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16 min
PRINCIPIO ANTRÓPICO CAPÍTULO VI
Ciencia Ficción |
10.11.17
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Sinopsis

En un experimento de alto nivel científico algo parece haber salido mal.

Olof no tuvo excesivas dificultades en convencer a Weiss para  entrevistarse personalmente. Los arqueólogos entendieron mejor que fuera el pelirrojo el encargado de llamar al físico porque tenía un don de gentes muy superior a Nilsson.

-¡Tenías que haber sido diplomático! –le dijo exultante al comunicarle Olof el éxito de su gestión. Ya me tarda en conocer al americano.

-Bien pronto lo harás. No ha puesto inconveniente en que sea la próxima semana. Así que nos toca de nuevo preparar las maletas. Hemos acordado visitarlo en su propia casa, en un pueblo muy tranquilo en las cercanías de Boston. Me ha impuesto dos condiciones innegociables a las que no me he podido negar. De un lado, la conversación no puede ser grabada, y de otro, me he tenido que comprometer a no publicar lo que nos revele hasta que nos dé un permiso explícito. Quiere que se calmen primero las aguas.  El apartado económico no parece interesarle, al menos por ahora. Se conforma con el porcentaje que estipulemos al publicar nuestro trabajo.

-No veo problema en ello –contesto radiante Nilsson- preparar un trabajo tan impactante nos puede llevar mucho tiempo. Tendremos que confirmar todos los puntos de su relato y esa tarea nos llevará  años. Para entonces es muy posible que tengamos ese permiso.

 

 

El día señalado, Nilsson y Olof acudieron a casa de Alan Weiss con máxima puntualidad. El joven pareció recibirles sin reservas, con una extraña cordialidad. Weiss vivía en una casa en las afueras que contaba con un jardín un tanto abandonado. En el interior reinaba la austeridad. Sin prácticamente otra decoración que diversos títulos y diplomas colgando de las paredes y algún que otro cuadro representando planetas y galaxias. El escaso mobiliario se distinguía por tener un diseño rectilíneo allá donde se mirara: sillas, mesas, armarios, las curvaturas no tenían cabida en ese hogar.

Olof reparó en la simplicidad del entorno, pero Nilsson no tenía ojos ni oídos para otra cosa que no fuera su anfitrión. Una vez acomodados en un viejo sofá de  una tela estampada que chirriaba a la vista con el resto del mobiliario, se inició una charla intrascendente sobre el pueblo,  los lugareños y las costumbres de la zona. Durante una pequeña pausa que se creó debido a que a ninguno de los tres le interesaba lo más mínimo el tema del que estaban hablando, Weiss cambió bruscamente de registro.

-Recuerdo muy bien su intervención en la O.N.U –dijo con expresión divertida- Gilmore nos obligó a  presenciarla de principio a fin al equipo completo. Creo que se sentía orgulloso de ser el inventor de una hipótesis tan pueril. Porque no duden que fue él literalmente el que escribió la nota. El estilo era inconfundible. Vive frustrado porque le hubiera encantado que su talento, en lugar de inclinarse por las matemáticas, lo hubiera hecho por la literatura y la poesía. Jamás vi sufrir a tantos rostros por no lanzar una estruendosa carcajada. En su favor tengo que decir que mantuvo usted una dignidad intachable pese al papel que le encomendaron.

Nilsson algo turbado por las palabras de Weiss y especialmente por el tono, ya que no pudo discernir si entre líneas había una cierta sorna, intentó salir del apuro apelando al miedo.

-Me exigieron que relatara esa versión bajo graves amenazas a mí y a mi familia. No me quedó otra que obedecer.

La pose de Weiss comenzaba a incomodar a Nilsson. El joven no dejaba de sonreír mirando a uno y otro. Pero se trataba de una sonrisa fría, poco espontánea. Como si les estuviera estudiando. De nuevo cambió de tema

-Estoy dispuesto a saciar su curiosidad en la medida de lo posible, pero antes me gustaría que fueran ustedes quienes aclararan algo que me intriga. Sin duda conocen que hay un proyecto oculto, puesto que de alguna forma les han utilizado en dicho proyecto. Pero antes de situarles en la realidad de los hechos quisiera saber hacia dónde apuntan sus sospechas. ¿Qué  piensan que hay detrás de todo esto? –ahora la mirada se tornó inquisidora.

