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11 min
Progenitor y decadencias:
Varios |
04.08.13
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Sinopsis

La historia

Siete

                Había intentado una y otra vez proponerme dulces metas. Era como una ruta establecida; un camino que estaba obligado a seguir. Pero al mismo tiempo sentía que esos caminos no merecían mi atención. Solía ver el sol al amanecer y cantar como los pájaros; también corría al atardecer y soñaba con las estrellas. Podía percibir muy bien quién era y quién intentaba ser; pero eso, de alguna manera, no serviría para mucho. En plena emoción de infante; como un cachorro que empezaba a masticar; buscaba el calor externo que yacía en la oscuridad de un sol opuesto en China.

                Como una sutil forma de saber qué hacer; cómo reaccionar; qué decir pero sin poder llevarlo a cabo. Como pistas que no encajaban en el rompecabezas de mi prematura búsqueda.

                Por esos días todo me asombraba; la bicicleta del chico de la esquina; como calentaba el sol la puerta de chapa ardiendo como esa negra hornalla  de la cocina de mamá a la hora del almuerzo cuando regresaba del colegio; fundiendo bajo un mar de ebulliciones la sopa; como se presentaban los charcos, con esas gotas de lluvias veraniegas estrellándose contra la vereda formando extensas lagunas de curiosidad y travesuras para mis pies mojados por los secretos de esas aguas turbias.

                No me importaba más que ser feliz; poder jugar en los brazos de mi padre con su aroma a nicotina y su bigote punzante. Todo era bueno y no percibía la maldad, siempre albergaba una ilusión. Estaba protegido por alguien. No sé si era una especie de evasión o una suerte de colapso. En ese momento siempre estaba yo y notaba la presencia de algo, como la expresión más desprejuiciada del instinto de seguridad bajo las faldas de mi madre.

                Por más que intente no puedo rescatar más de aquel tiempo pasado; de aquellas tardes de saliva chorreando por mis labios; de aquellos amores secretos y entrecortados; de la sopa de mamá; de esos soles que nunca caían, de aquel afortunado retraso del mal.

                Solo tenía siete años; más no quiero recordar.

 

Diez y siete

 

                Y un día, al fin, tuve el momento; un escape por la salida de emergencia mientras la estructura colapsaba. Un guión, un eclipse con el tiempo justo como para salir ileso. Infinito abismo entre la vida racional y la desesperación, de quien descubre tarde una verdad, paulatina de una posible frustración del desengaño. Un día se corrió, violentamente, el telón y se notaron los hilos; las complejas tramas de una farsa que yo mismo habría armado en mi inocencia. Entonces gigantescas nubes llegaron  arrastradas por los vientos verdaderos y como una explosión deslumbrante, de un momento a otro, transformo a mi hermoso paño azul en un tenue gris, primero, que con el pasar del tiempo y al compás de las verdades que comenzaron a precipitarse con la velocidad de los días; se fue tiñendo de un negro como el carbón, negro aislado, negro razón, una esperanza renegrida por un sol difícil de encontrar.

                Como descifrar que pasó; alguien escondió mi sol; algo lo tapó; alguien cambio de rumbo el destino desviando el camino pactado. Me mostraron los matices de la simpática realidad. Me atraparon con escusas y estaba convencido de llegar a ser uno más; de no trascender en la balanza de la verdad. Estaba conformando una vivencia; un punto de partida nuevamente; una escalera hacia la eternidad; un cuarto sin salida. Mi propia muerte. Mi definitiva inexistencia.

                Pues algunos de esos días fueron un desvió, un engaño; como un ramal del sesenta que no lleva a ningún lado. Fueron días vividos pero de una forma irreal. Puesto que un día se vive, se disfruta, se aborrece; pero en su defecto es un día real. Los días irreales suelen suceder de una manera real, no obstante, no son días vividos. Si uno vive un día real en tiempo y forma, pero que, al mismo tiempo es irreal; se transforma en un día no vivido. Si los días son deliberadamente reales; no por que tengan que ver  con la realidad exterior, uno puede asumir que fueron días vividos, sentidos. Pero si un conjunto de días toman un atajo hacia la irrealidad paralela que  reposa en el interior del ser; decimos, pero nunca asumimos, que esos días son lógicamente días no vividos. Días sacados de la galera de algún mago; irreales días vividos en vano; desperdiciados días dentro de una realidad confusa y mal vivida.

