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38 min
Programa Omega. Pandemia.
Ciencia Ficción |
20.06.21
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Sinopsis

Capítulo 2 de la serie. El mundo está sumido en el caos por el virus y la humanidad decide dejar su destino librado a una Inteligencia Artificial, ¿será una buena elección?, ¿nos gobernará a nuestra voluntad o a la suya?, el mundo ya no será el mismo. ¡Prepárate!

Capítulo 2: Pandemia y cuarentenas

I

            Ya llevamos 180 días seguidos de cuarentena, viendo las calles desiertas por la ventana de la habitación. El CORVID-19 había causado estragos en la población pasiva de la humanidad, cobrándose incontables vidas, pero el CORVID-20 fue aún peor, porque atacó más fuertemente a sectores antes más seguros, como jóvenes y niños. Era una mejora del anterior, pero con una cadena de proteínas que lo hacía aún más contagioso y con un ritmo de crecimiento impresionante una vez incubado. Un virus que se “asoció” a otros microorganismos ya presentes en el cuerpo humano y sin los cuales el CORVID-20 no podría haber funcionado jamás. Gracias a la alimentación transgenérica y a los rociamientos de esos pequeños virus en el aire durante décadas, bajo el paraguas de las “fumigaciones”, todo ello fue posible. Todo formó parte del plan desde el comienzo, nos prepararon para una cepa de laboratorio que sólo podría funcionar bajo determinadas condiciones predefinidas. Obviamente, ninguna fuente “oficial” reconoció todo esto, pero había mucha evidencia, muchísimos investigadores reunieron pruebas científicas, fundamentalmente de laboratorio a través de casos individuales, pero que afectaban a grupos poblacionales claros y definidos. Estos estudios se relacionaban a los efectos nocivos de los alimentos transgenéricos en el cuerpo humano, ya sea formación de cáncer –fundamentalmente de colon y esófago-, como así leucemia, entre otras. Era fácil callar esas investigaciones, simplemente, no se colocaban en medios televisivos y se las ridiculizaba en los mismos, ello a la par de una fuerte censura en internet y redes sociales. También estos estudios indicaban que el agua estaba contaminada en todo el planeta, fundamentalmente con diversos elementos, como arsénico, aluminio u otros.

La televisión es la misma porquería de siempre: te dicen a través de paneles de “expertos” que te quedes en casa, que no salgas, pero nadie se pone a analizar el origen de todo esto. Las consecuencias y el terror provocado en el común denominador de la población han logrado que ya nadie se pregunte por la génesis de toda esta locura. Ningún “panel de expertos” se atreve a decir lo que muchos ya sabemos de antemano: estos virus, que salen a la calle casi en forma serial, no son una creación de la madre naturaleza, sino artificial.

¿Reducción de la población mundial?, es un objetivo factible, máxime cuando parece planificado que el CORVID-19, primero de esta serie, atacó más fuertemente al llamado “sector pasivo” de la sociedad, masacrando a una increíble cantidad de ancianos y personas enfermas en todo el globo. La “población improductiva” fue sencillamente reducida a su nuda expresión. Como objetos inservibles para la sociedad capitalista y de consumo, los ex trabajadores fueron eliminados, descartados. En Italia ya ni siquiera se podían realizar funerales, los cadáveres eran transportados en camiones a crematorios masivos.

Luego comprendí por qué la insistencia en la legislación vinculada con la despenalización del aborto como delito en el mundo. No obstante las apreciables razones que pudieran inclinarse en favor de una mujer que deseara deshacerse de un embarazo no deseado, un aborto practicado implica, necesariamente, una boca menos que alimentar a futuro, un humano menos que no demandará alimentación ni cuidado.

Obviamente, imponer una legislación restrictiva, como la china, que impide o prohíbe nacimientos una vez excedido el “cupo de hijos”, es demasiado vulgar, demasiado evidente y frontal. Pero defender los derechos de la mujer para que aborte, ya es otro cantar. El objetivo, de una y otra forma es el mismo: menos bocas que alimentar.

Lo cierto es que, como la rana que se cuece a fuego lento, no nos dimos cuenta que fuimos de emergencia tras emergencia: el CORVID-19 fue el primer golpe de terror, de este “virusterrorismo”, especie del género “bioterrorismo”. Primero nos resistimos, creíamos que todo seguiría siendo igual, pero un buen día vimos una espantosa cantidad de muertos en el mundo, primero en China, país donde inició la pandemia, luego en Italia y toda Europa. Desde luego, América no estaba al margen; ningún rincón del mundo estaba al margen.

Luego vinieron las cuarentenas y todo lo que eso significa. La sociedad se convirtió en la sociedad del aislamiento, y para colmo de males, de un aislamiento justificado desde lo racional, impuesto por circunstancias que no teníamos en nuestras manos controlar, porque nadie podría haber impedido, salvo los propios protagonistas iniciales, que estas verdaderas armas biológicas sean libradas en la sociedad mundial.

La humanidad había sido atacada por genocidas, simplemente no hubo una explosión nuclear de tinte cinematográfico, sino una mucho más lenta y sutil, la explosión de los estornudos y las toses, de las insuficiencias respiratorias y orgánicas provocadas por los seres más microscópicos del planeta.

