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1 min
Principio antrópico débil
Reflexiones |
23.05.21
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Sinopsis

Preguntas existenciales mañaneras

Un ejercicio de ciencia en demasía

Tal vez demasiada filosofía.

Demasiada.

Todo esto acaba

En el desastre de saberse miembro

De una supuesta raza elegida

¿No es cierto que recae sobre nosotros

la responsabilidad del principio antrópico ?

Dicen algunos sabios hombres que

El universo piensa en si mismo a nuestro través

Y a mi que me cuesta levantarme cada mañana,

Hacer el desayuno y fregar la poca loza

Que queda en la cocina,

Darme una ducha fría

Comer rápido a toda prisa,

Un café aguado con galletas flotando

Para llegar a tiempo a la oficina

A mi, fracaso encarnado

Hombre hecho al revés

Manojo de despojos de una sociedad capitalista

Me surge siempre la misma duda

La duda de un universo pensando a mi través

La duda de un hombre dos horas de pie

La duda que me mantiene despierto en el Metro:

¿Como voy a haber nacido para ésto?

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  • No tengo palabras, Stavros. Muy agradecido por el comentario, por haberte tomado la molestia y el tiempo para escribirlo. De verdad. Gracias. Un abrazo, amigo.
    Buen amigo bú: yo te diría que este principio antrópico en el que, [¡cuán duro reconocerlo!], hasta la felicidad y la inocencia, el amor y la amistad, la solidaridad y la comprensión,... uff, podría seguir y no parar... todo anda muy trastornado, por no decir, como dice un amigo mío “sofista”, que no “sociópata”, jeje, “muy roto”. Y ahí, en ese Ave de alta velocidad viajamos todos: ministros, diputados, abogados, banqueros, profesores, empresarios, tecnólogos, ricachones (los que más miedo tienen a perder su abundancia, la hayan coseguido de una manera u otra, ¡mejor no saberlo” [con el “emérito· fugado ya hemos tenido un “buen ejemplo”], pueblo llano que ejerce todos los oficios necesarios para que este mundo funcione algo mejor y que merecen el mayor respeto, y emigrantes [hoy les llaman migrantes] en busca de una ciudadanía que les permita una supervivencia más humana, aunque, como es natural, vivir también sometidos a este “principio antrópico” del día a día que tan magníficamente has descrito. Todos con nuestras “mochilas” (cargas más o menos pesadas) a la espalda. “Y envidia tengo de los pájaros a los que no les pesa el cuerpo” dijo alguien. Y así andamos todos, medio ahogados en los temporales que nos impone la vida. Del universo, sabemos tan poco aún, amigo mío. Lo único cierto es que “nos ignora”. Quizás, como dices, somos unos extraños humanos a los que mamá Naturaleza ha hecho al revés, y por eso no deja de castigarnos de vez en cuando: volcanes, terremotos, tsunamis, etc. Y ¿para qué hemos nacido? Es el interrogante del millón. El que todos nos preguntamos cada día. ¡Ya no me enrollo más!, pero quiero confesarte que tu texto y tus frases son de “¡chapeau!”, y tu exposición del acto antrópico diario “sensitivamente perfecto” Muchos pasarán de largo. Es una pregunta a la que yo diría que nadie quiere enfrentarse. Celebro haberte leído. Y nada, buenos días, ducha [“yo con agua caliente”] -el agua fría la dejaremos para el verano-, desayuno, prisas, ya fregaremos los trastos esta noche, y, como no tengo coche, prefiero la bicicleta. Y ahí voy, pedaleando, tratando de mantenerme despierto. Este también es “mi principio antrópico” ineludible... ¿débil?... Sí, pero... bueno, todo se queda en ese pero... ¡Ah, “pero” te mando un abrazo, y celebro que sigas archivando tu estupendo ingenio por TR. Buscaré más tiempo para leerte. Mejor después de la cena. La noche tiene un dulzor que deja tras de sí todo lo amargo de las “dudas”. Tu amigo Stavros.
  • Nunca sabemos el momento que ocurre el extraño suceso de comenzar a vivir.

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Tan solo una sombra de camello sobre la arena

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