                Un día real puede ser vivido; un día irreal puede ser sentido. Entonces si en un lapso de días reales se vive algunos días irreales, en la parelelidad de nuestra propia realidad, sería mal vivir algunos días. Entre la realidad exterior y la interior; existe un grupete de días que pueden ser mal vividos o vividos y sentidos en una realidad adyacente a la misma realidad  que se condice con la existencia de nuestra propia realidad interior. Por dios; cuanto fui capaz de mentirme.

                Hoy un día mal vivido en una realidad, definitivamente, real pero superpuesta a mi realidad interna. Ayer un día real, realmente vivido y sentido en una real realidad interior. Mañana un día por vivir con una realidad real interior y exterior; dependiendo de cuanto me anime a aceptar, una incógnita por develar. Como sentarse a esperar que caiga el sol; que se descubra este cielo gris; que un nuevo día se proyecte limpiamente en nuestras vidas. Desesperarse por la impotencia del prójimo que no nos deja elegir.

                Un día por vivir; inevitable y difusa exasperación; un sometimiento natural; una expansión de horas ineludibles. Culpas y desilusiones. Siguieron pasando mis horas. Seguí esperando mi sol.

 

Veinte y siete

 

                Y así me encontraba hoy; agazapado a la espera del destino e influenciado por una lluvia primaveral que inundaba mi campo sentimental; rebalsaba mi mente, estimulaba mis sentidos de una  forma aterradora. Una laguna esquizoide; un mal a punto de estallar, una desventura, un alivio que no alivia, una anestesia difícil de conseguir. Era yo; estaba allí; actuales vivencias compartidas. Un sol que estaba lejos de llegar; una esperanza mal vivida. Una infancia recogida desde los más oscuros pensamientos; desde los portales, la hornalla, el charco, alguna que otra bicicleta ajena, una sopa, mi madre en los brazos de papá y aquel retraso del mal.

                Eso era yo; como una confrontación de errores; un desafío a las vivencias que no supe vivir. Una espera, como terrible venganza asediada; una protección, un estado, un círculo a punto de cerrar.

                Mi propia confrontación; como mal adquirido hace mucho tiempo. La bomba que, en algún momento, debería estallar. Todo tiene su forma. Cada cosa cumple su ciclo. Cada pensamiento llega a su cumbre.

                Para no sentirme desvalido se me ocurrió pensar que en cada uno de nosotros existe un sol y una nube gris; que cada individuos tiene su prontuario, que los problemas que agobian tienen boleto de ida, que cada uno se refleja en los demás, como también cada personalidad inventada se amolda a las decisiones, conflictos, situaciones y límites coincidentales con un riesgo paralelo que es necesario vivir; que por más que me culpe y castigue aún tengo que seguir; que los caminos terminan, cuando al fin, el amanecer. Que era necesario verse, entender, responder y habituarse a cualquier estado que fuera lo suficientemente importante como para repercutir en nuestras circunstanciales vidas.