Con la sociedad detenida y la economía reducida a su mínima expresión funcional, la emergencia sanitaria se convirtió en crisis económico-sanitaria, de modo que al estado de excepción sanitario se le sumó una nueva emergencia, esta vez dineraria y financiera, un cóctel explosivo.

II

Unos días atrás, ocurría algo que quedará en los libros de historia del futuro: la Organización de las Naciones Unidas convocó a una Asamblea General que resolvió, prácticamente por unanimidad, la creación del Comité de Crisis Internacional.

De vez en cuando se me da por releer el discurso por el cual se dio a conocer el dictamen del mencionado Comité de Crisis Internacional, este dijo lo siguiente: “…habida cuenta de la profunda crisis económica que asola a toda la humanidad, las distintas monedas estatales se muestran impotentes ante la creciente recesión que viven las principales economías del mundo. Meses y meses de continua cuarentena a nivel mundial no podría haber aparejado otra consecuencia que el desabastecimiento de productos básicos, como alimentos, vestimenta, productos de desinfección y limpieza, entre otros. Esta situación excepcional de crisis, cuya cronicidad parece no conocer de límites, muestra que la existencia de diversidad cambiaria no hace más que entorpecer aún más a la ya herida economía mundial, ello hace imposible a las economías emergentes, acceder a los bienes de primera necesidad, como así también dificulta a las economías de primer mundo comerciar, principalmente por la diferencia monetaria entre los países, lo cual provoca una mayor caída de títulos de bolsa y de productividad en dichos mercados, en definitiva, la baja en la contratación incide en una caída récord del producto bruto interno que, a lo largo de 2020, registró un pico del 75% interanual, provocando la quiebra de numerosas empresas alimentarias y el vaciamiento de entidades financieras. Ante este desolador panorama, este Comité Internacional de Crisis, conforme a las atribuciones conferidas por la Asamblea General de las Naciones Unidas, dictamina que resulta necesario equiparar el valor de todas las monedas a nivel mundial, como estrategia de base para impedir las diferencias de valor entre ellas, facilitando el comercio internacional. Para ello, se hace necesario unificar la emisión monetaria a través de un único organismo, a nivel de la ONU, reemplazando la totalidad de la base monetaria por la única moneda de curso legal en el mundo, emitida en las condiciones que establezca la ONU a través de los organismos pertinentes…”.

Lo dictaminado se aprobó con celeridad, apenas dos meses después del mismo, la ONU resolvió, en Asamblea General, que todas las monedas de los estados miembros dejarían de circular, en favor de la única moneda válida: la Tierra. Paradójicamente, se les ocurrió nombrar a la moneda única como al propio planeta, como una forma de que no existan asimetrías, que todos se sientan representados y que no hayan disidencias en cuanto a la nominación.

III

Poco tiempo después, se acordó que la creación de la moneda única sería administrada por un software, el cual estaría en línea las 24 horas a través de los computadores cuánticos. Esa era una pregunta que no se hacía en ningún medio de comunicación, ¿cómo fue posible que con semejante crisis económica las principales compañías informáticas hayan sido capaces de desarrollar ordenadores que revolucionaron los sistemas computacionales a nivel mundial?; pero bueno, nadie necesitaba responder una pregunta que nadie efectuaba formalmente ante una cámara de televisión.

La moneda única a nivel mundial, primero nucleó únicamente a países miembros de la ONU, pero prontamente la precariedad de la economía mundial obligó a todos y cada uno de los estados nación, grandes y pequeños, a someterse y aceptar el sistema dispuesto por el Comité Internacional de Crisis y su software administrador.

Andrew Hopkins fue uno de los ingenieros encargados de desarrollar en profundidad el software. Residente en Oslo, capital de Noruega, ciudad de la cual es nativo, es un tipo bastante alto, algo espigado, con unos lentes de intelectual que le dan un aspecto muy serio. Siempre con su delantal blanco, su pantalón pinzado y zapatos negros, formal y de aspecto pulcro, comenzó a disertar sobre sus ideas en torno del programa ante un auditorio atestado de científicos, técnicos y políticos, estos últimos en primera fila: “…la idea directriz es crear un complejo entramado de algoritmos basados en una máxima primordial según la cual el software tome todas sus decisiones, y que consiste en adoptar siempre la medida que tienda a lograr la supervivencia de la especie humana, como objetivo primordial, pero con el norte puesto en la constante optimización de recursos, tanto humanos como económico-financieros. Debe quedar en claro que, una vez en línea, es decir en la red o nube, el software, digamos… despertará, en el sentido en que estará operativo y comenzará a verificar, primeramente, el estado de situación, es decir, evaluará y diagnosticará las zonas de falencia, buscando siempre la forma de optimizar recursos, siempre con el norte puesto en la directriz principal, que es la supervivencia de la especie humana. Debe quedar en claro que la velocidad de procesamiento y el árbol de problemas de esta inteligencia artificial, funcionando a partir de ordenadores cuánticos, haría superficial cualquier tipo de diagnóstico humano, básicamente, pretender discutir sus resoluciones sería equivalente a que un estudiante de primaria pretenda enseñarle física cuántica a un prestigioso físico, sencillamente, no tendría lógica ni sentido…”.

