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10 min
PRINCIPIO ANTRÓPICO FINAL
Ciencia Ficción |
11.11.17
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Sinopsis

En un experimento de alto nivel científico algo parece haber salido mal.

Eva Morrison era la única tripulante de la nave Génesis que quedaba con vida. Al modo terrestre de medir el tiempo contaba con setenta y ocho años. Según el ordenador de abordo, en la Tierra habían transcurrido ciento noventa, aunque Eva llevaba sus propios cálculos independientes y contó que para los humanos ella acababa de cumplir los doscientos veinte. A pesar de que la idea le provocaba una profunda melancolía, el contar el tiempo e imaginar cómo sería en la actualidad el mundo que dejó constituía prácticamente su única distracción. Sentía escalofríos al pensar que ni una sola persona que habitó el mismo mundo que ella estaba vivo. Se preguntaba si sería recordada por las siguientes generaciones como una heroína de la ciencia o quizás su nombre permanecería en el más absoluto anonimato. Era muy plausible que la misión jamás se hubiera dado a conocer públicamente. Una sonrisa de tristeza le afloraba en los labios a ver la multitud de objetos con que fueron pertrechados para superar las condiciones de la misión. Con el tiempo ninguno de ellos tuvo la menor utilidad. Conforme pasaron los primeros meses de actividad frenética en la nave, el tedio y la indolencia fue ganando terreno en el espíritu de los astronautas. Ninguno de ellos encontró motivación alguna en cualquier actividad  o distracción. Tan solo el tiempo que se pudo mantener la comunicación con la Tierra suscitó el interés de la tripulación. Luego comenzaron a reinar la rutina, la soledad y el silencio.

Eva apenas recordaba a Marvin y Lisa que murieron casi cuarenta años atrás. Marvin por causas naturales y Lisa decidió tomar la píldora de la paz. Recordó los remordimientos que atenazaron al resto de compañeros por no haber sido capaces de ver la depresión que se apoderaba de ellos. Con el mismo síndrome de tristeza murieron los demás con una frecuencia aproximada de cinco años. Eva no fue ajena al mismo mal que afectó a los demás astronautas, pero su obcecación en llegar al final de la misión, la armó de las fuerzas suficientes para superar esa extraña nostalgia. No le resultó problemático adquirir el grado suficiente de conocimientos en las materias de los compañeros que iban muriendo. En ese aspecto el tiempo fue su mejor aliado. Disponía del suficiente para estudiar, leer las anotaciones que dejaron sus colegas, interpretar datos y ensayar cuantas pruebas fueran necesarias. Un exacerbado sentido de la responsabilidad, unido a una vanidad que siempre supo disimular, la mantuvo con la mente a salvo del síndrome depresivo.

La tarea fue gigantesca para una sola persona, pero al acercarse el momento de dar realidad a la parte culminante de la misión, el entorno que había creado era perfecto. Ajustó con precisión los cálculos, consiguió que los ordenadores y el resto de la maquinaria funcionaran más que correctamente y dejó bien controladas todas las variables que podían inducirla a equivocarse. En esta ocasión no le atacaron los nervios.

-La tranquilidad de quién lo tiene todo perdido –se dijo irónicamente.

El último repaso consistió en revisar los puntos espacio-temporales dónde estaban situados los fotones piloto que fue lanzando mucho tiempo atrás. Había centenares de ellos repartidos por las regiones del Universo atravesadas por la nave en su interminable viaje.

-Al menos uno de ellos reaccionará, estoy segura –pensó.

Cuando tuvo decidido el instante de dar cumplimiento al objetivo para el que fue lanzada al infinito, se sentó a meditar una hora. Fumó tres cigarrillos. Pasado ese tiempo se levantó decidida y hablando para una audiencia imaginaria dijio:

-Llegó el momento de dar a la tecla mágica del ordenador. Siempre supe que Dios era una mujer. ¡Hágase la luz!  -y terminada esta simple tarea se fue a dormir.

 

 

 

Weiss parecía disfrutar manteniendo a los arqueólogos en vilo. Con parsimonia tomó de nuevo asiento. Comenzó a hablar despacio, midiendo las palabras.

-Cuando el señor Olaff contactó conmigo para concertar esta cita, tuve la curiosidad de indagar sobre sus trabajos para saber un poco de las personas que se han interesado por escucharme.  He podido constatar que acumulan ambos un ingente historial de interesantes descubrimientos, así como han proporcionado novedosas teorías sobre el origen de algunas civilizaciones y sus conocimientos astronómicos. En buena parte de sus textos existen incontables datos y medidas que apuntan hacia hipótesis francamente curiosas.

Los suecos intercambiaron una mirada recelosa. ¿Estaba aquel jovencito cínico burlándose de ellos por dar pábulo a creencias pseudo-científicas?

Weiss captó de inmediato la incomodidad de los visitantes. Tampoco dio el giro necesario a la conversación para sacarlos de su estupefacción. De nuevo apareció en sus labios la sonrisita irritante.

-No me malinterpreten por favor. Solo quiero que sean conscientes de un punto que les pudo llamar la atención. Aunque no deben sentirse mal por ello. Tampoco ningún físico, matemático, astrónomo o cosmólogo, entre los que me incluyo, cayó en la cuenta. Exceptuando a aquellos dos físicos que les he nombrado anteriormente.

Weiss respiró hondo antes de seguir. Ahora la mueca burlesca había desaparecido de su cara.