                Eso era yo, una actuación continua, acto tras acto, sin descanso, día tras día. Una perturbación homogénea. Mi actuación frente a los demás; de día, por las noches, al atardecer, en el anochecer de mi yo más primitivo. Cambios; racionales cambios, inmediatos y permanentes cambios en nuestras vidas. Incandescentes soles y perturbadoras nubes; como gatos y perros, como un medio negro y blanco apegado a la amargura y la felicidad. En definitiva ¿Qué era esa circunstancia? ¿Qué era estar bien? ¿Cómo podríamos salir a la calle y no mirar a nadie? ¡Que nadie nos mire! Inmortalicemos la desapegada necesidad de actuar; de pensar antes de decir algo; de exponer nuestras ideas, como el verdulero expone esas hermosas manzanas en el puestito de la esquina; tan lustradas y rojas y bellas y deseadas ¿Tiene que ser todo así? ¿Tiene que tener su máscara cada objeto, cada circunstancia, cada error, cada jugada y cada verdad? Tan solo las mentiras se rescatan de esta indefinida estupidez. De la oscura contratapa que nunca se muestra; de la maldad dibujada en las paredes como sombras amenazantes de terror. Pero a la misma vez me cuestionaba ¿Puede haber sol sin nube gris? ¿Existe la actuación sin personalidad? ¿Cabe la ínfima mentira sin la pura verdad? Lo malo; y estaba convencido de eso, Habita en el orden correlativo que lleva cada cosa; como una suerte de verticalismo aprobado, es decir, no hay blanco sin negro, no hay pobres sin ricos, no hay deseos sin sustentación.

                Cambiar; volver, entregarse a lo que uno crea necesario, eso que uno quisiera cambiar. Se dice; nada es imposible; querer es poder, el chico de la esquina se compró un cero kilómetro. Farsas; puras mentiras; insolencias, faltas de respeto; basuras, puras basuras; dichos y proverbios que no sirven para nada; ideas que no aplican soluciones. Gente sin sol.

                Es que no me entrego; conozco muy bien la puerta de servicio. Subrayemos cada idea para poder defenderla. No hagamos hincapié en las estúpidas costumbres sociales y humanistas. Destapemos nuestra propia hoya. Entreguémonos a nuestros pensamientos por más impuros que sean. Basta de farsas y epítetos. Basta de realidades adyacentes. Lo que importa es lo de adentro; eso que uno lleva a todos lados, en cada cosa que hace, que dice, que siente. Basta de falsas actuaciones en mesas de café; hacer algo pensando en el “Que dirán” Perdió la virginidad con el primer varón por pura calentura adolescente— ¡Qué inconsciente!—Dirán las viejas del mercado  – ¡Qué falta de decencia! —Seguirán cacareando — ¡Que inmoral!— Moralistas; que titulo honorable, quisiera verlas en su intimidad ¿Qué será lo que ocultan? Estúpida mentira que controla mazas; religión, iglesias, mitos y rituales. ¡Qué poca fe en nosotros mismos! ¡Qué pérdida de sentido y sub estimación a la inteligencia humana; a la credulidad del ser! ¡Qué gran obediencia a lo que no se ve y mete miedo! ¡Qué gran negocio económico y sociocultural que se mandaron! Apóstoles, mesías, el hijo de Dios. El usurero de mi barrio subió los intereses. ¡Qué sometimiento sociocultural! Vivimos controlados; somos sometidos y esclavizados por nuestra propia ignorancia, ego, odio y malas costumbres instaladas. Desde tus votos en las urnas hasta la política mundial. De un Dios a un Papa; de un Papa a un señor presidente, del señor presidente a un general de armada, de un general de armada a un soldado. Jerarquías ¿Quién las impuso? Seguramente el mismo hijo de puta que las sostiene. Fabuloso tobogán imperio capitalista y verticalista hacia el infierno del no poder ser, del valer por lo que tienes.

                Solo quedamos nosotros frente al espejo que no miente. Estoy convencido que algún día se encabezara la rebelión y destaparemos este cielo gris; el sol brillará sobre nuestras cabezas y luego de tan tremendo esfuerzo, les aseguro, que no seremos felices.

 

                

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    Bueno mientras termino y, entre tanto y tanto, un escrito que me atrapa. Para no estar lejos de todos ustedes le ofrezco esta poesía. Gracias por las críticas y prometo ponerme al día con las lecturas.

    Je je! me causa mucha gracia todas esas conjeturas hacia mí forma de usar la escritura. No lo sé. No busco titulaciones

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