Pero se la puede apagar, ¿verdad? –preguntó uno de los miembros de la comitiva estadounidense-

Se puede apagar, pero eso significaría un riesgo, en el sentido de que la información recopilada se perdería -respondió Andrew Hopkins-, además de ello, reconectar el software a la red implicaría no sólo la perdida de la información, sino la propia frustración de que el eje de decisiones, que es el propio programa, dejaría de operar, con todo lo que ello implica.

Pero podríamos reconectarlo –insistió el político-, se podría reiniciar y comenzar desde cero.

En realidad -contestó Hopkins- no se reiniciaría, sino que se “eliminaría” ese software específico, y comenzaría a operar uno distinto, por muy gemelo que parezca, no debe pasarse de alto que el software aprende de sus decisiones y las consecuencias de las mismas, de alguna manera, mejora con el correr de su propia experiencia. Apagarlo sería casi como matarlo, haciendo una parábola con la vida humana, y se nos haría imposible continuar sin él, pues no estamos en condiciones de retomar las tareas que el programa emprendió, insisto, sería como pedirle a alumnos de primaria que resuelvan una ecuación diagramada por un experto en física o por un matemático, sería simplemente imposible para las mentes humanas más brillantes seguir con las tareas del software.

IV

James estaba en su camarín, los maquilladores, como siempre, realizaban verdaderas hazañas en su rostro, ya estigmatizado por el paso de los años y las consecuentes arrugas. De impecable camisa, chaleco y una muy elegante corbata, estaba listo para salir a escena.

Permaneció de pie junto al telón, el asistente del sonidista verificó una última vez que los cables del micrófono estuvieran lo suficientemente ocultos. Una vez obtenido el OK, el asistente se hizo humo, el telón se abrió, James esbozó su acostumbrada sonrisa y salió a escena. Era probablemente el programa más importante de su vida, mucho más que los especiales vinculados a los llamados “súper-virus” que habían azotado al planeta no mucho tiempo atrás y que habían dejado al mundo capitalista patas para arriba. Mucho más inclusive que los acostumbrados debates televisivos sobre el aborto, la muerte digna, y todos esos temas tan escabrosos que tanto rating daban al cabal.

Esta vez, el asunto sí que podía dejar al mundo, una de dos: o más patas para arriba que nunca; o nos sacaría del pozo. No parecía haber término medio en esto, y no tenía él, a nivel personal, una posición clara al respecto, pero sí instrucciones muy, pero muy claras, de qué posición debía enfocarse con mayor amabilidad mediática.

¡Bienvenidos y bienvenidas, señoras y señores al “Show de James”! –dijo él, alargando, como de costumbre, la “o” de una forma que hasta a él le parecía ridícula, pero bueno, la gente se había acostumbrado-.

Tenemos hoy un debate más que interesantes, diría yo crucial para definir nuestro futuro, como ustedes bien saben, nos acucia una crisis económica y humanitaria sin precedentes luego de las distintas cepas de coronavirus y rinovirus que los acosaron durante tanto tiempo. Hoy tenemos un panel de expertos que nos proponen algo sin precedentes en la historia humana; ni más ni menos, que la creación de un programa, una inteligencia artificial que será la encargada de administrar los recursos en todo el globo terráqueo, y este programa haría todo sin nuestra más mínima intervención. Esto genera un sinfín de preguntas: ¿qué será de los trabajos?, ¿la población se quedará en la calle y sin empleo?, ¿qué pasará con las industrias y empresas?, ¿cómo se organizarán los servicios sanitarios, médicos y farmacéuticos?, ¿cómo se impartirá justicia en nuestros tribunales?, bueno, no se impaciente, porque a todo esto buscaremos responder a partir de la opinión de los especialistas invitados.

Luego de efectuar su presentación del tema, James se dirigió caminando, con la acostumbrada música de fondo, una melodía breve, pero relajada, tomando asiento en la mesa. En ella se encontraban dos personas más, procedió a presentarlas.

A mi derecha se encuentra el ingeniero, especialista en informática y robótica, como así también doctor en física Andrew Hopkins, él es el encargado del desarrollo de este programa, ¿qué tal doctor?, ¿podría usted explicarnos, en términos comprensibles para la audiencia, de qué estamos hablando cuando nos referimos a su “Programa Omega”?

            Andrew Hopkins parecía muy calmado, esbozó una ligera sonrisa antes de comenzar su exposición. Estaba tranquilo, demasiado quizá si se tiene en cuenta que millones lo estaban viendo por televisión.

            Verás James -comenzó-, Programa Omega es un software, un programa informático, con un complejo sistema de algoritmos que lo fuerzan a tomar siempre la mejor decisión. Imagina que tienes varias opciones, por ejemplo, puedes comer carne vacuna, de pollo, pescado, verduras, hidratos de carbono, o lo que sea, tu decisión de lo que vas a comer dependerá de infinidad de circunstancias y condiciones previas que van a favorecer una u otra decisión; como ser si eres diabético, si tienes una dolencia gastrointestinal, o si estás completamente sano. Eso es similar a lo que llamamos en ingeniería informática un “árbol de problemas”, es decir, múltiples opciones que se pueden tomar en virtud de cuál es la mejor de ellas, cuál es la que “resiste” mejor las eventuales condiciones adversas. El ser humano ha mostrado ser muchas veces irracional a la hora de tomar decisiones, por ejemplo, un diabético comiendo una torta de chocolate no es una buena decisión, eso está claro.