-No nos hemos inclinado decididamente por ninguna hipótesis, -Nilsson tomó la palabra-  si bien los retazos que hemos podido ir encajando de aquí y de allí parecen apuntar en la misma dirección. El que usted mismo trabajara en el proyecto SETI de donde le sacaron podría confirmarlo. Pensamos que tal vez se ha producido un contacto con algo desconocido, con inteligencias superiores, por ejemplo. Pero reconocemos que no dejan de ser más que simples conjeturas sin una base sólida respaldada por evidencias. ¿Dígame señor Weiss, se ha producido dicho contacto?

Por un momento Nilsson se arrepintió de formular la pregunta de forma tan descarnada. Algo en su interior le hizo sentirse ridículo. Temió que Weiss se ofendiera y les echara de allí a patadas. Sonaba tan poco científico eso de contacto con inteligencias alienígenas. Por fortuna para él, Weiss no mostró extrañeza ante la pregunta. Continuaba con esa sonrisa hierática en la boca, pero era la misma que ofrecía desde que llegaron.

-Eso hubiera sido interesante –dijo- una noticia formidable para la humanidad, pero queda muy por debajo de lo que les voy a contar. Respecto al tiempo que pasé trabajando en el programa SETI lamento que la realidad sea más prosaica. Por ahora no hemos encontrado señales inteligentes. La oreja que hemos pegado al Universo no escucha nada que indique que hay alguien al otro lado.  El Cosmos por ahora se mantiene mudo. Es cierto que en ocasiones puntuales algún canal ha mostrado distorsiones en las frecuencias que captaba, pero no se puede inferir que esas señales fueran inteligentes. A pesar de ello nunca pudimos evitar que cualquier perturbación captada por los radiotelescopios se convirtiera en noticia mundial y diera lugar a todo tipo de especulaciones.

-¿Entonces? –Olof decidió eliminar rodeos y que el físico abordara la cuestión de una vez.

Weiss se recreaba en la situación. Se recostó en el sofá, flexionó la rodilla tomándola entre las manos y respiró hondo. Después de una pausa que a sus interlocutores les pareció una eternidad se decidió a hablar.

-¿No les interesa antes de entrar en el fondo de la materia, conocer el motivo por el cual fueron ustedes elegidos para poner rostro a la mentira más grande

-Un buen día, dos físicos oscuros, bastante desconocidos en la profesión,  cuyos nombres omitiré, se presentaron en el despacho de Gilmore con una idea francamente desconcertante, por no decir descabellada. Le propusieron un experimento en dos fases. Eligieron a Gilmore por ser una de las personas mejor relacionadas de  la comunidad científica mundial. Si alguien puede acceder a recursos económicos ese es Gilmore, si alguien puede tocar la tecla de las influencias políticas, ese es también Gilmore, y por último, si alguien está protegido por estamentos como el militar y otros, ese es también por desgracia, Gilmore.

-Al principio éste se mantuvo receloso porque consideró la idea disparatada. Luego, conforme los científicos le fueron desarrollando las ideas del proyecto, fue cambiando de opinión. Aunque de cara al exterior es un personaje teatral, tiene la mente fría para sopesar pros y contras. Y claro, la gloria de ser la cabeza visible de un asunto de tal envergadura le convenció por no decir lo atractivo que le resultaba que se pusieran a su disposición cantidades ingentes de dinero.

-La primera parte, por decirlo de alguna forma, era la más inofensiva, pero a la vez la más cautivadora porque daba entrada a la siguiente. Eso sí, no dejaba de encerrar enormes dificultades. La cuestión versaba sobre la posibilidad de cambiar el pasado apelando a una mezcla de la Relatividad Especial y la Mecánica Cuántica. La mayoría de los científicos como ustedes, y me perdonarán en este punto, están familiarizados con los efectos de la relatividad en el espacio y el tiempo, pero como vivimos en un mundo terriblemente lento, tienden a pensar que los efectos apenas son perceptibles. Siempre hemos estado muy lejos de poner a velocidades cercanas a la luz algún objeto, por lo que parece que el interés de la teoría pierde fuerza. Esta visión general, sin ser incorrecta, adolece un error grave. Los efectos de la relatividad pueden plasmarse, asimismo, de otra forma. En conjunto todo, ustedes, yo, esta casa, el barrio y la ciudad enteros se están moviendo a la velocidad de la luz. Estando en reposo esa velocidad tiene únicamente dirección en el tiempo, ya que no nos movemos en el espacio. En cuanto comencemos a andar, le restamos esa velocidad al tiempo para dársela al espacio. Abrimos un pequeño ángulo en el espacio-tiempo con respecto a lo que sigue inmóvil.   Ese ángulo imperceptible para nosotros si lo proyectamos sobre distancias enormes se amplifica. No hace falta llegar a velocidades inmensas. Un observador paseando por su jardín rota ligerísimamente su rebanada espacio-temporal con respecto a quienes les rodean. Pero este pequeño ángulo  extendido a una estrella  lejana alcanzará una anchura enorme, lo que significa que nuestro hipotético observador  simultánea su presente con el futuro o el pasado, según se aleje o acerque, con los no menos imaginarios habitantes de los planetas que orbiten esa estrella.

