amigas que no estamos llevando el mundo al Apocalipsis.  Francamente, tampoco me gustaría estar en su pellejo.  Hemos gastado, dilapidado, o mejor dicho, expoliado las arcas públicas cual ladrones audaces y no tenemos una excusa plausible que nos permita ganar algo de tiempo. Por si fuera poco, hemos mandado al infinito en un viaje sin retorno a seis personas.

-Si, si,  -dijo al ver algunas caras de escepticismo- ya sé que todos ellos conocían de sobra su misión y asumieron gustosos ese destino, pero no deja de ser una temeridad, una irresponsabilidad con consecuencias funestas. Lo pienso fríamente y no entiendo cómo me deje embaucar en algo tan disparatado.   Así que, estimados colegas, ya no pretendo convencer a las altas instancias del éxito del experimento, lo tomarían con razón por una ofensa a su inteligencia, solo quiero que entre todos los presentes seamos capaces de buscar una argumentación lo suficientemente sólida para no terminar  en Guantánamo u otra cárcel más siniestra aún que me consta que existen –su mirada a la concurrencia parecía rebosante de súplicas.

            En el aula donde se celebraba aquel cónclave científico, ubicada en un inmenso laboratorio subterráneo a dos kilómetros de profundidad en medio de un desierto,  reinó un silencio espeso por breves instantes. Los rostros de los físicos, ingenieros, informáticos y una extensa pléyade de talentos, denotaban una gravedad considerable. Mientras unos oscilaban las cabezas en clara señal de preocupación con las manos en los bolsillos de sus batas blancas cuchicheando palabras ininteligibles,  otros repasaban una y mil veces sus blocs de notas en busca de una ecuación errada, o tecleaban frenéticamente  en los ordenadores, tal vez para justificar que hacían algo y, de paso, ayudar a que la tempestad pasara por encima de ellos sin tocarlos.  Del fondo de la sala, un joven del que Gilmore no recordaba el nombre levantó la mano. Con una arrogancia que no pasó desapercibida para nadie comenzó a hablar sin esperar a que Gilmore le concediera el uso de la palabra.

            -Profesor, entiendo que la mejor prueba de que la misión ha alcanzado el objetivo completo es que estamos aquí. A fin de cuentas de eso se trataba. Además, la primera fase ya fue verificada en todos sus puntos y resultó asombrosamente exacta tal y cómo teníamos previsto.  Eso lo demostramos en su momento y lo podemos volver a hacer. La parte final, repito, es evidente que también se ha cumplido. Creo que el fenómeno a nivel planetario que se está dando se debe a algún simple error que será subsanado en cuanto se advierta desde la nave o les llegue nuestro aviso. Tal vez esté resuelto ya. Una cuestión de tiempo simplemente que las cosas vuelvan a la normalidad.

            Gilmore recordó de repente el nombre de aquel recién doctorado. Alan Weiss con el cual  tuvo más de un roce durante los farragosos e interminables preparativos. Altivo e irreverente, discutía cualquier cuestión que entendía mejor hacerla de otra forma, sin importarle la irritación que pudiera causar en sus superiores. De no menguar en su carácter insolente nadie le auguraba una larga carrera en la élite de la comunidad de cosmólogos.

            Gilmore respiró hondo. Comenzó a hablar con un ritmo cansino, casi imperceptible que presagiaba un inminente ataque de cólera.

            -Estimado señor Weiss, ¿pretende usted que mostremos ante ministros, presidentes de gobierno, generales y un largo etcétera de personajes importantes, unas fotografías, o si lo quiere mejor, una cinta de video donde se observan aumentadas miles de veces unas diminutas lucecitas que llamamos fotones, las cuales giran  al revés que las manecillas del reloj desde hace un tiempo, cuando antes lo hacían en el sentido contrario? Perfecto, magnífico, grandioso -dijo alzando las manos y levantando la cabeza hacia el cielo.