            Entiendo doctor pero, usted comprenderá –intervino James-, que manejar la economía del mundo no es tan sencillo de decidir cómo qué vamos a comer hoy o mañana a primera hora…

            Claro que no es lo mismo –contestó Hopkins-, pero la base decisional sí es la misma, o más bien, su mecánica; la única diferencia es que los seres humanos decidimos a nivel subconsciente todo el tiempo y ni siquiera lo notamos, ya lo han demostrado las neurociencias con sus experimentos; en neurología ya somos capaces de predecir decisiones humanas milésimas de segundo antes de que estas se hagan conscientes, es decir, antes de que el propio sujeto se percate de que tomó partido por la opción A, B o C; es decir, cuando el sujeto piensa “decido la opción A”, en realidad, ya lo hizo tiempo antes sin siquiera darse cuenta. Todo ese proceso funciona a base de algoritmos que ocurren a nivel mental, y ni siquiera son pensados, no en el sentido tradicional de calcular una u otra opción, eso sería demasiado lento, pero en la mente, todo parece moverse más rápido que la luz, fíjate que decides una cosa u otra y ni siquiera lo notas. La gran diferencia es que, a partir de la informática cuántica, las unidades de procesamiento funcionan no a partir de los principios de la física tradicional, sino de la cuántica, aplicando todos sus principios. Seguramente has oído hablar del principio de medición…

            Sí, ¿es aquél según el cual un fotón se puede comportar como una partícula o como una onda, según si se la observa o no? –dijo James-

            Exactamente –le respondió Hopkins-, y eso no es algo menor, muy por el contrario, es crucial. Verás, entendimos, a nivel de ingeniería informática, que si un fotón, es decir, una partícula de luz, se comporta de esa manera tan extraña, bien se podría aplicar a los ordenadores y sus procesos computacionales. El asunto, por increíble que parezca, es que un fotón, cuando no es medido ni observado, pero se lo lanza a través de un sistema de filtros metálicos, impacta en la “pared testigo”, por llamarla de una forma simple, dejando un espectro múltiple, es decir, muchos impactos. Es como si dispararas con una pistola James, un único disparo, pero el mismo dejara una gran cantidad de impactos de bala en la pared, ¿cómo es eso posible?, ¿no debería dejar un solo y listo?, ¡pero no es así, deja muchos agujeros en la pared!; ahora, la cosa se complica más aún si, en lugar de dejar al fotón “libre”, esta vez se lo observa, se lo mide; ¿cuál es el resultado?, ¡el mismo deja un único espectro!, es decir, si no observamos el arma, el único disparo dejará muchos agujeros en la pared, pero si la observas, si la miras, el disparo dejará un único impacto en la pared, ¿parece contradictorio verdad?

            ¿Cómo se aplica eso al asunto de la inteligencia artificial doctor? –lo interrogó James-

            Pues bien -respondió-, la cuestión es que el fotón, al ser energía, es capaz de manejarse respetando en forma coherente los principios cuánticos a un nivel subatómico, es decir, al nivel de las partículas; pero en el mundo macroscópico eso no lo podemos replicar, porque la materia a gran escala da la impresión de solidez, de uniformidad y, aunque parezca increíble, eso afecta la observación que tememos de ella y la mantiene en dicho estado, le confiere estabilidad en su forma. Pero, y aquí está el truco, los ordenadores manejan información no a nivel macroscópico, no al nivel de la observación humana, que es más grosera, por denominarla de alguna forma, sino que manejan el flujo a nivel subatómico. Los ordenadores funcionan a base de energía, y esa misma energía es la respuesta a nuestras preguntas. Si el software comienza a operar en base a ordenadores que le permitan funcionar a niveles de gran consumo de energía, como son los ordenadores cuánticos, es cuestión de darle el tiempo necesario para que el propio software se adapte a las líneas físicas existentes y las convierta en su “hogar”, es decir, el programa ya ni siquiera va a necesitar de los ordenadores cuánticos, va a funcionar a partir del sistema de internet que ya tenemos. Este se basa en información que se transmite a nivel satelital, utiliza la propia energía de la biósfera para mantenerse activo.

            Pero doctor, usted comprenderá que existen ciertas reservas en muchos sectores de la sociedad mundial de entregarle el control a un sistema informático, ¿existe la posibilidad de que esto se salga de control? –interrogó inteligentemente James, aunque todo formaba parte del itinerario de preguntas que ya habían sido previamente pactadas-

            No existe ninguna chance de que eso ocurra James –le contestó, casi con arrogancia, mostrando total seguridad-, verás, Programa Omega tiene como directriz principal preservar la especie humana, de manera tal que siempre adoptará decisiones que sean afines con tal objetivo. Sus cálculos irán es uno  u otro sentido, podrá decantarse por alguna opción en particular, pero siempre tendrá el objeto de salvar a la humanidad…

            De pronto, cuando terminó esa frase, el público, que hasta ese momento se había mantenido en completo silencio, estalló en un fuerte aplauso, al punto que James tuvo que ponerse de pie, con su brillante sonrisa, y realizar señas de que apaciguaran los mismos.