Weiss se levantó de su asiento y anduvo lentamente hasta una ventana sin cortinas observando su jardín absorto en sus pensamientos. Después de una breve pausa continuó:

Eliminando los detalles farragosos e innecesarios, el experimento consistía en su primera parte en conseguir que una nave espacial hiciera coincidir su presente con el pasado terrestre, basándonos en este principio. Para ello separamos partículas, previamente entrelazadas. Luego se trató ni más ni menos que reproducir a millones de kilómetros lo que ya había hecho Alan Aspect en Francia a principios de los años ochenta del siglo pasado con trece metros de distancia. Ni que decir tiene la dificultad que supone lo que estoy proponiendo. Mantener fotones aislados, porque su mera observación hubiera roto la superposición y quebrado el entrelazamiento, fue una tarea gigantesca. Pero ahí hizo su aparición lo mejor del talento humano. Miles de horas de trabajo dirigidas en el mismo sentido, dio los frutos esperados. Ni que decir tiene que los resultados se hicieron esperan. Fue precisa una continua comunicación con los tripulantes de la nave espacial para ir contrastando sus resultados con los nuestros, hasta que no quedó la mínima duda del éxito rotundo. Las mediciones realizadas por los astronautas sobre la polarización de los fotones, afectaron instantáneamente a los fotones de la tierra, y esto es lo vital, antes de las mediciones realizadas en la tierra. En concreto, se obligó a que las partículas girarán de una manera determinada, repitiendo tantas veces la prueba que fue totalmente descartable que  las compañeras de la tierra tuvieran todas ese mismo giro, mientras se mantenían en un estado de movimiento aleatorio. Por desgracia fueron tiempos de incertidumbre porque contrastar los resultados de aquí y de allí llevó un largo tiempo. Como también suponíamos resultó imposible establecer a través del entrelazamiento un código de comunicación instantánea con los astronautas. El límite de la velocidad de la luz salió airoso una vez más. Puede haber influencia inmediata entre partículas por motivos que se nos escapan, pero esa influencia no puede transmitir mensajes. La cuestión se reduce a estadística y probabilidades. Como dijo Einstein, Dios es sutil pero no malicioso.

Cuando se verificó la realidad la euforia se adueño del equipo de investigadores. No tanto por el entrelazamiento que ya nos constaba con absoluta certeza, sino por haber conseguido cambiar el pasado mediante el corte espacio-temporal.

La segunda parte –Weiss hablaba sin separarse de la ventana, volviéndose hacia sus interlocutores de vez en cuando, sin dejar del todo de mirar hacia el exterior- fue muy debatida. Muchos de los miembros del equipo pensábamos que era por completo innecesaria y que no iba a aportar nada productivo. Sobre todo porque fue incrustada una vez el proyecto tenía todos sus pasos bien programados. Al contrario de lo que ustedes puedan creer no era el objetivo del experimento. Fue una parte introducida por un neurobiólogo amigo de Gilmore, a pesar de las acaloradas protestas de la mayor parte de los componentes del experimento. Éste, aprovechando que Gilmore le debía algún favor importante del pasado, le convenció o le obligó no lo sé con certeza, a probar una teoría nueva sobre el cerebro y la conciencia.

Weiss quedó pensativo, rememoraba los pasajes más duros del experimento.

-En verdad aquella intromisión estuvo muy a punto de echar a rodar todo el proyecto. Si de entrada ya tenía unas complejidades enormes añadir otras, y de una naturaleza alejada de física, sólo podía servir para terminar en el fracaso rotundo. Eso aparte de la improvisación que supuso ponerlo en marcha. La ocurrencia tuvo lugar varios meses después de lanzada la nave al espacio.

