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5 min
PRINCIPIO ANTRÓPICO CAPÍTULO V
Ciencia Ficción |
07.08.17
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Sinopsis

En un experimento de alto nivel, algo parece haber salido mal.

Faltaban  escasos minutos para iniciar la segunda fase del proyecto y Eva Morrison tenía el rostro desencajado. Un incesante temblor en las manos le impedía teclear correctamente en el ordenador.  Abrumada por la responsabilidad, había llegado al firme convencimiento de que en algún momento  iba a equivocarse. A la doctora Jane no le paso desapercibido el excesivo nerviosismo de la joven. De hecho, mantuvo una estricta vigilancia médica sobre Eva, tratando de calmarla por todos los medios desde varías días antes, incluso con la ayuda de fármacos.

-Esta parte es la menos relevante –le decía a menudo- un simple eslabón que nos han programado, pero que era perfectamente prescindible, no va a aportar nada nuevo. Opino que el único motivo es para que nos mantengamos activos y nos sirva de repaso de cuanto nos enseñaron y no espaciar tanto la primera fase de la última y definitiva.

Eva asentía agitadamente con la cabeza, pero no había forma de que se tranquilizara. No hallaba la forma de conseguir el sosiego necesario para trabajar en condiciones óptimas. Confirmaba una y mil veces cada dato, repasaba cálculos y comprobaba la carga de las baterías que tenía que emplear.

La doctora, pese a que quería aparentar una calma que no sentía, también estaba inquieta. Pero no por el éxito o fracaso del experimento, sino porque a escasos momentos de iniciarse Marvin no se había dejado ver. Continuaba en el gimnasio trabajando los bíceps con un par de pesas que se estaban convirtiendo en su signo distintivo. Marvin tenía encargado confirmar que el punto espacio-temporal era el correcto para que la simultaneidad con la Tierra fuera la prevista.  

Los otros tres de los tripulantes, temerosos de que se desatara tormenta, ocupaban los lugares que tenían encomendados para dar el soporte necesario a la operación. Se abstuvieron de realizar comentarios que pudieran irritar más a la doctora que ya daba síntomas de un malhumor patente.

Cuando asomó la figura de Marvin en el laboratorio, fumando y con un aspecto desaliñado no pudo contenerse.

-Conoces de sobra la trascendencia de ser exactos. El retraso de unos pocos minutos, proyectado hasta la Tierra a la distancia que nos encontramos, puede acarrear una desviación de días e incluso semanas con lo que se echaría todo a perder. Si eres incapaz de guardar las mínimas medidas disciplinarias, nunca deberías haberte apuntado a esta misión. No puedes seguir eludiendo tu responsabilidad de esta forma –terminó la cadena de reproches lanzando una desdeñosa mirada a Marvin que abarcó de la cabeza a los pies. Hizo una señal de desprecio en clara alusión a la vestimenta de Marvin y se dio la vuelta sin esperar respuesta. Pero el piloto no estaba por la labor de rehuir el combate dialéctico.

-Ayer comprobé nuestra posición y hay tiempo más que suficiente. En concreto casi una hora.  No entiendo a qué obedece tanta preocupación. La gloria y el dinero quedarán en la Tierra, en manos de quienes nos embarcaron en esta maldita nave. Somos unas simples cobayas a las que únicamente les espera una eternidad en la nada más absoluta. Condenados a vivir siempre en un mundo artificial. Sólo seis desesperados como nosotros aceptarían ese destino. 

Jane muy sensible a las impertinencias de Marvin le replicó con violencia iniciándose una batalla verbal que se alargo excesivamente. Los intentos de apaciguar los ánimos por parte del resto de compañeros fueron  vanos. Cuando llegó el momento fijado para dar paso al experimento, la discusión seguía en su cénit.

Eva en un estado emocional cercano al shock por resultarle insoportable aquella riña estúpida fue la única que tuvo la consciencia de la situación. Tímidamente intentó avisar dos veces a los compañeros que debían cesar en la pelea y ocupar los puestos porque el tiempo empezaba a apremiar. Ante el caso omiso de aquellos que mantenían el fragor del combate verbal, inició por sí sola la maniobra. En su ordenador tecleo la orden para enviar fotones de uno en uno a un detector que medía la polarización.

De repente lanzó un grito. Tal fue el espanto y la cara de horror que de inmediato atrajo la atención del resto. Esta vez ante los sollozos de Eva cesaron en la contienda. Los que unos instantes antes estuvieron a punto de llegar a la agresión física corrieron a atenderla.

¡Dios mío! ¡Dios mío qué he hecho! –repetía desconsolada. Me he precipitado.

Marvin con un profundo sentimiento de culpabilidad la interrogó cariñosamente  sobre el motivo de su tribulación.

-¿Qué ocurre? ¿Qué has hecho Eva?

He dado curso al experimento omitiendo un dato trascendental. Para que la simultaneidad con la Tierra fuera correcta, introduje en el ordenador todas las variables, nuestro movimiento relativo y el de la Tierra, la curvatura del espacio y los campos gravitatorios interpuestos, pero al final no he corregido el factor expansión del Universo. Los fotones entrelazados con los de la Tierra no reaccionaran el día previsto. Cualquier cosa puede ocurrir- dijo sollozando

Eva era demasiado tímida para culpabilizar a nadie del error. Asumió para si la responsabilidad completa y en las dos semanas siguientes fue incapaz de articular una sola palabra que no fuera un monosílabo.

 

 

 

 

 

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Me encanta escribir sobre todo aquello que inquieta al ser humano; terror, fantasía, ciencia ficción...

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