            Una vez calmado todo, James continuó con su itinerario de preguntas.

            Doctor, no me queda claro algo, ¿qué relación tiene todo lo que usted ha mencionado con la cuestión de la aplicación de este programa?

            La pregunta no pareció haber incomodado en absoluto a su interlocutor. Sin vacilar demasiado, Hopkins se reacomodó en el sillón y se apresuró en responder, -verás James, los antiguos ordenadores funcionaban a base de un sistema binario, solamente ceros y unos, el famoso lenguaje de bits, eso limitaba en cierta forma la capacidad de procesamiento. Es como si tú, en lugar de leer de corrido, pretendieras leer letra por letra, tu lectura sería lenta, tediosa, y la mente ni siquiera necesita completar la palabra completa para darle significado. Los ordenadores clásicos funcionan así, leen letra por letra, eso los hace lentos; pero al introducirse el programa en un procesador cuántico, los ceros y unos ya no rigen, se le otorga plasticidad al programa. En cierta forma, las viejas máquinas podrían haber funcionado así también, pero teníamos que enseñarles a ampliar su espectro de visión, a no ver solamente ceros y unos, que es lo que les quitamos a estos nuevos equipos, no funcionan con el viejo lenguaje binario, simplemente, aprendieron a leer de corrido, y no letra por letra. Conforme con los principios cuánticos, todas las alternativas son válidas y existen, solamente se hace foco en la mejor de ellas. Vuelvo al ejemplo de la pistola, la observación y los múltiples hoyos causados por una única bala. Lo que nos dice la física cuántica, es que la bala transitó en todas esas direcciones en forma simultánea, por eso la multiplicidad de impactos de bala en la pared, pero que se vuelven un único agujero cuando se la mide, ¿qué es lo que provoca que haya un único impacto?, ¿qué exista un solo disparo?, ¡claro que no!, ya vimos que si no hacemos mediciones, el disparo provocará múltiples hoyos. Lo que hace que exista un único impacto es la observación, porque esa observación hace que el disparo se enfoque en un único blanco, en lugar de múltiples blancos, como es originariamente cuando no se mide. Nosotros, los seres humanos, de alguna manera prejuzgamos la realidad, la tomamos como algo pétreo, rígido, por eso nuestro mundo no es caótico, porque lo observamos permanentemente y lo mantenemos en esta forma que tiene ahora. La realidad no existe si no la observamos, se necesitan ambas cosas: observador y objeto observado. La cuestión James, es que los ordenadores cuánticos no tienen nuestros prejuicios, nuestras limitaciones psicológicas. Toman la cuestión de la multiplicidad de universos como una ley universal, que es, en definitiva, la validez completa de todas y cada una de las variables de todo lo que existe, y escogen la mejor de ellas. Todas las decisiones posibles existen James, desde que tú hayas escogido ser un famosísimo conductor de televisión, hasta que hayas optado por dedicarte a cualquier otra actividad-.

            -Pero hay algo que sigo sin comprender doctor. Yo soy un conductor de TV, no soy un empleado de subterráneo, un abogado o lo que fuera y; en todo caso, sigo sin entender cómo es que ello redundaría en un beneficio a través de la aplicación de Programa Omega-.

            Sencillo James –replicó al instante Hopkins-, tu “yo-alterno”, en realidad, tus “yoes-alternos”, porque son muchos y cubren todas tus decisiones vitales posibles, existen en múltiples universos, la cuestión es que te enfocas en solamente uno de ellos, observas uno de ellos, el conductor de TV, y tienes la sensación de que esa es “tú realidad”, pero, en verdad, es sólo una de múltiples posibles, es la que observas, y eso es el equivalente a cuando medimos el disparo del arma de fuego y este produce un único impacto. Si simplemente te dejaras llevar, por decirlo de alguna forma, todos los hoyos en la pared aparecerían: el James conductor de TV, el James abogado, el James contador público, el James empleado de subterráneo, etc. El software, Programa Omega, sabe de antemano que esto es una ley universal, no la pone en duda ni en discusión, y simplemente se enfoca en la mejor realidad posible, que es el equivalente al mejor escenario para la supervivencia humana.

             Bien doctor –dijo James-, pero, ¿cómo es que proponen ustedes que opere Programa Omega?, es decir, ¿cómo lo va a ver la gente, el ciudadano común, en su vida cotidiana diaria?

            Bueno –repuso Hopkins-, el software tendrá acceso total a todo el sistema, pues estará en la propia red, en internet, eso significa que, en un primer momento, operará desde los servidores cuánticos, pero está previsto que comenzará a variar, encontrará rodos en la red, y replicará copias de seguridad de sí mismo en la propia internet, seguramente distribuirá dichas copias en diversos nodos. Medirá las necesidades de cada ciudadano del mundo, puesto que funcionamos ahora con una única moneda, cuya prueba, como todos sabemos, ya comenzó. El empleo que cada persona realiza con la moneda única, que es digital, permite mensurar en qué invierte o gasta la población el dinero, lo cual nos permite efectuar un diagnóstico de sus necesidades y así evaluar cómo satisfacerlas. Claro que para posibilitar eso, es necesario que cada persona esté ligada al programa, podemos iniciar ello a partir de los teléfonos celulares, pero estos no dan certeza de universalidad, quedarían personas afuera del sistema porque no todos tienen acceso a la telefonía móvil.