-Ahora mismo –continuó-  salgo y digo, señor presidente de los Estados Unidos, mire esta película casera, es la misma que teníamos hace tiempo, pues ¡fíjese bien señor presidente!,  los fotones que originalmente tenían un espín determinado, ahora lo han cambiado. Ah señor presidente, disculpe usted, el espín es un giro angular, una extraña propiedad que tienen las partículas, aunque en realidad no giran. Ya sé que no lo entiende señor presidente, pero me tiene que creer. Le prometo solemnemente que el video es el mismo, no hemos dado el cambiazo ni jugamos a prestidigitadores. Es una prueba evidente que hemos cambiado el pasado. De una manera insignificante, pero cambiado a fin de cuentas. Es algo extraordinario. Las mismas fotos -fuimos previsores  y tomamos miles de ellas- presentan idéntica característica. Son diferentes a cuando se tomaron. Han variado. Y lo han hecho porque como muy bien predecían las ecuaciones de la Teoría Especial de la Relatividad, hemos hecho coincidir la simultaneidad de nuestros astronautas con el día de la toma de las fotografías. Al alejarse de nosotros el corte espacio-temporal de los astronautas coincide con lo que nosotros llamaríamos nuestro pasado, es decir, su “rebanada” en el espacio tiempo es diferente a la nuestra que estamos en reposo,  si bien para ellos ese pasado nuestro es justo su “ahora”. Le parecerá contra intuitivo, ilógico, pero es así. Todo lo que abarca el espacio-tiempo existe con igual de realidad, aunque a nosotros nos parezca lo contrario. Los hechos simplemente son, con independencia de que estén iluminados por nuestra conciencia. Y las cosas que, desde nuestra óptica, no existen por el ser pasado o están por determinar a nuestro modo de ver porque aún no se han producido, son coincidentes con seres u objetos que se muevan por el universo para los que son hechos perfectamente reales y simultáneos.

Gilmore seguía y seguía hablando solo, representando una pequeña y ridícula obra de teatro de la que se había autoproclamado único actor, pese a los signos de impaciencia que empezaron a mostrar buena parte del grupo de científicos.

-Eso si, -levantó más la voz para acallar algunos siseos-  siempre hemos considerado que era imposible influir en los sucesos debido a los enormes distancias que gobiernan el cosmos. Una nave extraterrestre que se acercara a la Tierra para avisarnos de una catástrofe en el  futuro jamás llegará a tiempo de evitar el desastre, pero en su viaje hacia nosotros su concepción del ahora será coincidente con personas que aquí aún no han nacido.

-A partir de ahí, hemos jugado nuestra baza añadiendo una variable maravillosa. Gracias a la matemática de la física cuántica que sostiene que la actuación sobre ciertas partículas es instantánea –no juega el límite de la velocidad de la luz- sin importar la distancia, hemos llegado a este emocionante resultado. A ese fenómeno le llamamos entrelazamiento, o si lo quiere expresado de mejor forma, creemos que significa que el Universo es no local.  Los tripulantes de la nave modificaron el giro de las partículas y al instante sus hermanas en la Tierra hicieron lo mismo y, esto es lo importante, lo hicieron el día que se separaron esas partículas, en concreto hace unos meses.  Todo ello viene a confirmar que la grandiosa misión que hemos tardado años en planificar “debe” haber resultado exitosa.

Nadie en la sala entendía por qué Gilmore estaba dando un repaso teórico al experimento. La totalidad de participantes conocían al dedillo la idiosincrasia completa del mismo y no veían necesaria esa diatriba expuesta con formas tan bravas. Gilmore continuó:

 -Por supuesto se lo intento expresar de manera entendible señor presidente. Hay muchas facetas complicadas que hemos tenido que salvar. La principal ha consistido en la toma de las fotos y la película. El observar las partículas, y fotografiarlas es una forma de observación que hubiera destruido la superposición, y por tanto, el entrelazamiento. Para evitarlo construimos un dispositivo que fotografió los fotones al detectar su movimiento, cuando éstos cambiaron el giro, justo en el momento en que fueron medidos desde el espacio. Como esta operación la realizaron desde la nave miles de veces, el margen de error quedó reducido casi a cero. Interminables estadísticas así lo acreditan.

-El que la parte sencilla y fácil haya salido según nuestros cálculos indica que lo sustancial, lo importante, lo trascendental, también ha ido tal y cómo teníamos previsto. Lo segundo deriva de lo primero. Si bien es una cuestión de fe, ni lo podemos demostrar hoy, ni lo podremos hacer nunca, pero confíe ciegamente en este criterio particular.  Ah y hágame el favor de comunicar esta formidable noticia al presidente de Rusia, al Primer Ministro de Inglaterra y  a cuantos prebostes tenga por conveniente. Que la humanidad entera esté chiflada es un pequeño daño colateral sin la menor importancia. –algunos de los presentes sintieron un rubor incontenible al observar a su jefe terminar la escenificación arrodillado en el suelo con los brazos extendidos simulando una crucifixión. Luego se levantó con teatralidad y acercó al joven doctor.