-El caso es que el tal Gribbin, pues así se llama el neurobiólogo, estaba obsesionado con la actividad electromagnética del cerebro humano. Al conocer por boca de Gilmore los detalles de nuestro experimento, vio la oportunidad de poner en práctica un sueño. Aunque Gilmore le empeñó la palabra de que su propuesta saldría adelante, no le quedó otro remedio para guardar las formas que nombrar una comisión que escuchara a Gribbin, si bien uno a uno los miembros de dicha comisión fueron coaccionados para que no opusieran resistencia y admitieran de buen grado este nuevo apartado.

-Según tengo entendido, mis ilustres colegas de la comisión encontraron los argumentos de Gribbin desordenados, difusos y hasta temerarios. A lo visto, el buen hombre diseminaba el tiempo de estudio en muchas y diferentes materias, tomando visiones parciales, y en muchos casos distorsionadas, de la ciencia. En definitiva, no terminaba de entender, o al menos de saber encuadrar en su justa medida lo que leía.

-Convencido que las ondas cerebrales se rigen por las mismas leyes que la mecánica cuántica, concluyó que esas ondas están distribuidas por el Universo entero y que con el estímulo correcto se pueden afectar, es decir, se puede influir en el pensamiento humano. Su visión era que las emisiones del cerebro también debían mostrar patrones de  interferencia al igual que hacen las ondas porque también podían superponerse. Esta superposición de las ondas de muchos individuos daba lugar a la conciencia colectiva, una acumulación de imágenes ancestrales de la especie que sentían prácticamente todos los elementos de una comunidad, aunque no hubieran tenido una relación directa con el origen de esas imágenes.

-De ahí pasó a la parte más absurda –Weiss había llegado al punto que narraba con ironía la versión de Gribbin.

-A través del mismo método que ustedes han empleado para  cambiar en el pasado el movimiento de las partículas –dijo- podemos crear un recuerdo falso en la memoria colectiva. Por supuesto será un recuerdo inocente. Algo que no cause ninguna perturbación y que la gente pueda creer que tal vez se corresponde con un sueño. Pero estoy convencido que si se advienen a prestarme sus medios y su tecnología, no habrá ser humano que no tenga el mismo sueño común y recurrente que el resto de sus congéneres- terminó sentenciando el muy patán.

El resultado –Weiss suspiró- lo conocen de sobra porque es ahí donde les correspondió entrar en escena. Tuvimos que reprogramar sistemas, dar a conocer a la tripulación de la nave Génesis el nuevo experimento añadido y superar un montón de inconvenientes más. Como no podía ser de otro modo, lo que desde el principio nace contaminado no puede tener un buen final. No sabemos si debido a errores en los cálculos, por la precipitación con la que se acometió esta fase, porque la hipótesis en sí misma carecía de consistencia o, tal vez porque el ambiente entre los tripulantes no era el más adecuado, puesto que según tengo entendido mantuvieron una considerable trifulca entre ellos en el mismo instante  de dar lugar al inicio de la prueba, lo bien cierto es  el resultado que conocen de sobra. En lugar de crear un recuerdo común confinado en el inconsciente colectivo, se alteró la memoria del ser humano. Por fortuna la nave aún se hallaba dentro de un radio de acción razonable que nos permitía contactar en períodos de tiempo no excesivamente largos y dimos de inmediato la orden de cancelar las emisiones de ondas. Lo peor de todo es que Gilmore y Gribbin tuvieron el pretexto ideal para quitarse de encima responsabilidades, argumentando que la base de la hipótesis era correcta y sólo habían fallado las personas.

 Algo sacamos en claro de todo ello, la idea sugerida por Gribbin puede que tenga alguna reminiscencia de verdad, pero nos queda muy lejos dominarla.

 

 

Olof y Nilsson se miraron asombrados al terminar Weiss su exposición. Por la entonación parecía haber terminado de contar cuanto sabía. Otra vez volvió a reinar un silencio algo violento. Olof, más atrevido que su amigo, pensó que era el momento de empujar a Weiss para que terminara su relato. Debía haber algo más, tenía que haber algo más.

-Señor Weiss su narración parece inconclusa. Al principio nos habló que el proyecto constaba de dos partes. ¿Nos podría contar en qué consistía la última? ¡Es posible que aún esté por realizar?

-¿La última? –Weiss volvió a mirar a través de la ventana por enésima vez. Después de unos breves segundos dijo con sequedad:

-¡No me van  creer!

 

 

 

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