            ¿Y entonces doctor?, -preguntó sugerentemente James-

            Lo ideal es emplear chips, estos se pueden implantar de forma completamente indolora en la piel, puede ser en una de las manos, inclusive en la frente, pero mejor en la mano, por la mayor cantidad de carne. El chip es pequeño, mide menos de medio milímetro, y permitiría identificar a su portador, vinculándolo directamente a una cuenta digital en donde Programa Omega emitiría directamente los fondos, en formato de la moneda única, claro está. Si el software detecta faltante de dinero, se anticipará y completará la cuenta para que el individuo nunca se quede sin disponibilidad financiera.

            Pero entonces, ¿quiere decir que la población ya no necesitará trabajar? –preguntó James-

            No James, no significa que la gente ya no trabajará, porque la prestación del servicio a la comunidad es un requisito para que funcione la economía a nivel mundial, de hecho, Programa Omega controlará la asistencia de los individuos a sus respectivos trabajos, ya sea en relación de dependencia o como trabajadores autónomos, y el chip se muestra como una herramienta cien por cien segura en eso. Lo único que cambiará, en sí, es que ya no tendrán necesidades financieras insatisfechas. El software emitirá una cantidad de dinero que sea necesario, con la aclaración de que si se verifica que la persona en concreto tiende a ahorrar, entonces, recibirá bonos, un premio por su ahorro, su proporción de incremento, de crédito, por denominarlo de alguna forma, también se incrementa.

            Pero ése dinero, ¿cómo se devuelve? –interrogó el conductor-

            No se devuelve James, yo utilicé la palabra crédito como una forma de que la audiencia comprendiera la idea, pero no es tampoco el término correcto. En realidad, Programa Omega partirá de la base de que la actividad laboral humana es esencial para el funcionamiento de la economía y, desde tal prisma, si una persona, por ejemplo, no logra cubrir una compra de supermercado, entonces el software emitirá la cantidad de dinero virtual que requiera tal operación. En definitiva, nunca se quedarán sin dinero. Pero, si la persona logra ahorrar dinero en un mes determinado, recibirá un bono, el cual se adicionará a su cuenta.

            Acto seguido, James consideró que ya había finalizado correctamente la exposición del Dr. Hopkins, de manera que procedió a presentar al restante interlocutor.

            Gracias doctor –concluyó abruptamente James-, pero ahora, creo que estamos en condiciones de escuchar la otra campana. A mi izquierda, se encuentra el Eugenio Zanelli, doctor en filosofía, sociólogo, historiador y destacado politólogo. Dr. Zanelli, ¿qué opinión le merece esta propuesta que tiene el Dr. Hopkins?

            Zanelli esbozó una ligera sonrisa, efectuando una leve negativa con la cabeza, arqueando las cejas. Es un hombre ya longevo, de unos 75 años de edad, muy por el contrario de su interlocutor, de apenas unos 45. No tardó en comenzar su alocución. Lo que se nos propone -expuso- es entregar toda nuestra capacidad de control a un programa, a un software, es alienar todas las decisiones trascendentes de la vida social a un complejo sistema de algoritmos pero, lo más elemental, es que dejaríamos en manos de una inteligencia no humana, ni más ni menos, que la marcha de nuestra economía y de todas aquellas cuestiones elementales de la vida diaria. Es un error por donde se lo mire James, no amerita correr semejante riesgo, por mucho que esta “inteligencia artificial” –lo dijo con un tono claramente despectivo- sea tan superior a la humana. Es mejor tomar nuestras propias decisiones, por muy erradas que pudieran parecer, pero serían nuestras decisiones, no las de una entidad no humana, y digo “entidad” porque este software tendría una notoria influencia en nuestra vida cotidiana.

             Mientras exponía, Hopkins sonreía en forma sarcástica, efectuando movimientos de desaprobación con la cabeza, en forma leve, pero perceptible. Acto seguido, James intervino, preguntando a Zanelli –pero doctor, ¿no cree que la situación actual que vivimos no amerita arriesgarse?-, buscaba mostrarse “neutral”, pero sus esfuerzos no podían evitar su clara tendencia de beneficiar a Hopkins, conforme a lo que le ordenaron los dueños de la emisora, en definitiva, quienes le pagaban el salario suculento que ganaba. James, en cierta medida, era un mercenario mediático, y se asumía como tal.

            No lo vale James –respondió Zanelli-, ya hemos vivido crisis epidemiológicas y pandemias en el pasado, como la gripe española, el cólera, etc; y siempre hemos salido ilesos, con golpes, en verdad, pero hemos salido, y no teníamos ninguna inteligencia artificial que nos ayude. No tiene sentido entregar el control y el dominio de la situación a una herramienta no humana para que decida por nosotros.