-Si esa es su opinión doctor  Weiss –continuó Gilmore iracundo- más le valdría callarse. Suena tremendamente ridículo. Y rayaría en la tomadura de pelo si les decimos que ese cambio ni siquiera podemos demostrarlo. Para acabar de arreglar las cosas la nave está a una distancia que tardamos nueve meses en hacernos escuchar y otros tantos en recibir respuestas.

            -Ellos exigen resultados señor Weiss,  no atienden a disquisiciones que parecen mas propias de la filosofía que de la ciencia  –la eminente explosión de rabia se desató  al fin en Gilmore, la voz imperiosa dejó paso a los gritos desgarrados.

-Le cederé gustoso el honor de dar tan brillante explicación- chilló  ¿Nadie más puede aportar una idea que no sea un estúpido sinsentido?-  terminó su ataque de furia recorriendo con la mirada de sus ojos saltones a toda la audiencia. El pequeño discurso lo había teatralizado de tal forma, recurriendo a un montón de aspavientos y empleando tanta gesticulación que su figura bajita y regordeta se mostraba como la de un personaje algo grotesco.

            Alan Weiss, en un gesto que desquiciaba a Gilmore, se ajustó  las patillas de las gafas de cristales circulares y sonrió con frialdad. Sin dejarse atemorizar por la agresividad de su jefe, le respondió con calma.

            -Doctor Gilmore, creo que estamos olvidando un punto capital. La clave del asunto. Nuestro proyecto no podrá ser demostrado jamás por un medio directo sino indirecto, residual, o por defecto, como queramos llamarlo. La historia de la ciencia está repleta de descubrimientos realizados sobre indicios indirectos. Hoy conocemos siete dimensiones espaciales extra, trabajamos con ellas con normalidad y gracias a una serie de suposiciones teóricas hemos conseguido enormes avances, sin embargo, nadie ha podido verlas jamás ni parece razonable que pueda verlas en un futuro cercano por ser inimaginablemente pequeñas. Incluso voy más allá. Nadie que entienda el experimento en sí puede esperar una especie de prueba física, tangible, un objeto que pueda pesar o medir. Creo más razonable intentar exponerles este punto de vista que tomar caminos que nos llevarán a un callejón sin salida. En definitiva doctor, piénselo detenidamente ¿qué prueba espera mostrar a nuestros patrocinadores? No la hay. Si, en efecto, es una cuestión de fe. No hay más. Por otra parte estamos en la segunda fase de la misión que es estanca de la tercera y definitiva. No implica en absoluto que la tercera tenga que ser un fracaso –de nuevo se ajustó las gafas sin dejar de sonreir.

            Un murmullo más de asentimiento que de crítica se dejó escuchar por la sala. La lógica de Weiss pareció de una lógica impecable al grupo de científicos. Pero el profesor Gilmore, debido al despecho por verse superado en el debate por un simple aprendiz o porque se hallaba preso de un ataque de histeria, no estaba por la labor de ceder un ápice.

            -A usted no parece importarle que gracias al proyecto Génesis los suicidios en el mundo entero se han multiplicado por mil, las bolsas han tenido que cerrar para evitar un colapso económico, se ha decretado el estado de queda en todas las grandes ciudades y mil calamidades más que no hace falta enumerar. La gente tiene recuerdos falsos, se cruzan recuerdos entre personas diferentes y de una manera anárquica. Un buen día te levantas y eres tú y al siguiente tu cerebro recrea imágenes que nunca existieron o pertenecen a tu vecino. Para mayor confusión el fenómeno es sólo parcial con lo que verdad y mentira se mezclan y nada tiene sentido ¿Y todo por qué? Porque un grupo de físicos chalados ha jugado a ser Dios. Nosotros mismos hemos tenido que recurrir a un estricto protocolo para evitar los efectos de está peste psíquica porque tampoco somos inmunes y nuestro trabajo corría el riesgo de irse al infierno  –esperó un largo minuto con la secreta esperanza de que alguien saliera en su ayuda.

-Bien,  dado que percibo ciertas simpatías hacia la postura de Weiss, voy a nombrar una comisión integrada por cinco ilustres colegas para comparecer y suplicar al gobierno un poco de tiempo, aunque de nuevo me corresponderá asumir la responsabilidad de este clamoroso fracaso.  La suerte está echada. Mientras salgamos con vida de la empresa…-la sarta de ironías no debió surtir los efectos deseados por Marcus puesto que ninguno de los presentes puso la mínima objeción a que fuera él quién diera la cara por todo el colectivo encabezando la comisión. Y eso que desconocían que Gilmore se juró a si mismo despedir a Weiss en la primera oportunidad que tuviera por rebelde e insolente.

 

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