-Conocemos –dijo- cien mil millones de galaxias, cada una de ellas tiene aproximadamente cien mil millones de soles y un diámetro de cien mil años luz de promedio. La distancia de la Tierra al Sol es de ciento cincuenta millones de kilómetros. Habrán leído esos datos cientos de veces. ¿Nunca se han preguntado quién utilizó el Sistema Métrico Decimal para diseñar el Universo? 

Nilsson y Olaff que llevaban mucho tiempo mudos, pero atentos a las palabras del joven, continuaron sin soltar palabra, pero los rostros habían cambiado. Reflejaban la duda en sí misma. Tardaron en reaccionar. Los dos creían entender lo que Weiss estaba diciendo, pero era tan increíble que dudaban en hablar. Temían haber interpretado algo mal y quedar en ridículo con una pregunta inadecuada.

Olaff rompió ese miedo. ¿Señor Weiss, está insinuando lo que nosotros creemos?

Weiss más relajado contestó con una frescura que no había mostrado en el tiempo que llevaban en su casa.

-Conocen de sobra el Principio Antrópico. El Universo es como es porque, de lo contrario, nadie podría observarlo. Dicho así parece una tautología sin demasiado sentido, por no decir una perogrullada, pero si profundizamos un poco va adquiriendo sentido. Existen demasiadas variables, infinidad de ellas, que impedirían por pura estadística, la vida y mucho menos la vida inteligente. Mayor o menor gravedad, fuerzas nucleares, composición química, solo por citar algunas, están ajustadas con una precisión inaudita. Demasiada casualidad ¿no les parece? Seguro que llegados a este punto pensarán que los datos que les revelo son coyunturales, lo que sabemos hoy en día. No se equivoquen, por muchas nuevas regiones del espacio que encontremos no duden que siempre serán múltiplos de cien.

Nilsson sintió como el corazón le palpitaba furioso. Estaba asombrado y emocionado. Perdió todo temor a preguntar.

-Me hallo tan conmocionado señor Weiss que me gustaría centrar la cuestión. Temo que la emoción me esté llevando a sacar conclusiones equivocadas. ¿Qué tiene que ver la fase final del experimento con el supuesto diseño inteligente del Universo?

-Weiss encendió un cigarrillo. Era el primero que fumaba en la sesión. Inhaló el humo con placer.

-Pues….porque nosotros, el proyecto Génesis, es el responsable de la existencia del Universo. Esa era ni más ni menos la finalidad del mismo. Una vez demostrada la posibilidad de acceder al pasado mediante el entrelazamiento, lo único que quedó  fue hacer coincidir el corte temporal de la nave espacial con el Big Bang. Esa fue la parte difícil. Para conseguirlo nuestros intrépidos astronautas fueron dejando por el espacio vacío interestelar una serie de fotones entrelazados con otros que continuaron en la nave. Estos fotones llevaban comprimida toda la información que disponemos sobre el Universo. En algún momento, futuro para nosotros, presente para los tripulantes de la nave y, de alguna forma, pasado para el Universo, cuando el ángulo temporal de la nave coincida con unos quince mil millones de años atrás, siempre según su punto de vista, irán excitando los fotones de la nave para que alguno de ellos haga reaccionar a su pareja que flota en algún punto del espacio y dé origen al Big Bang que no es otra cosa que el desparramamiento de la información. De ahí la entropía señores. Siempre aumentará el desorden porque la naturaleza ondulatoria de la materia, al expandirse,  sólo puede correr en el sentido de pérdida de información.  Lo malo es que la nave está ya tan alejada de nosotros que hemos perdido todo contado. También desconocemos a la velocidad exacta a la que transita. Confiamos en que ellos, desde su propio marco de referencia, saben en que lugar dejaron los fotones y determinarán el momento de dar lugar a la creación.

Nilsson se levantó airado. Si bien no se encontraba moralmente más autorizado que Weiss porque era cierto que en ocasiones se dejó llevar por procedimientos poco ortodoxos e incompatibles con el método científico, la historia de aquel tipo no podía ser tomada en serio. Parecía una completa tomadura de pelo. Comenzó a simpatizar con Gilmore, soportar a este tipo en el día a día debía ser un suplicio.

-¿Pretende que creamos que todo la información del Universo la redujeron a una simple partícula? –dijo gritando. Me resultaría más fácil creer en un dios omnipotente como el Creador, antes que un grupo de científicos pretenciosos.

Bueno..sí, -respondió el físico con falsa modestia y sin variar el tono de voz- habrán oído hablar de las holografías. Como les decía antes la materia y la energía son intercambiables y ambas tienen componentes ondulatorios. Un negativo fotográfico cortado por la mitad plasmará la mitad de la información. Pero un negativo holográfico  mantendrá la información completa aunque se vayan recortando sus partes, incluso aunque dejemos un solo punto. Sólo tuvimos que seguir este principio, lo demás fueron meros detalles. Ya les digo esa fue la parte fácil.  Y señores, como le dije a Gilmore ¡la única verdad es que aquí estamos!

Los suecos estaban abatidos. No atinaron a coordinar una frase coherente. Solo unos intentos de formular preguntas que quedaron en meros balbuceos sin sentido.

Weiss se levantó. Paseó unos instantes por el salón con las manos metidas en los bolsillos. De repente soltó unas   frases lapidarias.

¿Saben lo que pienso? Que nos anticipamos en el proyecto. No seguimos el orden natural de las cosas, nos faltaban mil años de civilización y de avances para dar este paso. Dimos un salto inadecuado en el tiempo. Por eso el mundo es tan imperfecto.

 

 

                                                FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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