            Apenas terminó la frase, una persona del público, exaltada, comenzó a gritar -¡usted no le dará de comer a mi hija, ya van seis meses que no puedo abrir mi negocio dos días consecutivos por las constantes cuarentenas!, ¡no tenemos opción, tenemos que activar esa cosa, “Omega” o cómo se llame!, ¡no podemos seguir dependiendo de las canastas alimentarias y bonificaciones miserables que nos da el gobierno!-, apenas terminó de exclamar, el personal de seguridad retiró al sujeto, mientras que el resto de los integrantes del público vitoreaba y aplaudía. Al parecer, el Dr. Zanelli tenía el público en su contra. Una vez retomado el hilo de la conversación, continuó su exposición.

            Mire James, yo comprendo la situación angustiante que vive la población, pero tenemos que entender algo. Cuando los españoles pisaron América, comenzaron una dominación de la población indígena, autóctona del lugar; ¿por qué?, porque asumieron el total control de la situación. Antiguamente, como nos enseña la historia, los indígenas fueron considerados infra-humanos, de hecho, quienes integraban las filas de esclavos eran considerados bienes, cosas, no personas. Siempre se racionalizó la dominación de determinadas clases dirigentes sobre otras pero, al menos, siempre hablamos de humanos dominando humanos. Aquí, como los indígenas con los españoles en su momento, y lo mismo vale para todas las potencias europeas que colonizaron América, lo que pretendemos hacer es ceder el control total de la población, porque esa es la consecuencia, que quede bien claro, cedemos el control completo de la población a una inteligencia no humana, ¿qué garantía tenemos de que, como los colonos europeos, no nos dominará a su antojo?

            Pero doctor –lo interrumpió James-, el Dr. Hopkins en ningún momento dijo que había alguna posibilidad de perder el control del programa.

            Esa es la cuestión James -continuó-, no existe ninguna garantía de que este Programa Omega opere siempre en beneficio de la humanidad, no podemos asegurar de que pueda tomar sus propias decisiones y dominarnos a su antojo. De hecho, esa es la consecuencia lógica de lo que se pretende, bajo el pretexto o justificativo de que se busca beneficiar a la raza humana.

            Doctor Hopkins –continuó James-, ¿qué puede responder a esta objeción que le plantea el Dr. Zanelli?

            Es completamente injustificada -contestó-, como lo expuse con meridiana claridad, Programa Omega tiene como directiva principal preservar la especie humana, de manera que no haría nada que la perjudique.

            ¿A no? –respondió rápidamente Zanelli-, ¡¿y si un grupo de personas, en una localización determinada del globo terráqueo, como podría haber sido Wuhan con el CORVID-19, donde empezó el brote, no podría su software decidir, digamos, eliminarlas lanzando un misil nuclear y suprimir la amenaza?!

            Lo que usted doctor me está diciendo, con el debido respeto, es propio de un libreto de ciencia ficción –respondió Hopkins, motivando el aplauso del público y la intervención de James, fingida, para calmarlos-.

            No me ha respondido doctor Hopkins –le respondió Zanelli-, simplemente ha acudido a una falacia para evitar la respuesta que le incomoda. Bien su programa podría decidir, haciendo retrospectiva, que era demasiado riesgo que el CORVID-19 se propagara en todo el mundo, como finalmente ocurrió y motivó el calamitoso estado en el cual estamos ahora, tanto a nivel sanitario como económico y financiero. Entonces, ¿por qué su programa no podría haber activado alguna ojiva nuclear y desaparecer la ciudad donde estaba en virus?, de esa forma, hubiese eliminado completamente la amenaza de una pandemia.

            Mi programa –expuso Hopkins- siempre tomará las decisiones buscando la alternativa menos lesiva doctor, al ser una inteligencia artificial, como usted bien dice, “no humana”, las emociones y prejuicios no nublan su capacidad, de modo que analizaría todo el árbol de problemas y buscaría la opción que más resiste la directiva principal, es decir, preservar la especie humana. Por lógica, atacar y destruir una ciudad entera, matando a miles de personas, sería una opción residual.

            Pero una opción al final de cuentas –le contestó rápidamente Zanelli, ante la cual Hopkins, sonrojándose, guardó silencio-.

            James intervino rápidamente, exponiendo que realizarían un corte comercial para cerrar el debate con las conclusiones y la votación de la audiencia, para que la misma se exprese en favor o no de la implantación del programa.

V

            Al volver de los cortes publicitarios, las conclusiones finales no arrojaron mayores precisiones en la temática. Tanto Hopkins como Zanelli reiteramos más de lo mismo, casi como si ambos estuvieran conformes con el discurso que cada uno desarrolló, entregándose casi a su buena suerte.

            La votación televisiva se llevó a cabo a través de teléfonos celulares y redes sociales, la audiencia tenía varios medios disponibles para votar.

            Una vez obtenidos los resultados, el rostro de Zanelli lo dijo todo. Su estupor ante el voluptuoso margen obtenido en favor de la postura de Hopkins lo dejó estupefacto, pues cerca del 78 por ciento de la audiencia votó en favor de la implantación del Programa Omega. Claro que ello era solamente una encuesta televisiva, pero estábamos hablando del “Show de James”, el programa más visto de la televisión a nivel mundial; además, y para colmo de males, la emisora transmitió dicho programa para el mundo entero, el planeta completo estaba interesado en la exposición de ambos especialistas. El triunfo mediático de Hopkins, sin dudas, tendría repercusiones.

            Antes de concluir el programa, James les dio nuevamente la palabra a ambos. Hopkins expresó que él esperaba el apoyo del público, el que evidenciaba una tendencia progresista, el deseo de un salto al futuro. Al momento de tener la palabra Zanelli, este no fue tan diplomático: “ojalá me equivoque, pero si estoy en lo cierto, lamentaremos el día en que pusimos en marcha el Programa Omega”. Fueron sus únicas palabras; un pesado silencio invadió la sala, hasta el propio James tardó, inexplicablemente, unos cinco segundos en reaccionar y dar por concluido el show.

            Ya invadida la sala por los auxiliares del canal, quienes retiraban equipos y demás, Hopkins y Zanelli se pusieron de pie, parecía casi como si se hubiesen puesto de acuerdo en ello. Hopkins esbozó una sonrisa cómplice, Zanelli hizo lo propio, al tiempo que James los tomó del hombro a cada uno de ellos y expuso: “caballeros, propongo celebrar con un trago”. Obviamente, no fueron a ningún bar, todos estaban cerrados por la cuarentena, vigente en aquél momento, pero James tenía en su camarín una botella de buen whisky escocés, guardado para ocasiones especiales.

VI

            A las pocas horas y a pesar de la cuarentena vigente, miles de personas salieron a las calles, en todas y cada una de las principales ciudades del mundo, a pesar de la clara advertencia de las autoridades y no obstante que tanto el CORVID-19 como su hermano gemelo CORVID-20 seguían haciendo estragos en la población. Parecía que a los civiles no les preocupaba exponerse a los enemigos invisibles al ojo humano. Ya habían perdido la dignidad al vivir de bolsones de alimentos básicos proporcionados por el Estado durante meses, una enorme cantidad de la población habían perdido sus empleos o cerrado las persianas de sus comercios. Los seres vivos más microscópicos del planeta habían logrado poner al borde del jaque mate a la soberbia capitalista en un abrir y cerrar de ojos, habían conseguido lo que Marx y su “revolución del proletariado” habían soñado: poner al capital de rodillas, claro que no sólo al capital, también a la clase obrera.

            La consigna se caía de maduro: la inmediata puesta en marcha del Programa Omega. Las promesas económicas del Dr. Andrew Hopkins habían calado hondo, era evidente que las bondades que aquél había augurado en el espacio mediático de James habían surtido un efecto inmediato en la población, sus consecuencias se asemejaron a los trucos que un mago o un ilusionista realiza ante el público, haciéndoles ver lo que estos quieren ver, pero ocultando lo que no desea mostrar.

            Las fuerzas de seguridad reprimieron el accionar de los rebeldes. Primero con camiones hidrantes, luego proyectiles de goma y, como corolario, de plomo. El saldo escandalizó a la opinión pública mundial: nada más y nada menos que seis mil muertos en todo el mundo, estimativamente, en las manifestaciones producidas, contabilizando tanto civiles como policías, claro que los primeros se llevaron la peor parte.

            Se realizaron funerales simbólicos, pues los cadáveres fueron a parar a crematorios en cantidades industriales. El despliegue de seguridad fue por demás tenso pero, afortunadamente, no hubieron incidentes mayores, algún que otro insulto a las “fuerzas del orden”. Desde luego, aquél día se levantó provisionalmente la cuarentena, solamente para quienes habían perdido un familiar en el día que pasaría a la historia como el “vienes negro”, pero siempre que, entre persona y persona, se guardara un metro de distancia.

            Un día después del funeral masivo, la Asamblea General de la ONU efectuaba el siguiente anuncio: “…luego de deliberar y de estudiar a consciencia el panorama global, como así también con la necesaria profundidad la situación en la cual se encuentran los estados miembros de la carta de la ONU, advirtiendo la marcha de la economía mundial y la deplorable situación sanitaria, tomando debida nota de lo dictaminado por el Comité Internacional de Crisis, esta Asamblea General ha decidido la inmediata puesta en marcha del denominado “Programa Omega”, el cual será puesto en línea a las cero horas del día de mañana…”.

            Así fue que, horas después, la historia de la humanidad cambiaría para siempre, dando inicio a una nueva era, en la cual la inteligencia artificial más formidable que el hombre haya creado tomaría las decisiones por él.

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Me gradué en la Facultad de Derecho de la UNLZ en 2004, cursé la especialización en derecho penal en la UBA y presto servicios en el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Tengo algunos libros publicados de mi especialidad. Soy amante de la filosofía y de la buena lectura. Me agrada incursionar en la literatura, me parece un medio fantástico para reflexionar sin siquiera darse cuenta de ello. Hoy en día, desconfío de toda autoridad erigida y veo, con cierta claridad, que el "orden social" solo sirve a algunos y esclaviza a muchos más. Lucho, pero lucho una batalla que no puedo ganar solo...

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